El día del juicio, Narcisa y Astoria tomaron asiento juntas, justo detrás de Potter, la Comadreja, y la Sangresucia.

-… ¿Y qué hay de Malfoy?- preguntó ésta última en un murmullo.

-He hablado con Kingsley, pero ya no puede hacer más nada, lo condenarán por lo menos dos años. Y en cuanto a su padre…- hizo una mueca de desagrado.

Astoria y Narcisa contuvieron el aliento.

-¿Cuánto tiempo crees que lo dejen?- dijo Granger, con lástima grabada en su rostro.- Harry, sabes que Voldemort los obligó.

-Lo sé… pero se vieron involucrados, Dumbledore le ofreció ayuda a Draco… pero no alcanzó a responder.- Harry tragó saliva.

-Marlín… pobre Narcisa.- gimió Hermione.- ha de pensar que sus esfuerzos al haberte salvado han sido en vano.

-T-tal vez deberíamos irnos de aquí Señora Malfoy.- susurró Astoria sin voz, temblando por lo que acababa de escuchar.

-No.- negó con orgullo después de recuperarse.- tenemos que afrontarlo, además… Draco y Lucius necesitan de nuestro apoyo, ahora más que nunca.

Astoria la miró insegura y nerviosa, pues la mujer se encontraba de nervios, aunque se sabía controlar.

Pero le dolió el corazón cuando vio entrar a Draco, tomado de los brazos por dementores, casi inconsciente.

Y la miró. Fue lo único que vio en cuanto llegó, y ella, cómo una tonta, se puso en pie, mirándolo, con los ojos azules cristalinos.

Toda la audiencia pareció silenciarse, ni siquiera parecieron notar en qué momento los dementores se habían marchado.

Y ella bajó.

Cómo un zombi, sin siquiera mirar por dónde pasaba, y corrió hasta quedar justo frente a él, y él, con los ojos abiertos, conmocionados y un dolor en el pecho, él le secó las lágrimas que ella no notó derramar.

Astoria sollozó.

-Lo siento tanto...- pero él la calló.

Y jamás alguien pudo callarla de una forma tan dulce y efectiva.

Él, había colocado sus labios con extrema delicadeza sobre los de ella, como una manta que los cubría, y casi no los movió.

Eran sus labios, los de ella y sus manos en el cabello dorado de la chica, acariciándole las mejillas.

Era la caricia más suave y delicada que jamás habían tenido, era eso, sus ansias de besarse, que habían consumido el odio profundo convirtiéndolo en deseo por el otro.

Ella gimió cuando el fue separado bruscamente por dos Aurores.

Pero él, no apartó su vista de los ojos de ella, era como si inconscientemente fuera morfina para su adolorida y magullada alma.

Y después de que al Ministro de magia le fuese imposible interrogarlo, ella se marchó con el corazón quebrado en mil porciones.

….

Había pasado casi dos meses desde que Draco estaba encerrado en Azkaban, por suerte, en las celdas menos visitadas por Dementores, su condena había sido puesta para un año y medio, y todo gracias a la ratona de biblioteca, el cararajada, y su inesperada demostración de amor.

Pero Astoria no había ido a verlo ni una sola vez en ésos dos malditos meses.

Se estaba desesperando, y estar en ésa celda no ayudaba mucho.

Se frotaba los brazos desesperado, pensando en cuándo demonios iba a llegar.

Y lo hizo.

Un mes después.

-Draco…- lo llamó ella con la voz baja, él estaba de espaldas sentando en el catre que le habían dado por cama.

Cuándo la escuchó, se giró bruscamente hacia ella y la miró con los ojos abiertos.

Ella, avergonzada, dejó la canastilla sobre una sucia mesa que había allí, evitando mirarlo.

-Te he traído algunas cosas.- susurró sacando sábanas, ropa, pasta dental, almohadas y otro tipo de cosas inimaginables como comida, de un pequeño bolsito encantado.- creí que te servirían.

Pero Draco no estaba para eso, él estaba molesto.

Colérico era la palabra correcta, la había esperado cada puto día y cada puta noche, y ella no apareció.

Y ahora llegaba con una canastilla de objetos como buena novia.

Él se levantó enojado y tiró todo lo que ella puso en la mesa, por suerte la comida estaba sellada con magia pues el viaje también sería demasiado movido.

Ella se asustó y retrocedió dos pasos encogiéndose.

-¡¿Cómo te atreves a aparecerte después de dejarme sólo dos meses en ésta maldita y mugrienta celda?- su voz empezó siendo un ligero y amenazante murmullo, para convertirse en grito agresivo y fuerte.

Volteó con brusquedad pateando la mesa, tirando lo que quedaba en ella.

Astoria, petrificada por unos segundos, apretó sus manos y cerró los ojos conteniendo las lágrimas, se quedó casi por un minuto así, esperando que las convulsiones en su pecho no la delataran.

Luego se movió, agachándose para recoger cada una de las cosas que él había tirado metiéndolas en su pequeño bolso, y sollozando involuntariamente de vez en cuando.

Draco vio cómo se levantó y caminó hasta la celda para llamar al Auror que la había trasladado.

El corazón le latió rápido, no quería, no iba a permitir que se marchara.

La sujetó del brazo y la hizo girar para que lo mirase, notó que sus ojos al igual que sus mejillas, estaban empapadas de lágrimas.

