HOlAA! Aquí he regresado después de tanto tiempo y lo he hecho porque no quiero dejarlas sin los cumples de los chicos. Ha sido un gran sacrificio para mí y espero poder adelantar más este fin de semana. Disfruten la lectura, y espero sus comentarios, aunque sea para saber que siguen ahí… please! Y… FELICES PASCUAS!
ALBUQUERQUE, NUEVO MÉXICO. 1991.
Cumpleaños número doce de Dean. John ha decidido instalarse en esta ciudad por varios meses. Ha comenzado a buscar un trabajo y ha hallado uno como obrero de la construcción. Dean ha iniciado las clases como alumno del sexto grado de la Escuela Primaria Georgia O'Keeffe. Los Winchester han decidido tomarse unas vacaciones de la caza. John necesita creer que él también puede tener una vida normal. Y quiere que sus hijos también lo crean. El entusiasmo con que el mayor recibió la noticia ha asombrado a su padre, ya que el chico es un cazador nato y realmente disfruta el hecho de estar en la ruta. Esta vez parece necesitar una "vida normal".
El 24 de enero amanece templado. Es la ventaja de vivir en un lugar como Nuevo México. El invierno no es crudo como en otros estados. Los chicos se levantan temprano y a las 9 de la mañana están en la escuela. Hoy no es la excepción. Dean es el nuevo de la clase, pero se las ha arreglado para ser aceptado rápidamente. Es una año más grande que sus compañeros. Tiene más experiencia de vida, conoce medio país, es bien parecido, simpático y ocurrente. En pocos días hasta sus maestros han caído bajo su hechizo. El rubio va a ser una seria amenaza para las damas. John puede verlo. Cada día le recuerda más a Mary. El mismo cabello rubio, sus mismos ojos verdes y profundos. Los mismos gestos.
Los compañeros lo saludan apenas ingresan al salón de clases, apretones de mano, palmadas en los hombros. Son casi adolescentes. Las clases transcurren lentas pero con normalidad. Dean hace un esfuerzo y trata de concentrarse en las matemáticas, la ciencia, la geografía. Por fin llega la hora del almuerzo y en el comedor, el mayor de los Winchester se encuentra con su hermanito, que entusiasmado le dice que su maestra de ciencias, la señorita Lyle le quiere saludar. Le asombra pero responde gentil y respetuoso al saludo de la joven maestra.
- ¡Vaya, vaya! ¿Así que tú eres el hermano de mi mejor alumno? Imagino que eres tan buen alumno como Sam. Bien, ¡Feliz cumpleaños, Dean! –dice la maestra sin esperar respuesta.
- Gracias, señorita Lyle. Es usted muy amable –responde caballerosamente el rubio.
- Oh, no es nada. ¿Tu padre viene hoy a recogerlos?
- Sí, cuando sale de su trabajo nos pasa a buscar –contesta el Winchester.
- Perfecto, porque quiero hablar con él acerca de Sam y un trabajo escolar que estoy haciendo.
Sin esperar respuesta, la señorita Lyle se aleja por el corredor. Los hermanos se terminan el almuerzo en silencio y pronto suena el timbre indicando que ha llegado la hora de regresar a clases.
Por la tarde tienen clases de gimnasia y Dean se ha anotado en la práctica de baseball. No es que sea fanático de ese deporte, pero siente que quiere hacer algo distinto, por eso no ha elegido fútbol. Es bastante bueno porque es rápido, tiene buenos reflejos –que sus compañeros ignoran dónde los ha adquirido- y sabe jugar en equipo. Así que esa tarde el profesor lo invita a formar parte del equipo de baseball de la escuela. El chico no cabe en sí de alegría. Parece que por fin van a poder tener una vida normal.
Cuando salen de la escuela, John los está esperando pacientemente y apenas los saluda, se presenta la señorita Lyle, que explica:
- Señor Winchester, soy la maestra de ciencias de Sam. Y quisiera hablar con usted acerca de un proyecto que involucra a su hijo menor.
John se asombra primero, se preocupa después.
