Capitulo corto y después de mucho tiempo, lo sé, y lo siento. Pero tengo tantas cosas que hacer y tan poco tiempo ¡ojala tuviera un giratiempo! Además, me he metido en otra historia, ya que esta está llegando a su fin, y quizá debería haber esperado un poco, pero en fin.
espero que os guste aunque sea tan cortito pero no podía dejaros esperando más. Inetntare acabarla pronto, prometido!
Muchas gracias por vuestro apoyo y vuestras palabras.
Muchos besitos!
Hermione se encontraba en la madriguera con sus amigos, merendaban un chocolate caliente junto a la chimenea en uno de esos silencios que para nada eran incómodos ya entre ellos. A la chica le habría encantado compartir momentos así con Draco, y se imaginó haciéndolo en un futuro, ya en su propia casa y con la vida prácticamente hecha.
Si quería conseguir eso, tenía que empezar a preparar el terreno.
-estaba pensando… ¿no os parece que Draco Malfoy está muy cambiado este curso?
-es cierto que no se ha metido con nadie en mucho tiempo – dijo su amiga, ayudándola incluso sin saberlo.
-no será que está preparando algo, como el curso pasado – propuso su siempre desconfiado amigo Harry.
-eso podría ser, el curso pasado también estuvo muy tranquilo y mira por lo que resulto ser. – le apoyó Ron
Hermione se maldijo por dentro, la conversación no estaba acabando como ella quería, estaba acabando mucho peor.
-tenemos que averiguarlo cuando regresemos Ron.
-no creo que sea por eso – intentó la castaña – pienso que una vez fuera del alcance de su padre por fin puede ser él mismo.
-Malfoy siempre será el mismo, estando su padre cerca o no, además, el es igual que Lucius y debería haber tenido el mismo destino.
-¡Draco no es como su padre! – soltó Hermione más alterada de lo que pretendía.
-¿desde cuándo le llamas por su nombre y le defiendes? – preguntó el pelirrojo.
-desde que… - pero no se atrevió – dejadlo… - se levantó, dejó la taza en la mesita y se subió a su habitación.
Ginny subió tras su amiga, pero no podía reprochar nada a los otros dos, pues no podía entender que acababa de suceder, solo sabía que algo no estaba bien con su amiga, y no sabía que era pues, a decir verdad, habían estado algo distanciadas últimamente. Ahora que lo pensaba, hacía tiempo que apenas veía a Hermione en el castillo más que en alguna comida.
-hermione… - la joven Weasley miró a su amiga desde la puerta de la habitación compartida de ambas, la cual estaba sentada en el alfeizar de la ventana mirando al exterior – ¿puedo pasar?
La castaña la miró, y aunque prefería estar sola la indicó que se sentara a su lado, todavía sin saber que iba a hacer.
Mientras, en la mansión de los Malfoy, un rubio de ojos grisáceos se aburría leyendo un libro cualquiera en el salón de su gran y demasiado ostentosa casa.
Llevaba dos días allí y se le había hecho eterno, y aunque había ido por su madre, ésta pasaba pocos momentos con él, pues estaba demasiado ocupada rehaciendo su vida social, tan ensuciada y maltrecha por su marido, y solo tenía tiempo para acudir a fiestas entre las grandes familias. Intentaba limpiar el apellido que tan poco le importaba en ese momento a Draco.
Por fin pudo cenar con Narcissa por la noche, después de todo el día, pues la mujer había tenido que acudir a una recepción.
-¿cómo va la limpieza del apellido? – pregunto irónico y cansado de esa tontería de las familias de sangre limpia de mantener siempre un estatus.
La mujer trago tranquilamente y se limpió con la servilleta antes de contestar a su hijo.
-va algo mejor querido, pero todavía hay personas que dudan de nuestra fidelidad e intenciones – el rubio solo asintió, pues poco le importaba – pero hay algo que podrías hacer y que me ayudaría mucho a volver a recuperar mi posición en el mundo mágico…
-claro madre, pide lo que sea – le consintió su hijo metiéndose en la boca otra trozo de carne.
