2do Request: Turquía/Grecia. Universo Alterno basado en los terremotos que asolaron ambos países en 1999. Solicitado por Brownie. Amistad sin indicios obvios de romance, nombres humanos.


"Cuando un amigo está en apuros, no lo molestes preguntándole si hay algo que puedas hacer por él. Piensa en algo apropiado y házlo."

–Edward W. Howe.


Ahí estaba de nuevo… Ese estruendo ensordecedor seguido por el agudo dolor en los oídos, cabeza y en su pierna. ¿Cuánto tiempo había pasado así? No tenía idea. Ni siquiera sabía muy bien cómo llegó ahí. Estaba tomando su taza de café habitual mientras escuchaba la radio. Su gato se había comportado extraño desde que despertó pero no le puso atención, pensando que estaría en celo o simplemente habría algún ratón u otro bicho en la casa que hacía que se pusiera nervioso. Lo ignoró, pero unos momentos después un súbito mareo lo asaltó. Oh… cierto… Ahora recordaba. Sintió una terrible nausea pero antes de que pudiese ponerse de pie para ir al sanitario, todo se estremeció. Libros y utensilios cayeron de sus anaqueles y el gato corría nervioso por las habitaciones…

Abrió los ojos… ¿O ya los tenía abiertos? Ni idea… todo se veía igual de oscuro. Aún estaba ese molesto hormigueo en su pierna y a lo lejos el sonido de varias sirenas. ¿Había pasado algo? Ah… si… El terremoto… ¿Cuántos días habían pasado desde entonces? Era un martes… Entraba a trabajar a las 5 de la mañana y por eso estaba despierto a esa hora… ¿Seguía siendo martes? O jueves quizá… Por inercia trató de levantar su mano para ver su reloj, pero solo le provocó un dolor enorme en el cuello y que una nubecilla de polvo saliera volando de entre las rocas que le cubrían, haciéndole toser. Su garganta le quemaba por la sequedad y los ojos le ardían horrores. Mataría por un vaso con agua. Mejor un par, así tomaría uno y usaría el otro para lavarse la cara. O quizá se tomaría ambos vasos, ¿quién sabe…?

-¿Hola…?

¿Era una voz? ¿Una voz humana? Más valía… Si no, estaba completamente confirmado que había perdido la razón. Aunque era curioso, después de tanto tiempo escuchar una voz… Era un joven, con un acento extraño… Genial, ahora sería rescatado por un equipo de bomberos o algo así extranjero y saldría en las noticias… Vaya vergüenza… Aunque si lograba con eso su vaso con agua, igual podía posar desnudo para la prensa internacional.

-¿Hay alguien…?

Ahí estaba, de nuevo la voz. Sonaba aún muy lejana y opacada por los ecos de los escombros y las sirenas de ambulancias y patrullas a lo lejos, pero era una voz sana.

-S-si…- dijo con voz rasposa, sintiendo sus cuerdas vocales moverse por primera vez en tanto tiempo, haciendo una especie de eco oxidado, tal y como sonaría un viejo disco de acetato en estos tiempos. Escuchó algunas rocas moverse y curiosamente recordó a su gato arañando la pared. ¿Aún estaría vivo ese bicho? Esperaba que si… Era un animal inteligente, quizá había huido del departamento por la ventana de la habitación cuando todo comenzó a derrumbarse. De pronto las rocas comenzaron a deslizarse y algo de polvo y arena cayó en su rostro mientras algunas rocas a su alrededor se desmoronaron. –¡Hey…! ¡Tu…! ¡Basta, el techo se caerá!- por un momento cayó presa de la desesperación y trato desesperadamente de salir de ahí hasta que una punzada de dolor proveniente de su pierna le hizo gritar.

-¿Dónde estás? Tengo que quitar algunas rocas y una puerta de madera… Lamento haberte lastimado… ¿Hay algo más que pueda caer sobre ti?-

Vaya genio… Tenía un edificio de 7 pisos derrumbado sobre él… -No, estoy bien…- mentira, pero ¿qué más daba? Solo esperaba a que ese chico le sacara lo más pronto posible de ahí. Había mencionado la puerta de madera, ¿no? No estaba muy lejos del desayunador entonces… -Hey chico… ¿Viene un equipo de rescate?

