Bueno, y aquí un capitulo 100% draco y hermione, espero que os guste mucho y me lo hagáis saber en vuestros reviews.
Por cierto, gracias por los del capítulo anterior.
Mil besitosss.
"Draco contaba con tres años y medio.
Ese día se sentó a la mesa como cualquier otro.
-buenas tardes, padre – dijo el niño serio, como su padre le había enseñado a comportarse.
Cogió su servilleta y la ató al cuello, como siempre hacia desde que tenía memoria, pues no hacía mucho que aprendía a comer solo. Ya lo hacía bastante bien pero todavía se manchaba.
-¿crees que un caballero come con una servilleta atada al cuello, Draco?
-pero padre, y si me mancho la ropa…
-si te manchas la ropa, te sacaré otro plato. Si con este te sigues manchando, otro vendrá detrás, y así seguirá hasta que tu comida haya acabado y tu camisa este impecable.
Draco miró a su madre.
-no crees que todavía es joven…
-tiene que aprender Narcissa. ¡Y tú! Escondiéndote tras las faldas de tu madre no conseguirás ser nada. ¡Un Malfoy debe ir siempre por delante!
Ese día el pequeño, con tan solo tres años de vida, comió cuatro platos seguidos, mientras se sentía reventar.
Poco después no podía más que devolver todo lo que había comido mientras su madre le consolaba, siempre, excusando que su padre quería lo mejor para él."
Hermione terminó de decidirse al saber que su novio pasaría la tarde con Harry y los demás haciendo "cosas de chicos"
-ya sabes, beber unas cervezas, jugar al ajedrez… - le había contestado cuando le había preguntado en que consistía esa reunión.
Muy bien, si él tomaba sus propias decisiones y no necesitaba tomarla en cuenta a ella, la castaña haría lo mismo. ¿Por qué no tomar un café con un conocido con el que le gusta hablar?
Sería peligroso romper las reglas, pero ya lo había hecho otras veces. Además para que le servía ser perfecta, cumplir las normas si no recibía ningún merito por ello, cuando los demás hacían lo que querían. Quería dejar de parecer una cincuentona reprimida. A ella le quedaba mucho por vivir. Y ahora había decidido conocer cosas nuevas. Estaba harta de que todos los días fueran iguales. Que mejor forma de romper su rutina que con alguien que no estaría nada bien visto que saliera.
Y de paso pediría unas cuantas explicaciones. Quería entender.
Salió de su habitación con el tiempo justo. No quería llegar por nada del mundo antes que él.
Pareció alegrarse de verla.
-has venido.
-he venido buscando explicaciones… - le dijo cruzándose de brazos.
-contestare todas tus preguntas, si me acompañas – dijo abriendo la joroba de la estatua y tendiéndole una mano para ayudarla a entrar.
-puedo sola, gracias.
Draco se mordió la lengua, algunas veces la chica era en verdad exasperante. Pero eso era parte de su encanto, y él lo merecía. Por eso iba a tragar todos los comentarios ácidos que le lanzara esa noche la castaña, porque se había jurado no perder la única oportunidad que podría tener en la vida de ser feliz.
Caminaron por el pasadizo bajo el conjuro de lumos de la varita de Draco.
-siento que tengamos que hacerlo así, es una pena que puedas ensuciarte, estas preciosa.
La castaña se ruborizó entre las sombras. Hacia tanto que nadie le hacia un cumplido… y tenía que hacerlo quien menos esperaba.
No contestó, y Draco se preguntó si se estaría pasando. Después de todo no valía la pena acelerar las cosas.
Cuando salieron a la luz del día, Draco le llevó a un bonito café francés, nada del otro mundo, pues no quería que la chica se sintiera fuera de lugar.
-¿qué será? – preguntó el camarero.
-un café con leche, por favor – pidió ella.
-un cortado - Dijo su acompañante
-¿tu novio te ha dejado venir?
