Uff, cuánto tiempo sin actualizar esta historia. Reconozco que he tenido que volver a leer mi propia historia porque ya no me acordaba ni de que iba, y eso está mal, porque quiere decir que vosotras tampoco os acordareis y que habré perdido bastantes lectoras. Pero bueno, he decidido acabarla de una vez. No puede estar toda la vida sin terminar, así que solo agradeceros a las que me habéis esperado y espero seguir estando a la altura de esta historia.
Bueno solo recordad que Draco había dejado Hermione para casarse, ya que creía que si no lo hacía, algo malo le pasaría a su madre, que no lo soportaría. Un año después, Hermione, que es reportera, es enviada precisamente a cubrir la noticia del matrimonio de Draco Malfoy.
Espero que con esto podáis seguir medianamente bien el capítulo.
Muchos besos, y a leer.
Hermione llegó a la puerta de la mansión Malfoy, y recordó la última vez que había estado allí. Lo tétrico que todo le había parecido y el dolor que había conllevado su decisión de presentarse esa noche, tantos años atrás, en esa casa. En esos momentos la mansión estaba pulcramente decorada. Flores brancas y amarillas alegraban cada arco, cada pilar y cada pequeño hueco que encontraba mientras caminada por el radiante sendero arrastrando su vestido.
Se había comprado un precioso vestido para la ocasión. Además de porque debía presentarse como una invitada más, quería que, si tenía que volver a verle sin más remedio, él la encontrara perfecta, como si ya todo estuviera olvidado y pudiera llevar a cabo su trabajo sin problema, sin importar quién era la noticia. Quería que la viera feliz, aunque en realidad no hubiera podido volver a serlo desde que él la abandonó por la mujer con la que hoy se casaría.
Entregó su invitación cuando se la pidieron, y comenzó a pasear entre la gente. Lo bueno que tenía Hermione como reportera era su infinita memoria, por lo que no tenía que llevar tras ella una libreta y una pluma que intimidara a la gente a la hora de hablar, la mayoría de veces, contestaban a sus preguntas sin saber que era una reportera, lo que le hacía las cosas mucho más fáciles a la hora de averiguar.
Por lo que pudo hablar con algunos invitados, supo que la mayoría pensaban que por fin Narcissa había conseguido su pase de vuelta a la nobleza. De nuevo volvían a estar en la cima, como ella quería.
La castaña intentaba no pensar en Draco en ningún momento, para así poder trabajar hasta que llegara el momento de verle, pues sabía que presenciar precisamente su boda sería lo más doloroso que le podría pasar. Solo esperaba poder pasar desapercibida y que él no la viera, o no la reconociera. Pero después de escuchar los cotilleos, supo algo que había supuesto hace mucho tiempo. Se trataba de un matrimonio de conveniencia que Draco no se había esforzado en romper, hacía mucho que sabía que él realmente nunca le había amado, que solo había sido otro de sus juegos, pues el Draco que ella había conocido habría desafiado un matrimonio así por ella. Pero al fin y al cabo, Draco siempre sería un Malfoy, y por ello había elegido estatus, había elegido Malfoy en lugar de Draco.
En el momento en que la castaña pensaba en esto, un rubio se agarraba el pecho sentándose en su cama, con la corbata alrededor del cuello sin anudar. Acababa de comprender algo, como si alguien se lo hubiera susurrado y el viento hubiera hecho que llegara a sus oídos. Había elegido ser Malfoy, no Draco como tanto luchó por ser. Y de nuevo recordó a Hermione, y se sintió como aquella vez en que fueron a condenarle por ser un mortífago.
Ese día solo pensaba que le encerrarían y que no volvería a verla nunca más. La recordaría en su mente día tras día, hasta que, poco a poco, su recuerdo se fuera borrando de su mente. Dejaría de recordar el brillo de sus ojos, la sonrisa de sus labios, el arco de su nariz…
Después de un año sin verla, eso había ocurrido, y solo podía imaginar en su mente su pelo alborotado y la forma de su cara, pero le costaba mucho dibujar sus rasgos. Eso no quería decir que la estuviera consiguiendo olvidar, pues noche tras noche, día tras día, al oler su piel recordaba el olor de su Hermione, al tocar algo suave recordaba sus manos, su voz la tenía grabada en su mente, y sobre todo… sus lágrimas, lo único que le había pertenecido siempre. Casi podía sentir el olor salado de sus lágrimas cada vez que recordaba aquella noche.
