3er Request: Canadá/Ucrania. Romance estilo libre. Solicitado por Zelink. ¿Advertencias? Sólo el lenguaje grosero de Alfred (?).
"Quiero una novia pechugona
Que cuando la abrace no la abarque
Más vale que sobre y no que falte."
-Los Toreros Muertos.
¿Quién era el que estaba hablando ahora? Ni idea… Sonaba como Alemania… pero aún más aburrido… ¿Eso se podía? Uhm… Habría que preguntarle a Donald Trump si se puede hacer un Miss Aburrimiento y así poder vestir a Alemania de señorita… Aunque si hablan de señoritas seguro Polonia gana. ¿En serio es un hombre? Siempre le veía con ropa color rosa y algunas veces con faldas… Era casi como Lady Gaga pero sin nariz… Lady Gaga con la nariz de Rusia ¡JAJA! ¡Toma eso maldito comunista! ¿Qué demonios? Ahí está ese estúpido de Iggy mirándome mal… con esos ojos verdes tan extraños y esas pelusas que tiene por cejas… ¿Qué me ves, Iggy? Anda, apuesto una hamburguesa a que no me avientas esa bola de papel que tienes en la mano… ¡JA! Comida fácil, amigo… Hey... No me mires así, ¡Artie… no… no… no te atrevas! AUCH!
-¿Qué te pasa?- gritó por fin el estadounidense, levantándose súbitamente de su asiento y amenazando con el puño al inglés. El resto de las naciones que escuchaban el informe económico de Suiza dejaron de poner atención y miraron a la extraña pareja iniciar una nueva riña… Nada nuevo.
-Mocoso maleducado, ¿cuántas veces tengo que decirte que pongas atención?- dijo con altanería el inglés, sentado en su lugar con los brazos cruzados. –Llevas los últimos 20 minutos balbuceando estupideces, riéndote sólo y garabateando en las hojas que se supone debes llevar a tu jefe con el informe del alza de precios…- como de costumbre, el inglés tenía razón y Alfred puso su maletín sobre las hojas a fin de que no pudiesen ver los dibujos que efectivamente había trazado ahí.
-Por si no lo recuerdas, hace más de 200 años que dejaste de ser mi "papi", cejón…- Estados Unidos hizo una señal obscena con la mano mientras el resto de los países declaraban un receso para tomar un café.
-Y en estos últimos 200 años te has vuelto un rebelde sin causa… Debí haber dejado que España o la rana pervertida te criaran…
-¡Hey! Mattie vivió con el francesito y es mucho más educado que tú, ¿verdad, hermano?- Alfred rodeó con un brazo a su hermano, quien permanecía completamente ajeno a la discusión, observando con expresión boba hacia el otro lado de la habitación.
Ambos, Inglaterra y Estados Unidos miraron confundidos hacia el canadiense, quien seguía suspirando. Kumajiro mordisqueaba desesperado la rodilla de su compañero, pero el joven parecía no percatarse.
-¿Chico? ¿Qué te pasa?- Arthur se acercó a Canadá, quien parecía no salir de su trance. El osezno dejó en paz la rodilla de su amo y fue hacia el inglés para mordisquear su lustroso calzado.
-¡Mattie!- exclamó el ruidoso norteamericano, sacudiendo levemente al canadiense hasta que éste pareció reaccionar.
-¿A-Alfred? ¿Qué sucede? Te ves muy alterado… ¿Qué pasó con la reunión?- dijo por fin dándose cuenta de que la sala estaba casi vacía.
-¿Qué importa?- dijo el exasperante rubio, dándole pequeñas palmaditas al canadiense en las mejillas. –Era como una de esas películas de terror, hermano. Nada de lo que hacía parecía despertarte de un trance… ¿Son los ovnis? ¡Magia Negra! Maldito Arthur, ¿qué le hiciste a mi hermanito?- gritó señalando ofensivamente al inglés, quien sólo levantó una de sus enormes cejas en un gesto de fastidio.
-Idiota…- murmuró como única respuesta el malhumorado inglés, retirándose de ahí.
-¿D-de qué hablas?- para el canadiense nada de lo que hablaba tenía sentido. Alfred de nuevo se posó frente a él, tronando sus dedos frente a sus ojos como para despertarlo de una hipnosis. -¡Basta, Alfred!- dijo espantando su mano como si se tratase de un mosco.
-Es que en serio, hermano… Luces como en esas películas de Kiku, tu mirada estaba fija como el bebé ese salido de las cañerías…- el tímido canadiense se sonrojó cuando comprendió de qué hablaban, y miró de reojo hacia el otro lado del salón para luego desviar su mirada rápidamente.
-Y-yo… No es nada… Sólo estaba distraído, es todo…- dijo agachándose con las mejillas sonrojadas.
