Capitulo 3
"¿Rodney estaba usando un chaleco antibalas?" Elizabeth repitió la declaración de Carson.
'Él es un genio, ¿recuerdas?" John sonrío, meciéndose en los talones de sus pies, luciendo como un emocionado niño al que le habían dicho que la Navidad había llegado antes.
"Como le gusta recordarnos…" Elizabeth apenas logro mantener alejada la gran sonrisa de su cara, desesperadamente tratando de mantener un mínimo de decoro.
Carson no tenía esas restricciones. Su rostro completo estaba iluminado en una expresión de pura alegría y sus ojos brillaban con un millón de chispas de felicidad. El asintió vigorosamente: "Fue una idea malditamente brillante, salvo su vida, ¡no tengo duda sobre eso! ¡La ultima bala debió perforar su corazón!"
"Oh, que suerte la mía…"
El suave susurro tuvo el impacto de una detonación nuclear.
Tres set de ojos se giraron para encontrar un par de mareados ojos azules. Por largos segundos, el silencio en la enfermería fue completo. Entonces, tres voces demandaron la atención de Rodney. Hablando demasiado rápido, demasiado fuerte y muy mezcladas para que Rodney pudiera comprender.
No hizo nada para aliviar su jaqueca.
Carson fue el primero en notar las pequeñas arrugas en la frente de su paciente. Como siempre, ver a Rodney en dolor sin oír el discurso hipocondríaco detallado a todo color, hizo salir su preocupación mas apasionada. Y por ende su mas famoso temperamento escocés.
"¿Podrían bajar el volumen por favor?" dijo suavemente inyectando un leve calmante a Rodney.
John y Elizabeth parecían adecuadamente arrepentidos mientras esperaban, en silencio, que la expresión de Rodney se relajara cuando el medicamento comenzara a hacer efecto.
Él parpadeó adormilado, suficientemente confortable para dejarse atrapar nuevamente por el sueño pero no haciéndolo al ver a Elizabeth y Sheppard que lucían tan preocupados.
"Estoy bien…" insistió, pero su débil voz no ayudo a convencerlos.
Carson hablo. "Él esta bien, o, por lo menos, lo estará después de varios días en nuestro excelente cuidado." Con la experiencia nacida de incontables visitas anteriores a la enfermería, el doctor estudiosamente ignoro los murmullos de su paciente sobre ovejas y vudú.
Pero difícilmente pudo alejar la sonrisa de sus rostro al ver el claro alivio que esas quejas entre murmullo de Rodney trajeron a las expresiones de Elizabeth y John.
La segunda ley de McKay: Hablar es dinero, pero el silencio es altamente sobrevalorado.
Elizabeth le sonrío calidamente, sus ojos brillando con orgullo. "Lo hiciste muy bien, Rodney. Me quitaste 12 años de vida con ese truco, pero estuviste brillante…"
"Siempre lo soy…" la respuesta murmurada en voz baja hizo que su sonrisa se profundizara.
Los ojos de Rodney ya se habían cerrado completamente, y Elizabeth y Carson tranquilamente se despidieron.
John Sheppard sin embargo se sentó firmemente en la silla, apoyando sus pies en la cama de Rodney, acomodándose para una larga vigilia, contento de solo ver dormir a su amigo.
Para su sorpresa, encontró los ojos azules de Rodney abiertos y mirándolo fijamente.
"Sheppard, ¿Acaso quiero saber que insana idea estabas contemplando mientras jugabas como si fueras un niño con cada trozo de tecnología Antigua que estaba cercana para responder a tu gen?"
John sonrío con auto desaprobación. "No."
"Eso creí…" bufo Rodney, cerrando nuevamente sus ojos. "Pese a que sin duda hubiera ocupado montones de adrenalina, sangre y otros fluidos corporales apuesto que igual habría funcionado…"
"¿Ah?" John no estaba seguro pero eso sonaba sospechosamente como un cumplido.
Rodney debe de estar muy cansado, una experiencia casi mortal y una contusión hacen que uno se confunda…
"Tengo hambre…" el astrofísico dijo aparentemente cambiando de tema.
Para John Sheppard, de repente tuvo sentido. Dar y recibir. Él sonrío. "¿Quieres que lleve mi flojo trasero a la cocina y te traiga un postre?"
"Pregunta retórica." Murmuro Rodney, sin dignarse a abrir los ojos.
