Hola! este capítulo me ha costado bastante, pero creo haber quedado conforme con el resultado. Antes de comenzar me gustaría dejar algunas indicaciones: El extracto que aparece al principio es el coro de una canción de Avril Lavigne, llamada I'm with you, si quieren escucharla pueden hacerlo en este link: http :/ www. youtube . com / watch?v=ZLNiQ2QMWYs, simplemente me pareció acorde a los sentimientos de Hikari; en segundo lugar la Torre Mori si existe y aquí está el link del cual saqué la información: http: / genjutsu. es / 2011 / 05 /09 /top -5- miradores -en- tokyo/; y en tercer lugar, la frase citada por Matt pertenece al autor Oscar Wilde.

Mi única intención con esto es contribuir a una mejor lectura y dejar claro quienes son los dueños de las ideas que no son mías; para terminar agradezco enormemente a las personas que comentaron en el capítulo anterior: Thono Minagi, IFly96, AlekseiCld y Kammi :)

Espero que lo disfruten

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.

Es una maldita noche fría

Tratando de encontrar sentido a esta vida

¿No me llevarías de la mano?

Llévame a algún lugar nuevo

No sé quién eres

Pero yo… yo estoy contigo

Le pagué al taxista y me baje del auto con la mirada puesta sobre el imponente edificio. La torre Mori era uno de los lugares más visitados de la ciudad y contaba con una serie bastante diversa de servicios. Apenas me acerqué a la entrada un guardia abrió la puerta por mí, murmuré un gracias y me adentré con prisa en el lugar, era una enorme recepción con al menos diez personas trabajando tras un largo mesón. Caminé hacia los ascensores y recorrí con un dedo el mapa del lugar, fui bajando hasta que me detuve en el número 52, en aquel piso quedaba el mirador. Subí al ascensor y presioné el número, a medida que iba subiendo mi estómago se contraía un poco más, estaba nerviosa, aunque no sabía exactamente el motivo.

- Piso 52 – dijo una voz mecánica y las puertas se abrieron.

Descendí a paso lento esperando ver a alguien allí, pero al parecer no había nadie. El lugar estaba cerrado por todas partes con enormes ventanales y se encontraba escasamente iluminado con un par de reflectores.

Avancé hasta el extremo, poniendo una mano sobre el cristal, la ciudad lucía hermosa desde esa altura. Me concentré tanto en los edificios y calles, que por poco muerto del susto al oír una voz a mis espaldas.

- Pensé que no vendrías…

Me volteé enseguida, aunque antes de hacerlo ya sabía que era él, estaba junto al ascensor, con su hombro ligeramente recargado sobre la pared, vestía completamente de negro, por lo cual al principio me fue difícil distinguirlo entre la oscuridad, pero el azul de sus ojos brillaba en la penumbra.

- Y yo pensé que no estabas… no sabía si este era lugar ni la hora… podrías haber sido más explícito – reproché

- Pero acertaste…

- ¿Acaso era una prueba? – enarqué las cejas, molesta por su actitud, pero él sólo sonrió - ¿por qué escogiste este lugar?

- Pensé que lo sabrías cuando lo vieras…- dijo con simpleza y caminó hacia donde yo estaba poniendo una mano sobre el vidrio – es hermoso…

Me quedé unos segundos observando la ciudad, realmente era una vista bellísima. Cuando había entrado el cielo encapotado prometía una tormenta, sin embargo, a esa altura lucía mucho más despejado.

- La otra noche escapaste… no entendí bien por qué…

- No hay nada que entender… tú estabas borracho y…no quería que hicieras algo que no…- corté la frase, sin saber muy bien como continuarla

- Veo que has sacado tus propias conclusiones… lo entiendo… pero déjame decirte una cosa… sobrio o borracho no he podido sacarte de mi cabeza desde que nos encontramos en esa tienda…

Sentí el calor subir a mis mejillas por sus palabras, su tono era desapasionado, pero no pude evitar la sensación de vergüenza.

- Dijiste que me darías respuestas…- dije tratando de cambiar el tema, y evitando a toda costa mirarlo

- Es lo que estoy haciendo… quería besarte Hikari, y aún quiero hacerlo…

Podría haber esperado cualquier cosa, menos eso. No sabía como reaccionar y el silencio se hacía más abrumante a cada segundo, sabía lo sonrojada que debía estar, y no podía evitar sentirme estúpida por estarlo.

