Hola! vengo con un nuevo capítulo... al principio planeaba que la historia durara menos, pero me he alargado un poco más de la cuenta, supongo que porque quiero que todos los detalles queden claros... este capítulo en particular es más de transición... una serie de hechos hilados necesarios para el siguiente cap... simplemente quería aclarar eso y agradecer enormemente a las personas que me dejaron reviews en el capítulo anterior: Tohno Minagi, scarcrow y AlekseiCld ^^

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Capítulo 6:

Sólo hay dos motivos por los que quieres que un chico te bese, porque es guapo ó porque te gusta, y lo segundo implica lo anterior.

Eso había dicho Yolei, y sus palabras no paraban de rondar en mi cabeza.

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Él se aproximó a mí, me pidió que lo detuviera, pero no era capaz de reaccionar. Cuando estuvo lo suficientemente cerca y tocó mi mejilla con una mano, lo miré… y entonces me di cuenta de que quería que me besara, me deje llevar, nuestros labios se rozaron, pero entonces recordé a Kaoru, recordé lo que me había dicho…no podía hacerlo. Lo detuve a tiempo y me arrepentí en el acto.

- Y entonces lo entendí…- susurré – entendí que…

- Que él te gusta, Kari…no hay nada de malo con eso…- me contestó Yolei - ¿y luego qué hiciste?

- Escapé…necesitaba salir de ahí… recuperar oxígeno, pensar… cuando supe que iba besarme y que una parte de mí deseaba que lo hiciera fue como si cada parte de mi cerebro fuera desconectándose… me sentí presa de mis propias emociones… sólo quería sentirlo…- no sabía como había sonado eso, pero presentía que era ilógico y cursi – nunca antes me sentí así, me dio miedo…

Yo observaba el techo de la habitación, con las manos puestas sobre mi estómago, mientras Yolei me miraba desde la otra cama, con la cabeza recargada sobre sus manos en la almohada.

- No sé que hacer… ¿cómo ayudarlo sin involucrarme con él?

- ¿Por qué no hacerlo? – preguntó Yolei, como si fuera obvio que esa era la respuesta.

- Porque… él no es para mí… somos diferentes… es absurdo…

- ¿Y si tú le gustas a él?

- No creo que…

- ¿Por qué quería besarte?... dijiste que había coqueteado contigo…

- Si, pero eso es lo que hace desde hace tres años…sólo para escapar de sus problemas… no lo sé Yolei…estoy confundida…necesito pensar…

Aquella noche no dormí. Apenas cerraba los ojos lo veía, sencillamente no podía entenderlo, ¿cuándo había pasado?, necesariamente tuvo que ser en algún momento entre el día que nos encontramos en la tienda y esta misma noche que me defendió, hablamos y luego quiso besarme. Mis labios parecían reclamar ese beso que no se había concretado.

A la mañana siguiente lucía cansada y ojerosa, no habría podido esperar otra cosa.

- ¿No piensas desayunar nada? – me reprochó mi amiga, cuando estuvimos sentadas a la mesa

- No tengo apetito, creo que sería mejor que me fuera… Tai debe estar enfadadísimo conmigo… ¿qué fue lo que le dijiste?

- Que se nos había hecho muy tarde, así que te quedarías en mi casa…

- ¿No dijo nada? – me extrañé

- ¿Tú que crees? – sonrió irónicamente

Por supuesto que había dicho algo, mi hermano seguía siendo increíblemente sobre protector conmigo, quizás por eso mismo no había tenido muchas relaciones amorosas, sólo una…

- ¿Kari?... ¿estás bien? – me llamó Yolei

- Si, claro que lo estoy…

- ¿En que te quedaste pensando?

Simplemente me encogí de hombros, la respuesta era obvia.

- ¿Qué piensas hacer?... ¿abortarás la misión, salvando a Ishida-san? – bromeó

- No es gracioso… supongo que…debería alejarme, él me lo pidió… - murmuré distraídamente

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Claro que si…

- ¿Qué es lo que te da tanto miedo?...

- ¿A que te refieres?

- Veo el miedo en tus ojos, Hikari… lo quieres, pero temes que al ir por él…

- Se escape…- concluí – es que no lo entiendo… no hay nada que quisiera más que poder entender lo que pasó hace tres años… me asusta el daño que se está haciendo, necesita solucionarlo, pero no quiere enfrentar el pasado… tan solo….quiero ayudarlo y…estar con él…- sin darme cuenta había comenzado a llorar, las lágrimas se deslizaron sigilosamente por mis mejillas y sólo lo noté cuando una de ellas se coló entre mis labios – ya debo marcharme – dije poniéndome de pie para ir por mi bolso, pero Yolei me detuvo del brazo

- A veces por ayudar a los demás…sufres tú, eso no es justo…deberías pensar más en ti, Kari…

- Lo intento, pero siento que no estaré tranquila hasta que todo esto se solucione…

- ¿Qué tal si dejas actuar al destino esta vez?

