N/A. La frase del título es de King Lear, de Shakespeare ("The Prince of Darkness is a Gentleman"). ¡Muchas gracias por todos los reviews! Agradezco mucho que haya gente que lee la historia y la disfruta.

N/A. Horrible época de exámenes T-T pocas neuronas disponibles para pensar en algún capítulo original. Me limito a traducir, que es mucho más sencillo y sólo requiere mi waxi-diccionario xD Esta época la verdad es que no me está viniendo mal, porque estoy pegando un buen adelanto a este fic, jeje. Con eso de que los xapis no son muy largos tampoco, pues se me hace rápido y me entretiene : ) A ver si saco un ratillo para traducir todos los reviews que estáis mandando a Sionnain, que la última vez que lo hice le gustaron mucho, juju. ¡Y os dejo con este nuevo xapi! Por el título podemos suponer que sale sexe-Lucius muaja!

Joanne

HIELO

IV. EL PRÍNCIPE DE LA OSCURIDAD ES UN CABALLERO

Lucius Malfoy la vio al otro lado de la sala y se encontró mirándola fijamente.

A pesar de lo que la había dicho unas noches atrás en la fiesta de McNair, sabía perfectamente de quién se trataba. La hermana de Bellatrix, Narcisa, la pálida flor inglesa en el oscuro, exótico jardín de rosas que formaba la familia Black, la única hija cuyo nombre no provenía de un cuerpo celeste. No tenía los párpados pesados y la peligrosa sensualidad de Bellatrix, ni siquiera la cautivadora, chispeante belleza de su hermana exiliada. Era lejana y distante, fría y comedida. Sus ojos no brillaban ni con malicia ni alegría, pero sus profundidades azules eran infinitamente más atrayentes por la simple razón que no podía concebir que era lo que pasaba por su mente.

Lucius Malfoy era un mentiroso impenitente. Estaba seguro que añadiría otros igualmente desagradables epítetos a su nombre en los años venideros. Tenía confianza en sí mismo, en su vida o el camino que había elegido caminar. En su mundo, las personas no eran lo que parecían y, habitualmente, eran mucho peores. Él mismo no era ninguna excepción. Bellatrix Lestrange, tampoco. Estaba convencido de que su familia tenía que saber algo de su implicación con el Señor Oscuro, pero a menudo se divertía imaginándose las reacciones de la familia Black cuando averiguasen lo diestra que era en el uso de la maldición Cruciatus.

Narcisa Black había sido callada y modesta en el colegio. Él apenas se había relacionado con ella, pero recordaba su fría belleza y su gélido porte. Tenía una reputación de actitud distante que hacía pensar a los demás que se creía mejor que sus iguales. Bellatrix siempre había dicho que eso era porque Narcisa era callada, pero Lucius pensaba que era verdad que la muchachita se creía mejor que los demás. Nunca había pensado en ella demasiado. Bellatrix y Andrómeda eran de lejos mucho más divertidas como compañeras, y posiblemente nunca hubiera intercambiado más de cuatro palabras con la más joven de las Black.

No estaba seguro en un principio por qué había pretendido no reconocerla en lo de McNair. Quizá por la imperiosa inclinación de su barbilla, o la mirada de ojos entrecerrados que había clavado en él, como si fuese sólo un molesto elfo doméstico que había olvidado su lugar. Nunca la hubiera imaginado dirigiéndole esas palabras de odio, o a su voz temblándole con esa profunda rabia encubierta. Había pensado que esos sentimientos estaba por debajo de ella. Aparentemente, estaba equivocado.

Eso es lo que le había embelesado, esa rabia. Se había quedado estupefacto por la hostilidad que llameaba en sus ojos azul medianoche, pero aún estaba más cautivado incluso por su misteriosa habilidad de guardar esa hostilidad y sonreírle como si nada en el mundo pasara antes de desaparecer en el interior entre el bullicio. ¿Qué clase de fuego ardía bajo ese exterior de hielo? Nunca lo hubiese imaginado, pero algo de esa mirada en sus ojos aquella noche lo había hechizado. Era ciertamente encantadora, toda fría perfección rubia, pero era la promesa de lo que descansaba bajo la belleza lo que de verdad le encandilaba.