-no necesito pedir permiso a mi novio para tomar mis decisiones – le contestó desafiante, lo que hizo que el rubio sonriera.
Hermione relajó su expresión. Nunca, jamás, lo había visto sonreir.
-vayamos al grano Malfoy – el chico puso una mueca al escuchar su apellido, pues lo odiaba, él ya no era Malfoy, solo Draco - ¿Qué quieres de mi?
-te quiero a ti – le contestó el chico confiado. Pero se arrepintió al momento, no quería asustarla. Aunque él no tenía ya nada que perder y mucho que ganar. – es decir, se que recuerdas la primera vez que nos encontramos…
-antes de entrar en Hogwarts – terminó la castaña sorprendiéndose de que él recordara ese momento.
-eso es… - dijo el rubio sintiéndose extraño al saber que ella también lo recordaba – dejamos algo… ¿una posible amistad?
En ese momento el camarero les entrego sus respectivas tazas y ambos bebieron en silencio. ¿Ya se habían acabado las palabras? ¿Tan pronto? El rubio se agarró la nuca. En verdad lo había hecho, se había quedado en blanco, no sabía que mas decir y se recriminó por ello. Ese no era momento de ponerse nervioso.
Le acababa de proponer que fueran amigos, pero ella no decía nada.
-no me fio de ti – soltó de repente la castaña.
El chico sintió un ardor en el pecho. No iba a conseguirlo, le había hecho daño por años, mucho daño y debía admitir que en algún momento de su vida fue intencionadamente, en algún momento llegó a odiarla de veras por hacerle sentir así. No iba a conseguirlo pero lucharía de todas formas.
-lo entiendo, solo quiero que tu también entiendas.
-explícame, si quieres que entienda algo – dijo la chica levantando un poco la voz – porque sabes, no entiendo nada, no entiendo que pasa contigo ni entiendo que está sucediendo conmigo.
Hermione se había levantado sin darse cuenta mientras decía estas palabras, las manos le temblaban y sus ojos estaban rojos por un llanto que no quería dejar salir.
-creo que esto no ha sido buena idea – dicho esto la chica salió del lugar cogiendo su bolso y atropellando a una persona en su huida.
-la cuenta por favor, ¡rápido! – exigió el rubio a un camarero.
Cuando salió del local la castaña ya había desaparecido. ¿Hacia donde habría ido? Decidió correr hacia la derecha, seguramente la chica habría regresado al pasadizo para volver al castillo.
Tras correr un par de calles la vio y la llamó. Ella se paró al escucharlo y pronto pudo alcanzarla.
-nunca quise hacerte daño – dijo el rubio a la espalda de su acompañante observando cómo esta apretaba los puños sin mirarle – nunca quise pero mi padre…
-tu padre – dijo Hermione girándose y mirándole a la cara – sabia que tu padre acabaría apareciendo en la conversación. Sabes Malfoy, eres un cobarde, no tienes vida propia y nunca has sabido lo que quieres. Ahora que estas solo, sin nadie que te guie no sabes qué hacer con tu vida – dijo ella clavándole un dedo en el pecho – pero no voy a dejar que juegues conmigo. Ahora quiero volver al castillo.
La castaña comenzó a andar de nuevo. Draco se quedo parado unos segundos y la siguió.
Había perdido. ¿Cómo había podido llegar a pensar que ella se fijaría en alguien como él? Lo único que había conseguido era humillarse y quedar en ridículo frente a ella, como un niño de papa, que es lo que siempre había sido.
Entraron en el pasadizo y lo recorrieron en silencio.
Hermione iba delante, con los brazos cruzados y una cara triste que nadie podía ver. Había explotado con él. La que no sabía qué hacer con su vida era ella, no sabía que quería y lo estaba haciendo todo mal. Recordó a su novio y sintió una punzada de culpabilidad por haber quedado a escondidas con otro chico, y justo con el peor enemigo de Ron, pero sentía una extraña necesidad de estar con ese rubio, y ahora lo había fastidiado todo, ya no había vuelta atrás.
