Título: Las cuatro estaciones
Claim: Ushiromiya Krauss/Ushiromiya Natsuhi
Notas: Spoilers hasta el EP7.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: Histeria Fandom Ciclo 10
Tema: 02. Correr
Es invierno, un invierno frío y largo, un invierno que consigue pintar de blanco los cielos, tan vastos e interminables, tan azules y puros, que parecen un témpano de hielo ciñéndose sobre el mundo, que nunca se paraliza pese a las bajas temperaturas. Natsuhi recuerda los inviernos en el templo, cuando era joven, el frío colándose a su habitación para despertarla todas las mañanas, el sonido de la campana del templo, todos los años nuevos, anunciando un nuevo porvenir... Todo aquello se ha esfumado y ahora el único recordatorio de la estación es ese cielo, vasto y amplio, desvaído como si se hubiese congelado.
En Rokkenjima nunca parece llegar el invierno, en Rokkenjima el clima se detiene entre el verano y el otoño, una mezcla estrafalaria de días cálidos y tardes frías y lluviosas. Los bosques nunca desaparecen, las hojas raramente pierden su color. Casi parece un hechizo, el hechizo que la mantiene resguardada dentro de una bola navideña de cristal, con su perfecto universo intacto y de cuento de hadas.
Sin embargo, el mundo se sigue moviendo, sigue avanzando, corriendo a la par del tiempo, que desdibuja días y semanas, estaciones y meses sin piedad. Su bola de nieve de cristal no está estática, lo sabe y lo agradece cada que ve a Jessicacorriendo por los pasillos de la mansión, jugando en los jardínes y acudiendo a la escuela, cada vez un poco más grande, más alta.
Jessica, el único elemento que rompe el hechizo de la bola de cristal, casi como si sus pies al andar de aquí para allá movieran al mundo, haciéndolo girar. Su Jessica, su tesoro más preciado. ¿Qué va a ser de ella? Natsuhi se muerde el labio cada que esta pregunta cruza su mente, provocándole dolor de cabeza. ¿Qué va a ser de su hija? ¿Qué va a ser de esa niña que anda corriendo por los pasillos, jugando con los sirvientes y que no aprende nada en sus clases de buenos modales? Nunca le faltarán amigos, con su carácter despreocupado. Jamás se dejará vencer, porque ha heredado el ímpetu de su padre. Sin embargo, ¿será el mundo capaz de aceptarla de ésa manera? ¿Encontrará un buen esposo, uno al que ella ame y que no le sea impuesto, como Krauss lo fue con ella? Dichas dudas amenazan con destrozarla, como si el escenario de su vida estuviese hecho de cristal, de ese fino y suave cristal que precede al invierno, tan frágil como lo es su hija a los 12 años, llena de ideales que quizás no pueda cumplir.
No. Natsuhi niega con la cabeza, mientras observa fijamente por la ventana la silueta de su hija, jugando con Shannon a pesar de que se lo ha prohibido, tan deshinibida que la hace temblar. No. No puede permitir que sufra el mismo destino que ella, no puede permitirlo —aunque Krauss nunca lo permitiría, ¿verdad?—, por eso debe de educarla, de hacerla una mujer refinada a la cual nadie pueda hacer de menos, a la cual nadie mire como un inferior. Así tenga que pasar todos los días en ello, así tenga que desvelarse, así tenga que gastar todo el dinero del mundo...
—¿Mamá? —Natsuhi suelta un respingo cuando escucha la voz de Jessica a su lado, pues no se ha dado cuenta del momento en el que ha abandonado el jardín para irse a posar a su lado, llena de tierra y flores, con una sonrisa vacilante, como si acabara de hacer una travesura—. Mamá, ¿podemos tener un árbol de Navidad este año?
La mujer evalúa la propuesta, pues nunca ha sido demasiado dada a las cosas occidentales, no proviniendo de una familia budista, muy distinta a la de su esposo, a la de su suegro. La Navidad no existe para ella, pero en los ojos de Jessica brilla con luz propia, similar a la que tienen los ojos de Krauss por las noches, cuando se sientan uno al lado del otro, como un par de ancianos, para tomar una taza de té, esa clase de mirada que puede lograr todo en ella, bueno o malo, incorrecto e incluso inmoral.
—Sí, podemos —dice tras unos segundos de meditación y se contiene de añadir que a cambio quiere que tome lecciones extras, pues no desea arruinar su emoción infantil, casi siempre desvaneciente por esos años.
La niña murmura un gracias antes de echar a correr en búsqueda de su padre, que aparece cuando ella ya se ha marchado tras la puerta de su despacho, con una mirada que le dice a Natsuhi que lo ha escuchado todo. A él también le gusta la Navidad, después de todo. Y le agradece el árbol de Navidad con una sonrisa, que ella no duda en devolver, pensando en que, después de todo es invierno.