¿Por qué cada vez que estaba con él, lloraba? ¿Tan malo era?

-Suéltame.- dijo ella en voz baja, zafándose de su brazo.

-¿A dónde vas?- preguntó él con el seño fruncido.

-Lejos de ti…- susurró sollozando.- no soportaré ésta humillación.

Él la miró con rabia.

-¿Sabes lo que yo he tenido que soportar aquí?- masculló.

-¡Sí lo sé!- le gritó.- ¡Y por eso e venido! ¿Crees que mi padre estaba de acuerdo?- preguntó con rabia mientras las lágrimas terminaban de empapar lo que quedaba de sequedad en sus mejillas.- ¡Es la primera maldita decisión que he tomado en mi miserable vida!- le gritó y se cubrió el rostro, llorando con fuerza.- ¡Todo para ti! ¡Para un malagradecido inconsciente y egoísta! ¡No sé porqué he venido, ése beso no fue nada! ¡Seguimos siendo mucho menos que conocidos!

-No.- dijo él con la garganta hecha un nudo.- eres y seguirás siendo mi prometida hasta que nos casemos ¿Me entiendes?

Ella lo miró con el ceño fruncido, no lograba entender su extraño comportamiento, a veces llegaba a creer que era algo bipolar.

Trató de zafarse pero él la abrazo, casi estrangulándola por la fuerza que ejerció en el abrazo.

-No vuelvas a faltarme.- le susurró en el oído acariciando con sus labios su suave lóbulo, ella se estremeció.

..

Estuvieron sentados entre las sábanas que había traído Astoria, sobre el catre que ella misma se había encargado de limpiar con una poción que había camuflado.

Astoria le había dicho que también estuvo antes en la celda de su padre, llevándole lo mismo que a él, y que Lucius al parecer, se encontraba mejor de lo que imaginaba.

Draco, hipnotizado por la dulzura de su voz, dejó caer su cabeza en las piernas de la chica y ésta se dedicó a acariciarle su fino y rubio cabello.

Notó que sus ojos estaban hinchados y se preguntó si era insomnio o rastros de llanto. Se sintió enormemente culpable, pero trato de ignorarlo, pues no quería que él lo notara.

Draco luchaba contra sus ojos para mantenerlos abiertos, no quería cerrarlo, no y que ella se fuera y no la volviera a ver hasta quien sabe cuando.

Pero ella en un suave susurro lo calmó.

-Tengo permiso de venir cada día, pues tu celda no es constantemente vigilada por dementores, estás entre los ladrones de panecillos calientes y magos morosos en impuestos.- le sonrió con ternura y el sintió su corazón hincharse dolorosamente.

-Promete que vendrás mañana.- ella asintió.

-Vendré.

-Y el día que sigue.- susurró cerrando los ojos.

-También.- rió acariciándole las mejillas.

-Y el que sigue.- concluyó profundizándose tranquilo entre sus brazos.

….

Y ella vino.

Cada día compartió con él, y hasta se durmieron juntos una vez en la que Draco trataba de convencerla para que se quedara, y ella cansada por todos los viajes accedió y se quedó dormida en su pecho.

Fue la mejor noche de infiltrados en una cárcel, y Draco no tuvo pesadillas ni dolor en sus heridas, nuevamente parecía que era la morfina de su rota alma.

Sin embargo, un día, ella no apareció.

Draco pensó que a lo mejor la habían sancionado por lo de la otra noche, o que tantas visitas le habrían ocasionado alguna gripe.

Pero simplemente no volvió a aparecer.

o.o.o.o.o.o.o.o

Faltaban dos meses, dos único meses para que el pudiera largarse de la pútrida celda y ella no había enviado siquiera una lechuza.

Estaba desesperándose.

Ella había sido la única razón por la que había conseguido dormir en paz en Azkaban, y ahora ¿Qué?

¿Se había arrepentido de estar con él y se fue antes de que saliera y pudiera evitarlo? La paranoia azotaba su mente y volvía a salir a flote su descomunal demencia.

¿Y qué se supone que él haría? No podía vivir sin ella ahora que… ahora que

No podía ser, no podía haberse enamorado de ella, era imposible.

¿Imposible? ¿Y qué hay de cuando pensaba que sus ojos podrían mantenerlo vivo sin necesidad de más que aire? ¿Y no pensaba que su voz era lo más hermoso que había escuchado?

Draco terminó vomitando todo lo que había comido durante aquella angustiosa temporada, con el corazón bombeándole desquiciado y su estómago contraído.

Era demasiado tiempo sin ella, sin ése olor delicioso que usaba que podía volverlo loco.

Había sobrevivido al tiempo sin tener muy claro cómo. Tal vez se la había pasado en trance cada segundo, pues no recordaba haber hecho más que odiarla con cada parte de su rota alma y tratar de buscar una lógica explicación a su ausencia, terminando con más odio y sentimiento de traición.

Cuando aquella tarde, un Auror lo sacó de la celda con su ropa en la mano, Draco pensó que aunque tuviera que buscarla por todo el mundo para que le explicara porqué no había vuelto, jamás se lo perdonaría.

Se miró por primera vez en dos años al espejo.

Tenía el cabello largo, pues era ella quién se encargaba de cortárselo, su barba había crecido un poco y estaba tan blanco como la leche.

