Bueno, antes de empezar quería agradeceros a tods por vuestros reviews, porque si supierais lo feliz que me hace leerlos y saber que mi historia está gustando a la gente. ¡mil gracias!
Espero que este capítulo también os guste y me lo hagáis saber. En cuanto tenga un rato intentaré dedicaros unas palabras individualmente a todos los que me dejáis reviews porque os lo merecéis.
Y ahora, a leer!
"Draco Malfoy se encontraba en su cuarto, en su espacioso cuarto, lleno de todo lo que podía desear, pero sin saber qué hacer.
Sentado en el alfeizar de la ventana veía el jardín de su casa.
-Draco – dijo su madre asomando la cabeza por la habitación del chico – Draco, tu padre ya se fue.
-perfecto – dijo el chico serio, aunque se encontraba feliz, su aburrimiento había acabado – ¿qué haremos hoy madre?
-¿qué te parece pintura? – el rubio asintió siguiendo por el pasillo a su madre hasta el jardín.
A sus ocho años era un perfecto dibujante, podía dibujar casi cualquier cosa con tan solo verla o imaginarla.
Pintar no le estaba permitido por su padre, al igual que muchas otras actividades. Pero algunas de esas pasiones, como la pintura, la compartía con su madre, la cual, a escondidas de Lucius, le enseñaba todo lo que podía.
-si pones un verde oscuro en esa parte, por el costado, la sombra del árbol quedará más real – le aconsejaba su madre.
-¿qué tal así?
-mucho mejor…"
Hermione se sentía fatal.
¿Draco acababa de declararse? ¿A ella? ¿Había dicho que quería estar cerca de ella? ¿Qué siempre había sido así?
Subió las piernas a su cama y las abrazó.
Ella solía tener mucha empatía, pero esta vez le costaba ponerse en el lugar del rubio ¿Qué su vida no había sido nada fácil? Lo había tenido todo. Todo y más.
"todo menos lo que realmente quería" le dijo una vocecita dentro de su cabeza.
¿Y que es lo que quería? - Preguntó al aire.
"a ti…" le contesto su propia voz interior.
"te quiero a ti" había dicho en el café. Era posible que Draco Malfoy solo hubiera querido llamar la atención de la chica durante todos esos años. Era posible y ahora se daba cuenta. ¿Qué habría hecho ella en su lugar? no podía imaginarlo, si tanto la quería, ¿por qué no había enfrentado a su padre? ¿Porque le tenía tanto miedo? ¿Por qué la trataba mal en el colegio, el único lugar donde él no podía verle?
Tenía tantas preguntas sin respuesta, y ella no soportaba no saber las respuestas.
Bajó de su cama y se sentó en su escritorio con pergamino y pluma.
"¿porque le tienes tanto miedo a tu padre? ¿Qué tan malo podría hacerte para obligarte? ¿Y porque tenias que hacerlo aun cuando él no estaba delante?"
Enrolló el pergamino y sacó del cajón un silbato, lo hizo sonar y pronto una lechuza de Hogwarts estaba en su ventana.
-Llévasela a Draco Malfoy.
La lechuza salió volando hacia arriba. Hermione se sorprendió, ¿acaso no estaba Draco en las mazmorras?
Pero el rubio se encontraba en la torre de astronomía, dejando que el viento alborotara su cabello mientras veía como el sol comenzaba a esconderse por el lago.
Un picoteo en la mano lo hizo salir de su ensoñación. Desato el pergamino mientras pensaba que ese seria a partir del momento su lugar preferido. El único lugar en el que había estado feliz con Hermione.
El chico leyó la nota y se sorprendió de que ella le hubiera escrito. No tenía remitente pero sabía que era ella. ¿Acaso no tenia que perder las esperanzas todavía? ¿Podría explicarse?
Hizo aparecer pergamino y pluma y escribió sobre el muro del borde de la barandilla.
"no le temo a mi padre, ya no.
¿Qué hacía para obligarme a hacer lo que él quería? Hace unos meses recibiste una maldición imperdonable, crucius ¿tienes 18 años, verdad? ¿Qué te parecería recibirlo con tan solo cinco años de edad? ¿Y que esto se repitiera cada vez que desafiabas a tu padre?
En cuanto a tu pregunta de porque también tenía que tratarte así cuando él no estaba delante, ¿recuerdas a Crabbe y a Goyle? mi padre los obligó a seguirme donde quiera que fuera y a mí a estar con ellos.
A mis once años ya no me atrevía a retarle.
Te contaré algo Hermione Granger ¿sabes porque los elefantes de los circos no escapan, teniendo solo una pequeña correa alrededor de su pata? Son muy fuertes, podrían romperla sin problema. Pero si desde que eran unos pequeños elefantes han estado ahí atados y han agotado todas sus fuerzas intentando escapar y no lo han conseguido nunca, con el paso del tiempo se dan por vencidos. Ahora que son grandes y fuertes, ni siquiera lo intentaran, porque la experiencia de cuando eran muy pequeños les dice que no podrán conseguirlo y ni siquiera lo intentan.
