Título: Las cuatro estaciones
Claim: Ushiromiya Krauss/Ushiromiya Natsuhi
Notas: Spoilers hasta el EP7.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: Histeria Fandom Ciclo 10
Tema: 05. Levantarse
Natsuhi contempló su vientre, aún plano, con los ojos anegados en cristalinas lágrimas, tan brillantes que sus ojos casi parecían contener un universo en su interior. Había esperado mucho tiempo por ese momento, casi parecían siglos, encerrada en la torre de la desesperación, el odio y la furia hacia sí misma, había esperado mucho tiempo, pero esa eternidad se había acabado. Ahora sólo quedaba un pequeño lapso de tiempo, insignificante y efímero, tanto que pronto se descubriría añorándolo de nuevo, nueve meses de embarazo.
Nueve meses de embarazo que habían conseguido borrarle la sonrisa a Eva en cuanto se enteró, que devolvieron a la vida los ojos castaños de Krauss y que hicieron proferir a Kinzo algunos halagos, mezclados con protestas. Sin embargo, nada de esto significaba mucho para Natsuhi, no cuando tenía mejores cosas en qué pensar, desde una dieta adecuada hasta la habitación del bebé, carne de su carne.
—Genji, esta tarde saldré a Niijima a comprar algunas cosas, quedas encargado —aún era demasiado pronto, nisiquiera se notaba su vientre, ni tenía esa forma característica de una mujer embarazada, pero Natsuhi no podía contener su emoción, misma que se transmitía por todas direcciones, como si fuera el olor de un perfume muy suave, para contagiar a todos—. Es posible que mi esposo me acompañe, así que mantén todo en orden, ¿entendido?
Sin siquiera escuchar la respuesta de Genji, que hizo una reverencia mientras ella se marchaba, envolviéndose en la calidez de los pasillos de la mansión, Natsuhi comenzó a pensar en el futuro que le esperaba, en días añorados y efímeros a la vez, en que falta mucho y poco tiempo. Estaba tan enfrascada en esos pensamientos, que no llegó a escuchar cómo los sirvientes murmuraban a sus espaldas, comentando su reciente cambio a una persona mucho menos estricta y más jovial. Acorde a esa época del año. A esa etapa de su vida.
—¿Cariño? —la puerta del despacho de Krauss estaba entreabierta y de su interior, un lujoso cuarto lleno de cosas discordantes, se podían escuchar ruidos extraños, como los que haría un niño al jugar—. ¿Cariño...?
La puerta se abrió con un leve empujoncito de su mano dudosa, permitiéndole observar la espalda ancha de su marido reclinado sobre la mesa del estudio, con diversos soldados de juguete a su alrededor. Hacía mucho tiempo, él le había dicho que eran de colección, carísimas piezas originales que nunca se había atrevido a sacar de su empaque, nisiquiera por el mero gusto de saberse poseedor de ellas, por lo cual le pareció extraño verlas fuera de su resistente empaque de celofán, bien guardadas lejos de la vista de nadie, incluso del propio Krauss.
—¿Qué haces? —inquirió ella, apresurándose a llegar a su lado para observar, con una sonrisa curiosa ante la siempre latente excentricidad del hombre al que había aprendido amar después de haberse casado—. Pensé que eran de colección.
Krauss parecía un poco nervioso y reacio a contestar, como si fuese un niño pillado haciendo una travesura, por toda respuesta, le sonrió a su mujer antes de tocar su vientre, sin duda incómodo ante esa muestra de afecto, que no sabía cómo exteriorizar.
—Estoy preparándolos para cuando nazca —admitió, con cierta verguenza y sus ojos de nuevo relucientes, rehuyeron de los de su esposa, quien siempre que podía y con todo el tacto del mundo, conseguía ponerlo de vuelta en la realidad, tras haber soñado con algunas ideas descabelladas.
No obstante, Natsuhi, en lugar de reprenderlo, sonrió, reconociendo en los ojos de Krauss y en sus acciones, la misma ansiedad que ella tenía, la misma emoción y el mismo afecto por el ser que se estaba formando en su interior, aún desconocido, pero ya adorado.
—Le gustarán —aseguró ella y se recargó en el brazo de su esposo, con una mirada tierna en los ojos, que dirigía a su hijo, su esperanza y al hombre a su lado, quien le había brindado más de lo que merecía—. Estaba planeando ir a Niijima a comprar algunas cosas para el bebé, ¿estás muy ocupado?
Ciertamente, Krauss debía firmar algunos documentos y revisar las cuentas bancarias disponibles, pero ante tal invitación alzó la cabeza como una avestruz, sin duda emocionado ante la perspectiva de elegir algunas cuantas cosas, a pesar de que faltaran eternos meses para tener a su hijo en brazos.
El hombre negó con la cabeza, mintiendo con descaro, antes de darle la espalda a su despacho, lleno de responsabilidades que no le cabían en la cabeza en esos momentos. Después de todo, era su primer hijo y el primer embarazo, habían conseguido levantarse, sortear el obstáculo de varios meses sin un milagro, podían permitirse disfrutarlo, ¿no es así? Y quizás, en el camino, también podrían discutir futuros nombres.