-tienes que casarte – como respuesta, Draco comenzó a toser y escupió la mayor parte de lo que se había llevado a la boca para no atragantarse – por dios hijo, que grosería, ¡límpiate! – dijo la mujer pasándole la servilleta.
-¿casarme? - repitió el chico cuando por fin pudo hablar – ¿casarme con quien? – dijo gritando – vas a hacerme uno de esos matrimonios concertados, ¿Quién te crees que eres? – acabó golpeando la mesa.
-soy tu madre Draco Malfoy – le contesto la rubia alzando también la voy.
-Draco! Solo Draco! – el chico clavó con fuerzo el tenedor en su carne mientras decía esto entre dientes.
-pero que… - Narcissa intentó tranquilizarse un poco – a ver, solo digo que casándote con la hija de alguna familia que no haya participado en la guerra o que haya estado en el bando ganador, por fin podremos recuperar el honor de nuestra familia…
Draco se tranquilizó un poco, y vio una pequeña oportunidad para allanar el terreno hacia donde él quería.
-entonces también podríamos limpiar nuestro honor si me casara, por ejemplo, con una hija de muggles, nada mejor para que los demás sepan de qué lado estamos.
-¿una sangre sucia! Estoy hablando de limpiar nuestro apellido, no de ensuciarlo! Jamás aceptaría a una impura de la sangre en mi casa ¡jamás! Qué vergüenza…
-vamos madre, sabes que todo eso de la sangre es una tontería, la sangre solo es sangre y lo sabes! – el rubio volvía a levantar la voz.
-no quiero que vuelvas a insinuar algo así! – gritó la mujer demasiado alterada y aferrando la mesa con fuerza, tanto que los nudillos se le pusieron blancos.
-lo insinúo y lo afirmo madre: ¡pienso casarme con una hija de muggles!, tanto si te gusta como si no. – sentenció él.
La señora Narcissa se levantó con los ojos muy abiertos y la mano en el pecho, junto a su corazón, empezó a boquear y a respirar con dificultad, cayendo de rodillas al suelo.
-¡madre! – gritó asustado Draco llegando a su lado - ¡qué ocurre? – parecía que la mujer perdería el sentido en cualquier momento. Draco la rodeó por la cintura y se desapareció, apareciendo segundos después en san mungo y gritando por un médico.
ooo
Ginny no podía creer lo que oía, pensaba que su amiga le tomaba el pelo, pero por otra parte le cuadraban muchas cosas, como lo ocurrido abajo hacía un rato.
-¿no es cierto verdad?
-Ginny, no sé cómo pero así es.
-pero… es Draco Malfoy… - la pelirroja daba vueltas por la habitación delante de su amiga que la miraba entendiendo su reacción… - ¡malfoy! ¿No entiendes?¡Draco MALFOY!
-la que no entiendes eres tú, no es MALFOY, es Draco, solo DRACO…
-¿estás hechizada verdad? – la pequeña se acercó y le abrió un ojo a su amiga para inspeccionarlo – será mejor que hable con los chicos, hay que llevarte a san Mungo…
-no! – la chica se paró con la mano en el pomo de la puerta – ginny, no se lo cuentes a los chicos, yo… no estoy preparada para su reacción.
-claro que no lo estás, tú no estás en tus cabales ahora mismo Hermione – dijo la chica cogiendo por los hombros a la castaña.
-estoy mejor que nunca Ginny, y todo el por él. Le quiero…
La pelirroja se derrumbó, se sentó en su cama, preocupada, pues había visto sinceridad y amor en los ojos de su amiga.
-no sé si esto está bien – añadió preocupada. – te hará daño, seguro que juega contigo. Hermione tú no eres tonta…
-está bien Ginny, se que él me quiere, creeme.
La pequeña de los Weasley asintió, aunque para nada convencida.