Quiso tirarse del cabello con rabia pero el hombre que lo estaba escoltando esperaba impaciente, por lo que optó por cambiarse rápido a su maltrecha túnica de Hogwarts y caminar.

El hombre le dio un puñado de polvos flu y lo llevó hasta la chimenea más cercana.

-Malfoy Manor.- dijo él con voz ronca y casi inaudible. Las llamas verdes lo consumieron.

Jamás se sintió tan nervioso, se restregaba constantemente las manos en busca de autocontrol, pues no quería salir como una bestia, a buscarla y hacerla pagar.

Se quedó escondido en un rincón oscuro donde nadie pudiese verlo.

Entonces las escuchó. Estaban justo en frente, sentadas en la sala de la Mansión, y notó que su madre había quitado todos los cuadros y los muebles oscuros, reemplazándolos por colores claros, la Mansión se veía totalmente distinta.

-¿Estás bien, querida?- preguntó Narcisa mirando a la muchacha de cabellos dorados.

-Estoy bien…- dijo ella nerviosa, frotándose el pecho en una mano.- es sólo que estoy muy nerviosa…

-Cariño, dijeron que lo soltarían ésta semana.- la mujer sonrió.- no tienes porqué temer, además…

La voz de Narcisa parecía contenta y Draco quiso caminar, pero un grito lo detuvo.

-¡Astoria!- había exclamado la mujer cuando la menor de los Greengrass trató de levantarse, dando a parar en el piso, con la respiración agitada.

Draco miró con los ojos abiertos, aterrado de la descompuesta respiración de la rubia, que al parecer le era imposible dejar pasar aire a sus pulmones.

Narcisa alcanzó a un artefacto que estaba situado sobre la mesa y lo llevó a la boca de la muchacha, presionándolo varias veces.

La chica tosió pero pareció apaciguarse, la señora Malfoy colocó una mano en su pecho, suspirando aliviada.

-Que susto me has pegado, niña…- le dijo aún algo angustiada, ayudándola a levantarse.

-Esto es casi tan nuevo para mí que para usted, siento mucho que tenga que soportarlo…- se disculpó ella poniéndose en pie.

-¿Cómo crees? Eres mi futura nuera, y mi hijo… creo que mi hijo te aprecia ¿sabes?- ambos dieron un respingo que les erizó la piel.- ahora ve a tu cuarto y descansa, a ver si se te quitan ésos ataques.- sugirió Narcisa.

Astoria asintió y agotada subió las escaleras, la mujer se sentó y suspiró cansada.

Draco esperó hasta asegurarse de que ella no estuviese cerca; entonces avanzó.

Narcisa ahogó un grito de exclamación cuando lo vio salir de la oscuridad.

-¡Draco!- susurró sin voz, levantándose con dificultad pues su cuerpo temblaba enteramente.

-Madre…- dijo con voz ronca, la mujer lo abrazó y le tomó el rostro, besándole hasta los ojos.

-Mi bebito…- gimió ella y él rodó los ojos.

-Si no te has dado cuenta, madre… cumpliré veinte.- ella sonrió con los ojos llenos de lágrimas.

-No me interesa ni un poco.

Él se dejó abrazar por su madre unos minutos más, y cuando ésta se dirigía a decirle a todos -Y con todos eran los elfos y Astoria- que él había vuelto, se lo impidió tomándola del brazo.

-¿Por qué Astoria no volvió?- preguntó con voz fría y cortante. La mujer, conociendo de palma a palma a su hijo, suspiró.

-Ella… ha tenido un problema de salud.- le dijo.

-Un problema de salud ¿no?- bufó irónico.- ¿Por más de cinco meses?

-Hijo… es una enfermedad muy rara.- explicó.- y los Medimagos no tienen muchas herramientas para tratarla, ha tenido que consultar con muchos.- Narcisa le miró con compasión acariciándole el cabello.- creo que la llaman Asma o algo así.

-¿Es mortal?- se tensó y la mujer abrió los ojos de par en par.

-¡Cómo se te ocurre pensarlo!- exclamó.- Merlín santo, Draco… es una suerte que hallan localizado al médico que la atendía antes, ha estado recomponiéndose pero no podía volver, fue por el constante contacto con el océano lo que la ha empeorado… por la humedad y todo eso.

Draco la miró sin expresiones, y ella comprendió que estaba preocupado, aunque nunca lo admitiese.

-Subiré.- dijo antes de desaparecer por las escaleras.

La encontró dormida, acurrucada entre las sábanas y pensó que tal vez no era el único que tenía frío.

Pensó que podría quedarse lo que restaba de su día mirándola respirar y expirar de ésa forma que sólo ella podía hacerlo.

Se dio cuenta que su corazón había latido más fuerte desde que aspiró su aroma al entrar en la habitación, y su respiración se había vuelto agitada.

Tuvo una linda idea.

Se subió a la cama lo más sigiloso posible hasta quedar sobre ella, respirándola, demasiado cerca.

Astoria se removió al sentir sumergir su nariz en su cuello blanquecino, estremeciéndola.

Cuando se dio cuenta de que era él, ahogó un grito.

Él se levantó para mirarla, estaba tan concentrado en sentir su piel y los latidos de su corazón, que no había notado que ella estaba despertando.

