Capítulo 5
POV Fate
Cuando volví, Nanoha estaba sentada en uno de los taburetes. Había abierto una botella de vino y estaba bebiendo un sorbo de su copa mientras leía los papeles que tenía delante. Respiré hondo y atravesé la estancia. Había llevado su lista a fin de discutir los detalles. Necesitábamos atiborrarnos de información al máximo para poder salir airosas al día siguiente. Debíamos convencer a Clyde de que lo nuestro era sincero. Sabía que iba a ser una noche larga.
Todavía seguía tensa por lo de antes. Me pasaba siempre que hablaba de mis padres, por más breve que fuera la conversación. Odiaba pensar en ellos y en mi pasado.
Los brillantes ojos de Nanoha se clavaron en mí. El pelo le caía sobre un hombro y no pude evitar fijarme en lo bien que le sentaba el rojo a su tez clara y el color cobrizo de su pelo. Sin mediar palabra, me serví una copa de vino y me senté a su lado, desterrando ese extraño pensamiento de mi cabeza.
- La cena llegará pronto. He pedido canelones. Espero que te gusten. –asintió con la cabeza.
- Es uno de mis platos favoritos. –levanté la lista con una sonrisa burlona.
- Lo sé.
Bebí un sorbo de vino, paladeando su sabor con gusto. Había elegido uno de mis preferidos. Golpeé la encimera con los papeles.
- ¿Empezamos?
Horas después, me serví en la copa el poco de vino que quedaba en la botella. Estaba exhausta. Puesto que no me gustaba hablar de mi pasado ni revelar detalles, la noche había sido difícil. Por suerte y gracias a que teníamos mucho terreno que cubrir, no me había obligado a profundizar en ciertos asuntos. Nanoha sabía que era hija única, que mis padres habían muerto y todos los detalles relevantes: la universidad en la que me gradué, mis actividades, colores y comidas preferidas, lo que me gustaba y lo que detestaba. Me sorprendió en cierto modo descubrir que ella ya sabía muchas de esas cosas. Era más observadora en el trabajo de lo que yo imaginaba.
Aprendí una gran cantidad de información sobre ella. Aunque era observadora, para mí solo había sido una mera sombra en los márgenes de mi mundo. Sin embargo, si bien se mostró tan reticente como yo a hablar sobre su pasado, me contó lo justo. También era hija única, sus padres murieron cuando era adolescente y se marchó a vivir con su tía, que en la actualidad vivía en una residencia de ancianos. No acabó sus estudios superiores, entró en Al-Hazard Inc. para cubrir un puesto temporal y allí se quedó. Cuando le pregunté por el motivo, me dijo que en aquel entonces estaba indecisa sobre su futuro y eligió trabajar hasta saber lo que quería. Dejé pasar el tema, aunque me pareció raro. No sabía cómo trabajaba su mente.
Me senté con un suspiro. Nanoha se puso tensa a mi lado y yo eché la cabeza hacia atrás mientras miraba con mal disimulada impaciencia.
- Creo que ya tenemos lo básico cubierto, Nanoha. Incluso sé cuál es tu crema de manos preferida por si acaso sale el tema. –su lista había sido mucho más detallada que la mía– Sin embargo, nada de esto va a funcionar si te tensas cada vez que me acerco a ti.
- No estoy acostumbrada. –admitió– Siempre me… ah… me pones los nervios de punta.
- Tendremos que acercarnos. –le recordé– Las amantes se tocan y se acarician. Susurran e intercambian miradas. Es una familiaridad fruto de la intimidad que se comparte. Tengo la sensación de que la familia Clyde es afectuosa. Por más que nos aprendamos un sinfín de datos sobre nuestros gustos, Clyde no se va a tragar lo nuestro si no puedo alargar el brazo para cogerte la mano sin que des un respingo.
Jugueteó con la copa de vino y pasó los dedos por el pie varias veces.
- ¿A qué te refieres?
- A qué voy a tocarte, a susurrarte cosas al oído, a acariciarte el brazo e incluso a besarte. Te llamaré "cariño" o cualquier otro apelativo del estilo. Como hace cualquier pareja de enamoradas.