Se levantó de nuevo, ya recuperado del dolor del pecho y frente al espejo, mientras continuaba anudándose la corbata observó su preciada cicatriz en la mejilla. Sentía esa cicatriz como una mínima parte de ella que se había quedado con él. Una parte muy pequeña.
se colocó su chaqueta y bajó al salón, donde estarían sus familiares ya esperándole para acudir al altar, aunque el prefirió imaginar que se dirigía a la orca.
-Draco cariño, ya estas listo – dijo su madre acercándose a él – estás muy guapo, muy guapo – continuaba arreglándole la corbata.
-suélteme madre – aunque todo lo estaba haciendo por ella, pues no quería que nada afectara a su salud, no quería decir que fuera a dejar que disfrutara del día, le haría parte de su infierno – esperó que esté contenta de acabar con mi vida, pues en el momento en que diga el sí quiero, olvidaré que existo en este mundo. Nada me devolverá las ganas de vivir.
Después de decir esto, se fue junto a Theo y Luna. Al menos su amigo había logrado ser feliz y pronto tendría una verdadera boda con su amada.
-Draco, te ves horrible – dijo una sincera Luna cuando llegó hasta ellos. - ¿de verdad quieres que Hermione te vea así?
-¡Luna! – le recriminó Theo – te dije que lo de Draco y Hermione era un secreto…
-Theo, eres un bocaz… ¡un momento! – Draco acababa de comprender las palabras de Luna – que quieres decir con que me vea.
-bueno, Hermione está fuera ¿no la invitaste tu? – preguntó la rubia inocentemente.
-¿Qué? – dijeron ambos chicos a la vez.
-¿Cómo que Hermione está fuera? – preguntó Draco casi sin voz y buscando un asiento, pues necesitaba sentarse. Se estaba mareando.
Theo le siguió hasta la butaca con Luna tras él y se arrodilló para hablarle cerca de la cara y que nadie más pudiera escucharle.
-¿crees que venga a impedir la boda? ¿crees que aun te quiera? – susurró Theo.
-¡que romántico! – se emocionó Luna – iré a preguntarle a ella – decidió la rubia alejándose, pero Theo la cogió del brazo.
-de eso nada bonita, mejor quédate a mi lado – le dijo su novio cariñosamente.
-eso es imposible. Ella debería odiarme después de lo que pasó. – pero por la mente de Draco pasó una mínima posibilidad de que ella hubiera ido a por él. – no puedo casarme… no lo haré no ella aquí, no puedo… - Theo y Luna sonrieron – no voy a cas…
En ese momento la madre de Draco lo agarró del brazo, como si no le hubieran afectado para nada las palabras de su hijo de segundos antes, y lo arrastró hacia el altar.
-es la hora.
Theo y Luna se quedaron mirando como Draco caminada torpemente con su madre.
-¿Qué hacemos? – preguntó la rubia.
-asistir a la boda Luna, el resto lo tiene que hacer él…
Hermione, que había escuchado una discusión mientras paseaba en busca de algo interesante que contar, se encontraba tras un muro, desde donde le llegaban las voces que reconoció como la familia Greengrass.
-¡no! ¡no puedo salir ahí! Yo no puedo casarme – gritaba Daphne – no le ame, ya sabes a quien amo padre, le quiero a él, por ultima vez, no me obligues a hacerlo… - suplicaba la chica.
Hermione se asomó un poco. La muchacha ya vestía de blanco y su hermana la abrazaba mientras su padre estaba rojo de furia.
-no te lo diré más Daphne, saldrás ahí y te casarás con Draco Malfoy. Si no lo haces por ti misma ¡te juro que lo harás bajo el hechizo imperio! – gritó su padre sacando su varita.
Hermione se alejó de allí con la mano en el pecho. Entonces la novia tampoco quería casarse. Se le aceleró el corazón. Aunque eso no cambiaba nada… Draco si que quería casarse.
La música comenzó a sonar y Hermione se tensó al escucharla, pero disimuló y se dirigió a coger asiento en una de las filas más alejadas. Justo cuando pasaba por la puerta principal, le vio, por primera vez después de tanto tiempo. Esperaba elegantemente con su madre cogida del brazo. La mujer sonreía feliz, pero Draco… Draco la miraba a ella. La miraba fijamente como si no pudiera creer lo que estaba viendo. El chico levantó su mano hacia ella y adelantó un pie con la intención de caminar. Fue señal suficiente para que la castaña saliera de su vista al instante. No quería hablar con él…
Se sentó en una silla libre y lejos del pasillo central. Se sentía fatigada y a causa de ello respiraba entrecortadamente, pero no era de cansancio, era por haberle visto de nuevo y que hubiera tenido la intención de acercarse a ella. ¿Qué pretendía?
