Me odiáis, lo sé. Me queréis matar, también lo sé. Pero pensar que si me matáis no podre seguir escribiendo… jeje

Ahora enserio, lo siento, siento haber tenido tan abandonada la historia y a todos los que la siguen, ha estado mal pero he empezado la universidad y la verdad es que está siendo bastante duro, no tengo ni un respiro, pero con la fecha de la última entrega de la película tan cerca he sentido la necesidad de encontrar un hueco para seguir con algo que me encanta, escribir y dejar volar mi imaginación.

No es un capitulo ni muy largo ni muy bueno, pero estoy desentrenada.

Espero que os sirva mi excusa y me sigáis escribiendo y dejando vuestros comentarios.

Muchos besitos.

Quedaba apenas una semana para navidad.

Hacia dos que Draco había conseguido a la chica que perturbaba sus pensamientos desde que tenía once años, pero según esta, todavía era demasiado pronto para que alguien en el castillo pudiera saberlo.

Él estaba feliz de estar por fin junto a ella, no hay que malinterpretarle. Se sentía completo y le encantaba estar con ella, pero le dolía que la castaña se hubiera acostumbrado a aquella forma de relación, a ser una pareja de las puertas de la biblioteca para dentro y solo cuando no había nadie por allí merodeando, lo que les dejaba escasos momentos de intimidad. Aún cuando estaban solos, Draco notaba la tensión de la chica cuando se besaban, sus ojos puestos en la puerta y los sobresaltos y repentinos alejamientos cuando se escuchaba cualquier pequeño ruido, para después, cuando salían del lugar, solo ser dos simples conocidos, un par de alumnos obligados a convivir en el mismo lugar durante el curso y fuertes enemigos durante años, viviendo y alimentándose solo de miradas furtivas y sonrisas perdidas e imperceptibles.

Por su parte, Draco no aguantaba más la situación, deseaba poder andar de la mano de Hermione por los pasillos; abrazarla y besarla cuando se encontraban por la mañana en el desayuno; pasear junto a ella por los terrenos y sobretodo, disfrutar de la libertad que ahora poseía, que se había regalado a sí mismo. Pero al parecer a ella no le importaba vivir la relación de esa forma, no sentía esa necesidad de contacto permanente que él tenía y no notaba la ansiedad de tenerla cerca y no poder disfrutarla.

Un cálido beso en la mejilla le saco de sus pensamientos, justo después, ella tomó asiento a su lado.

-¿solo eso después de todo el día sin tenerte? – Draco se hizo el ofendido, aunque lo estaba en realidad. Cogió la cara de la chica con delicadeza y la beso en los labios, sintiéndose mejor hasta que abrió sus ojos y vio los de la castaña fijos en la puerta. Rompió el contacto fríamente, dejándola momentáneamente desconcertada.

-lo siento – se disculpó ella, apenada en verdad, pero olvidándolo ya y sacando sus cosas.

-¿de verdad es esto lo que quieres, hermione? – dijo el rubio, y se volvió a mirarla. Ella solo se mordió el labio y agachó la mirada – está bien, no importa - se resignó él, que estaba aprendiendo a ser muy paciente, demasiado para su gusto – dentro de unos días podremos escapar a algún lugar desconocido donde no necesitaremos escondernos de nadie. Te llevaré donde tú me pidas Hermione – la miró intensamente a los ojos, por lo que pudo ver la sombra que apareció en ellos.

-sobre eso… - hermione dudó, había estado evitando el tema todo este tiempo, rezando por qué no saliera. No porque no tuviera ganas de escapar con él durante un tiempo de la realidad, sino por las explicaciones que tendría que dar por ello – yo… siempre paso las navidades en casa de los Weasley, sería raro si este año no… - el sonido arrastrándose de la silla contigua le impidió continuar y observó a Draco alejarse hacia la puerta.

Él se detuvo antes de llegar a la puerta y le habló sin girarse, sin mirarla a la cara.

