Título: Las cuatro estaciones
Claim: Ushiromiya Krauss/Ushiromiya Natsuhi
Notas: Spoilers hasta el EP7.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: Histeria Fandom Ciclo 10
Tema: 07. Hundirse
Los meses transcurren y llega el verano, estación que hace honor a su nombre. Las paredes de la mansión Ushiromiya han dejado de ser laberínticas para ella, opresoras, como si estuviera en el laberinto del minotauro, buscando desesperadamente encontrar una salida. Natsuhi se ha adecuado a su nueva vida con una rapidez que hasta a ella le sorprende, cuando antes estaba reacia incluso a formar parte de la decoración de la mansión. Quizás tiene que ver con Kinzo, a quien respeta profundamente. Quizás tiene que ver con Krauss, a quien ha comenzado a querer, muy a su pesar. No lo sabe, pero los meses han transcurrido, ha llegado un nuevo año y ahora... Ahora una nueva tortura viene a ceñirse sobre su vida, como una sombra persistente del dolor que ya creía haber superado.
Eva está embarazada. Natsuhi todavía no. A pesar de todo, a pesar de los meses, a pesar de los encuentros fugaces que todavía le hacen sonrojarse cuando los recuerda, con una mezcla de dulce satisfacción y pena, el bebé no llega. Ese hijo que nunca esperó tener cuando era joven y se sentaba a meditar, con toda la paciencia del mundo, misma que ahora se le ha agotado. Ese hijo, que puede llenar la solitaria mansión, que puede llenarla de risas y brindarle a ella una alegría... ¿Dónde está? ¿Es que acaso Dios la está castigando? ¿Está pagando por su anterior desprecio a Krauss, por sus palabras hirientes y su sutil indiferencia? En las noches, cuando se recuesta a su lado, cuando él la mira con una mezcla de resignación y temor, Natsuhi se convence de que así es. Y nadie hace nada por desmentir esta afirmación, que parece echar raíces en su corazón conforme pasa el tiempo, oprimiéndolo dolorosamente, cada día un poco más, cada vez más.
Eva está embarazada y Kinzo está colérico con Krauss y aunque no lo exprese, con ella también. Es una mujer defectuosa, oye que dice una noche, comentando con su amigo, el inseparable doctor Nanjo, quien se atreve a desmentir tales afirmaciones, aunque de nada sirva, porque Kinzo no lo escucha. Es una mujer defectuosa. Ella lo sabe. Y se siente humillada al oír dichas palabras, porque fue ofrecida por su padre como su tesoro más grande, como su único valor en el mundo para saldar una deuda y ahora no puede cumplir su cometido, no puede darle un hijo a su esposo, no puede hacer nada.
Ha asistido al médico en al menos dos ocasiones, el resultado: todo normal. Krauss siempre le ha dicho que no tiene prisa, siempre le ha tomado de la mano sutilmente en dichas consultas, mirándola con una desvaneciente sinceridad conforme se suceden los días. Y es esto, precisamente, lo que más le duele. Ver la mirada dubitativa de su esposo cuando hablan de familia, la manera en la cual la defiende, a veces quedándose sin palabras, el miedo reprimido en sus acciones cuando sabe que su hermana le lleva la ventaja y todo por culpa de ella.
—¿Cómo estás, Natsuhi nee-san? Veo que muy relajada, es bueno que ya te hayas acoplado a vivir aquí —Eva ha ido a visitarlos, desencadenando a su vez todo tipo de recuerdos dolorosos que su sonrisa maligna logra acentuar cuando pasa por su lado, con toda la pinta de una madre primeriza, eso sí, muy segura de sí misma—. Seguro que tienes mucho tiempo libre, ¿verdad? Claro, así es mejor, sin niños que cuidar...
La mujer pasa por su lado tras ese último comentario, muy satisfecha de sí misma. Su esposo, a su lado, sólo se disculpa con un gesto de la cabeza, dejándola con un palmo de narices, con las irreplimibles ganas de llorar quemándole los ojos y la garganta, y el orgullo por los suelos.
Tiene que demostrarle a todos, a sí misma, a Krauss, que no es una mujer inútil. Sabe que es demasiado pronto, que es una locura sin sentido, pero de cualquier manera lo hace, en cuanto ve las siluetas de sus invitados desaparecer, guiados por Genji. Toma una anticuada prueba de embarazo, se dirige hacia el sanitario y reza por tener algo que mostrar, algo que borre la sonrisa de Ushiromiya Eva de sus labios, para ir a colocarla en los ahora siempre temblorosos labios de Krauss.
Tras unos minutos, en los cuales Natsuhi se detiene a recordar todo lo acontecido y la dolorosa mirada de Krauss, apenas un eco de sus antiguos ojos brillantes al verla, la prueba está lista.
La prueba indica un brillante negativo, en letras de color rojo sangre y con tan sólo verlo, Natsuhi se hunde, como arrastrada por las olas del furioso mar que rodea Rokkenjima, que constituyen una prisión natural para su dolor.
De nuevo, a seguir esperando. De nuevo, a soportar las miradas lastimeras de Krauss y la sonrisa repulsiva de Eva. Pero, ¿por cuánto? ¿Para siempre?
