Título: Las cuatro estaciones
Claim: Ushiromiya Krauss/Ushiromiya Natsuhi
Notas: Spoilers hasta el EP7.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: Abecedario
Tema: 54. Nada


El sonido de una detonación parece congelar el tiempo, en segundos, en centécimas, justo como en las películas de acción cuando el villano está a punto de ser derrotado. Sin embargo, el proyectil esta vez no se dirige hacia el hombre malo, autor de varias catástrofes, que debe ser detenido. Esta vez la bala atraviesa toda la estancia, casi como por arte de magia, sin perder su objetivo fijo, mismo en el cual va a estrellarse apenas en milésimas de segundos después, destrozando el rostro de Natsuhi.

Krauss se queda paralizado observando la última expresión en el rostro de su mujer, que no es nada menos que una mueca de locura y enfado en aquellas facciones que casi siempre son tranquilas y hasta melancólicas, luego, el rostro explota en mil pedazos y las facciones teñidas de ira se desdibujan, como si fueran de cera, antes de que el cuerpo caiga al suelo, con una total perplejidad en el único ojo que queda, en las comisuras de los labios que nunca podrán regañarlo más.

El mundo parece temblar como si la detonación también hubiese volado los cimientos del mundo que siempre pensó invariable, un mundo en el cual se volvería viejo y gris junto a ella, escuchando sus preocupaciones sobre Jessica, el sonido del mar al caer la noche. Sin embargo, lo que Krauss toma como un temblor sólo son las voces de los demás hermanos y la suya propia, gritando como si la vida se le fuese en ello —y quizás lo hace—, llamando a la mujer que yace en el suelo, ajena ya al mundo que la rodea, a todo lo que deja.

¡Natsuhi! ¡Natsuhi! Su voz se deshace en su nombre, siente que las piernas están a punto de fallarle, que el cuerpo se le va a desgarrar del dolor, tal como los pedazos que han quedado de su mujer, esparcidos por la alfombra de color sangre, como si fueran vil basura. ¡Natsuhi! La mujer que le fue impuesta y a la cual terminó amando, la mujer que lo consoló en todos sus fracasos y lo regañó cuando fue necesario, la mujer que le pidió morir con él, vivir con él hasta la eternidad... Ahora ya no queda nada de ella y aunque sus labios se mueven mecánicamente, aunque Krauss puede oír sus aullidos desesperados, mezclados con quejas hacia Hideyoshi, hacia Eva, él tampoco está ahí más. No cuando los planes de salir de viaje se han esfumado, la sugerencia de volver a compartir la habitación, de dar paseos con Jessica...

¿No dijiste que viviríamos juntos? Es la pregunta infantil de Krauss, que resuena en su mente como la de un niño berrinchudo y decepcionado, pero tan destrozado que casi pide a gritos morir. ¿No me dijiste que estaríamos juntos hasta el final? Pero el final ya ha llegado y él sigue allí, parado en esa habitación repleta de oro que no podrá regresarsela, en medio de un montón de lobos con miradas hambrientas, ignorantes de que el dinero ya no le importa nada.

¿Cómo pudiste? Dicha pregunta sale de sus labios y retumba en su mente, aunque en realidad no está dirigida a Eva, quien tiene los nervios crispados y formula excusas con una velocidad incomparable, aunque no por eso menos incoherentes. ¿Cómo pudiste...? Antes siquiera de que pueda completar la oración, el sonido de otra detonación resuena en el ambiente y Krauss no puede reaccionar antes de que la bala lo alcance, destrozándolo al mismo grado que a su esposa. Lo único que atina a hacer, antes de que su cuerpo caiga de cualquier manera junto al de su mujer es pensar en ella y en los votos matrimoniales ahora rotos.

Hasta que la muerte nos separe.