-quizá lo raro sea esto nuestro…

Tras el portazo Hermione se derrumbó sobre sus pergaminos.

Sabía que lo estaba haciendo todo mal, que Draco estaba haciendo un gran esfuerzo y ella no le ayudaba en absoluto, sino que solo lo estropeaba más con sus inseguridades. Si no actuaba pronto, la relación estaría condenada y no quería que eso ocurriera.

Ella nunca se había sentido así con un chico. Draco era su último pensamiento al acostarse y su primera sonrisa por la mañana. En cuanto cruzaba las puertas del comedor sus ojos lo buscaban involuntariamente y entonces sonreía para sí. En las clases recordaba las conversaciones de las que ambos disfrutaban, eso era algo que le encantaba, hablar con él, podría hacerlo durante horas, y si no tuviera horarios ni una actuación que llevar a cabo, lo haría durante noches y días enteros.
Muchas veces se había imaginado su vida futura con él, había imaginado la casa que comprarían, como la decorarían, se había imaginado a ambos en su jardín hablando sobre mil cosas y con una alianza brillando en el dedo anular de una mano que acariciaba el redondeado vientre de la chica. Después de tener estos pensamientos siempre se ruborizaba, pero sonreía feliz.

-prepararé a los chicos durante la navidad – susurró para sí misma – y cuando regresemos al colegio… que sea lo que Merlín quiera…

La chica se sintió fatal cuando el rubio la ignoró durante los días restantes hasta navidad, sabía que era culpa suya y no podía hacer nada para arreglar las cosas, ya que Draco siempre se dejaba ver en lugares llenos de gente. Sabía que la estaba poniendo a prueba y que él esperaba que olvidara lo que se suponía que eran y se acercara a arreglar las cosas con él. Pensaba que si le importaba lo haría, pero ella no se acercó.

Pudo hablar con él la mañana antes de partir del colegio.

Cuando le vio quiso correr a abrazarle, pero no lo hizo, sabía que él continuaba dolido.

Para su sorpresa fue él quien le rodeo la cintura con sus brazos y escondió la cara entre su pelo.

-lo siento…

-no Draco – dijo ella rodeándole el cuello y volviendo a sonreír – es mi culpa, yo…

-no quiero echarlo a perder, no ahora que te tengo. Se todo lo que estas dejando por estar conmigo, imagino lo difícil que es y no quiero que lo pases mal. Me prometí a mi mismo que te haría feliz y quiero mantener esa promesa.

Hermione se separó un poco y le besó. Era la primera vez que ella tomaba la iniciativa y que no se preocupaba por que alguien pudiera verlos.

-soy Feliz contigo Draco.

Él la besó entonces con más ganas, levantándola y sentándola en la mesa junto a ellos, acabando prácticamente tumbados, él encima de ella. Cuando se miraron, los ojos de ambos brillaban. El rubio la cogió de la mano y la condujo a la sección prohibida, con un rápido susurro y un movimiento de varita desaparecieron las cadenas que envolvían algunos libros y aparecieron velas luminosas y pétalos de rosa, así como una alfombra aterciopelada en el suelo.

Allí, por primera vez hermione se entregó a un hombre, al chico que amaba, y Draco, amó por primera vez a una mujer, la amó de verdad. Allí, en la sección prohibida, dejaron algo prohibido.

-lo siento hermione – dijo una vez fuera, cuando se acercaba ya la hora de la despedida – debería haber resistido mis impulsos, quería que esto hubiera sido especial, en un lugar especial y… - los labios de ella callaron los del chico.

-ha sido el momento más especial de mi vida, y tu eres la persona más especial que ha pasado ella.

-te quiero. – dijo él.

-te quiero Draco.

Y así partieron. Con toda una semana por delante sin estar juntos, una semana en la que iban a pasar muchas cosas.

La última vez que se miraron fue en el andén. Hermione con sus amigos y Draco, acompañado de su madre.