"Claaaaro," John arrastro las palabras, actualmente comenzando a sentirse bastante hambriento también, "Si mi memoria me sirve correctamente, tenemos pastel de fruta atosiana o gelatina, ¿Qué preferiría Milord?"
"Mmmmmmm." La cara completa de Rodney se arrugo en una profunda reflexión.
John levanto una ceja, su estomago ahora gritaba con mas fuerza que quería comida y la quería ahora. "¡McKay, no es un maldito dilema! ¡Solo elige!"
Los ojos de Rodney se abrieron de golpe, revelando sus iris azules.
John se quedo helado inmediatamente, la realización de su infortunado uso de palabras haciendo que deseara que se lo tragara la tierra. "Oh, Dios, Rodney, Lo siento, no fue mi intención…"
La risa de Rodney lo hizo detenerse abruptamente. No era histérica, como había sospechado, sino calida y gentil y burlona.
"Sheppard, esto se llama ser indeciso. O 'exigente', 'melindroso', 'fastidioso', como quieras decirlo…"
John se relajo, aliviado de ver a su amigo rebotando tan bien de una experiencia tan horrible. Aun así, él no se engañaba. Pesadillas y noches sin dormir estaban en el horizonte para ambos, pero juntos John y Rodney vencerían.
Pero ahora, lo único que importaba, fue la chispa de vida bailando en esos ojos azules.
"Creo que me quedare con la gelatina roja…"
Y traerle su comida a Rodney.
"Muy bien, sir, ¡entonces gelatina roja será!" John hizo una pequeña reverencia antes de dejar la habitación. En la puerta, se detuvo, lanzando una ultima mirada. Los ojos de Rodney se habían cerrado nuevamente, y por la lenta y regular respiración John pudo deducir que ya se había dormido.
Sonriendo para si mismo, se dirigió a las cocinas, debatiendo los meritos del pastel de fruta atosiano versus la gelatina.
Sin darse cuanta acariciando un ensangrentado parche con una hoja de arce.
Cuando el rugido de su estomago despertó a Rodney unas horas después, encontró a un teniente coronel roncando ligeramente acurrucado en una silla cercana, un pote de gelatina roja y un plato de pastel de fruta atosiano en la mesita lateral. En silencio, para no despertar a Sheppard, trato de alcanzar la comida, pero sus costillas maltratadas, probablemente de todos los tonos en rojo y púrpura, protestaron dolorosamente, y su inmovilizado brazo izquierdo estaba inconvenientemente interponiéndose. Él gruño suavemente cuando se dejo caer en las almohadas, y se concentro en respirar superficialmente mientras lentamente se alejaba el dolor.
"¿Estas bien?" la voz de Sheppard sobre su rostro lo sobresalto, y abrió sus ojos que no recordaba haber cerrado.
"Si, siento haberte despertado…" Rodney susurro avergonzado. "Solo quería comer algo…'
"Oye, no hay problema." John sonrío "De echo, fui a buscar comida para los dos, pero cuando volví, ya no podía mantener mis ojos abiertos y me dormí antes de probar un bocado…"
Rodney sonrío encantado. "Esta bien, ¡pásame la gelatina entonces!"
John miro como devoro el pote de gelatina en tiempo record, comiendo su propio trozo de pastel de frutas atosiano mas lentamente.
"¿Quieres pastel, también?" pregunto.
Rodney miro desconcertado al pastel en el plato de Sheppard. "Uhm, no gracias, comételo tú."
"¡Ah!" John levanto su tenedor en triunfo, "Te traje gelatina y un trozo de pastel, que esta esperándote justo aquí…" el apunto a una bandeja que estaba en la otra cama. "Un hombre sabio una vez dijo que uno no puede ser forzado a elegir, así que en vez de eso debe abarcarlo todo..."
Rodney sonrío suavemente. "Parafraseado, pero pasable… bueno, todavía tengo hambre."
John agarro la bandeja y se la paso a Rodney, que se maravillo un momento ante el tamaño del trozo, antes de atrapar la mirada de su amigo. "Otra cita de algún sabio indefinido dice que la alegría compartida es doble alegría; hay suficiente para los dos…"
John accedió, cortando limpiamente a la mitad el paste.
Nadie dijo la otra mitad de la cita en voz alta, pero estaba en sus mentes mientras tranquilamente disfrutaban su pastel de frutas atosiano en mutua compañía.
Y la pena compartida es media pena…
fin