- Si no te conociera, pensaría que intentas conquistarme… - susurré a la ligera, tratando de sonar casual.

- ¿Me conoces? – por el rabillo del ojo pude ver una sonrisa ladeada en su rostro – si crees que me conoces estás equivocada…

- Puede que no te conozca, pero con lo que me dijo Kaoru me basta… Sora te engañó y tú huiste en vez de resolverlo… eres un cobarde que durante tres años ha huido de su pasado e incluso hoy en incapaz de enfrentarlo…- solté de sopetón, simplemente necesitaba decirlo, aunque sentía que era la menos indicada para reprochárselo, lo que me impulsaba no era un afán de criticarlo, simplemente necesitaba desahogarme, tenía demasiadas emociones arremolinadas en mi interior.

- ¿Entonces por qué te has empeñado en querer ayudarme?... – preguntó con rudeza, aunque por un segundo me pareció reconocer algo parecido al desaliento en su voz.

- No eres tan malo como aparentas… estoy segura de eso…

- No te entiendo… confías en mi, pero… me reclamas algo del pasado…algo de lo que no sabes nada…

- Yo tampoco te entiendo…sólo quiero poder hacerlo, saber qué pasó…

- Eso cambiaría las cosas entre los dos… sería entregarte una parte de mí que nadie conoce…

- Tuve que mentir por ti… creo que merezco un poco más de confianza – comenté dolida

- No te pedí que lo hicieras… sigues asumiendo que quiero tu ayuda, que puedes cambiar en algo las cosas…

- ¡Bien!... tal vez sólo…tal vez sólo tú me…- por un segundo pensé que sería capaz de decirlo, sacar todo afuera, gritarle que me gustaba, pero las palabras murieron en mi garganta – estoy confundida, es…

No tuve tiempo de percibir su cercanía, antes de sentir el impacto de sus labios contra los míos.

No me tocó, simplemente me estaba besando y ese beso calmó cada uno de mis sentidos, emociones y pensamientos. No había tenido tiempo de sorprenderme, quizás por lo mucho que lo había deseado o tal vez sólo porque había sido muy rápido, no lo entendía, pero esta vez no quería entenderlo. Permití la intromisión de su lengua en mi boca y una de mis manos se aferró a su cuello, sintiendo mis pies desprenderse ligeramente del suelo cuando él me sujetó de la cintura. Nos besamos durante varios segundos, ajenos al mundo exterior, hasta que él se apartó con lentitud depositando un último casto beso sobre mis labios.

Cuando abrí mis ojos noté su intensa mirada sobre mí. Deslicé mi mano lentamente por su cuello hasta soltarlo y volví a ser conciente del suelo bajo mis pies, así como de la diferencia de estaturas, sin embargo, él mantuvo sus manos en el mismo lugar.

- Tú también querías esto…tanto como yo…- susurró sobre mi boca, erizándome la piel.

Di un paso atrás, intentando recuperar la cordura, él simplemente me dejó ir, aflojando el agarre de sus brazos.

- Tienes razón…

- Me gustas Kari- chan… pero no estoy intentando conquistarte… no te quiero cerca de mí…

Aquello me dolió, más de lo que podría explicar. Instintivamente me alejé, sintiéndome engañada, él no veía nada especial en mí, sólo quería un beso… quizás un poco más que eso. Me volteé y caminé hacia la salida, no sabía si irme era lo que quería, sólo había sido un impulso.

- Por favor, no vuelvas a pensar que te estoy utilizando… sólo no quiero cometer el mismo error… cuando dejé entrar a Kaoru en mi vida, me fue imposible alejarla, como había hecho con tantas otras antes… fue ella quien me dejó… yo no habría podido hacerlo… si te dejo entrar, no podré dejarte…quiero que estés conciente de eso- sus palabras me detuvieron en seco, sabía que estaba siendo sincero – has venido esta noche por algunas respuestas, ¿aún quieres saber qué pasó esa noche?...

Me di la vuelta y lo miré a los ojos, observé mi reflejo en ellos, mezclado con miedo.

Asentí con un débil movimiento de cabeza.