- Podría intentarlo…- susurre abrazándola con fuerzas – gracias…

Cuando llegué a casa sólo estaba mi hermano.

- ¡Ya llegué! – anuncié en la entrada y Tai no tardó en venir

- ¿Acaso son horas para llegar? – farfulló

- Hermano, ahora no…-supliqué – estoy cansada… ¿podemos dejar el reto del hermano sobre protector para otro momento?

- No lo sé…sabes que no me gusta que te quedes a dormir afuera…

- ¡Por favor!...tengo dieciséis años, no cinco… ni siquiera mamá se molesta…

- Porque confía en que yo te cuido…

Bufé por lo bajo

- Lo lamento, Kari – chan…- murmuró al cabo de unos segundos – sólo me preocupé…

- No tenías motivo… estaba con Yolei, me conoces…sabes que no bebo y…

- Lo sé… es que… has estado extraña últimamente y… encontré esto en tu cuarto… - tuve que disimular mi inquietud cuando exhibió frente a mi un pequeño papel partido en dos.

- Eso estaba en mi basurero… - reclamé – ¿ahora revisas mis cosas?...todo tiene un límite, Taichi – realmente estaba molesta, y a la vez me inquietaba que me pidiera una explicación

- Es la primera vez que lo hago, lo prometo… es que pensé que se trataba de un chico y quería ver si…

- No lo puedo creer, Tai… entiendo que quieras protegerme, pero esta vez ha sido demasiado… has traicionado mi confianza…

- Kari…

Pero antes de que dijera algo más, pasé por su lado arrebatándole el papel de la mano y subí directamente a mi cuarto. Tenía que hacerme la ofendida, de verdad estaba enfadada, pero más que eso me servía como la excusa perfecta para mantener en secreto lo que sabía de Matt… ¿a cuántas personas más tendría que mentirles por él?.

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La campanilla sonó cuando un nuevo cliente entró en la tienda.

- Buenas tardes joven… ¿en qué puedo ayudarlo? – preguntó amablemente la dependiente.

El muchacho rubio miró algunas flores a su alrededor, pensando en cual sería la indicada, y entonces miró a la señora que le había hablado.

- Quiero una rosa blanca…- pidió y a pesar de que aquella mujer le pareció ligeramente familiar no pudo recordar de dónde la conocía.

- ¿Sólo una?

- Si, sólo llevaré una…

- Está bien, enseguida se la envuelvo… - dijo saliendo de atrás del mostrador para sacar una hermosa rosa que se encontraba en vitrina, volvió a su puesto con la flor en la mano y sacó un papel plateado, cuando el teléfono comenzó a sonar.

En ese precioso instante una joven de 18 años entraba en la tienda.

- ¡Sora!... llegas justo a tiempo… atiende a este joven, por favor…yo debo contestar el teléfono…– se disculpó la mujer y antes de que alguien dijera algo se fue a la parte trasera de la tienda.

- Buenas tardes…no se preocupe, yo haré su pedido… ¿sólo llevará una rosa? – preguntó la chica cortésmente y entonces el joven se volteó al reconocer aquella voz.

Repentinamente había recordado de dónde conocía a esa mujer.

Y cuando ambas miradas se encontraron, ella dejo caer el bolso deportivo que llevaba y él permaneció aparentemente inmutable.

- Matt…- susurró ella, como si no acabara de creerse que estuviera ahí, precisamente en la tienda de su madre.

Él no sabía que pensar, desde el encuentro con Hikari, el destino lo había puesto una y otra vez en el lugar equivocado.

- Sólo una…- respondió, y Sora tardó un poco en entender de qué hablaba, desde que lo había reconocido la rosa había perdido importancia.

- ¿Así que no dirás nada? – preguntó, las lagrimas se acumulaban en sus ojos, pero hacía todo lo posible por contenerlas, al menos hasta que él se fuera

- ¿Qué se supone que debería decir?

- No lo sé… tú deberías saberlo… te fuiste por tres años y regresas como si nada hubiera pasado, como si… - pero cortó la frase al sentir el nudo en la garganta, si continuaba hablando se echaría a llorar de un momento a otro.