Todo el mundo podría pensar que Estados Unidos de América era un egocéntrico distraído que no prestaba demasiada atención a algo que no fuese una hamburguesa. En su mayor parte tienen razón, pero cuando se trata de su hermanito canadiense, la cosa cambia. Entrecerró los ojos, como cuando sospecha de alguna conspiración y miró con seriedad a Matthew. Notó el ligero desliz de sus ojos hacia otro extremo de la habitación y le siguió con la mirada… Ahí… justo frente a la inocente mirada de su hermanito… estaba nada más y nada menos que Rusia…
-¡TÚ! ¡Comunista de mierda! ¡¿Qué extraño hechizo has puesto sobre mi pequeño hermano? El no caerá en tus garras, soviético loco…- Alfred estaba furioso y amenazaba al ruso, quien no parecía enterado del escándalo y conversaba tranquilamente con Ucrania.
-¿Rusia?- Matthew tragó saliva con dificultad fijando su mirada en el gigante euroasiático. -¿Q-qué hizo el señor Iván?
-¡Hey, gordo socialista!- gruñó Alfred atravesando el salón de conferencias para encarar a Rusia. Éste le miró con su habitual sonrisa, saludándole con la mano.
-Privet, Amerika… ¿En qué puede servirte la madre Rusia?- Estados Unidos se prendió del cuello del abrigo del ruso y le miraba desafiante.
-¿Armas? Le ofreciste armas nucleares, ¿verdad? Lo quieres hipnotizar con tu estúpido comunismo… ¡Revolución social! ¡Desastre! ¿En verdad quieres llevar a mi pequeño Mattie a eso?- al final de sus sentencias, el joven lucía el rostro colmado en lágrimas de cocodrilo, exagerando el drama. Rusia, con toda la tranquilidad del mundo, retiró las manos de su atacante de sus ropas y se sacudió un poco. Ucrania observaba la escena con timidez, abrazando la carpeta con sus apuntes de la reunión.
-Amerika tomó demasiado café, ¿da?... Siempre pareces olvidar que dejé el comunismo hace mucho, pequeño Alfred…
-¡Aghhh! ¡Me tocaste con tus dedos llenos de socialismo! Ahora voy a tener que aprobar el plan de salud pública de Obama…- gritó con dramatismo el rubio, fingiendo que su mano se derretía.
-¿Da?- miró divertido el ruso, sin reflejar molestia alguna por los ademanes del expresivo país.
En medio de esa "discusión", Ucrania sintió algo cerca de su pie. Al asomarse, vio a un osezno sentado cerca de ella, olfateando un papel arrugado que había en el suelo.
-¿Qué haces ahí, pequeño?- la joven acarició la cabeza del cachorro y levantó el papel. El animalito le observó con sus pequeños ojos negros y se llevó una de las patas al hocico.
-¿Quién?- preguntó antes de rascarse la oreja. Ucrania examinó la hoja de papel y la extendió. En ella había varios garabatos en el borde; pequeños corazones, hojas de maple y algunas flores. Al centro de todo ello había un mensaje, corto y conciso.
"Hola"
La chica sonrió tiernamente. -¿Quién te dio esto, pequeño?- dijo mostrándole la carta al oso.
-¿Quién?- repitió la criatura y se levantó en sus cuatro patas para caminar perezosamente hacia una de las sillas del salón. A primera vista parecía que no había nadie sentado ahí, pero mirando cuidadosamente, observó cómo alguien levantó al osezno y lo puso en su regazo, acariciando su suave pelaje. Era un joven, de rostro tierno y simpático. Se parecía un poco al joven Amerika; pero no le recordaba… ¿O sí?... Si… Le había visto antes… ¿Cómo se llamaba?
-Matvey…- susurró la joven recordando por fin el nombre del rubio. Levantó tímidamente la mano e hizo un breve ademán de saludo. Canadá correspondió con una sonrisa y las mejillas sonrojadas mientras levantaba otra hoja de papel, igualmente decorada con hojas de maple y girasoles.
"Linda"
Si Matthew Williams podría describir el gesto que hizo la joven ucraniana al ver el pequeño mensaje, sólo la palabra "cielo" se le acercaría. Entusiasmado, tomó otra hoja y comenzó a garabatear en ella antes de mostrarle un corazón burdamente dibujado.
-Amerika…- el ruso y el estadounidense se habían enfrascado en una semi-violenta lucha, de alguna forma la marca de la bota de Alfred estaba en la mejilla de Ivan mientras éste sujetaba con fuerza sus cabellos con una mano y con la otra mantenía sus lentes alejados de su dueño. –Parece ser que tu hermanito está mirando a mi hermanita…- de inmediato el más joven interrumpió el forcejeo para ver el diálogo silencioso que se formaba entre los aludidos.
-¡COMUNISMO!
-Por última vez, Amerika… No somos comunistas… Y si tu hermanito le toca un solo cabello a mi hermanita, le romperé el cuello…- sonrió con tono amenazante el ruso.
-Y si tu hermana idiotiza a mi hermano con su hechizo socialista les declararé la guerra…
Un par de minutos de tenso silencio entre las dos naciones y al instante estaban otra vez enfrascados en una pelea tratando de ahorcarse el uno al otro. Y en medio de ese desastre, no se percataron de las sonrisas y pequeños mensajes que seguían intercambiándose Ucrania y Canadá… y tampoco observaron a Kumajiro cruzando de nuevo la habitación con una flor de papel en el hocico que fue a dejar al regazo de la joven.
