Se que os hago esperar una semana entera pero hasta hoy llegan los capítulos que tenia escritos y si hubiera ido actualizando mas seguido me habría quedado sin capítulos mucho antes.

Voy a intentar seguir subiendo cada viernes, pero todo depende de mi imaginación y mi tiempo.

Este capitulo no es gran cosa, pero espero que os guste igualmente, creo que estamos sobre la mitad de la historia, quiero decir que no va a comenzar a salir hermione con Draco y se va a acabar la historia. Os tengo preparado mucho mas, eso si, todo dentro de mi cabecita todavía.

Muchos besitos

"- hoy condenan a los Malfoy.

-genial – le contestó Ron a la castaña.

-creo que deberíamos ir, tenemos que hablar en nombre de Draco.

Ron frunció el ceño y Harry solo la miraba desde su butaca.

-¿Por qué habríamos de hacer eso?

-bueno, nosotros sabemos que nunca llegó a dañarnos y que todo lo hizo por temor a que mataran a sus padres – respondió Hermione.

-es cierto que en el último momento se puso de nuestro lado – reflexionó Harry.

-pero eso no cambia nada, Draco Malfoy es una mala persona y parece mentira que tu, entre todas las personas le defiendas.

-no le defiendo Ron – se molestó Hermione – solo digo que no merece ir a azkaban. Yo iré a testificar en su favor, aunque sea sola…"

Había pasado una semana desde que el sol volvió a sorprender a Hermione y Draco en la torre de astronomía.

Habían estado charlando por horas. Sentados en el suelo Draco puso a Hermione entre sus piernas y la envolvió con su capa abrazándola por detrás.

Hermione intentó indagar sobre el pasado de Draco, pero este se mostraba reticente a hablar de ello.

"algún día me sentiré preparado para contártelo todo" le había dicho, y ella lo había aceptado, sabía que era difícil para él. Estaba cambiando, pero todo cambio llevaba su tiempo.

Después de esa noche no solo tenía claro que se estaba enamorando de Draco, sino que ya lo estaba.

Lo peor de todo es que ese día si tenían clases y a Hermione le costó mucho mantener los ojos abiertos ese día.

Desde entonces, pasaban juntos la tarde en la biblioteca, haciendo la tarea y charlando.

Draco no había vuelto a tocarla de esa manera, como lo había hecho esa noche. Apenas se habían rozado y la castaña sabía que se debía a que ella todavía no hablaba con Ron.

-¿qué quieres de mi? – le había preguntado el rubio esa tarde de viernes, explotando después de días – porque me siento utilizado, creía que esto iba a algún sitio, creía que tu también sentías algo por mí.

-lo se Malfoy… y…

-¡Hermione! – Gritó de repente, pero respiró hondo y se controló – no me llames Malfoy por favor, me recuerda demasiado a mi padre. Llámame Draco, solo Draco. No quiero oír más mi apellido.

Draco enterró el rostro en sus manos, encima de su libro de pociones.

Hermione se levantó de su asiento y se colocó tras él. Le rodeó el cuello y apoyo la cabeza en la del rubio.

-tú eres Draco, ya nunca serás Malfoy.

El chico se levantó de su silla y la abrazó de frente. Después de una semana aguantándose lo necesitaba.

-¿sientes algo por mí, Hermione?

-claro que si Draco, siento algo muy fuerte por ti.

-pero no lo suficiente como para dejar a la comadreja… - draco la soltó y le dio la espalda.

Hermione le rodeo y volvió a ponerse enfrente suyo, buscando su mirada.

-ya he elegido Draco, te he elegido a ti. – él levantó la cabeza y la miró a los ojos – pero es difícil romperle el corazón a tu mejor amigo…

Draco le cogió la cara con ambas manos y rozó su nariz con la de la chica.

-no sabes los esfuerzos que tengo que hacer por no besarte cada vez que te tengo cerca. Pero jamás haré que te sientas una traidora. He esperado por tenerte siete años. No me hagas esperar mucho más. – le besó la frente y salió de la biblioteca.

Muy fácil decirlo. Pero no hacerlo.

Draco se metió en su habitación y se tumbó en su cama boca arriba.

-¿problemas en el paraíso? – le preguntó Theo dejando su libro a un lado.

-esperando tocar el paraíso mas bien.

-¿todavía no lo ha hecho? Que Griffindor más cobarde.

Draco se apoyó en un codo mirando a su amigo con el ceño fruncido.

-ella no es una cobarde. Demasiado considerada diría yo. ¿Es que no puede decírselo y ya? Que pierde ¿su amistad?, muy bien. Yo le daré todo para que no le falte.

-creo que para ella no es tan fácil. Yo recién estoy aprendiendo que es la amistad. Por primera vez en la vida creo tener un amigo.

Draco apartó la vista algo molesto pero conmovido a la vez.

-tú también has sido mi único amigo Theo, pero ya basta de sensiblerías – dijo el rubio volviendo a mirar al techo – ¿qué tal con lunática?

-deja de llamarla Lunática si quieres que yo deje de llamar cobarde a tu castaña – dijo el castaño señalándole con el dedo – y todo genial, estas navidades me llevara a conocer a su padre.

-un momento – dijo el rubio incorporándose – ¿cuánto me he perdido?