-Greengrass…- gimió asustado, trató de hacer como si no hubiese hecho nada.

-Haz llegado…- susurró incrédula y hasta pensó que podría estar alucinando.

Él la miró expectante durante algunos segundos y ella creyó que podría estar furioso y en espera de una explicación a su ausencia.

-Y-yo… lo siento tanto.- gimió ella mirándolo avergonzada.-… me enfermé y no pude… de verdad quería… pero yo…

-Lo sé.- le interrumpió.-era… ¿asma? Mi madre me dijo que era una enfermedad extraña.

-Muggle…- le corrigió ella.- es una enfermedad Muggle… hereditaria.- le dijo sonrojada.- como sabrás… las familias de Sangrepura no son tan… puras como alardean.- Draco asintió.- mi abuela era Hija de Muggles.- admitió poniéndose aún más colorada, pues sabía claro el desprecio de los Malfoy por los Muggles…- sufría de asma y yo… lo he heredado.

Draco se levantó para sentarse al borde de la cama, a su lado.

-No había sufrido desde los cinco años… pero el constante viaje a través del océano me ha afectado de nuevo…

Astoria lo miró con disculpas y él, sin saber porqué, le tomó la mano entre las suyas.

-No sabes lo horrible que fue sin tu compañía.- admitió.- cuando estabas tú… me sentía bien.

Draco trató de darle a entender, sin embargo ella parecía confundida.

-Creí que… estarías bien.- trató de imaginarse en qué grado le habría afectado su ausencia.- yo sólo te hacía algo de compañía, y no era mucho…

Él la interrumpió.

-te equivocas.- contradijo mirándola intensamente.- Lo fue todo

OOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Narcisa se había encargado de organizar cada detalle de la boda desde antes de que Draco llegase.

Se había encargado de todo a excepción de los anillos y el vestido de su hijo, pues lo necesitaba para ambos.

Draco no opuso mucha resistencia cuando se enteró, de hecho, pareció tomarlo con mucha naturalidad.

Astoria sin embargo, se encontraba de nervios. Jamás creyó que aquel día llegaría, guardó cierta esperanza de que ocurriera algo, pero ahora… no parecía tan malo.

Draco se encargó, cada noche, de escurrirse en su cuarto sólo para abrazarla mientras dormía.

Se sentía bien hacerlo, era reconfortante, su olor además le embargaba tanto que le hacía perder la cabeza.

Ella siempre lo esperaba, fingía estar dormida para no asustarlo y que se marchara, pero le encantaba tanto como a él tenerlo junto a su cuerpo.

Jamás habían vuelto a entablar una conversación, no desde aquel día, y le agradaba.

Cuando estaban juntos, tan sólo en silencio, se sentía completa. Casi no tenían contacto, nunca llegaron siquiera a abrazarse de nuevo, pero eso bastaba.

El día de la boda, Astoria creyó que colapsaría de un momento a otro.

Estaba lista, vestida y maquillada, olía espléndido y se veía preciosa.

Apretaba en sus manos un fino pañuelo de seda que Narcisa le había dado, no podía imaginarse lo hermoso que debía verse Draco, debía admitir que era sumamente atractivo.

Y no estar a la altura era lo que más le preocupaba.

Nunca se consideró a si misma muy atractiva, siempre alabaron a su hermana por su belleza y a ella por su inteligencia.

Miraba el hermoso anillo de compromiso en su mano y se preguntaba si verdaderamente merecía portarlo, pero sus pensamientos no dieron lugar a más, pues Narcisa había llegado con su padre para finalmente empezar con la boda.

Cuando caminaba hacia el altar de flores, Draco le daba la espalda, y al escuchar la música volteo lentamente, llenándola de ansiedad y nervios -si es que se podía-.

Cuando al fin llegó, y la tomó de la mano sonriéndole cómo sólo él podía sonreír, eclipsándola con sus perlados dientes, ella lo miró totalmente hipnotizada.

No escuchó ni un poco lo que dijo el hombre que los estaba asistiendo, y casi no pronunció sus votos matrimoniales, menos teniendo a un Draco sonriéndole burlón cada vez que se trababa.

Sin embargo, cuando el hombre dijo "Puede besar a la novia" lo único que vio y sintió fueron los labios de él atrapando los suyos.

Se le fue el aire, él la estaba besando, por Merlín, había olvidado cómo besaba, había olvidado muchas cosas, de hecho.

No respiraba, se estaba mareando ya ahogando en sus besos, y no le importó un poco.

La forma en que el movía sus labios sobre los suyos era agonizante. Apretaba su labio inferior con los suyos y luego el superior, sus dientes… su lengua… todo en él la estaba matando.

….

La boda había sido estupenda.

O al menos eso era lo que Astoria pensaba. Después de todo, siempre soñó con una boda hermosa, llena de flores, músicos y bailarines.

Y Draco se había portado como un auténtico y cariñoso esposo.

Tal vez, en el fondo, su comportamiento le afectaba, y ella no quería llegar a pensar que él podría sentir algo por ella, no quería hacerse daño, pero era inevitable sentir algo por él cuando te acariciaba de ésa forma tan delicada y tierna, frente a todos, sin importarle los demás.

La besó mientras bailaban y también cuando partían el postre.