- Fue un día como hoy…hace tres años exactos… el cielo estaba nublado, fue después de mi concierto… - comenzó y apoyó una mano sobre el vidrio, empañándolo, afuera las primeras gotas comenzaban a caer sobre la ciudad – luego de salir de mi camerino, fui a buscarlos, ya no quedaba casi nadie, por eso me detuve cuando escuché una voz tras el telón.

- Yo te quiero… eres mi mejor amiga… tú, Matt y yo ¿recuerdas?... siempre juntos…

Descorrí la cortina ligeramente, asegurándome de que no me vieran.

- Las cosas cambiaron entre ustedes y me di cuenta de que yo… siento cosas por ti, Sora… cosas que no pensé que podría sentir…sé que es algo tarde…

La expresión de mi novia no aclaraba mucho las cosas, parecía sorprendida e incapaz de decir algo.

Tai se acercó a ella y la besó, estuvieron así un par de segundos, hasta que los brazos de Sora lo sujetaron del cuello, correspondiéndole… diciendo sin palabras, mucho más que con ellas.

- Confirmando una duda que me había inquietado desde que comenzamos a salir… me costó asumir mis sentimientos y cuando lo hice ella me correspondió, pero siempre estuvo Tai…sabía que eras buenos amigos, pero envidiaba la relación que tenían… juntos eran como niños, discutían y a pesar de eso continuaban siendo amigos… había confidencialidad… entre nosotros había química, pero eso no es suficiente…

- Sigo sin entender porqué te fuiste…

- Por cobarde… no quería quedarme y que Sora terminara conmigo…y temía más, que no dijera nada y siguiera conmigo sólo por compasión… no lo habría soportado…

- ¿Y acaso pensaste en cómo se sentiría ella? – la pregunta nos sobresaltó a ambos, había alguien más en el lugar.

Me volteé hacia la puerta que estaba junto al ascensor, detrás de ella apareció la figura de mi hermano.

- Tai…- susurré

- Tú y yo nos largaremos de aquí, Kari… me debes una explicación, pero antes de eso…- dejó de mirarme para observar significativamente a Matt – finalmente lo entiendo todo, pero a la vez no te entiendo… te desconozco…

- Ya no soy el mismo… tú tampoco…

- No, ya no somos los mismos niños que éramos cuando fuimos al digimundo la primera vez… ¿lo recuerdas?...nos abandonaste… teníamos once años, cuando regresaste lo entendí… ambos habíamos cometido errores, pero esto es diferente… abandonaste a Sora por tu egoísmo… asumiste que ella no te quería, viste lo que quisiste ver…

- Los vi besándose…- interrumpió Matt – y eso fue suficiente para darme cuenta del error que estaba cometiendo al retenerla conmigo…

- ¡Ella te amaba!... y tardó mucho tiempo en olvidarte…no te ha superado todavía, Yamato…porque todavía no entiende qué pasó…

- Ella te correspondió… ¿cómo puedes decir que me amaba a mí?...siempre fuiste tú, Tai… y yo lo sabía… no me fui porque pensé que me engañaban, me fui porque ese día comprobé que ustedes eran quienes debían estar juntos y yo tenía que apartarme…me fui por su bien…

- Y acabaste haciéndole más daño del que te imaginas… acéptalo, Yamato… huiste para protegerte a ti mismo…

- Me fui para protegernos a ambos, quizás me equivoqué, pero sabía que estabas tú…que no estaría sola…

- Estaba yo…y te quería a ti… ¿qué podía hacer?... y ahora, luego de tres años vuelves aquí y la tratas como si nada hubiera pasado… ¿cómo crees que se sintió?...

- Yo…- finalmente Matt parecía no tener nada más que objetar.

Por mi parte, me había mantenido al margen de la situación, haciéndome invisible ante los ojos de ambos, simplemente escuchando… y me dolía, me dolía ver en lo que nos habíamos convertido, cada uno de nosotros.

- No sé a que has vuelto, pero si no es a pedir una disculpa, te sugiero que regreses de donde sea que hayas venido… cuando te vi en mi puerta aquel día estaba feliz, porque finalmente habías vuelto después de tanto tiempo, porque pensé que te habías ido de improviso por algún problema que yo desconocía… me culpé por no haberlo notado, pero si te alejaste por tu estúpido egoísmo… quiere decir que los años de amistad fueron en vano… que no significan nada para ti, no entiendo que has venido a buscar entonces…

- Yo tampoco lo sé… - replicó Matt con voz ahogada

- Pues quizás es tiempo de que te lo preguntes… vámonos, Hikari…- me llamó y comenzó a alejarse progresivamente, deteniéndose en el ascensor al ver que no lo seguía - ¿qué estás esperando?