- ¿No has dicho que nunca te has enamorado? –resoplé.
- He preparado tantas campañas sobre el tema que soy capaz de fingir perfectamente. Además, estoy familiarizada con el deseo, y prácticamente es lo mismo.
- El sexo sin amor solo son dos cuerpos y mucha fricción.
- No hay nada de malo en ese tipo de fricción. El sexo sin amor es el que a mí me gusta. El amor tiene efectos sobre las personas. Las cambia. Las debilita. Complica las cosas. No me interesa en absoluto.
- Qué triste.
- En mi mundo no lo es. Y ahora retomemos el tema. ¿Estás preparada para no salir corriendo cada vez que te toque o que te bese? ¿Serás capaz de controlarte? –Golpeé con los nudillos las listas que teníamos delante– Necesitamos algo más que datos para salir airosas. –alzó la barbilla.
- Sí.
- Está bien, entonces tenemos que ponernos a prueba.
- ¿Qué sugieres?
- Bueno, ya que tener sexo está descartado, supongo que tendremos que encontrar otra solución. A menos que quieras probarlo, claro está. –puso los ojos en blanco y se ruborizó.
- No. Siguiente sugerencia.
Contuve una carcajada. A veces era graciosa. Extendí una mano con la palma de la mano arriba a modo de invitación.
- Ayúdame.
Colocó una mano sobre la mía despacio, y yo cerré los dedos en torno a su pequeña palma. Tenía la piel fría y suave. Sonreí y le di un apretón en los dedos antes de soltarla.
- ¿Ves? No te he quemado ni nada. –inquieta, me puse de pie y empecé a caminar de un lado a otro– Tendremos que estar cómodas. Si te beso en la mejilla o te paso un brazo por la cintura, debes actuar como si fuera normal. –me di un tirón del bajo de la camisa– Y tú tendrás que hacer lo mismo. Tendrás que tocarme, que sonreírme y que reírte cuando yo me incline para decirte algo al oído. Tienes que besarme en la mejilla. Algo así. ¿Lo entiendes?
- Sí. –y en ese momento sonrió. Fue la expresión más traviesa que le había visto nunca.
- ¿Qué?
- Si tú me llamas "cariño", yo tendré que llamarte de alguna manera… esto… especial también, ¿no?
- No me gustan los apodos. ¿En qué estás pensando?
- En algo sencillo. –podría soportarlo.
- ¿Cómo qué?
- Barbie.
- No.
- ¿Por qué no? Con el pelo rubio y todo eso… te… eh… te va como anillo al dedo. –la miré con un gesto serio. Quería reírse de mí.
- No. Elige otro, y no me molestes. –sonrió feliz.
- Tendré que pensarlo.
- Hazlo. Pero Barbie está más que descartado. –movió los labios. Puse los ojos en blanco– Déjalo, Nanoha.
- Bueno. Era perfecto, pero buscaré otra cosa. –pasé por alto su evidente sorna.
- No. Ya está bien. –me planté delante de ella y enfrenté su mirada guasona– A ver, ¿practicamos?
- ¿El qué?
Cogí el mando a distancia, lo conecté y le di a la tecla para cambiar la música hasta dar con una melodía lenta y agradable.
- Baila conmigo. Acostúmbrate a estar cerca de mí. –extendí un brazo y dije unas palabras que jamás había usado con ella salvo en los últimos días– Por favor.
Nanoha me dejó ponerla en pie y se acercó a mí con torpeza. Suspiré mientras le rodeaba la cintura con un brazo para pegarla a mi cuerpo y aspiré el olor que desprendía su pelo. Empezamos a movernos y me sorprendió que todo me pareciera tan natural. Era más baja que yo, parecía frágil en mis brazos, pero se amoldaba bien a mi cuerpo. Al cabo de unos minutos, la tensión se evaporó de sus hombros, y me permitió guiarla por la estancia sin problemas. Se movía con una elegancia inesperada, teniendo en cuenta las veces que la había visto tropezar con sus propios pies. De repente, escuché una voz en la cabeza diciéndome que tal vez lo que necesitaba era una persona que la sostuviera en vez de alguien que tratara de tirarla al suelo. Eso me obligó a detenerme y me alejé de ella para mirarla a los ojos. Ella parpadeó varias veces, nerviosa, y comprendí que esperaba algún comentario desagradable. En cambio, le acaricié la mejilla y puso los ojos como platos.