La tomó de la cintura y pegó sus labios una vez más cuando ella intentaba levantarse e ir por algo de vino, jamás se sintió tan hermosa y deseada por alguien cómo aquel día.

Y que decir de cuando él la tomó de la mano y la alejó de todos, diciéndole que se marcharían ya pues los esperaba un espléndido carruaje que los llevaría a la luna de miel.

…..

La suite que habían alquilado los Malfoy era hermosa.

Bueno… era una suite presidencial, tenía que ser algo totalmente fuera de lo común.

Sintió las frías manos de Draco sobre los huesos de sus clavículas y su aliento golpear sus oídos.

-No te he dicho que te vez hermosa.- le dijo apartando su cabello dorado de los hombros.

-Lo dijiste un par de veces…- susurró ella sonrojada.

-¿Ah, sí?- no parecía estar muy atento a sus palabras, sino a acariciar la piel que el vestido dejaba al descubierto.

Draco la giró hacia él mirándola intensamente y con delicadeza le acarició su cabello para pasar luego su mano por detrás de su esbelto cuello blanquecino, atrayéndolo hacia él.

Astoria contuvo la respiración cuando lo sintió rozar sus labios y apretar su cabello totalmente acelerado.

Él estaba tratando de controlarse y no romper su ropa para dejar al descubierto su menudo cuerpo.

Le besó los labios con delicadeza y ella se estremeció completamente sin las mínimas fuerzas para responderle al beso, pero no quería que dejara de besarla.

Y él lo entendió, y eso lo excitó hasta el punto de querer estallar.

La abrazó de la cintura pegándola a su cuerpo, besándola desesperado y acariciándole la espalda.

-Draco…- susurró ella pero él la ignoró y bajó a su cuello acariciándolo con sus labios y hundiendo sus dedos en las caderas de la chica.-Por favor…- susurró ella acariciándole el cabello, atrayéndolo a sus labios.

-Astoria.- gimió él en sus labios y ella lo miró atenta y sonrojada, él respiraba agitadamente y mantenía sus ojos cerrados tratando de hallar oxígeno suficiente.

Estaba temblando como jamás había temblado, y apenas podía sostenerse en pie.

-Draco.- se alarmó ella.- ¿Te sientes mal?

Él negó con dificultad y la abrazó hundiendo su cabeza en el cuello de ella, tratando de controlar sus temblorosas manos.

-Yo…- intentó hablar pero su voz estaba demasiado ronca y su garganta seca.

Ella lo abrazó y buscó una vez más sus labios, y él se perdió en ellos.

Con suavidad la guío hasta la enorme cama y la dejó caer con delicadeza, despojándose de su vestido.

Besó su vientre plano y contó con sus labios cada una de sus costillas.

Astoria contempló sus profundos e intensos ojos grises mientras las manos de él acariciaban con sensualidad su espalda hasta llegar al pequeño broche del sostén, ella cerró los ojos con fuerza y apretó sus labios tratando de no soltar un grito de vergüenza.

Pero él le besó los ojos y la boca con dulzura, quitándose su propia túnica de gala y la camisa.

Tomó sus manos guiándolas a su pecho, y fue cuando ella abrió sus ojos.

Le estaba pidiendo que lo acariciara. Igual que él la acariciaba a ella.

Y la besó. Cómo jamás la había besado, la besó con todo lo que sus labios dieron para besarla, le mordió un poco y volvió a besarle.

Ella, esta vez le respondió con suavidad y él creyó morir cuando sintió sus labios moverse armoniosamente junto con los suyos, y esas pequeñas manos tocar su piel con una ternura que él quiso pensar era adoración.

Sus labios bajaron al pecho de la chica, besando su suave piel y aquellos pequeños y tiernos senos que parecían burlarse de él.

Astoria dejó escapar un suave murmullo que él adoró con toda su alma.

No demoró en dejarlos a ambos desnudos, tan cerca y a punto de amarse. Ella lo miró nerviosa y quiso pronunciarle algo que sonó cómo Y-yo nuncsh - pues él se encargó de sellarle los labios con los suyos y bajó su mano hasta la parte baja de su vientre, explorando con ansias la cavidad de la chica, que se soltó gimiendo asombrada y mirándolo aterrorizada.

-Lo sé…- le dijo él besándola.- y por eso me fascina.

Astoria sintió los bellos de sus brazos erizarse y de pronto empezó a marearse, Draco estaba haciendo no-sabía-qué con ella y por Merlín… la estaba matando.

Gimió acaloradamente durante minutos que él no hizo más que mirar cada una de las reacciones de su cuerpo y conocer cada punto sensible de él.

Nunca le había preocupado tanto una mujer como ahora.

Bendijo y maldijo al mismo tiempo cuando estuvo dentro de ella.

Astoria clavó sus uñas en la espalda ancha del hombre y cerró los ojos aguantando el dolor que le había producido.

Él se detuvo para mirarla y le besó los ojos y la nariz sin moverse, apretando las sábanas tratando de no lastimarla.

Ella respiraba agitadamente y sus ojos se cristalizaron dejando caer un par de lágrimas que él no alcanzó a ver.

Luego empezó a moverse con delicadeza y ella se sintió incómoda, pero ya no dolía.

Entonces empezó a sentir algo que no supo como describir, dejó que su garganta lo hiciera por ella.