Tenía un nudo en la garganta, no sabía qué hacer, si sabía lo que quería y estaba conciente de que tal vez no era lo correcto, pero no había ninguna otra cosa que deseara más en ese momento que quedarme con él.

- Vamos… mamá nos está esperando…- insistió Tai

Sabía que no se iría sin mí. Busqué la mirada de Matt para despedirme, pero él no me miró, observaba a través del vidrio, con la mirada perdida en algún punto indeterminado del cielo.

- Adiós…- susurré y entonces me alejé sin mirar atrás. Subí al ascensor con mi hermano y justo un segundo antes de que las puertas se cerraran por completo me pareció ver sus ojos sobre mí.

El camino al primer piso me pareció más largo de lo normal, me sentía asfixiada ahí dentro y no me atrevía a mirar a Taichi. Sólo intentaba formular respuestas para las probables preguntas que me haría, pero todas ellas me hacían sentir avergonzada de mí misma, le había mentido, no podía negarlo, poco importaba el motivo.

- Piso 1 -

Ambos bajamos precipitadamente y salimos del edificio empapándonos a los pocos segundos, se había desatado una tormenta. Tai me tomó de la mano y corrimos a tomar un taxi en la esquina. El camino a casa fue igualmente silencioso.

- ¡Por fin llegan!... ¡por kami!... vienen empapados, deben cambiarse enseguida….

- Creo que eso haré…- asentí

- ¿Cómo lo pasaste? – me sonrió

- Bien… el lugar es hermoso…

Había mentido antes y ahora lo hacía descaradamente frente a mi hermano, quien ya sabía la verdad, prefería no ahondar más en el tema.

- ¿Y tú de dónde vienes, Taichi?... cuando regresé de la cocina te habías ido…

Subí disimuladamente a mi habitación y cerré la puerta tras mi espalda, me apoyé durante unos segundos cerrando mis ojos. Cuando había salido esperaba regresar a casa con las ideas más claras, pero también más tranquila y no sentía ninguna de las dos cosas. Posé dos dedos sobre mis labios y los sentí tibios, presentí que aquello no sería fácil de olvidar.

Estuve un par de minutos así, perdida en mis cavilaciones cuando de pronto unos golpes en mi puerta me regresaron a la realidad.

- ¿Kari?... sólo ábreme por favor… - sabía que mi hermano no estaba molesto, quizás si lo estaba, pero ese sentimiento no podía superar a la decepción que debía sentir.

Me aparté lentamente y giré la perilla permitiéndole el ingreso. Se había secado y cambiado de ropa, pero su cabello aún estaba húmedo, no me había dado tiempo de cambiarme a mí.

- Deberías cambiarte…

Asentí y abrí mi clóset para sacar mi pijama. Fui al baño, me quité la ropa mojada y me vestí nuevamente, dejando la otra en la secadora. Regresé a mi cuarto, secándome el cabello con una toalla, cuando entré encontré a mi hermano sentado en mi cama, con lo que parecía ser una cadena, entre sus manos. Al acercarme me di cuenta de que era mi emblema. Sabía que ya me había visto, así que esperé a que él comenzara.

- ¿Desde cuándo lo sabes?

- Un par de semanas… me lo encontré un día en la tienda… él se fue y me pidió que no te dijera nada, pero luego nos encontramos en el metro y no pude evitar decirle que nos visitara, yo le di nuestra dirección… pensé que te alegraría verlo…no contaba con que Sora estuviese ese día…- un sollozó acalló mis palabras, ni siquiera sabia bien porqué estaba llorando – lo lamento…no quise…mentirte…

- Lo sé… eres mi hermanita pequeña, te conozco mejor que nadie…- me confortó y encerró el emblema en su puño – si sólo se hubiera quedado un minuto más…habría visto como Sora me apartó… nos habríamos evitado estos tres años…quizás seguirían siendo novios, quizás…

- Ya no pasó – lo interrumpí – las cosas siempre pueden ser mejores o peores, pero no vale la pena lamentarse de lo que ya no sucedió…

- Hay una cosa que no entiendo…- dijo clavando la mirada en mis ojos - ¿qué hacías esta noche con él?...

