N/A. El título del capítulo viene de Paradise Lost, de John Milton (original: Black is stood as night, fierce as ten furies, terrible as hell). Gracias Norwyn y a Lexi por los reviews del capítulo 1. Aprecio que os toméis tiempo para dejar reviews porque ya estoy contenta para el resto del día! Espero que os guste el próximo capítulo!

N/T. Bueno, ya que mi hermano es estúpido y me está apagando todo el rato el modem, pues voy a dedicarme a traducir un poquito más. El primero me gustó, y tengo ganas de saber si va a ser todo tan acelerado o irá detallando más con escenas más puntuales (supongo que la segunda). Me da que el 1 fue una especie de introducción, y que el estilo cambiará (sinceramente creo que lo mejor de Sionnain son los diálogos). Miss Marlene, que lo ha leído, me ha prometido un Lucius OMGÑACA y lo he tomado al pie de la letra. Por descontado, todos sabemos como es su Rodolphus jojo. ¡No puedo esperar a que salgan!

Joanne

HIELO

CAPITULO II: EL NEGRO ESTÁ EN LA NOCHE, FIERO COMO DIEZ FURIAS, TERRIBLE COMO EL INFIERNO

Se conocieron en una fiesta, en una de esas aburridas y repetitivas reuniones que despreciaba, pero a las que debía, sin embargo, obligatoriamente asistir. Sonriendo en los momentos precisos, permanecía parada con su exquisita túnica de gala, súbitamente exhausta por el esfuerzo que le suponía tal ardid. La atmósfera era opresiva, y el parloteo hería sus oídos. Las personas que la rodeaban parecían no ser más que conchas vacías sin nada en su interior. Se había reconfortado diciéndose durante mucho tiempo que ella tenía algo dentro, pero las dudas la asaltaban. ¿Qué ocurriría si estaba equivocada? ¿Y si era sólo "la chica bonita"? Empezó a preocuparse por si esa fachada la consumiría, dejándola tan vacía e insípida como pretendía ser.

Horrorizada por la idea, huyó afuera al viento de la noche, y respiró profundamente para calmarse en esa noche fría de octubre. Sus manos aferraban con fuerza su túnica azul medianoche, y apretó los puños con fuerza hasta que se calmó un poco. Sólo aquellos que la conocían bien sabrían que estaba disgustada, pero, de todas formas, nadie la conocía.

No reparó en él hasta que se tranquilizó lo suficiente como para fijarse en los alrededores. El porche balaustrado terminaba en dos largas escaleras que bajaban hasta el jardín. Si el clima hubiese sido más cálido habría estado iluminado, y habría habido parejas paseando por los jardines buscando algo de privacidad, pero el frío del aire mantenía a los invitados a raya. A todos excepto a ella, parecía, y a otro más.

Mirando a los oscuros jardines, se quedó parado al lado de la barandilla dándole la espalda. Iba impecablemente vestido, como siempre, su pelo rubio recogido atrás con una cinta negra de terciopelo. Su túnica de gala parecía negra en la oscuridad de la noche, la luz plateada de la luna sin iluminar lo suficiente como para que ella pudiese asegurarlo. Se volvió, y su movimiento fue infundido por su natural, mortal elegancia. Estaba demasiado oscuro para ver sus ojos; parecían ser sombras negras en un perfil romano. Ella lo conocía. Habían ido juntos al colegio, aunque él era varios años mayor y la había ignorado descaradamente por ser de primer año, a pesar de estar en la misma Casa. Había pertenecido al equipo de Quidditch, recordó. Jugaba como Cazador. Todo su porte sugería irritación, como si ella hubiese destrozado su noche apareciendo en la terraza.

Narcisa nunca fue capaz de decir, ni siquiera años después, qué fuerza le impulsó a decirle:

-No necesita mirarme así, señor. Nadie me había avisado que esta terraza le pertenecía.

Él abrió sus ojos, y pudo ver en ellos la sorpresa revoloteando momentáneamente por su rostro, antes de que su boca se curvara con una sonrisa de satisfacción. La luz de la salón donde se celebraba la fiesta se filtró a través del cristal iluminando sus rasgos. Ella se sintió transfigurada unos segundos por sus ojos tormentosos y se sonrojó cuando se dio cuenta de lo que había dicho. Narcisa pocas veces bajaba la guardia, y menos ante hombres como aquél, para hacer algo tan impensable.

-No creo que nos conozcamos –dijo con voz fría y suave, arrastrando las palabras. Narcisa luchó por encontrar la compostura que podía convocar a voluntad, pero algo de ese hombre frío mirándola la ponía nerviosa, le hacía incapaz de calmarse y pedir perdón como debía.

-Cree mal, entonces –dijo, algo cortante. ¿Qué demonios estás haciendo? Su conciencia le gritó que parase porque sabía perfectamente que Lucius Malfoy no era el tipo de hombre con el que se podía ser maleducado y luego escapar a su ira. Tenía un temperamento legendario, y cualquier mancha a su nombre recibía el merecido castigo. Incluso a la joven edad de veintiséis, la manera de actuar de Malfoy estaba firmemente arraigada.

-Temo no poder estar de acuerdo, Madam. Recordaría haber sido presentado a una joven dama de tan exquisita... presencia –dijo con su voz elegante, profunda, y Narcisa agradeció la oscuridad, porque se sintió enrojecer intensamente.

