Muchas gracias a los que comentaron en el capítulo anterior :)

La verdad es que este me ha quedado un poco largo, pero no quería cortar la escena, espero que lo disfruten.

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Capítulo 4:

Tai no había parado de hacer preguntas desde la breve visita de Matt. Luego de intentar detenerlo en vano, volví a casa y Sora se marchó muy afectada, sabía que su regreso nos afectaba a todos, pero ignoraba hasta que punto podía alterarla a ella, después de todo, eran novios antes de que se marchara, y nunca le dio una explicación, simplemente tuvo que aceptar que él no regresaría, que lo suyo había terminado. Quise decirle algo, pero comprobé con frustración que no sabía que decir en una situación como esa, y que aunque quisiera ayudarla, no era un tema de mi incumbencia.

Tuve dificultades para concentrarme en los días siguientes, aunque trataba de evitarlo, quería poder entender a Yamato – san… quería ayudarlo, pese a que se había negado a recibir mi ayuda, pero presentía que me faltaba una pieza muy importante para armar el rompecabezas y entenderlo todo. La mayoría de mis compañeros se mostraron preocupados por mi actitud distraída, pero sólo Yolei pudo dilucidar el motivo, era mi mejor amiga y no había podido ocultarle el motivo de mi distracción, por lo cual me regañó cuando no le presté atención por estar pensando en lo mismo. Lo que más me dolía era no decírselo a Takeru, era su hermano, merecía saberlo más que cualquier de nosotros, pero no me correspondía a mí hacérselo saber.

Luego de nuestra conversación en Starbucks me sentí más inquieta todavía. Parecía tan desilusionado de sí mismo, como si hubiera cometido algo imperdonable, como si hubiera perdido el rumbo de su vida; claro que no eran más que conjeturas, porque a pesar de que su mirada transmitía dolor y desencanto, no podía ver más allá, era demasiado adusta para mí. No lo conocía mucho, pero lo que sabía me bastaba para entender que no quería que nadie supiera sus problemas, que nadie diera un paso más hacia él, de lo que estaba dispuesto a permitir. Siempre había sido reservado con sus asuntos, si en algo no había cambiado era en eso, sin embargo, él había asegurado ya no ser el mismo.

Tomé un libro de mi velador y me tiré sobre mi cama para comenzar a leerlo, pensé que sería una buena forma de distraerme, pero apenas leía dos líneas, volvía a lo mismo. Una parte de mi decía que tenía que ayudarlo y la otra rebatía que él no quería mi ayuda, que lo mejor que podía hacer era olvidarlo… ¿Qué se supone que debía hacer?... ¿qué era lo correcto?. Dos golpes en la puerta interrumpieron mis cavilaciones.

- ¿Hija?, ¿se puede? …

- Adelante mamá – asentí, sentándome en la cama y tomando un cojín entre mis brazos.

Mi madre entró a la habitación con una bandeja que contenía un vaso de leche y galletas.

- Te traje esto…pensé que tendrías hambre, porque no comiste mucho en el almuerzo - sonrió

- Es que no he tenido mucho apetito estos días…

- Pero seguro que un vaso de leche te calma ¿no crees? – insistió con amabilidad

- ¿Calmarme?

- Estás muy pensativa últimamente… hay algo que te preocupa, ¿no es así?

- La verdad…- traté de hablar, pero algo me lo impedía.

- Está bien…no es necesario que me lo digas… sólo quería saber si necesitabas algo, un consejo tal vez… lo que sea pequeña, sabes que siempre estaré aquí para ti…

- Gracias…- musité, y me acerqué a ella, fundiéndonos en un intenso abrazo.

Luego se apartó y estaba apunto de marcharse cuando la detuve:

- ¿Mamá?... ¿qué haces cuando una parte de ti quiere hacer algo y la otra dice que no lo hagas?...

- Me temo que la respuesta a eso, siempre variará… - dijo al cabo de unos segundos.

Asentí en silencio, algo decepcionada.

- Pero si estás confundida escucha a tu corazón… él siempre te dirá que hacer…

- ¿Y si me dice que haga algo que no es correcto?

- Sólo confía en ti, Hikari… sé que harás lo correcto – concluyó y entonces salió de la habitación.

Esa conversación no había sido nada esclarecedora, pero por lo menos me había dejado mucho más tranquila. Supongo que las madres tienen ese poder de calmarte y hacerte creer que todo estará bien, sin mostrarte la respuesta. Acumulan sabiduría a lo largo de toda su vida, saben decir las palabras correctas en el momento preciso, pero dejan que te caigas para que aprendas por ti misma esa respuesta que ellas ya conocen, porque saben que no valdría lo mismo si ellas pudieran decirte qué hacer en cada momento… a veces por no cometer errores, nos perdemos una valiosa parte de nuestra vida.