-…

Silencio. Y más rocas moviéndose. Y junto con ese movimiento, más polvo cayendo en su frente y provocando que estornudara. Ah, y una pequeña roca que cayó en su pómulo.

-¿Pretendes matarme o salvarme?- gruñó indignado levantando con cuidado el brazo para poder sacudirse la frente.

-Lo siento…- respondió la voz acentuada al otro lado de las rocas. Vaya que era bizarro conversar con alguien así, casi se sentía como hablarle al radio o la televisión; sin embargo, ésta voz le contestaba con ese extraño tono pausado y tranquilo que casi le había hecho olvidar el ruido lejano de las ambulancias. -¿Cómo te llamas? ¿Hay alguien más ahí contigo?

-Sadiq… Vivo sólo con mi gato, creo que él huyó de la casa antes de éste desastre...– Intencionalmente o no, la inocente conversación del joven le hacía más llevadero el dolor de la pierna.

-Me gustan mucho los gatos. Me llamo Heracles y soy de una pequeña villa cerca de Atenas…- dijo la voz entre el ruido de más rocas deslizándose. Eso explicaba el extraño acento. ¿Y qué demonios hacía un chico griego ahí? –Soy estudiante de arte… Mis compañeros y yo ahorramos para pasar un par de semanas en Turquía y comprar baratijas en los mercados para abrir una pequeña tienda de antigüedades…- el ruido de rocas cesó, quizá el joven había parado para tomar un descanso después de haber llegado hasta ahí.

-Ya veo… ¿y tus amigos están bien?- alzó el único brazo que podía mover y comenzó a quitar algunos maderos y trozos de cerámica de lo que quedaba de su cocina, limpiando el camino en dirección hacia donde probablemente estaba el joven.

-Si. Dos regresaron de inmediato a Grecia en un barco de la ONU… Otro se quedó con unos parientes en Bursa donde no hubo tantos daños.

-Y ¿por qué no te fuiste con ellos?- hubo una breve pausa en la que pudo escuchar cómo el griego suspiraba profundamente, quizá reflexionando en sus motivos.

-Quería ayudar…

Sadiq sonrió (o al menos intentó sonreír). Un joven sin ningún tipo de compromiso con su país se había quedado a pesar de las oportunidades de largarse de ahí. Esperaba algún día invitar al joven a tomar algunas cervezas para agradecer su buena voluntad. Tan pronto como se encontrara en otro lugar que no fuera bajo 7 pisos de escombro…

-Supe que hace un par de días varias flotas griegas comenzaron a mandar ayuda hacia acá,- dijo el extranjero con un deje de orgullo. –Ya han rescatado a mucha gente y organizado los principales refugios de damnificados. Hay uno en una escuela a unas calles de aquí, en cuanto salgamos te llevaré.

Conocía esa escuela; pasaba por ahí todos los días… -Yo trabajo a una calle de esa escuela, en la panadería… ¿Sabes si quedó en pie?

-No recuerdo. Es difícil prestarle atención a los edificios y comercios cuando todo es un caos… Pero la zona más afectada comienza en ésta calle y avanza hacia el norte, así que puede que el edificio no tenga tantos daños como éste…

-Ya veo. Y…- tenía miedo de hacer esa pregunta, pero la curiosidad le carcomía. -¿...hace cuánto tiempo tembló?- silencio de nuevo.

-Hoy es viernes…- respondió con ese mismo tono suave y taciturno. Hacía 3 días que estaba ahí prensado bajo toneladas de cemento… Eso explicaba su hambre… Un nuevo ruidillo de piedras y maderas rechinando y una nueva nube de polvo le indicó que el griego había retomado su labor y pronto sus ojos ardieron al entrar en el recoveco donde se encontraba un débil haz de luz. Apenas era suficiente para dejarle ver la silueta de lo que le rodeaba, pero después de tanto tiempo en penumbras sus ojos protestaron como si hubiese visto en directo un eclipse de sol. Más ruido, más polvo y de pronto, por una de las esquinas de lo que había sido su estancia, un cuerpo esbelto se deslizó entre los trozos de madera y lo que quedaba de un sofá y avanzó a gatas hacia él. –Mucho gusto en conocerte, Sadiq…- sonrió el joven.

Y Sadiq, extendió su mano hacia él y también sonrió.