- ¿Ha hecho algo malo mi hijo, señorita Lyle?
- No, no. Creo que no me ha comprendido. Su hijo ha sido seleccionado para participar en una feria de ciencias. Si tiene un minuto se lo explicaré –dice la astuta mujer.
- Bien –John titubea- Yo… en realidad… nosotros estábamos por ir a Mac Donald's a comer unas hamburguesas, ya que es el cumpleaños de mi hijo mayor. ¿Quiere acompañarnos?
- ¡Oh, qué maravillosa idea! –acepta en el acto la maestra.
…..
Unos minutos después, el grupo ha pedido sus hamburguesas y charlan animadamente. John ha aceptado que Sammy haga ese viaje con su docente hasta Nuevo México. El hombre está orgulloso de su hijo. Dean está callado y observa a la mujer que no para de hablar con su padre. Se siente un poco molesto porque ha perdido protagonismo de repente. Justo el día de su duodécimo cumpleaños. Pero ve a John tan tranquilo, tan relajado, sus ojos brillan con algo parecido a la felicidad por primera vez desde la muerte de Mary, así que calla.
- Papá, ¿podemos ir a jugar a los videojuegos? –pregunta el más pequeño.
- Está bien –les responde un complaciente padre –pero tengan cuidado.
- ¿Te gusta tu maestra, no es verdad, enano? –comienza a molestarlo Dean.
- Cállate, Dean. La señorita Lyle es muy buena. Y creo que a papá también le gusta. ¿Qué piensas?
- ¡Cierra el pico! ¿Qué mierda te crees, niñato? –gruñe el mayor con fastidio.
….
Al anochecer, una sorpresa inesperada se produce en el humilde y pequeño departamento que la familia alquila. Diez chicos de la edad de Dean tocan la puerta. Cargan gaseosas, sándwiches, papas fritas, una torta. Una pelirroja se adelanta y toca la puerta, decidida. John abre.
- Buenas noches, señor Winchester. ¿Está Dean en casa? – el tono es persuasivo y amable.
- Mmmmm sí. ¿Quiénes son ustedes, muchachos? –pregunta John aunque ya sabe la respuesta.
- Somos compañeros de clases de su hijo. Y como hoy es su cumpleaños y lo han elegido para formar parte del equipo de baseball de la escuela, queremos festejarlo.
John se siente un poco aturdido. No cabe en sí de orgullo. En el mismo día se ha enterado que sus hijos han hecho grandes logros escolares. Sus muchachos son capaces de grandes cosas. Si Mary viviera para verlo…
Se voltea y mira a Dean, que le devuelve la mirada.
- ¿Por qué no me lo dijiste, hijo?
- Lo lamento papá, no creí que fuera importante…
El hombre contiene las ganas de abrazarlo, toma a Sam de la mano y les indica a los chicos que pasen. Él y el pequeño se recuestan en la cama grande a ver televisión mientras los jovencitos ríen, bromean, comen, escuchan música. En una palabra, se divierten.
Son casi las once de la noche cuando el último de los chicos se va a su casa. El departamento ha quedado hecho un caos y Dean ha comenzado a recoger papeles del suelo.
- Déjalo, hijo. Mañana podemos hacerlo juntos –le dice el cazador.
Dean se sorprende y piensa que cuando John no está bajo el estrés de la caza, es casi un padre feliz. Su rostro se ensombrece pensando en la incertidumbre de su futuro. John capta el gesto y le pregunta: ¿Qué te preocupa, hijo?
- No, nada –responde meneando tristemente la cabeza – pensaba en esta vida que estamos llevando. Que es demasiado bonita para ser verdad.
- ¿Podemos quedarnos para siempre aquí, papi? –pregunta el pequeño Sam.
- Lo intentaremos, hijo. Pero no te prometo nada.
En silencio, los tres Winchester se van a la cama. En medio de la oscuridad, Dean oye la voz de su padre que le dice: -¡Feliz cumpleaños, hijo!
Y Sammy desde la cama contigua agrega: "Te quiero, Dean."
Dean sonríe lleno de felicidad e ilusión.