- ¿Qué haces?
- Voy a besarte.
- ¿Por qué?
- Para practicar.
Su apenas audible exclamación acabó en mi boca porque la besé en ese momento. La suavidad de sus labios me sorprendió, lo mismo que su maleabilidad cuando aceptó el beso. No fue una sensación desagradable. De hecho, el contacto me provocó una especie de calidez en la columna. Aparté los labios de los suyos, pero no tardé en besarla de nuevo, en esa ocasión, apenas fue un roce fugaz.
Me alejé y la solté. La tensión flotaba en el aire que nos rodeaba, y esbocé una sonrisa burlona.
- ¿Ves? No ha sido tan malo. No vas a morirte si te beso.
- Ni tú tampoco. –replicó ella con voz temblorosa. Solté una carcajada.
- Espero que no. Lo que haga falta para conseguir el trabajo.
- Claro. –cogí el mando a distancia y quité la música.
- Bien hecho, Nanoha. Hemos hecho suficiente acercamiento por una noche. Mañana es un día importante, así que creo que necesitamos descansar.
- Está bien. –susurró.
- Hoy has hecho un buen trabajo. Gracias.
Me di media vuelta y la dejé mirándome boquiabierta.
POV Nanoha
Otra vez tenía problemas para dormir, así que recorrí el pasillo de puntillas y abrí la puerta de Fate. Esa noche, dormía bocabajo, rodeando con un brazo la almohada mientras el otro colgaba del borde de la enorme cama. Estaba roncando… una especie de ronroneo grave que necesitaba oír. Observé su cara en la penumbra. Me recorrí los labios con la punta del dedo, sorprendida todavía por el hecho de que me hubiera besado, de que me hubiera abrazado, y de que hubiéramos bailado. Sabía que todo formaba parte de su gran plan, pero había momentos, por pequeños que fueran, en los que veía a una mujer distinta de la que estaba acostumbrada a ver. El asomo de una sonrisa, el brillo de sus ojos e incluso alguna que otra palabra amable. Todo eso me había pillado desprevenida esta noche. Ojalá permitiera que esa parte de sí misma aflorase más a menudo, pero mantenía sus emociones, las positivas al menos, bajo llave. Era algo de lo que ya me había percatado. Sabía que, si decía algo, se encerraría en sí misma todavía más. De modo que decidí permanecer callada… al menos, de momento. Eso sí, debía admitir que besarla no había estado mal. Teniendo en cuenta las barbaridades que podían salir de su boca, sus labios eran cálidos, suaves y carnosos, y sus caricias, tiernas.
Gimió y rodó sobre el colchón, llevándose la ropa de la cama consigo. Su delgado y definido cuerpo quedo a la vista. Tragué saliva, en parte por la culpa de estar observándola y en parte por el asombro. Era una mujer guapa, al menos por fuera. Masculló algo incoherente y yo retrocedí, dejando la puerta entreabierta, tras lo cual regresé de puntillas a mi habitación.
Tal vez esta noche se hubiera mostrado más agradable durante algunos momentos, pero dudaba mucho que reaccionara bien si me descubría mirándola mientras dormía. Aun así, sus suaves ronquidos me ayudaron a sumirme en un plácido sueño.
…
Me marché temprano del piso para visitar a Fern. Estaba lúcida y de buen humor. Me reconoció, me pellizcó la nariz y hablamos y reímos hasta que se quedó dormida. Bebí café mientras ella dormía y contemplé los cuadros que había estado pintando. Escogí uno que me gustaba especialmente, uno con flores silvestres, y lo estaba admirando cuando ella se despertó. Me miró, se acercó en su silla de ruedas y extendió el brazo para que le diera el cuadro.