Lucius Malfoy no era un hombre que se viese seducido por muchas cosas. Había crecido mimado, hijo único y heredero de un rico linaje. Su padre había sido, como era de esperar, distante y duro. Su madre era el tipo de mujer que él había sospechado que Narcisa Black intentaba ser: sosa, estúpida, preocupada sólo por la moda y las cosas materiales. Le había provocado hastía hacía mucho tiempo ya. ¿Qué podría sorprender o cautivar a un hombre al que le habían dado todo lo que había querido? Era apuesto, rico, inteligente y ambicioso. Las mujeres lo adoraban, y los hombres intentaban conseguir su amistad. Lucius Malfoy tenía una vida muy predecible reservada para él: casarse con una bruja Sangre Limpia y engendrar al próximo heredero de los Malfoy, y, luego, el proceso se repetiría solo. Si se las arreglaba para incrementar la fortuna familiar, mucho mejor, pero su principal objetivo en la vida era alargar el linaje de los Malfoy proporcionando un heredero.

Lucius no había dudado nunca que la señorita Black había crecido en una situación similar: casarse bien, tener un heredero de algún mago respetable, y pasar el tiempo arreglando una casa refinada y haciendo de anfitriona en las fiestas. Era a lo que los de su clase aspiraban... La graciosa perfección de una casa bien llevada, y un fuerte, saludable hijo que continuase el linaje.

Lucius no tenía ningún problema en proporcionar un heredero que llevase su nombre. Después de todo, era un Malfoy y había sido educado para que tuviese el orgullo apropiado por pertenecer a esa noble familia. Era el resto lo que le sacaba de quicio: hacer nada, sin tomar riesgos. Beber whisky de fuego en sillas de cuero y debatir la política del Ministerio no eran opciones excitantes que contemplaba para su futuro. Había algo dentro de él que no le permitiría acomodarse a la responsabilidad, algo oscuro que le llevaba a encontrar los límites a los que podía aspirar. Jugaba al Quidditch con una temeridad que hacía que su Casa ganara los partidos o los perdiera. No había sensación de mediocridad en su vida. Asentarse era la muerte, y el pensamiento lo llenaba de una profunda, permanente ira. No era la manía que veía en Bellatrix Lestrange porque Lucius no se preocupaba por la causa de nadie y menos si podía morir por ello, y sabía cómo terminaría la carrera de Bellatrix.

Él era un hombre experto en la autopreservación desde la cuna, le habían enseñado que nada importaba más que su nombre. Estaba consumido, al mismo tiempo, por la oscuridad que gritaba en su cráneo que hiciera algo, luchar, rebelarse... y la resultante confusión hacía que fuese malhumorado, temperamental y vengativo. Había sido esa confusión la que le había conducido del baile de McNair la otra noche a mirar la oscuridad del cielo y desear ser parte de él.

Y luego había llegado ella al porche con sus puños apretados por la rabia, sus ojos azules centelleando y su boca temblando. Su ira había durado un momento, pero tenía la suficiente experiencia para saber que era tan solo un momento lo que duraba. Ella no era la adecuada bruja joven, igual que él no era el adecuado mago Sangre Limpia. Quizá por eso había dicho que no la conocía en ese instante, porque era cierto. No era la Narcisa Black que él recordaba. Con la luz de la luna brillando en sus ojos, la oscuridad abrazándola como un amante, dudó si alguna vez lo había sido.

Bellatrix había sido una vez su amante, hacía mucho tiempo, mucho antes de que se casara con Rodolphus. Había sabido entonces que ella estaba loca, que se quemaría a sí misma antes de cumplir los treinta. La oscuridad en ella se emparejaba con una crueldad que la superaría. Bellatrix Black Lestrange nunca había tenido dominio sobre sí misma, y eso le había disgustado. Aún lo hacía, aunque la toleraba a ella y a su marido, que era igual. Era la razón por la que Lucius se había desentendido de ella; no permitiría que su locura le ahogase como haría con ella. Dejó ese infeliz destino a Rodolphus, lo suficientemente ansioso a su manera para ahogarse con ella. Locos, pensó, cuando podrían ser mucho más si supieran controlarse.