Acarició con su mano el rostro de Draco. No la había dejado de mirar ni un segundo, tenía la boca entreabierta y su cara perlada pero seguía con los ojos fijos en ella.

Ella gimió arduamente sintiendo el vaivén del cuerpo de su marido moverse sobre el de ella, bajó su manos por los brazos del chico sin despegar tampoco su vista y la entrelazó con la de él.

Draco dejó entonces que sus roncos alaridos salieran también y se encontraran con los de ella, y justo unos segundos después, cayó cansado sobre su cuerpo.

Astoria cerró los ojos y le acarició el cabello con una sonrisa, pegando su mejilla a sus sienes y los arropó con una sábana.

Cuando ella se hubo dormido sobre su pecho, Draco creyó que jamás había visto una espalda más pequeña y perfecta cómo la de ella, era simplemente hermosa.

Sus hombros tenían un par de pecas que los hacían ver inocentemente sensuales, y aquel camino de su columna vertebral que no había dejado de acariciar en toda la noche.

Ella se removió un poco provocando que el contuviera la respiración y su corazón diera un vuelco.

Tal vez la morfina podía llegar a darle un exquisito y mortífero placer.

Astoria despertó cansada y con las piernas adoloridas.

Inmediatamente recordó la noche anterior al darse cuenta de la desnudez de su cuerpo y tomó lo que estaba más cerca para taparse.

Al voltear temerosa hacia donde se suponía que Draco debía encontrarse, sólo encontró las sábanas arrugadas.

Al tocarlas las sintió tibias, por lo que no hacía mucho que él las había dejado.

Se dio cuenta -por el olor- que lo que había tomado para taparse era su camisa y eso la hizo sonrojarse hasta el tuétano.

Trató de incorporarse y soltó un leve quejido por la punzada de dolor en su entrepierna.

-¿Greengrass?- escuchó desde algún lugar de la habitación. Volteó hacia el sonido percatándose de que Draco estaba sentado cerca de la ventana, con El Profeta de aquella mañana, lo dobló y se levantó de la silla.- ¿Estás bien?

Ella, que aún estaba sorprendida, lo miró acercarse con la cara roja de vergüenza y trató de taparse lo más que pudo, causando sin saber porqué, la risa en su compañero.

-No escondes nada que no haya visto ya.- le dijo sentándose a su lado, ella lo miró con el seño fruncido. Draco sonrió de medio lado.- no pretendía ser ofensivo ¿sabes? Debes aprender a bajar la guardia un poco.

-Sólo… si prometes no lastimarme.- condicionó ella mirándolo a los ojos, el parecía frustrado.

-¿Es por eso que lloraste ayer?- masculló.- ¿Tanto te lastimó que haya sido el primero?

Ella abrió los ojos de par en par sorprendida de la acusación, creyó que no lo había notado, estaba segura de aquello.

Estaba enojado por aquello. No, enojado no… conocía su actitud de enojo, y aquella expresión fría, escondía otra cosa.

-Draco yo…- él la miró con sus cejas fruncidas.-…yo no lloré porque hayas sido el primero.- le negó casi con ternura.

-¿Entonces por qué?-gruñó mirándola dolido.- No parecías muy feliz.- ironizó.

-Pero lo estaba.- susurró ella con la voz casi inaudible.- no te imaginas cuanto.

El corazón de Draco se aceleró cuando la escuchó, la miró tratando de buscar un indició de mentira en su rostro, pero ella jamás le había mentido, y menos ahora.

-¿Feliz?- habló más para él que para ella.- ¿Llorabas porque estabas feliz?- dijo con una gotita de sarcasmo en la voz.- ¿Desde cuando hago feliz a la gente, ah?

-Desde que demostraste que podía interesarte alguien más que tu propio pellejo.- murmuró ella sonrojada y con los ojos brillantes de emoción.

La respiración de Draco se aceleró y se acercó a ella con un poco de brusquedad, sin embargo, Astoria no pareció asustada.

Su mano grande le acarició con suavidad las mejillas y bajó a sus labios, mirándolos atento.

Su rostro descendió al suyo oliendo su propio perfume en la piel de ella, y eso lo volvió loco.

Atrapó sus suaves labios con los suyos y hundió sus manos en la cintura de la chica, pegándola a su cuerpo.

Jamás creyó que las palabras Hacer el amor y sexo, tendrían diferencia alguna. Pero con ella la conoció.

No le bastaba el placer sin que ella también lo disfrutase, y eso que sentía cuando ella gemía como si el mundo fuese a colapsar en un par de segundos.

Nunca creyó que una mujer lo dominaría de ése modo. Y menos ella.

Ninguna mujer le había acariciado el cabello hasta hacerlo dormir, ninguna se había desvelado sólo para escucharlo decir lo que nunca le contó a nadie, cómo lo que sentía cuando tuvo que enfrentarse a Dumbledore, cuando lo presentaron ante el Lord para grabarle su marca… cuando los dementores estuvieron día y noche vigilando la celda que ocupaba antes del juicio.

Y ella lo escuchó atento, cada palabra, cada gesto lo grabó en su memoria. Al igual que él, pues ella jamás se quedaba callada, siempre terminaba acariciándolo y diciéndole algunas cuantas palabras que lo hacían sentir y creer que estaba totalmente perdonado, ante ella y el mundo.

Porque ella era su mundo.