- Me gusta éste. –sonreí– Me recuerda a cuando íbamos a coger flores en verano. –ella asintió con la cabeza, con aire distraído.
- Tendrás que preguntarle a mi hija si está a la venta. No estoy segura de dónde se ha metido.
Me quedé sin aliento. Había vuelto a irse. Los momentos de lucidez cada vez se espaciaban más, pero ya sabía que no debía alterarla.
- A lo mejor puedo llevármelo e ir a buscarla. –la vi coger su pincel y volverse hacia el caballete.
- Puedes intentarlo. Quizás esté en el colegio. Mi Nanoha es una chica muy ocupada.
- Gracias por su tiempo, señora Corrado.
Me señaló la puerta, despachándome. Salí de la habitación con el cuadro aferrado entre las manos mientras contenía el llanto. No me reconocía, pero en el fondo de su corazón seguía considerándome su hija. De la misma manera que yo consideraba que era parte de su familia. Fue como una bofetada que me recordó por qué estaba haciendo eso con Fate. Por qué fingía ser quien no era. Era por ella. Me sequé las lágrimas y regresé al departamento.
Cuando abrí la puerta, Fate me recibió con el ceño fruncido.
- ¿Dónde estabas? ¡Tienes una cita! –inspiré hondo y conté hasta diez.
- Buenos días, Fate. Solo son las diez. Mi cita es a las once. Tengo tiempo de sobra. –se desentendió de mi saludo.
- ¿Por qué no has contestado al teléfono? Te he llamado. Tampoco te has llevado el coche.
- He visitado a Fern. La residencia está cerca, así que he ido andando.
Extendió la mano y agarró el pequeño cuadro que llevaba pegado al pecho.
- ¿Qué es?
Intenté quitárselo sin conseguirlo y ella sostuvo el cuadro entre las manos mientras lo miraba.
- No vas a colgar esta porquería aquí. –me tragué la amargura que sentí en la garganta.
- Ni se me ocurriría. Iba a ponerlo en mi habitación. –me devolvió el cuadro de mal modo.
- Lo que tú digas. –se alejó, pero me miró por encima del hombro– Tu ropa ha llegado. La he puesto en el armario de tu dormitorio y he dejado las bolsas en la cama. Quema lo que tienes puesto ahora mismo. No quiero verlo ni un segundo más.
Acto seguido, desapareció.
…
Esa misma tarde, cuando volví al apartamento, me sentía una persona distinta. Me habían frotado, limpiado y depilado hasta el infinito. Me habían lavado, me habían cortado las puntas y hecho capas, y después me lo habían secado con el secador y cayó suavemente por la espalda. En cuanto terminaron de maquillarme, casi no me reconocía. Mis ojos parecían enormes, mi boca, grande y seductora, mi piel, de porcelana. Corrí escaleras arriba y me puse la lencería nueva y el vestido que Edelgar y yo habíamos escogido para esta tarde. Me dijo que era perfecto. Era de color blanco roto con sobre cuerpo de encaje con forma de flores, era bonito y vaporoso, y parecía muy veraniego. Las sandalias de tacón eran cómodas, y estaba convencida de que sería capaz de andar con ellas.
Tomé una honda bocanada de aire cuando los nervios amenazaron con apoderarse de mí. Había llegado el momento de ver si Fate estaba de acuerdo.
POV Fate
Impaciente, tamborileé en la encimera con los dedos. Oí el taconeo y volví la cabeza, y la copa que me había llevado a los labios se quedó a medio camino. La Nanoha que conocía no era esa mujer. Tal como sospechaba, con la ropa adecuada, un buen corte de pelo y algo de maquillaje, era guapa. No como a las mujeres que estaba acostumbrada, sino como una mujer con una belleza serena que le sentaba muy bien. Aunque no era el tipo de mujer con el que solía relacionarme… ella estaba hermosa. Le miré la mano y fruncí el ceño.
- ¿Dónde te has dejado el anillo?
- Oh. –abrió el bolso, sacó la cajita y se puso el anillo.
- Tienes que llevarlo puesto todo el tiempo. Deja la caja aquí.