Su alma reconoció a Narcisa, aunque sonase muy manido. Su alma la conoció porque eran parecidos, él y la señorita Black. Ellos no se ahogarían en la oscuridad que vivía dentro de ellos. No, él y la señorita Black estaba cortados de la misma tela; ahogarían a otros muchos antes de que ellos se hundieran bajo las olas. Lucius se encontró obsesionado con el deseo de ser él quien liberase ese mortífero potencial. El pensamiento hizo que una sonrisa cruzase salvajemente su apuesto rostro y sus ojos grises brillasen. Fue con paso airado a donde ella estaba con su hermana llevando una plácida sonrisa en su cara. Iba vestida con una túnica de un azul hielo que resaltaba su delicada apariencia pero que no daba pistas de lo que se escondía debajo. Eso era lo que iba a encontrar; lo que dejaría al descubierto. Desnudaría a Narcisa de su brillante máscara hasta que temblase a sus pies, resplandeciente en la gloria oscura que él esperaba.

Lucius Malfoy siempre, siempre obtenía lo que quería, y quería a Narcisa Black con toda la oscura furia que ardía en él.

OoOoOoO

Lo vio acercarse atravesando la sala, y su corazón bombeó salvaje, lo que fue un fastidio. A Narcisa no le gustaba verse superaba por la emoción en público o en cualquier otra situación. También estaba cautivada, aunque a regañadientes, por la mirada en su rostro a medida que se acercaba a ella... Determinado y arrogante. Su sonrisa de satisfacción tiró de algo dentro de ella, y la sensación no fue del todo desagradable.

-Señorita Black –dijo alargando las palabras con su voz fría. Capturó su mano y la besó. Ella estaba acostumbrada a ese gesto, pero de alguna manera él consiguió que pareciese que se estaba burlando.

-Señor Malfoy –dijo recatadamente, inclinando su cabeza levemente en su dirección. Trató de detener la sonrisa que bailaba en sus labios cuando él arqueó una ceja por su tono sumiso, pero no tuvo éxito.

-Encantado de verla de nuevo –dijo, y sus palabras sonaron planas y poco sinceras. Eso no era inusual viniendo de él; lo que era inusual fue que esa insinceridad la molestase.

-Igualmente –susurró, y la leve sonrisa de él se ensanchó. Le hacía parecer más joven y no tan amenazador. Ella prefería lo contrario. Le gustaba amenazador; tenía ya demasiados pretendientes jóvenes e inocentes. Pensó en Augustus Rookwood y controló un estremecimiento.

-Esperaba que me pudiese honrar con un baile, señorita Black –continuó, aunque apretó su mano de modo que una negativa era imposible.

La ligera presión hizo que el aire se le quedase en la garganta, y su pulso aumentase con su roce. Recordó cuando él le cogió del brazo la otra noche en la terraza y dudó por qué el brusco trato provocaba en ella tal excitación.

-Estaré encantada de acompañarle, señor Malfoy –contestó, su voz ligeramente jadeante. Él le hizo sujetarle del brazo y la llevó hasta la zona de baile.

-¿Siempre arrastra a sus parejas, incluso las que van voluntariamente, de esta manera, señor Malfoy? –preguntó con dulzura, parpadeando sus inocentes ojos azules.

Él sonrió, pero esta vez no parecía inocente.

-Sólo cuando les gusta –replicó en voz oscura y grave, y ella sintió cómo una descarga recorría su columna.

-Ah, cuánta confianza tiene, señor Malfoy –dijo, bajando la voz. Narcisa fingió una voz afectada varias veces por debajo de su tono de voz normal en público; tenía un tono similar al de Bellatrix cuando no fingía.

-La tengo de hecho, señorita Black –dijo sin alterarse, sus ojos grises fijados en ella de manera indecorosa-, y debo decir que lo encuentra atractivo.

Se movió expertamente al dar una vuelta, y ella se rió, incapaz de controlarse.

-Presume saber demasiado sobre mí, señor Malfoy, para alguien que sólo me conoce desde hace un par de noches –dijo. Los dedos de él se tensaron alrededor de la cintura, y su mano se cerró más sobre la de ella. Aguantó la respiración por el contacto, y su cuerpo tembló levemente. Nunca antes había reaccionado de esa manera al bailar con otro hombre, pero Malfoy no estaba en la misma liga que sus otros compañeros de baile.

-Ah, pero olvida que estuvimos juntos en el colegio, señorita Black. En la misma casa, que no es poco –añadió en un tono oscuro, y ella alzó una ceja de una manera imperiosa.