- ¿Qué dice mi corazón? - susurré

- ¡Kari!, ¡tienes visita! – el grito de mi hermano me sobresaltó enseguida. ¿Quién podría ser?, si fuera Yolei me habría avisado, T.k. tenía práctica hoy, Davis tenía un plan familiar, y mientras enumeraba las posibles personas que podrían visitarme, llegué al último escalón, alcé la mirada y no pude ocultar mi sorpresa, al ver quién era mi visita. Tai estaba de pie junto a una muchacha alta y bastante linda, sus bucles caían delicadamente por sus hombros, fácilmente hasta la mitad de su espalda y sus ojos verde intenso me observaban de una manera que no supe descifrar.

- Hola… ¿me recuerdas?... soy la nov…

- ¡Claro que sí! – interrumpí, alzando la voz - ¿cómo has estado?... no te quedes ahí, vamos a mi habitación… - sonreí, tomándola de la mano para arrastrarla escalera arriba.

Apenas entramos a mi cuarto, cerré la puerta y me volteé hacia ella, apenada.

- Lamento eso…es que Tai no sabe…

- Entiendo – dijo ella, antes de que pudiera completar la frase. – creo que yo te debo una disculpa por presentarme así, pero eres la única persona que conozco de su pasado… la única con la que puedo hablar de esto…

Asentí en silencio, sintiéndome algo incómoda.

- ¿Cómo me encontraste?

- Encontré esto…- explicó, mostrándome un pequeño papel, que reconocí enseguida como la nota que le había escrito – sé que estuvo mal, pero… necesitaba hablar contigo…

- Te escucho – murmuré, casi sin atreverme a moverme. No sabía qué podía querer conmigo, por un segundo pensé que podría haber malinterpretado el encuentro que habíamos tenido, pero supuse que una novia airada no pediría disculpas.

- Lo conozco hace tres años ¿sabes?... exactamente el tiempo que se ausentó de Japón, tenía 16 años… recuerdo cuando lo vi entrar al salón, uno de los chicos más guapos que había visto a mi corta edad… me atrajo de inmediato y aunque parecía muy reservado, a las pocas semanas comenzó a salir con una compañera, pero no duraron mucho… me di cuenta de que era muy diferente a como yo creía… a menudo faltaba a clases, salía con cuanta chica conocía, fumaba y bebía demasiado…el típico chico problemático… en meses ya había salido con todas mis compañeras y varias chicas más de la secundaria… pero a pesar de todo esto, seguía atrayéndome y durante el primer año me enamoré perdidamente de él… a veces lo observaba cuando estaba solo y me parecía que estaba triste por algo… me intrigaba de una manera insana, hasta que un día que lo castigaron como de costumbre, logré que me castigaran con él…mi única esperanza era que estuviéramos a solas y quizás charlar un poco… hablamos, pero me di cuenta de que no le gustaba hablar de su pasado… y que era muy difícil sacarla las palabras, sólo hablaba cuando quería, de lo contrario me ignoraba o evadía mis preguntas…luego de eso hablé con varias de mis compañeras, y comprobé que ninguna de ellas sabía nada de su vida, salvo que venía de Tokio y que vivía con su padre en un departamento del centro, pero desconocían el motivo por el cual se había mudado a un lugar tan lejos como Estados Unidos y más aún en mitad de semestre, no era común recibir estudiantes nuevos en esa época y eso fue algo que llamó mi atención desde el primer día… se hizo bastante popular, casi siempre estaba acompañado y me era difícil encontrarlo solo, pero a pesar de eso, sentía que no tenía amigos, que era como si se esforzara en alejar a las personas de su lado… no salía con ninguna chica más de una semana y de inmediato se le veía con una nueva… era todo un casanova…

Trataba de imaginarme todo lo que Kaoru me decía, y era como si algo continuara sin cuadrar en la historia. El Matt que yo recordaba de hace tres años no era así, era reservado, pero nunca fue mujeriego y de hecho, odiaba ser asediado por las chicas cuando comenzó a tocar con su banda, y a pesar de que le costaba demostrarlo, sabía que quería a mi hermano… eran realmente inesperables luego de su primera aventura en el digimundo, casi como si fueran hermanos.