Habían pasado seis largos años desde que se habían casado.

Hubieron peleas e insultos, hechizos y noches en el sofá.

Pero Merlín… se amaban cómo jamás creyeron hacerlo.

Y lo habían dicho, una noche.

Él había llegado de su primer viaje cómo negociante, y ella estaba esprándolo en un sillón frente a la ventana, cubierta con una colcha y unas palomitas de maíz desparramadas en el piso gracias al invencible sueño que las había hecho caer.

Él rió al verla cómodamente acostada, con sus pies recogidos y cubiertos por unas gruesas medias para el frío, la nariz y las mejillas rojas, el cabello suelto y ése camisón que le quedaba hasta los tobillos.

Él le acarició la mejilla derecha con su mano haciéndola despertar de golpe. Astoria pegó un grito t luego se guindó de su cuello, provocando una casi dolorosa caída, por suerte él la sujeto por las piernas y la espalda.

"¡Merlín, al fin has llegado!, no sabes cuanto te extrañé!" exclamó ella sin soltarlo y Draco se tuvo que sentar para no caer, pues ella no dejaba de agitar los pies y besarle el cuello -que era dónde alcanzaba a besar- pero no ayudaba a concentrarse a mantener el equilibrio. "La próxima vez, procura que sea menos tiempo" le reclamó acurrucándose en su pecho, volviéndose a tapar con la colcha. "Tu procura no hacer otro desastre" añadió él con un giño, señalando las palomitas.

Ella torció la boca contrariada, pero sonrió "No prometo nada, pero lo intentaré" añadió con voz cantarina provocando una repentina taquicardia en el corazón del rubio. "Te amo" soltó Draco de golpe sin pensar mucho en lo que había dicho. "¿Qué?"

Fue la noche más larga para ambos, después de que hicieron el amor como un par de locos, ella también le dijo que lo amaba, y tiempo después, Blaise se burló de lo terriblemente cursi que había sido aquello, pero a él no le importó. Ya no le importaba nada que no fuese ella.

Sin embargo, dos años después de aquello, Draco había estado insistiendo en que ella le diese un primogénito, y Astoria se excusaba con que eran muy jóvenes y ella aún no se sentía preparada.

Fueron casi seis meses rogándoselo y ella pareció acceder, sin embargo, justo entonces, Draco anunció su último viaje a Edimburgo, el cuál -al ser el último- tendría que tardar al menos dos meses.

Él había estado planeando y haciendo ajustes para no tener que viajar más -a menos que se tratase de una urgencia- así que si quería cumplirlo, debería estar allí al menos un tiempo de sesenta días para terminar de organizar las ideas.

Un día antes del viaje, Astoria se levantó y se deshizo del brazo de su marido con lentitud mientras caminaba al baño, mareada.

Se sostuvo de la puerta para no caer.

-¿Amor, qué haces?- gruñço Draco medio dormido.

-¡Oh, por Merlín!- gritó ella abriendo el espejo de su baño, Draco se incorporó con rapidez al oír el chillido, y cayó al suelo dándose en la cabeza, trayéndose consigo todas las sábanas.

-Maldición…- masculló tratando inútilmente de zafarse, pero lo único que conseguía era enredarse más en aquel bulto. -Depulso.- murmuró haciendo volar las sábanas de nuevo a la cama.

Se levantó tropezando con todo hasta llegar al baño.

-¿Qué sucede?- preguntó mirándola. Ella tenía las manos en su mejilla y la cara en una expresión de sorpresa y confusión.- Estás asustándome…- le dijo él al ver que no se movía, ella lo miró.

-Tengo tres días de retraso…- anunció y él levantó la ceja.

-Y… eso es interesante porque…- dijo sarcástico.

-¡Tengo tres días retraso!- gritó ella.- ¡Draco…! ¡Bebés…! ¡Periodo! ¿No te suena?

De pronto, el pareció petrificarse. La miraba con la boca entreabierta, luego a su vientre y luego el calendario que ella marcaba cada mes.

-R-retraso…- murmuró.- y bebés… No nos hemos estado cuidando… ¿O sí?- la miró.

-¡Tú te encargabas de eso…! ¡Eres un tramposo!- de pronto ella pareció comprenderlo y rió.- ¡Me embarazaste a propósito!

-No creí que diera resultado…- aceptó él horrorizado, ella hizo una mueca.

-Todavía no podemos saberlo.- le dijo.- quizá sólo sea un retraso normal y tal vez lo que tengo son síndromes premenstruales.

-Deberíamos asegurarnos de que sí lo estás ¿No crees?- murmuró él después de asimilar la idea, abrazándola por la cintura.

-Mmm… no.- sonrió ella.- tienes que dormir, en una hora debes alcanzar el transportador.

-El transportador puede irse a…

-¡Draco!- lo interrumpió ella divertida.- ¡Cuida tu bocaza frente a mi hijo!- le advirtió acariciándose el vientre y él sonrió.- Aunque no estemos seguros, podría estarlo y no permitiré que cuando nazca, en vez de llorar salga maldiciéndole a todos los Medimagos.

Draco rió.

-Eso estaría muy bueno ¿Sabes?- ella le golpeó en el pecho con una sonrisa.

-Vamos, bebé.- habló para su vientre.- no le hagas caso al malhablado de tu padre.