Se dirigió hacia el mostrador, dejando olvidado su bolso y envolvió rápidamente la rosa, intentando disimular el temblor en sus manos. Marcó la caja registradora y tiró la boleta.

- Son dos yenes… - dijo y lo miró desafiantemente a los ojos, esperando alguna reacción de su parte.

Habían pasado tres años, y muchas veces se había preparado para saber qué decir cuando él regresara, y ahora que lo tenía enfrente no entendía muy bien que estaba sintiendo. Sentía unas irrefrenables ganas de llorar, pero no quería quebrarse frente a él, no quería demostrarle todo lo que había sufrido por su abandono, ya había derramado demasiadas lágrimas en vano.

Matt simplemente sacó su billetera y le entregó el dinero, recibiendo a cambio la rosa. Sin más que decir, se dio la vuelta y caminó hacia la salida.

- Matt…- sollozó ella – sólo… dime ¿por qué?... ¿por qué te fuiste sin decir nada y vuelves como si no hubiera pasado nada entre nosotros?

El chico se quedó parado frente a la puerta, no se movió, pero tampoco se dio vuelta a mirarla.

- ¿Qué esperabas, Sora?... que llegara y te dijera… ¿cómo estás, amor?... ¿me has extrañado?... pensé que tres años serían suficientes para que entendieras que lo nuestro había acabado… lo que tuvimos nunca debió ser, lo entendí demasiado tarde…- y tras decir aquellas palabras, sin afección aparente en su tono de voz, jaló la puerta, haciendo sonar la campana, cruzó la calle y se perdió en la esquina.

Sora lo siguió con la mirada y cuando lo perdió de vista, sus rodillas se flexionaron involuntariamente haciéndola caer al piso. Apoyó su espalda contra la pared y escondiendo su cabeza entre sus piernas, lloró…lloró como una niña pequeña, lloró como el día en que supo que se había ido…lloró, como se había prometido, nunca volvería a hacerlo.

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Ese día lunes amaneció nublado, no tenía ganas de ir a la escuela, pero sabía que faltar sería peor, mi familia y mis amigos parecían preocupados por mí, no quería darles un motivo más.

- Sonríe, Hikari – me dije a mí misma, frente al espejo. Luego tomé mi mochila y bajé a desayunar. Sólo un té y unas tostadas, para que mamá no se preocupara y salí rumbo a la secundaria. Al subir al metro, una parte de mi esperaba verlo ahí, simplemente por casualidad, pero eso no sucedió. Estaba peleando contra mis instintos altruistas para no buscarlo, pero eso no evitaba que pensara en él. Me gustaba, y no sabía como reaccionar ante eso, nunca nadie me había gustado de esa manera, ni siquiera lograba comprender qué era lo que me atraía, pero no quería mezclar mis sentimientos, simplemente necesitaba mantener cierta distancia entre mi cabeza y mi corazón, así me sería más fácil escuchar a la razón.

Cuando llegué a la escuela, saludé a todo el mundo como de costumbre, desde el portero hasta cada profesor o compañero que veía en el pasillo. Finalmente llegué a mi sala, esperaba ver a Yolei, pero aún no había llegado. Saludé distraídamente a las pocas personas que habían llegado y caminé hacia mi puesto, sorprendida al notar una hermosa rosa blanca sobre mi pupitre. Dejé mi mochila en la silla y la tomé entre mis manos, maravillada por su belleza, junto a ella había una pequeña tarjeta.

"Lamento que hayas malinterpretado mis intenciones, si aún no es tarde, quisiera darte las respuestas que buscas, sólo si no temes conocer al chico que realmente soy. Te espero en el lugar desde el que puedes ver todo el esplendor de la ciudad, esta noche"

M

Me dejé caer en mi asiento, con la rosa en una mano y la tarjeta en la otra. ¿Cómo había dejado eso en mi puesto?

Observé alrededor, sólo había tres compañeros en la sala, pensé en preguntar, pero no me atreví a hacerlo.

Olí la rosa y sentí algo remecerse en mi estómago, sonreí casi sin darme cuenta.

- Buenos días, Kari

- ¡T.k.! – me sobresalté ante su presencia, y mi rubio amigo lo notó de inmediato.

- Perdón… ¿te asuste?

- Sólo estaba muy concentrada…- murmuré, dejando con delicadeza la rosa sobre la mesa. No quería que preguntara, pero era obvio que la había visto, intentar ocultarla habría sido peor.

- ¿Y eso?