- Poco a poco me fui acercando más a él, y nos hicimos amigos… - su voz me sacó de mis pensamientos y volví a ponerle atención, ella miraba hacia un punto indeterminado, se había sentado en el borde de la cama, mientras yo seguía de pie junto a la puerta - fue un proceso largo, y al principio compartíamos largos silencios, pero intentaba respetar su vida privada y no preguntar nada que pudiera incomodarlo, en su lugar le hablaba de la escuela o alguna anécdota mía…en ocasiones él me contaba algo sin demasiada importancia…hasta que un día, fuimos a una fiesta y él se emborrachó… odiaba verlo en ese estado, así que lo agarré de un brazo y logré sacarlo del local, para llevármelo en un taxi a su departamento… subimos en ascensor y le quité la llave para abrir y ayudarlo a entrar…caminamos juntos hasta su habitación… iba irme, pero él me detuvo…- en ese momento cerró los ojos como si estuviera recordando aquella noche, sin embargo, siguió hablando – dijo…

-Por favor Kaoru, quédate un poco más…

- Está bien… te prepararé un café…- me excusé, para salir de su habitación. Me extraño no ver a su padre en casa, pero no pregunté. Puse la tetera, mientras buscaba las tazas y las cucharas. Finalmente di con el mueble, pero estaba muy alto para mí, intenté estirarme hasta alcanzarlo, cuando sentí su presencia atrás mío… se acercó y sin esfuerzo levantó un brazo para alcanzar las tazas y entregármelas.

- Gracias…- murmuré azorada y continué en mi tarea para evitar mirarlo a los ojos

- A ti…por entenderme – dijo él, entonces si intenté mirarlo a los ojos, pero esquivó mi mirada, como si se avergonzara de lo que había dicho – la mayoría sólo busca coquetearme y enrollarse conmigo…yo les doy lo que quieren y las dejo, ellas lloran diciendo que me aman, pero no lo hacen… no me conocen…

Se quedó en silencio durante unos segundos en los cuales no supe si debía o no decir algo, hablaba desinhibidamente producto del alcohol, no quería que dijera nada de lo que al día siguiente pudiera arrepentirse.

- Yo solía tener una novia – murmuró de pronto, cortando el silencio que se había formado.

- ¿Antes de venir aquí? – pregunté mientras servía el agua en las tazas con la mano ligeramente temblorosa.

- Si… la amaba, pero…ella me engañó… - en ese momento supe que ese era el motivo por el que había dejado su país, desprendiéndose de su pasado, estaba herido y quería olvidarse de todo, ¿cuan dolido estaba como para no querer verla más?... simplemente fue como si todo cobrara sentido, su actitud con los demás y su inestable vida amorosa.

Me volteé hacia él sin saber que decir, sentía que había traspasado una gruesa barrera y que desde mi nueva posición podía verlo con claridad.

- No siempre tiene que ser así…- intenté consolarlo, pero él me regresó una mirada divertida.

- Claro que sí… el amor es sólo una ilusión… desde que llegué he intentado encontrar una chica que me haga sentir lo mismo que ella… pero con ninguna lo he conseguido…

- Quizás estás buscando en el lugar equivocado – dije armándome de valor.

Entonces me miró por un largo rato, como si estuviera analizándome. Se fue acercando de a poco, paso por paso, hasta que lo tuve sólo a pocos centímetros, y aunque en algún momento desde que llegó hasta que nos hicimos amigos, me prometí que no caería como las demás, a pesar de estar absurdamente enamorada de él, dejé que me besara… y sin darme cuenta… una cosa llevó a la otra y acabamos en su cama…

Y como por arte de magia, allí estaba la pieza que faltaba en el rompecabezas. Todo tenía muchísimo más sentido ahora, como lo había tenido para Kaoru en su momento, aún había cosas que no entendía, pero si juntaba todas las piezas poco a poco cada una tomaría su lugar.

- Yo… ya debo marcharme… - musitó, poniéndose de pie rápidamente

- Espera…- pedí, al verla poner la mano sobre la perilla, ella se congeló en el lugar- ¿Por qué me dices esto a mí?

Dio un paso atrás y me miró por el rabillo del ojo antes de hablar

- Porque siento que tú lo puedes ayudar…- antes de que pudiera decir cualquier cosa se escabulló fuera de mi habitación.

Me dejé caer sobre la cama algo aturdida y noté un pequeño papel a mi lado. Era una dirección, una sutil sugerencia de que lo visitara, pensé. Pero si antes no sabía qué hacer, ahora si que estaba confundida. ¿Debía ayudarlo?, ¿y qué tal si lo arruinaba todo?. Me acurruqué hacia un costado y sin darme cuenta me quedé dormida. Aquella noche fue la primera que soñé con Yamato.