He intentado explicarte que es lo que me pasaba con mi padre.
Tienes razón, no he tenido nunca una vida, tienes razón he sido un cobarde, pero la experiencia me decía que era mejor así."
Cuando Hermione leyó la contestación del chico una lágrima solitaria corrió por su mejilla.
Se sentía horrible por Draco, la verdad si debía haber sido difícil su vida, si es que podía llamarle vida. Y ahora que él intentaba cambiar y reparar el daño que había causado, llegaba ella y le pisoteaba.
Era horrible. Y no se sentía mejor excusándose pensando en cómo la había tratado él ahora que sabia sus motivos.
Se disculparía, se disculparía con él. Al día siguiente. No quería hacerlo por carta. Le gustaba ir de frente.
Se metió en la cama e intento dormir, pero la imagen de un niño de cinco años se le aparecía constantemente.
/
El trío dorado se encontraba desayunando en el Gran salón. No hablaban, solo comían en silencio esperando que el tiempo pasara para ir a clases.
Una bandada de lechuzas entró al lugar y una de ellas dejó una carta delante de Ron, el cual, al leer el remitente la guardo rápidamente con gesto nervioso. Gesto que no le pasó por alto a su novia.
-¿Quién te escribe, Ron?
-oh, solo es mi madre, mas tarde la leeré. – se excusó el chico intentando controlar su mentira, no podía decir la verdad.
-¿y qué tiene de malo leerla ahora? – continuó Hermione desconfiada.
-ahora no me apetece ¿vale Hermione? – dijo el pelirrojo algo mas brusco de lo que habría deseado.
Hermione le miró dolida y se levantó.
-os veo en clase – dicho esto se levantó y se dirigió a la puerta, echando un vistazo a la vacía mesa de los Slytherin, donde una cabellera rubia la seguía con la miraba.
Sentir la mirada de Draco la hizo sentirse algo mejor. Tenía pensado hablar con el después de clases.
Draco le parecía el chico más interesante que había conocido hasta el momento. Quería saber más de él, de su oscura infancia, de que quería en su vida ahora, del porque de sus decisiones, de porque ella.
Ya no pensaba en sus años pasados. No se lo había perdonado, pero había decidido dejarlos a un lado para conocerle mejor. Después juzgaría si echaba esos recuerdos al olvido, o se los echaba en cara.
Había visto muchas películas muggles donde el chico malo, a causa de una infancia difícil o de un entorno complicado, acababa enamorándose de una sencilla chica a la que, normalmente nadie le prestaba atención. Ella siempre se había sentido identificada con esas chicas. ¿Podría ella vivir una de esas historias?
De pronto Ron volvió a su mente.
Claro que no podría vivir esa historia. Esas chicas de sus películas no tenían un Ron al que darle explicaciones, un chico al que hacer daño. No podría darle a Draco mas que su amistad, pero ¿acaso el chico había pedido algo más? Solo había dicho que quería estar cerca de ella. En ningún momento había dicho que ella le gustara de otra forma. Pero se había comparado con Ron, y Ron era su novio. ¿Eso no era que quería ocupar su lugar?
¿Y porque le parecía tan bien esa idea? Se estaba volviendo loca. Sus sentimientos la volvían majareta. ¿Por qué no se conformaba con lo correcto, querer a Ron? Porque su corazón le pedía a gritos que metiera en su vida a Draco Malfoy, mientras su cabeza le decía que eso solo acabaría en desastre.
Siempre acababa haciendo caso a su cabeza, ¿y si por una vez se dejaba llevar por el corazón?
Desde su pupitre vio como el objeto de sus pensamientos entraba en la clase. Solo estaban ellos dos, pues había llegado bastante pronto al salir huyendo del comedor.
Él la miró, pero se desvió hacia un asiento alejado. No le dijo nada, pues había prometido que no volvería a molestarla. Sabía que era ella la que tendría que dar el paso.
A Draco se le iluminaron los ojos cuando vio a su castaña levantarse de su asiento y dirigirse a él, pero en ese momento el resto de alumnos comenzó a entrar en la clase y la chica fingió coger algo del suelo y volvió a su sitio.
Vio como la comadreja se sentaba a su lado, le susurraba algo y la besaba. La sangre le ardió, al igual que sus puños pidiendo deformarle la cara a ese pobretón por tocar esos labios.
Sería un pobretón, si. Pero tenía su mayor tesoro. Estaba seguro de que él lo valoraría mucho más. ¿Qué veía ella en él?
La clase comenzó y tuvo que interrumpir sus pensamientos para escuchar al profesor, pero no se perdía ningún movimiento de la castaña y pudo chocar con sus ojos varias veces que ella le había buscado con la mirada disimuladamente.