- Me lo quité para que me hicieran la manicura. Se me olvidó ponérmelo de nuevo. –sonrió… una sonrisa expresiva y traviesa– Muchas gracias por recordármelo, corazón. –enarqué las cejas.
- ¿Corazón?
- No te gustaba que te llamara Barbie, así que te he buscado otro apelativo. Ya sabes, como si fuéramos amantes… –me crucé de brazos y la fulminé con la mirada.
- Creo que te estás riendo de mí.
- Ni se me pasaría por la cabeza. –se echó el pelo hacia atrás y el pelo cobrizo le cayó por la espalda– Bueno, ¿doy el pego?
- Has empleado bien mi dinero. –Nanoha recogió el bolso.
- Eres una genio con las palabras, Fate. Haces que todo parezca pura poesía. Me sorprende que no hubiera una cola de mujeres para fingir estar enamoradas de ti.
El comentario me arrancó una carcajada. Tenía un sentido del humor muy afilado, algo que me gustaba.
La seguí hasta la puerta, aunque me adelanté para abrírsela. Esperó a que cerrase con llave y, con una sonrisa torcida, le tendí la mano.
- ¿Estás lista, cariño? –puso los ojos en blanco, pero aceptó mi mano.
- Contigo iría a cualquier parte, corazón.
- Vamos allá.
Nanoha aceptó la mano que le tendía y me permitió ayudarla a bajar del coche mientras observaba con los ojos como platos la extraordinaria casa y los jardines que le rodeaban. Incluso yo estaba impresionada. La casa de Clyde Harlaown era increíble.
- Intenta controlar tus emociones. –susurré al tiempo que la pegaba a mí, con la esperanza de que pareciera algo natural. Nanoha no me rechazó, sino que se amoldó a mi cuerpo mientras el aparcacoches se alejaba con mi coche– Tienes que relajarte. –me miró con el ceño fruncido.
- A lo mejor tú estás acostumbrada a tanta opulencia, Fate, pero yo no. –echó un rápido vistazo a su alrededor. El pánico empezaba a reflejarse en su cara– Este no es mi sitio. –murmuró– Seguro que van a darse cuenta de que todo es una farsa. –agaché la cabeza para mirarla a los ojos.
- No, no se van a dar cuenta. –mascullé– Voy a quedarme a tu lado y vamos a comportarnos como si estuviéramos enamoradas. Todo el mundo creerá que te he elegido a ti, a nuestra relación, por encima de mi carrera profesional. Y tú vas a comportarte como si me adorases, joder. ¿Entendido?
Nanoha alzó la cabeza, y en su cara pude ver la incertidumbre. Continúe en voz más calmada.
- Puedes hacerlo, Nanoha. Sé que puedes. Las dos necesitamos que esto salga bien. –miró por encima de mi hombro.
- Clyde Harlaown se acerca.
- Pues ha llegado la hora de empezar el espectáculo, cariño. Voy a besarte y vas a comportarte como si te encantara. Finge que te acabo de dar un regalo. De hecho, te daré uno si consigues que todo marche bien en este primer encuentro.
No sucedió nada durante un segundo. Después, su mirada se endureció y me miró con una sonrisa deslumbrante. La expresión transformó por completo su cara, que pasó de ser bonita a preciosa. El cambio me pilló desprevenida y la miré boquiabierta, sorprendida por mis propios sentimientos.
- ¡Fate! –exclamó– ¡Eres demasiado buena conmigo!
Decir que me quedé de piedra cuando levantó los brazos, me enterró los dedos en el pelo y me plantó un beso en la boca sería quedarme muy corta. Pero me recuperé enseguida, la abracé con fuerza y la besé con más pasión de la adecuada para un lugar tan público. Al oír que alguien carraspeaba a mi espalda, sonreí contra su boca y me aparté. Nanoha me miró y, después, como si fuera lo más normal del mundo, me tocó los labios.
- El rosa pasión no te favorece. –comentó con un deje travieso mientras me limpiaba la boca.
La besé de nuevo.