- Es…- trataba de encontrar una respuesta lo suficientemente razonable y creíble, pero no se me ocurría ninguna, quizás por los nervios; si a alguien no podía decirle de quien provenía esa flor, era a Takeru, aquello implicaría reconocer una pequeña omisión… el regreso de su hermano.

- Creo que no quieres decírmelo… está bien… - dijo con tranquilidad, pero pude apreciar decepción en su mirada.

- Lo lamento… ¿sabes que eres mi mejor amigo, no?

- Claro que si…

- Y que esto no quiere decir que…

- No confíes en mí…- concluyó él.

Me mordí el labio, algo nerviosa.

- Te creo, Kari… pero sé que hay algo que no me has dicho…imagino que es porque realmente no puedes hacerlo… ¿no es así?

Asentí con un débil movimiento de cabeza.

- Sólo prométeme que estás bien…y no haré más preguntas…

¿Lo estoy? – me pregunté en mi fuero interno. Las últimas semanas me había sentido curiosa, inquieta, nerviosa, ansiosa y confundida… todo un revoltijo de emociones que no sabía como controlar, sin embargo, cuando Matt estuvo apunto de besarme, todo lo demás perdió total importancia… me sentí bien.

- Lo estoy…- le aseguré con una sonrisa que no tardó en acudir a mis labios, de manera sincera, por lo menos en esto, no estaba mintiéndole.

- Me alegra oírlo…- correspondió mi sonrisa y me abrazó.

- Lo siento… ¿interrumpo algo?

- ¡Yolei!... claro que no… - sonreí, separándome de Takeru

- Las dejo para que hablen…- dijo él, alejándose de nosotras

Me quedé mirándolo unos segundos.

- ¿Qué tienes?

- Tuve que mentirle otra vez…- murmuré abatida y le extendí la nota para que la leyera.

Sus ojos pasaron rápidamente por el papel para volver a mirarme.

- Irás, ¿verdad? – preguntó.

- Si… pero no sé donde… - dije confundida

- Desde donde puedes ver todo el esplendor de la ciudad… - sonrió Yolei

- Suena muy lindo, pero no tengo idea donde es eso… no me estás ayudando…

- Supongo que la torre Mori es una opción…es uno de los edificios más altos de Japón y tiene…

- ¡Un mirador! – completé – pero la posibilidad de que sea…- añadí insegura

- Sólo hay una forma de averiguarlo…tienes que ir…

Asentí y al hacerlo me di cuenta de que ni siquiera lo había dudado por un segundo.

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Cuando llegué a casa esa tarde supe que algo andaba mal apenas vi a Sora sentada en el sofá, había lágrimas marcadas en sus mejillas.

- ¿Sora? – pregunté acercándome un poco.

- Hola, Kari… no te sentí entrar…- dijo ella, intentando sonreír.

- ¿Todo bien?

- Hermanita… que bueno que llegas, mamá tuvo que salir un momento, pero no tarda en llegar…- me informó Tai, desde la puerta de la cocina con una taza de te entre las manos. Se la entregó a Sora, quien sólo dio un sorbo antes de dejarla sobre la mesa.

- ¿Pasó algo? – pregunté

Sora pareció contener las lágrimas antes de hablar.

- Él apareció ayer en la tienda de mi madre… pensé que estaba lista para verlo, pero…- alzó la mirada y se quedó viendo mi mano derecha, con la cual sostenía temblorosamente la rosa, aquella rosa que en ese momento supuse, habría comprado en la florería de la señora Takenouchi.

Cuando nuestras miradas finalmente se encontraron, ya sabía perfectamente lo que estaba pensando.

- ¿Quién te ha regalado esa flor?

Sólo entonces mi hermano pareció reparar en mi obsequio, sus ojos me observaron con la misma curiosidad que los de Sora, pero los de ella me analizaban intensamente.

¿Una coincidencia?, sería un argumento difícil de sostener…nunca he creído en ellas, sin embargo, no sabía que responder, ¿qué pretexto usar?, me quedé muda en mi lugar.

- ¿Y bien? – insistió mi hermano

- Daisuke… - contesté al cabo de unos segundos, ni siquiera sabía porqué había dicho su nombre, esta vez había involucrado a otra persona en mi mentira.

Baje la mirada, me sentía realmente decepcionada de mi misma.

- Iré a mi cuarto… - susurré casi enseguida, incapaz de seguir parada frente a sus miradas.

Apenas entré a mi habitación cerré la puerta y me apoyé contra ella.

No entendía que diablos estaba haciendo, no tenía una mínima idea de lo que sentía, simplemente no podía entenderlo… pero si de algo estaba segura, era que esa noche iría a averiguarlo.