Por el momento no podía pedir más. Ni siquiera estaba seguro de si seguía teniendo alguna oportunidad, pero ella había intentado dirigirse hacia él ¿no?
Durante el resto de clases no pudo hacer más que mirarla. Ella no le hablaría delante de nadie, lo sabía. Por eso cuando acabaron las clases se metió en la biblioteca a esperar que ella apareciera.
No tardó en hacerlo, parándose en la entrada al verle sentado en la que sabía era su mesa favorita.
La castaña, parada en la puerta, respiro hondo y se dirigió al rubio. Le parecía ridículo que fuera a acercarse a él, a hablarle y por si fuera poco a pedirle disculpas.
Aparto la silla que se encontraba junto a él y se sentó. Dejó sus cosas en la mesa y se armó de valor para mirarle y comenzar, el ya le miraba a ella, lo que le hizo ponerse nerviosa cuando comenzó a hablar.
-siento mi… mi comportamiento de ayer, yo no sabía que tu… - se calló al notar los fríos dedos del rubio en sus labios.
-algún día limpiaré tus labios. – dijo él sin avergonzarse lo mas mínimo, mientras a Hermione le temblaron las piernas y miles de mariposas comenzaron a volar en su estomago mientras el rubor acudía a sus mejillas.
-que… ¿Qué estás diciendo? – dijo la chica rompiendo el contacto para mirar sus libros que se encontraban en la mesa, apretando sus manos la una con la otra.
-que no soporto que la comadreja te bese – dijo el chico algo molesto. – déjale.
Hermione le miró confundida. ¿Le estaba ordenando?
-mira Malfoy – dijo la castaña recuperando la compostura – Ron es mi novio y tu no vuelvas a darme ordenes como si fuera uno de tus elfos.
-¿puedo saber que tiene? ¿Qué ves en él?
Hermione se levantó molesta, no solo con él, sino con ella misma por no saber que responder a esa pregunta. Le miró indignada y salió a toda prisa de la biblioteca.
-mierda – escuchó maldecir a Draco. – espera
Pero la castaña siguió andando, cada vez más deprisa al notar al chico tras ella. Subió las escaleras tan deprisa que no reparó en uno de los escalones falsos, metiendo el pie en él y cayendo hacia delante por la prisa, esparciendo todos sus libros y pergaminos por el suelo.
Notó un fuerte ardor en el tobillo.
-¿estás bien Granger? – le preguntó Draco arrodillando junto a ella.
-creo que me he torcido el tobillo
El chico cogió con delicadeza la pierna de la chica y la sacó despacio mientras la chica se quejaba. Bajó su calcetín y toco el tobillo con cuidado. Hermione agarró su falda y la bajó un poco mas con nerviosismo, haciendo que Draco sonriera de lado.
-te acompaño a la enfermería – dijo levantándola con facilidad en sus brazos.
Hermione comenzó a balbucear y a moverse inquieta intentando que la volviera a dejar en el suelo.
-pe-pero Malfoy, van a verte conmigo, la ge-gente comentara, alguien de tu casa po-podría vernos y…
-mira Granger, si por mi fuera me pondría a gritar ahora mismo a los cuatro vientos que estoy loco por la sabelotodo de hogwarts.
Hermione volvió a perder los nervios al enfurecerse y se cruzo de brazos mientras el rubio comenzaba a andar llevándola en sus brazos.
-eso no ha tenido gracia idiota, eres un descarado ¿lo sabías?
-da gracias de que no te bese ahora que te tengo tan cerca y que no puedes huir, porque es mucho el esfuerzo que tengo que hacer para contenerme.
Hermione se quedó callada mientras los colores acudían de nuevo a sus mejillas. Draco sonrió al verlo.
-eres encantad…
-eh tu! Que le has hecho, suéltala ahora mismo!
"-mama! – dijó hermione enfadada, recién levantada con el pelo enmarañado y su pijama todavía puesto - ¿Por qué has empezado sin mi?
-estabas dormida hija, no quería despertarte.
-sabes que el pavo es mi especialidad, me encanta hacerlo.
-y no lo he tocado mi vida – dijo la mujer levantando las manos – solo estaba preparando los entrantes.
Hermione relajó el ceño y sonrió a su madre.
-iré a arreglarme y cuando acabe de cocinar le echaremos un vistazo al coche, papa – y subió las escaleras de nuevo.
-mírala – le dijo la mujer a su marido – desde los siete años cocinando el pavo, y le encanta. Siempre está en todo.
-solo tiene nueve años y ya es completamente autosuficiente – dijo el hombre algo triste – me asusta pensar que pronto no nos necesite.
Pero hermione, por muy suficiente que fuera por sí sola, no se sentía nada si sus padres no la apoyaban, todo lo que hacía, lo hacía para enorgullecerles."