- Te tengo dicho que dejes de pintarte los labios. De todas formas, te los voy a limpiar a besos. –sin dejar de rodearla con un brazo, me volví para saludar Clyde– Lo siento, Nanoha se emociona enseguida. –esbocé una sonrisilla– ¿Y quién soy yo para resistirme?
Clyde se echó a reír, me tendió la mano y nos presentó a su mujer, Lindy. Era una mujer como de la altura da Nanoha. Tenía recogido el cabello en un sencillo moño y era la elegancia personificada. Yo a mi vez, les presenté a Nanoha como mi prometida y sonreí cuando ella se ruborizó y los saludó.
- Tienes que contarme qué te ha emocionado tanto, Nanoha-san. –Lindy la miró con una sonrisa.
- Fate acaba de contarme que tiene un regalo inesperado. No deja de sorprenderme. Por favor, llámame Nano-chan. Fate insiste en usar mi nombre completo, pero yo prefiero Nano-chan. –sonreí risueña.
- Es un nombre precioso para una mujer preciosa. –ella puso los ojos en blanco y Lindy se echó a reír– No vas a conseguir que cambie de opinión, Nanoha-san. –engarzó su brazo con el de Nanoha y la alejó– Vamos, deja que te presente al resto de la familia. Hayate se muere por conocerte. A ver, ¿cuál es el regalo ese?
Las seguí de cerca, muy atenta a la conversación, mientras me preguntaba qué regalo elegiría, ¿Joyas? ¿Un viaje? Era el tipo de regalo extravagante que las mujeres con las que salía preferían. Una vez más, me sorprendió.
- Fate ha hecho una donación muy generosa al refugio de animales donde trabajo como voluntaria. Le dije que temía que cerraran por falta de financiación. –Lindy miró por encima del hombro con una enorme sonrisa.
- Qué gesto más bonito, Fate. Clyde y yo igualaremos tu donación. Los dos tenemos debilidad por los animales. –Nanoha exclamó.
- Ay, Lindy-san, ¡no tiene por qué hacerlo! –Lindy le dio un apretón en el brazo.
- Pues claro que sí. ¿Cuánto tiempo llevas como voluntaria en el refugio?
Fui yo quien contesté, agradecida por las listas que habíamos redactado y por mi excelente memoria.
- Tres años. La han nombrado Voluntaria del Año dos veces.
- ¡Qué bien! Clyde, que no se te olvide extenderle un cheque a Nanoha cuando hables con Fate después.
Esas palabras me dieron ánimos. Si iba a hablar conmigo en privado, esperaba que significara lo que creí que significaba. Clyde le sonrió a Lindy.
- Lo haré, amor mío.
Tenía pensado permanecer junto a ella, pero tal parecía que mis planes se torcían a cada paso. En cuanto nos presentaron a Hayate, y a su esposa Carim, así como al primogénito de Clyde, Chrono, y a su mujer, Amy, con sus dos hijos, Nanoha y yo nos separamos. Hayate estaba ansiosa por conocer a Nanoha, y sus ojos, azules, estaban abiertos de par en par por la emoción. Era una castaña de estatura media muy atractiva, con una sonrisa agradable. Su esposa era igual de atractiva, igual de alta como yo, con ojos azul rey y rubia. La adoración que se profesaban era evidente… aunque también un poco vomitiva.
Hayate cogió a Nanoha del brazo y la arrastró para presentarle a otras mujeres mientras Clyde me presentaba a los miembros clave de su personal. Quedó claro que las intenciones de Clyde no eran un secreto. Estaba dejando que el resto de su personal me conociera, y sabía que la opinión de esos hombres importaría mucho, de modo que me comporté con unos modales exquisitos y desplegué todo mi encanto. Durante los primeros momentos, no dejé de mirar a Nanoha, preguntándome si estaba diciendo o haciendo algo que pusiera en peligro la situación, pero aparentaba una calma sorprendente y parecía estar manteniendo el tipo. Clyde se percató de mi preocupación y me dio un codazo cómplice.
- Tranquila, Fate. Nadie la va a secuestrar. Te lo prometo. –me obligué a soltar una carcajada.