Aparté la mirada, como un niño que acaba de ser descubierto tras cometer una travesura.

Les había dicho que los padres de Yolei iban a cenar en un nuevo restaurante y me habían invitado a ir con ellos, mamá aceptó enseguida, pero me preguntó en qué lugar era, dijo que si no se lo decía no me dejaría ir, que papá se molestaría si se enteraba, seguía siendo sobreprotector conmigo, al igual que Tai, así que tuve que decírselo.

La torre Mori – farfullé, porque no me había dado tiempo de pensar en otro lugar y lo único que quería era marcharme ya, no habría podido mantenerle la mirada por mucho tiempo más y sostener mi mentira al mismo tiempo. Sora se había ido hace unos minutos, así que mi hermano escuchó la conversación y sentía su mirada en mi espalda.

Quizás había convencido a mamá, pero no a él.

- Antes de que te responda… me gustaría saber cuánto escuchaste de nuestra conversación…

- No mucho… cuando decidí seguirte, tomé un taxi pocos segundos después que tú y le pedí que te siguiera, sin embargo, quedó detenido en el tráfico…perdí algo de tiempo y me costó dar con el lugar… cuando estuve ahí no sabía donde buscar, pero entonces recordé que mencionaste algo sobre un mirador… y los encontré… no fue mi intención hacerlo, simplemente estaba preocupado Kari…

- Lo sé…- suspiré, no tenía ganas ni fuerzas suficientes como para enfadarme con él… había cometido un error, probablemente mi subconsciente me había jugado una mala pasada, había mencionada tan rápido lo del mirador que ni siquiera creía que le hubieran dado importancia.

- ¿Estás bien, hermanita?... ¿vas a responderme?

No estaba muy segura de que decir, por más que quisiera ser sincera se me hacía difícil por el simple motivo de que en los últimos días mi cabeza había sido un auténtico lío, ni yo misma podía entenderme, ¿cómo iba explicárselo?.

- Quería ayudarlo… le ofrecí mi ayuda y él la aceptó… me pidió que nos juntáramos esta noche…eso es todo…

- Tiene sentido…- murmuró mi hermano y por un segundo pude respirar con tranquilidad – pero no merece la pena… Matt no es la clase de chico que escucha a los demás o acepta sus errores, no sé porqué te citó, pero dudo que quiera tu ayuda o la de alguien más…

- No es como piensas, yo creo en él…-rebatí

- Si, yo también lo hacía… pero me demostró que no nos necesita, porque siempre piensa sólo en sí mismo…

- Tú también lo hacías, ¿recuerdas?

- ¿Estás comparándonos?

- Hubo un tiempo en el que tú y él fueron muy parecidos… lo sabes…

- Sé que cometí errores, pero maduré… no soy el mismo niño impulsivo de hace ocho años…

- Y puede que Yamato – sama no sea el chico que piensas que es…

- Kari, entiendo que quieras verle el lado positivo… pero tienes que reconocer que lo conozco más que tú… somos amigos desde niños… sé lo suficiente de él como para…

- ¿Darle la espalda? – sugerí

- ¿Acaso lo estás defendiendo?

- No…simplemente quiero que entiendas que nada ni nadie es completamente malo ni bueno…todos cometemos errores algunas veces…

- Pero este error ha lastimado a Sora por mucho tiempo… no fue deliberado, sabía bien lo que estaba haciendo, ¡escapó!

- Pues…no todo el mundo tiene tu valor, Taichi – reproché enfurecida, ni siquiera me había dado cuenta en que momento me había molestado tanto, nunca había discutido así con mi hermano ni mucho menos le había dicho algo como eso, presentí que lo había trastocado con ello, pues el tema de los emblemas era algo delicado, a la mayoría de nosotros nos hizo cuestionarnos en algún momento si poseíamos aquella cualidad que se nos había entregado en el digimundo.

- Y no todos vemos la luz en todo lugar…- contradijo él.

Aquello me hizo bastante sentido, por lo cual no supe que responder.

- Creo que ha sido suficiente por una noche… necesitas descansar, no has estado durmiendo bien…- murmuró y luego se retiró de la habitación sin darme el beso de las buenas noches.