-Creí que había dicho que no me recordaba, señor Malfoy, de los días en que estuvimos juntos en el colegio. Había pensado que quizá no le había impresionado demasiado, y usted me dejo pensar que así había sido –dijo. Él volvió a girar, ella sabiendo que estaba mirando fijamente sus ojos grises, dudando cuál había sido el sentimiento que había brillado en ellos y qué había significado. Su mente volaba, sintiéndose más ocupada de lo que lo había estado desde que dejó el colegio. Ciertamente el arrogante de Malfoy no apreciaría verse relacionado con el trabajo del colegio, se guardó el pensamiento para ella misma.

-Mentí –dijo arrastrando las palabras, sonriendo sin el menor remordimiento.

Se quedó sin habla durante un momento, ignorando cómo se veía en sus brazos. Sus ojos azules se entrecerraron pensativos, y él pudo ver su mente trabajando para interpretar su declaración y pensar cuidadosamente cómo responder en ese pequeño juego de palabras en el que se habían metido. Él estaba encandilado por su despiadada inteligencia y su habilidad para jugar al juego y parecer tan cómoda al mismo tiempo, aunque él podía sentir los leves temblores que recorrían su cuerpo al sostenerla. Se tensó y la acercó más a él. No estaba seguro si estaban provocados por el miedo o la excitación sexual, pero, de todas maneras, lo excitaban.

-Confieso, señor Malfoy –empezó con un elegante movimiento de cabeza- que me ha dejado algo desconcertada. No estoy acostumbrada a que admitan tan descaradamente que mienten en mi presencia –dijo, un deje burlón colándose en su voz dulce. Se encontró prefiriendo mucho más el leve susurro de su voz natural que el afectado tono de sociedad.

-Tienes una triste falta de experiencia con hombres de mi carácter, entonces –dijo, y miró encantado cómo se ceño se fruncía.

-No he dicho que no esté familiarizada con la mentira –replicó-. Solamente que no suelo confesar libremente que me es conocida -añadió cuando la música terminó, y se separaron. Ella le sonrió, perfecta y adecuada, con apenas la huella de un virginal sonrojo en sus mejillas-. Después de todo, soy una Slytherin. La misma casa, no que no es poco –se burló de él, inclinándose levemente-. Gracias por el baile, señor Malfoy. Me temo que he prometido el próximo a Rodolphus.

La miró, todo el apropiado comportamiento en sociedad desapareciendo de su mirada. Clavó sus ojos en ella con una mirada depredadora que exaltándole hasta el corazón, una hambrienta expresión en su rostro completamente inadecuada para un baile. Antes de que ella supiese qué ocurría, él la arrastró hasta una hueco pegado a la escalera, pegando su cuerpo al caliente de ella.

Ella exclamó por la sorpresa y luego frunció el ceño molesta.

-Señor Malfoy –empezó, pero él se inclinó sobre ella y dijo en un gruñido aterciopelado:

-Creo que me prometerá mucho más a mí, ¿no cree, señorita Black?

Lo miró a los ojos, su respiración escapando en un suspiro. Se pasó la lengua por el labio inferior, completamente ignorante de la reacción que causaría. El siseó y se pegó más a ella. El cuerpo que la aprisionaba era delgado y atlético; era peligroso en más de una manera.

-Eso depende, señor Malfoy, de lo que tenga que ofrecerme –dijo con suavidad.

Él se inclinó para susurrarle al oído:

-Dejaré eso a su imaginación.

Su tono de voz fue tan bajo que ella apenas pudo escucharlo a pesar de lo cerca que estaban. Él no la besó pero capturó su lóbulo entre sus dientes y lo mordió ligeramente.

El gemido que salió de entre sus labios no fue de dolor, y él lo sabía. Ella le maldijo por ello mientras él se volvía y la dejaba ahí, mirándolo, con una expresión que se movía entre la confusión y el deseo.

N/T. FUCKING GOD! Dios, sin duda por el momento este es mi capitulo favorito. Voy a dormir 3 horas pero es que no podía dejar esa conversación final a medias! Tenía que saber qué iba a pasar! XDDD Pero que seeeeeeeeeeeeeeeeeeeexy. Creo que al que mejor maneja de todos es a Lucius, sin duda. Tiene un toque de Lestat irresistible. Ñaca xD Cuando le coge el lóbulo pensé que me iba a dar algo jaja, vaya escena! XD Ahora me ha dejado con las ganas de ver cómo sigue U.U Subiré el próximo rápido, porque ahora que lo leo a la vez que todos vosotros, comparto vuestra tensión por saber lo que va a pasar xDDD Venga, dejad reviews plz! Creo que este xapi se lo merece. Sionnain se ha lucido.

Joanne