Los invitados se levantaron cuando madre e hijo comenzaron a caminar por el pasillo central. La música sonaba más fuerte. Hermione decidió quedarse sentada, e hizo bien, pues notó como la cabeza de Malfoy se movía de un lado a otro en su camino, como buscando a alguien. ¿Sería a ella? De nuevo su corazón se aceleró.
Llegó al altar, y una vez allí siguió buscando con la mirada, pero no fue hasta que se sentaron de nuevo los invitados que la localizó y la miró. La miró durante largos e intensos segundos en los que ella no tuvo más remedio que devolver esa mirada de la que siempre se quedaba prendada sin poder evitarlo, y se odiaba por no poder apartar la vista. La hica notaba como toda su fortaleza se derrumbaba en sus ojos grises. Solo cuando notó una lagrima corriendo por su mejilla, logró apartar la mirada.
No supo si él llegó a verlo, pues pronto la música volvió a sonar y los invitados se levantaron de nuevo para dar la bienvenida a la novia, que caminaba con la cabeza gacha y un velo tapando su cara. Volvió a mirar a Draco, que en lugar de mirar la entrada de su futura esposa seguía mirándola a ella, como si hubiera desconectado del mundo y se encontrara en una realidad paralela donde solo estaba ellos dos. Hermione se sintió temblar y vio como la madre del rubio le daba un toquecito en el brazo para que regresara a la realidad. Y lo hizo. Miró a la novia, pero en lugar de tenderle su mano para que llegara hasta el altar, solo se dio la vuelta hacia el hombre que oficiaría la ceremonia. La novia se colocó a su lado y Hermione notó un imperceptible temblor en los hombros de la chica.
-amigos, familiares – comenzó el hombre – no hemos reunido para celebrar hoy el amor y unir en matrimonio a estas dos jóvenes almas que se han encontrado en el camino de la vida. ¿alguien conoce algún impedimento para que sigamos con el enlace?
En ese momento Draco volvió a girarse y a mirar a los invitados, encontrando de nuevo los ojos de la chica. Hermione notó su mirada, era como si le rogara que hablara, que impidiera esa mentira ¿o solo eran imaginaciones suyas? Después el rubio desvió la mirada hacia la derecha y Hermione la siguió. Encontró unos asientos más allá a Luna, que le sonrió y la saludo feliz. A su lado un chico negó con la cabeza y Draco volvió la vista en frente.
-Daphne Greengrass ¿aceptas a Draco Malfoy como tu esposo?
Hubo una pausa eterna en la que Daphne miró por última vez a su padre. Draco agachó la mirada y cerró los ojos fuertemente deseando que la chica que tenía junto a él se negara al enlace.
-acepto – dijo débilmente al final.
Un murmullo recorrió a los invitados y Hermione volvió a respirar, pero contuvo el aire de nuevo. Ahora era el turno de él.
-Draco Malfoy ¿aceptas a Daphne greengrass como tu esposa?
El chico, que seguía con la cabeza gacha y los ojos apretados, miró al hombre al escuchar su nombre. Miró a Daphne, que a través del velo le suplicaba con la cara empapada en lágrimas que no lo hiciera, que se negara. Miró de nuevo al hombre y después a su madre, que le instó silenciosamente a contestar. Apretó los puños con fuerza. Iba a dar su vida, su felicidad ¿por un apellido? Se dio la vuelta completamente y miró hacia los invitados, que comenzaron a hablar en voz baja entre ellos. De nuevo la miraba a ella y a la chica se le hizo un nudo en el estómago, el cual se agarró con manos temblorosas. No tenía ni idea de lo que estaba pasando.
-Hermione… - habló Draco. Los murmullos se hicieron más altos y la gente se giró en busca de la dueña de ese nombre.
Hermione, que le había estado mirando con el corazón en un puño hasta el momento, se levantó asustada de que él la estuviera llamando cuando debería estar aceptando ser un hombre casado. En cuanto se levantó, todas las miradas se dirigieron a ella, la cual, mirando una última vez al rubio, salió corriendo hacia el jardín, huyendo de la ceremonia y de su corazón, que quería lastimarla de nuevo.
-¡no! – gritó Draco Malfoy antes de salir corriendo de su propia boda.