- Claro que no. Es que… es que es un poco tímida, nada más. –salí del apuro como pude. No podía decirle por qué tenía que estar cerca de ella.
- Es tu afán protector.
¿En serio? ¿Eso era lo que creía Clyde?
- Han sido unos días duros, para las dos. –Clyde asintió con la cabeza y su expresión se tornó seria.
- Me he enterado de lo sucedido.
- "Estupendo", pensé.
- No podía permitir que la insultara de esa manera ni tampoco que rebajara nuestra relación. Había llegado el momento de marcharme, sin importar cómo afectase a mi carrera profesional. –declaré con convicción– Quería que nuestra relación, la verdadera, saliera a la luz. Quería que todo el mundo supiera que estamos comprometidas.
- La pusiste en primer lugar.
- Siempre. –me colocó una mano en el hombro.
- Ven, quiero presentarte a unas personas, Fate.
Un rato más tarde, eché a andar hacia el grupito de personas donde estaba Nanoha. Había observado a los Harlaown y cómo se comportaban, y había acertado en mis suposiciones. Conformaban un grupo muy dado al afecto. Cuando estaban cerca, las parejas no dejaban de tocarse. Lindy y Clyde también eran muy afectuosos con sus hijos y con sus nietos. Sabía que tenía que demostrar algún tipo de afinidad con Nanoha. Ojalá que ella respondiera de la misma manera.
Las mujeres se estaban riendo a carcajadas sentadas en los sofás. Nanoha habló en ese momento.
- Sé que para alguien que cuida tanto los temas de salud, Fate es espantosa. Come demasiada carne roja. Cada vez que se le presentaba la oportunidad, sobre todo en Midori. El costillar de veinticuatro costillas es un clásico. –se echó a reír– Ya ni intento evitarlo porque es un caso perdido. Al menos, ahora que cocino para ella, come mejor. La cantidad de menús a domicilio que encontré en el cajón al mudarme a su apartamento daba miedo.
Me coloqué tras ella, le rodeé la cintura con los brazos, pegué su espalda a mi pecho y la besé en el cuello, momento en el que se estremeció.
- ¿Y tú qué, Nanoha? –miré al grupito de mujeres con las que estaba hablando y les regalé una enorme sonrisa– Se preocupa constantemente por eso, pero todos los días me la encuentro comiendo un sándwich de mantequilla de cacahuate con mermelada. –miré a Nanoha– Te lo tengo dicho, cariño: necesitas comer más proteínas. Estás demasiado delgada. Podría meterte en el bolsillo.
Se oyó un suspiro colectivo, emitido por las mujeres del grupo. Era evidente que había dicho lo apropiado.
- No te metas con la mantequilla de cacahuate y con la mermelada, corazón. –insistió Nanoha– Mientras fui tu asistenta personal, suerte tenía de poder comerme un sándwich. –la volví a besar.
- Muy mal de mi parte, cariño. No deberías ser tan valiosa para mí.
Mientras el resto de mujeres se echaba a reír, Hayate le dio unas palmaditas a una de ellas en el hombro con una sonrisa.
- Ya sabes, Viktoria, avisada quedas. Si Fate se sube al barco, se acabaron las horas para el almuerzo. –Viktoria se echó a reír.
- Le sonsacaré todos los secretos a su prometida para mantenerla a raya.
Ah, Viktoria, la novia de Sieglinde, y tal como parecían las cosas, mi siguiente asistenta personal. La miré con una sonrisa. Era el tipo de Sieglinde: guapa y elegante.
- Hola, Viktoria. ¿Sieg está en la ciudad este fin de semana? –ella negó con la cabeza.
- Otro viaje. Me ha pedido que te recuerde que el partido de tenis de la semana que viene sigue en pie.
- Lo espero con ansias.
- Ojalá que no te decepcione como asistenta personal después de haber tenido a tu prometida. Siempre y cuando subas a bordo, claro.
Me tensé un poco, pero Nanoha se echó a reír y me dio unas palmaditas en el brazo.