-llevas mucho tiempo perdido en tu castañita sin hacer caso al resto del mundo. Llevamos tres meses saliendo.

-¿Qué? ¿Tres meses? Pero si llevamos aquí… - el rubio se concentró contando - ¿en qué mes estamos? – dijo aturdido.

El castaño comenzó a reír agarrándose las costillas al ver la cara de su amigo.

-desde luego has estado fuera del mundo, pero tranquilo, te tomaba el pelo. – Se llevó un almohadazo por eso – ahora enserio, solo hace dos días que ella me dejó besarla. Te llevo ventaja.

El rubio se volvió a tumbar en la cama, con los brazos tras su cabeza.

-si yo no la he besado, no ha sido por falta de ocasiones, sino por respeto.

-a mi me da igual porque haya o no haya sido, simplemente voy mejor que tú en mi relación – dijo el otro cogiendo su libro – eso demuestra que soy, mejor, más guapo y todo un galán.

-eso ya lo veremos – rió Draco y se recostó para dormirse por hoy.

/

Ese día empezó a nevar. Era la primera nevada del invierno y un rubio la disfrutaba desde la ventana de la biblioteca. Le encantaba la nieve, el invierno era su estación favorita y le encantaría estar en los terrenos con cierta castaña paseando y dejando que los copos humedecieran sus cabellos y ropas.

La imagen de Hermione le enfureció un poco. Hacia dos semanas que le había dicho que le había elegido a él, pero seguía sin dejar al pobretón de su amigo "no quiero hacerle daño…" era siempre su excusa, pero mientras tanto, él que recibía el dolor de verles juntos, de ver sus besos y abrazos, sus manos entrelazadas… era él.

¿Pero que iba a hacer? ¿Decirle que no iba a esperar más? Ahora estaba muy cerca de conseguirla, ya era suya por fin. O lo sería más bien, cuando se dignara a hacerlo. Lo que si le diría es que no iba a esperarla eternamente. No podía creer que Hermione Granger estuviera jugando a dos bandas y él lo estuviera tolerando.

¿Y si todo era una mentira? ¿Y si ella solo quería devolverle todo el dolor que le había causado? Cabía esa posibilidad, pero prefirió no pensar en eso. Si era un truco, al menos disfrutaría de su compañía mientras la mentira durara.

El golpe de unos libros dejados caer sobre la mesa le hizo voltearse.

-si ya fueras mía, yo cargaría todos esos libros por ti.

Hermione sonrió sonrojándose ligeramente.

-no sería necesario. Puedo hacerlo sola.

-lo sé, pero igualmente lo haría – el rubio sonrió débilmente y volvió su vista a la nieve.

Hermione lo había notado algo ausente los últimos días y sabía que esa cabecita plateada había estado dándole vueltas al mismo asunto: su ruptura con Ron, esa que tardaba tanto en llegar.

La castaña se acercó por detrás y apoyo la cabeza en el hombro del chico, que le rodeo la cintura.

-La primera nevada del invierno – intento romper el silencio la chica.

-daría cualquier cosa por estar ahí abajo, disfrutándola contigo, me encantaría…

La castaña vio ahí su oportunidad de compensar al rubio por su espera.

-podemos disfrutar de nuestra propia nevada – Hermione hizo un movimiento de varita y pequeños copos comenzaron a caer sobre ellos.

Draco sonrió de verdad por fin.

-pero estos ni siquiera mojan – se quejó el chico.

-voy a hacerlo esta noche – le dijo parada frente a él – mañana cuando volvamos a vernos seré libre para estar contigo.

Draco se acercó a ella y la cogió por los hombros, con cara de no saber si reír, llorar o al menos cerrar la boca.

-¿es eso cierto? – dijo por fin.

-claro – dijo la castaña sonriente, al ver la felicidad que se empezaba a formar en la cara del chico.

Este por su parte la levanto por los aires y le dio dos vueltas mientras ambos reían. Después, mientras la abrazaba, le susurró.

-mañana, por fin, tus labios serán míos, y ningunos otros volverán a tocarlos nunca. – Se separó un poco y la miró a los ojos – te voy a hacer feliz Hermione. Te voy a dar toda la felicidad que te he quitado estos años. La próxima vez que provoque que de tus ojos salgan lagrimas, estas serán de felicidad.

"unas cuerdas invisibles ataban las manos de Draco a su espalda ¿para qué lo tenían atado? No pensaba escapar, ya nada le quedaba en la vida, es mas, habría preferido morir en la guerra. Todo menos pasar el resto de sus días en azkaban.

-joven Malfoy – dijo un hombre al que el rubio no conocía – no creo que tenga nada que decir, ya que la marca habla por sí sola, además de sus antecedentes familiares. No queremos que algo como lo acontecido se vuelva a repetir, así que condeno al señor Draco Malfoy a pasar…

-¡alto!

Ahí estaba ella, su castaña, a la que no esperaba volver a ver y de la que creía que solo le quedaba su recuerdo, pero ahí estaba como un ángel. Su angel de salvación.

-yo tengo algo que decir a favor de Draco Malfoy que debería hacerle cambiar de opinión, señor.

Ese día Draco recuperó sus esperanzas. Sus ganas de vivir y fue cuando se decidió que ya no le importaba lo que los demás pensaran. Conseguiría a su castaña, le costara lo que le costara, pero no se volvería a rendir."