Título: Las cuatro estaciones
Claim: Ushiromiya Krauss/Ushiromiya Natsuhi
Notas: Spoilers hasta el EP7.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: Abecedario
Tema: 75. Tiempo
Una suave opresión en la frente le anuncia la inminente llegada de un dolor de cabeza, que seguramente terminará minando su fuerza y sus defensas para cuando acabe la tarde, dejándola agotada y hastiada, como si fuera una vieja. Últimamente Natsuhi no ha hecho otra cosa de su vida más que seguir la misma rutina, que sin embargo, consigue desgastarla igual que si viviera una vida llena de ajetreados negocios como los de su esposo.
Levantarse a la misma hora, sola, con la madrugada llenando la habitación de colores apagados y fríos, solitarios como ella. Preparar las disposiciones del día, los turnos que tomarán los empleados y despertar a Jessica, todo ello soportando las caras largas y los malos modos, incluídos los de su hija. Vigilar la limpieza de la mansión y el cuidado del jardín, que aunque nadie ve ni admira, no puede descuidar.
Para esa hora ya es media tarde y tiene que disponer la comida, arreglar los turnos de la tarde, con los cuales llegan los sirvientes más ruidosos y curiosos, los que peor le caen pero que mejor hacen su trabajo. Quizás tiene un poco de tiempo libre en ese período, cuando se sienta a tomar un té en la terraza y oye a todos moverse por la casa, porque Jessica está por llegar y se necesita tener algo que darle de comer, sin embargo, poco dura esta relajación y una vez su hija hace aparición, junto con su esposo, tiene que lidiar con diferentes problemas.
O bien las inversiones fallidas de Krauss que no puede evitar, por más advertencias que le haga o las insolencias típicas de la edad de Jessica, quien no entiende que todo lo hace por su bien, por verla feliz. De cualquier modo, para ese momento, con el ocaso desdibujándose entre los árboles en el horizonte, que parecen brillar como si fueran de oro puro, el dolor de cabeza ya está en su punto álgido y todavía le faltan algunas cosas antes de dormir, como arreglar los turnos de los sirvientes del día siguiente, elegir qué se comerá y desayunará, qué hacer y qué cambiar, por si Kinzo decide salir de su estudio.
La misma rutina, que culmina cuando se va a acostar a la misma hora, con la misma taza de humeante té que no consigue calmar su dolor, que la hace sentirse triste y hundida, como una roca al fondo de un río, sacudida por las corrientes. La misma rutina que la mantiene separada de su esposo, que alimentada por las peleas y otras pequeñas cosas, los ha hecho separar habitaciones, intercambiar pocas palabras y vivir casi como desconocidos.
La misma rutina, se dice Natsuhi una noche y una opresión en el pecho se suma a su dolor de cabeza, haciendo que derrame unas cuantas lágrimas al pie de la puerta de su habitación sin razón alguna, sin que pueda detenerse tampoco. La misma rutina.
Natsuhi abre la puerta para encontrarse con ese rincón seguro que ha elegido en la casa, aquél espacio que solo le pertenece a ella y que le da cierta paz, pero lo que ve dentro la desconcierta, porque no forma parte de la decoración que cuidadosamente ha elegido, que es casi ya parte de su familia, con todo arreglado y apagado, con los colores del ocaso. Krauss está sentado sobre su cama y sonríe con nerviosismo, según parece la ha estado esperando. Krauss, su esposo, aquél del que se sentía tan lejana, pero al que aún ama. Krauss, que la mira como si el tiempo no hubiese pasado, con los mismos ojos amables y brillantes, la misma sonrisa nerviosa e invitante, que le dice que se acerque, que no la ha olvidado, pese al ritmo que han tomado sus vidas.
Ella cierra la puerta tras de sí, sin dejar de llorar y se sienta a su lado para abrazarlo, prometiéndose que de ahora en adelante se tomará las cosas con más calma, porque quizás él también se sentía tan olvidado como ella.