Lo había herido doblemente y lo sabía, por una parte le había mentido y por la otra le había dado la razón a otra persona en lugar de él, incluso sin tener argumentos demasiado sólidos para defender a Matt, simplemente me había empecinado en hacerlo… y estaba realmente contrariada por eso…

Me recosté en la cama, no tenía sueño y la tormenta me asustaba un poco, de pequeña me iba a la habitación de Tai y hasta me dejaba quedarme a dormir con él, por lo cual era un miedo que nunca había superado del todo.

Mis sentimientos me estaban controlando, no podía pensar con claridad y eso me asustaba, me di vuelta y observé el reloj en la mesa de noche, marcaba la una de la mañana.

- Va ser un largo día…- suspiré, y más todavía si no lograba conciliar el sueño, lo cual ya sabía que sería así.

~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~

Desde que Tai y Kari se marcharon se desató una feroz tormenta, y aún dos horas después, sentado en la esquina de mi departamento, junto a la ventana, no paraba de llover. Es casi como si el clima se hubiera puesto de acuerdo con mi humor, intenso, oscuro y abrumador.

Todo había acabado mal esa noche y seguía preguntándome el porqué, analizando cada detalle, cada palabra pronunciada, cada gesto. Bebí de mi vaso nuevamente y sentí el líquido pasar por mi garganta, quemándola; durante los escasos segundos que tardaba en pasar por mi faringe mi mente se nublada y las emociones parecían olvidadas, pero luego todo volvía a ser normal, ese es el problema de la adicción. Le había confesado la verdad, había dicho más cosas de las que había pensado decir en un principio y eso me asustaba, ella no tuvo que insistir más de la cuenta, simplemente lo hice, porque quería hacerlo, pero ahora la duda sobre qué estaría pensando de mi, me estaba carcomiendo por dentro. Por lo general, siempre había podido controlar todas mis emociones, mostrar un temple tranquilo, aún ante la más estrepitosa tormenta interior, sin embargo, ahora era distinto… no sabía si el motivo era Hikari o el miedo a enfrentar la verdad, pero me sentía como un león enjaulado que lo único que necesita es correr de vuelta a su jungla y perderse entre los frondosos árboles…lejos, donde nadie pudiera encontrarme. Al pensar en esto me di cuenta del motivo, me sentía demasiado visible, siempre había odiado ser el centro de atención, por lo menos mientras estuve en Japón, por eso nadie sabía de mis problemas o preocupaciones, muchos lo intuían, pero ninguno de ellos había llegado a conocer ninguno de mis temores, y ahora la hermanita menor de Tai, sabía mucho más de mí que ninguna persona en este mundo.

Aterrador- pensé, y es que así se sentía, tenía mucho miedo. Huía constantemente de todos, cuando sospechaba que se interesaban demasiado en mí y ahora me sentía atrapado en sus redes.

Un reconocido escritor dijo una vez: La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella, pues gran error… yo lo había hecho con la esperanza de deshacerme del irracional deseo que tenía de besarla y ahora las ganas parecían haberse multiplicado, desde que me aparté de ella sentí un vacío en el estómago, quizás porque no había sido suficiente, quizás porque sentía que quería seguir e interiormente me decía que no era lo correcto, que ya lo había hecho y lo correcto sería apartarme de una vez.

Otro trago más, estaba lo suficientemente borracho, pero nunca era demasiado para dejar de pensar en ella… me pregunte que estaría haciendo ahora… me recriminé por eso, Kari era una chica demasiado buena para mí… fui hasta mi cama y me acosté, pero antes de cerrar los ojos y tratar de dormir, tomé el pétalo de rosa que había dejado junto a mi almohada. Se lo había arrancado antes de buscar la forma de hacerle llegar la flor, porque pensé que eso me recordaría lo malo que era para ella.

¿Por qué una rosa?

Porque la delicadeza de cada pétalo me hacía recordar lo fácil que sería lastimarla, y acariciando el pétalo entre mi mano podía sentir que bastaba tirar un poco para romperlo.

¿Por qué una rosa blanca?

Porque al observar aquella flor en la plenitud de su belleza, era como mirarla a ella…

Así era como yo la veía, y así la quería mantener, aunque para eso tuviera que resistir a la tentación de ir por ella, otra vez…

Me giré hacia el otro lado y miré el despertador en mi mesa de noche, era la una de la mañana…