Draco tomo una decisión en el momento en que la oyó suspirar. Si ya la había perdido, lo soltaría todo, le diría como se sentía y lo dejaría en sus manos. Lo más que podía perder era a ella y eso ya había pasado, no tenía nada más que perder.
Cuando llegaron a las escaleras que daban a la joroba de la estatua agarró a Hermione de un brazo haciéndola soltar un gritito de sorpresa.
-te diré una cosa Granger, primero que nada deberías controlar tu carácter, no siempre lo sabes todo y algunas veces la gente necesita explicarse. Deberías escuchar que pasa a tu alrededor, no vives sola en el mundo – dijo el rubio bastante furioso aumentando la presión en el brazo de Hermione. – desde que te conocí mi padre me prohibió acercarme a ti. No tengo la culpa de que cada vez que te veía sentía la necesidad de estar más cerca, de hablarte, pero como no podía tuve que buscar la forma de tenerte cerca, ¡quería tener aunque fuera tu odio, maldita sea! – dijo dando un puñetazo a la pared y soltando a la chica. – mi vida no ha sido nada fácil ¿sabes? – dijo ya en un susurro – el solo verte me bastaba para pasar los días, solo oír tus insultos me hacia feliz, y el día que me pegaste… uff… fue increíble, porque sabía que no te era indiferente, me gustaba verte llorar porque sabía que solo yo provocaba eso, ningún otro, y me gustaba ser el único para ti en algo. Y por último, no sé qué haces con el pobretón de la comadreja, mereces algo mucho mejor, y yo soy mucho mejor. – Draco la miró a los ojos unos instantes, se la veía muy sorprendida, pero no daba señales de ir a abrir la boca para decirle algo. El rubio paso la mano por su cabello alborotándolo – ¡ahora lárgate! No te molestare más.
Hermione siguió mirándole muy sorprendida por sus palabras. Le costó recordar que sus músculos recibían ordenes de su cerebro para moverse e hizo un esfuerzo por ordenar a sus pies que andaran. Estuvo a punto de coger al chico por el hombro, que ahora se encontraba de espaldas. Estiro la mano pero se arrepintió a mitad de camino.
Cuando Draco Malfoy se giró la chica ya había desaparecido. Había perdido, pero se había desahogado. No la molestaría más. "arrastrado" no iba a formar parte de su nueva personalidad.
Haría lo que mejor sabía hacer. Quererla desde lejos.
"Hermione llevaba dos semanas en Hogwarts. Todavía no conocía a nadie y con los pocos que había intentado hablar la había rechazado, parecía que a los demás les irritaba que fuera inteligente.
Se sentía sola y echaba de menos a sus padres.
Vio al final del pasillo al chico rubio con el que se encontró un día en la librería con otros dos chicos y se acerco a él. El padre de este había dicho algunas cosas que la chica no había entendido, pero al fin y al cabo el hombre ya no estaba ahí y ese chico sí que pareció querer hablar con ella.
-hola, soy Hermione Granger.
El chico pareció sorprendido al verla, pero pronto cambio su semblante.
-como te atreves, tu, a hablarme – dijo mirando a los dos gorilas que lo acompañaban que rieron burlonamente – acaso crees que puedes dirigirte a mí como si nada y menos siendo lo que eres, una asquerosa y mugrienta sabelotodo.
A Hermione le tembló el labio y supo que pronto las lágrimas saldrían de sus ojos, no lo soportaba más y salió de allí corriendo para encerrarse a llorar en el baño de chicas.
Creía que todo iba a ser más fácil para ella en su nuevo mundo, lo había sentido y ahora… nadie la aceptaba y no sabía porque ¿por ser inteligente?
Pronto se daría cuenta que su inteligencia no era el problema, sino su sangre, sus padres…"