Nadie me recuerda, pensó súbitamente, y tal vez fuese por ese inusitado pensamiento que abrió la boca sin pensar.

-Nos hemos conocido, señor Malfoy. Ambos fuimos a Hogwarts juntos y estuvimos en la misma Casa –dijo-. Eso sin mencionar que estoy segura que hemos estado en los mismos eventos precedentes a esta noche. Sin duda no lo recuerda.

Lucius Malfoy se quedó mirándola fijamente, y ella resistió la urgencia de ponerse la mano en la boca por el horror. Estaba siendo inexplicablemente grosera, pero parecía no poder evitarlo.

-Ya veo –susurró, sus palabras ligeramente siniestras en la oscuridad en la que se encontraban-. ¿Quizá si fuese tan amable, Madam, de iluminarme sobre vuestro nombre? ¿O la pregunta provocará algún tipo de ataque verbal?

Sonrió; no pudo contenerse.

-Soy Narcisa Black –respondió y esperó el inevitable "la hermana de Bellatrix", pero no se produjo.

-Bueno, señorita Black, siento si la he ofendido al no recordar su nombre –dijo, y el tono de su voz contradecía la disculpa de la que hablaba. Sabía tan bien como ella que ninguna ofensa era culpa de ella ni de él.

Narcisa suspiró y apartó la mirada, de pronto sin ganas de discutir con él y cansada de actuar y de juegos.

-Me disculpo por mi rudeza, señor Malfoy –añadió, mirando a los jardines-. Estoy molesta, por lo que se ve, y sin duda debería irme a casa.

Narcisa se volvió para irse, pero él extendió una mano enguantada y capturó su brazo. Puso suficiente presión para hacer que tomase aire, y la hizo girarse hacia él. Sus ojos relucieron a la luz de la luna, su rostro siniestro.

-¿Y cómo es que una encantadora señorita como usted está molesta en un baile? -le preguntó, y no soltó su brazo.

Ella abrió los ojos, desacostumbrada a ser tratada de esa manera. La mayoría de los hombres jóvenes que conocía nunca se atreverían a cogerle el brazo así y exigir respuestas. Malfoy tiene un orgullo demasiado henchido, se recordó a sí misma. Quiso decirle que le había mentido y decirle que era por el champagne, la temperatura, cualquier cosa... Cualquier otra cosa antes que lo que había salido de su boca.

-Estoy cansada de la cháchara insípida de esas chicas vanidosas y estúpidas –dijo, la vehemencia en su voz sorprendiéndola-. Estoy cansada de ser tratada como un encantador accesorio adecuado para nada más que para adornar el brazo de algún rico mago poderoso. Simplemente no puedo soportar una noche más de conversaciones sobre bodas y fiestas y ropa.

Envalentonada, alzó sus ojos azules hasta que se encontraron con su calculadora mirada gris y elevó la barbilla imperiosamente.

Él soltó su brazo pero la sonrió. La expresión no la animó, y no intentaba hacerlo. Lucius Malfoy no sonreía con genuina diversión en compañía de otros.

-Ah. Puede ver que eso puede ser muy estresante para usted, señora Black. Todas esas charlas de lujo y riqueza... Qué agotadoras.

Rió con amargura y se volvió, dándole la espalda.

-Señor Malfoy, ¿estaría contento si no entablase otra conversación que no fuese sobre ropa, fiestas o bodas?

-Claro que no, pero eso son asuntos de mujeres –respondió, y ella pudo escuchar algo bajo sus palabras: un desafío, quizá, para que le demostrase que estaba equivocado.

Narcisa lo encaró, su mano en el pomo de la puerta que llevaba a la sala de la fiesta, adentro en la seguridad y el aburrimiento del único mundo al que pertenecía y lejos del delgado, peligroso mago rubio que la miraba con ojos calculadores y sonrisa cruel.

-No todas las mujeres están contentas con eso –dijo suavemente, y se volvió. Regresó a la reluciente multitud de la sala, la máscara firmemente puesta en su sitio, para soportar el resto de la velada.

Intentó apartarlo de su mente, pero había algo en Lucius Malfoy que la desconcertaba. Era como si él hubiese mirado en sus ojos y hubiese visto algo más que ella deseaba compartir. Por supuesto, su equivocación era inexcusable, su comportamiento atroz según la sociedad. A pesar de todo eso, había algo en el aire entre los dos que sugería que él la estaba probando, para ver si su momentáneo lapsus había sido veraz.

Narcisa le vio más veces durante esa noche, con Rodolphus o algún otro amigo, y notó que permanecía callado mientras ella estaba con su Bellatrix y su extraña colección de amigas. Varias veces sintió los ojos de alguien sobre ella y se volvió para encontrarse con su mirada. Él, inmediatamente, apartaba la vista.

N/T. Uf, este me ha costado más que el anterior... de hecho bastante más xD Además los diálogos son así como muy formalitos jeje (acostumbrada a los Bella-Rody jojo), y a veces me resultan raros, pero aún así el xapi me ha gustado. Me gusta mucho cómo refleja las relaciones... o, mejor dicho, el ambiente entre las parejas. Se nota una tensión en el aire siempre, una especie de atracción importante. Con los Rody-Bella me pasaba lo mismo, y creo que eso es algo bastante difícil de conseguir con claridad. Adoremos a Sionnain xD y ya me quedan 18 xapis! XD Cada vez menos. Espero que también os guste, y que dejéis reviews. Bss!

Joanne