- Fate es brillante. –aseguró ella– Es maravilloso trabajar con ella. Estoy segura de que se llevarán de las mil maravillas. –Hayate le guiñó un ojo a Nanoha.
- Has hablado como una mujer enamorada.
Nanoha se relajó contra mi cuerpo y exhaló un suspiro. Alzó la vista, con una sonrisilla en los labios. Me acarició la mejilla con una mano al tiempo que decía con voz ronca.
- Porque lo soy.
Fue una actuación merecedora de un Oscar.
…
La tarde pasó volando. Comimos, hablamos y conocimos a más gente. Cuando estábamos con otras personas, alzaba la vista y me topaba con los ojos de Nanoha, que me observaba. Como me hacía gracia su reacción, le lanzaba un beso o le guiñaba un ojo por el mero gusto de verla ruborizarse. Lo hizo todas y cada una de las veces. Al igual que lo hacía cada vez que me acercaba a ella, le rodeaba la cintura con los brazos y le besaba el hombro o la mejilla. Nanoha interpretó su papel a la perfección, ya que ni una sola vez demostró algo que no fuera calidez. De hecho, en un par de ocasiones me buscó ella, y me susurró al oído. Fue sencillo imitar la forma en la que Carim inclinaba la cabeza para escuchar lo que fuera que Hayate le murmuraba al oído, con una expresión indulgente en la cara. No me quedaba la menor duda de que las palabras de Hayate eran de índole mucho más íntima que las que Nanoha me susurraba, pero nadie más lo sabía.
En un momento dado, Clyde me llevó aparte y me preguntó si podíamos hablar de nuevo el lunes. Me costó la misma vida no levantar el puño, convencida de que lo habíamos conseguido. En cambio, le dije que Nanoha y yo teníamos algo programado para el lunes por la mañana, pero que estaba disponible después del almuerzo. No quería parecer demasiado ansiosa, pero cuando él asintió con un gesto elocuente de cabeza y me informó de que la ventanilla donde se solicitaba la licencia de matrimonio siempre estaba muy ocupada los lunes, de modo que nos reuniríamos a las dos, comprendí mi error.
Creía que íbamos a solicitar la licencia de matrimonio. En vez de corregirlo, le dije que las dos de la tarde me parecía una buena hora y le estreché la mano. Me di cuenta de que ya se habían marchado algunas personas, así que le agradecí la cordialidad. Cuando me recordó lo de la donación, le respondí que podríamos hacerlo el lunes… En realidad, no tenía ni idea de cómo se llamaba el refugio de animales.
Lindy estaba hablando con Nanoha cuando me acerqué a ellas.
- ¿Estás lista para irnos, cariño? –le pregunté– Sé que también quieres ir a visitar a tu tía.
- Es verdad. –Nanoha se volvió hacia nuestra anfitriona– Gracias por esta tarde tan magnífica. –Lindy sonrió de oreja a oreja y la abrazó.
- Tu tía tiene mucha suerte de contar contigo. Ha sido un placer conocerte, cariño. Me muero por verte más a menudo. ¡Recuerda lo que te he dicho acerca de tu boda!
Nanoha asintió con la cabeza y aceptó la mano que yo le tendía. No me resultó desagradable que Lindy me diera un beso en la mejilla.
- Me alegro muchísimo de haberte conocido, Fate. También me muero por verte más a menudo. –guiñó un ojo– Tanto aquí como en el trabajo. –la miré con una sonrisa.
- Lo mismo digo.
- ¿Te ha dado Clyde el cheque de cinco mil?
Parpadeé, la miré y luego miré a Nanoha. "¿Cinco mil?", me pregunté.
Pues sí que había sido generosa. Esbocé una sonrisilla y decidí que bien merecía la pena.
- Me lo va a dar el lunes.
- Excelente. Ahora tortolitas, disfruten lo que queda del día.
Solté una carcajada ronca e hice que Nanoha se ruborizara al tiempo que la sonrisa de Lindy se ensanchaba.
- Esa es la idea. –le aseguré con un guiño mientras me llevaba a mi prometida.
No dejé de reírme de camino al coche. Por dentro, lo estaba celebrando. Había funcionado.