-Guau…- alargó la palabra con burla, siguiéndola.- ahora le hablas a tu panza.- chasqueó la lengua.- tendré que hablar con tu Médico ¿Qué drogas te está recetando?

-Los bebés escuchan las voces de sus padres ¿Sabes?-lo ignoró acostándose.

-Pbb… pamplinas.- la abrazó por la espalda.- además, ni siquiera estamos seguros.

-Pero podría estarlo.

-Pero podrías no estarlo, y entonces sólo estarías hablándole a una barriga y podría llamarte loca.- rió él.

-No harías eso ¿O sí?- de pronto, ella dejó de tomarlo en gracia y sus ojos se llenaron de lágrimas girándose para mirarlo, él se confundió.

-Amor, sólo…- entendió que podían ser sus hormonas.- Sólo bromeaba…- le besó los ojos.- por supuesto que jamás te llamaría loca.

Draco había aprendido a reconocer los cambios de humor hormonales, y supuso que si estaba embarazada…

Astoria sollozó un poco en su cuello.

-Lo siento… no sé que me pasó.

Draco sonrió.- duerme, seguramente mañana tendrás consultas que hacer.

Cuando Draco regresó, no se sorprendió encontrarla en el sillón, tapada por las sábanas, pero con -esta vez- sus galletas de chocolate sobre la mesita que había comprado para ella.

Había recibido una carta suya hacía algunos días pidiéndole que viniera, no le quiso decir si estaba en cinta o no, pues según ella no era adcuado por vía lechuza.

Se veía un poco más delgada, pero sin embargo, hermosa como siempre.

Se acercó a ella y le acarició su mejilla como antaño.

Ella abrió paulatinamente sus ojos aún adormilada, pero en cuanto se percató de que era él, los abrió de para en par de la emoción y estuvo a punto de brincar cuando él le abrió los brazos esprando por su tradicional abrazo de bienvenida, más ella sonrió de lado.

-Creo que hoy no podremos hacer eso.- le dijo y él se extrañó.

-¿Por qué no?

Ella le sonrió y con suavidad dejó caer la colcha, dejando ver bajo su camisón, su abultado vientre.

Draco sonrió agachándose hacia éste para besar su ombligo.

-Imaginaba que lo estabas.- le dijo sin dejar de acariciar con sus manos la barriga de su esposa.-creo que ahora te amo más que nunca.

Astoria rió.

-Ni pensar que te diera cien hijos, explotarás de amor por mí.

Draco rió.

-Posiblemente.

Él se levantó.

-Pero no veo que el bebé evite que te siga abrazando a tu manera.- le dijo levantándola del mueble como anteriormente lo hacía, Astoria sonrió.

-¿No estoy muy pesada?- Draco rió.

-Nunca.

-He decorado gran parte de su cuarto.- le dijo un poco apenada.- ¿No te molesta?

Él levantó una ceja.- ¿De verdad me pintas guiando a tipos con pinta más bien homosexual mientras mueven una cuna?- Astoria soltó una carcajada.- Mmm… no lo creo.

La mujer lo guió hasta el cuarto del niño y lo abrió con expectante emoción.

Draco miró a su alrededor y le agradó encontrar el verde -aunque de un tono pastel- como color central, además lo había llenado de cosas que habían sido anterormente suyas, cómo cromos de ranas de chocolate y figurillas de acción de magos y brujas reconocidos, había una gran alfombra acolchada en el centro.

-Es para que no se golpee cuando empieze a caminar.- le sonrió Astoria.

-¿Ah, sí?-La desafió tomádnola de la cintura, ella levantó una ceja extrañada.

-Sí.- rió.

-A mí me parece que sirve para muchas otras cosas más retorcidas.

Astoria sonrió dejándose llevar por los besos de su marido, y éste la coloco sobre la alfombra con el mayor cuidado posible para no lastimarlos.

Terminaron sudados y con una alfombra rota.

-Eres un tonto.- lo regañó ella.- no te bastó con abusar de una indefenza dama embarazada, sino que arruinaste la alfombra de tu hijo.

-La alfombra la compraremos de nuevo.- le dijo él abrazándola.- en cuanto a ti… deberías tener compasión por mí, dos meses sin hacerte el amor fueron una tortura.

-¿No crees que eres un poquitín adicto al sexo?

-No.- dijo con burla.- el sexo es para tontos.

-¿Te estás insultando?

-Nosotros nunca hemos tenido sexo, Astoria.- ella sonrió abrazándolo.

-Ya veo…- se quedaron unos segundo en silencio, que fueron interrumpidos por los sollozos de la chica.

-¿Qué ocurre?- preguntó él.

-¡No sé!- se lamentó.- sólo ¡Déjame llorar sin motivos! ¡No necesito uno para llorar!

Draco rió y volvió a abrazarla hasta que ambos se quedaron dormidos.

Y después de tres años más, un pequeñito de cabello rubio y ojos grises, se dedicaba a abrirles la puerta cada mañana en busca de su compañía.

Draco, después de tanto tiempo de absoluta felicidad, se dio cuenta de que la morfina para el alma, venía de diferentes tamaños, formas y efectos.

Amaba a su esposa y su hijo. A los que no tenían y a los que algún día la convencería de tener.

Espero les haya gustado, la única forma de hacérmelo saber es comentando :DD Anímense.