Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 1

Incluso hasta este día, algunas veces lloro*

Recorrió el camino desde su cuello hasta su ombligo sólo con su cabello, respirando profundamente el olor dulce que se desprendía de la piel blanquecina. Su respiración se agitaba, aumentaba el ritmo poco a poco, a medida que sus manos abandonaban la clavícula de su acompañante. Su ropa seguía entre ellas, era la puerta de entrada, la suave invitación a terminar de una buena vez con los juegos e iniciar lo realmente importante. La morena sonrió. No, aún no. No era el momento de arrancarle la tela, quería jugar un poco más. Se recostó sobre la castaña, abriendo ligeramente sus muslos con una de sus rodillas. Shizuru entre abrió los ojos que mantenía cerrados, un destello escarlata le sonrió desde el suelo y unas manos se enredaron sobre su cuello, haciéndola descender y tocar finalmente la piel que sólo había excitado a través de la respiración. Subió, buscando su cuello con los labios. Era muy fino, su piel era suave y sensible en esa zona, lo sintió inmediatamente por el pequeño respingo que acalló sujetándola más fuerte, aprisionando su rodilla entre sus muslos. Volvió a abrirle las piernas, intentando relajarla. Estaba nerviosa, supuso (sin entender el cómo) que hacía un buen tiempo que la mujer no había mantenido relaciones sexuales. Volvió al ataque, lentamente, tomándose el tiempo necesario para entregarla al placer. Mordió su lóbulo mientras guiaba la mano derecha con su mano izquierda hacia sus pantalones. La hizo desabrochárselos, luego los suyos, una simple amenaza de lo que vendría, Shizuru se le adelantó, desabotonando su camisa mal tratada con rapidez. Dejó que la abriera, pero no le permitió quitársela, en primer lugar tenía que hacer que se calmara. La rapidez quema el placer sin dejar disfrutarlo por completo. Buscó ahora sus labios, pero la castaña no le permitió besarla. La miró algo sorprendida. Su negativa estaba escrita a fuego en sus ojos. Natsuki bajó la cabeza y volvió a por su cuello, mientras masajeaba con una mano uno de sus pechos y con la otra la cara interna de su muslo. Le había tocado antes, mujeres que preferían no besarse en ningún momento. Le incomodaba, sí, pero respetaba su opinión.

-Después de todo, sólo es de paso- Se susurró, lo suficientemente bajo como para que Shizuru, nuevamente con los ojos cerrados, no la escuchara. Le sacó su propia camisa, esta vez sin desabrochársela, por encima de la cabeza. Quería despegarla del suelo, sentirla aún más cerca. La obligó a mirarla de frente. Natsuki sonrió de medio lado, curveando una ceja para luego dejar la camisa a medio camino, sujetando sobre su cabeza los brazos de la castaña.

-¿Qu-?- Shizuru no alcanzó a terminar de formular su pregunta, la morena cruzó sus manos atrapadas tras su cuello y luego, tomándola bajo desde los glúteos, levantó su cuerpo para quedar bajo ella. Desde esa posición besó una esquina de su boca, sonriendo tras el beso como una niña pequeña que hace una maldad. La castaña estaba abriendo la boca para reclamar cuando tuvo que esconder el rostro contra el cabello azul, ahogando un gemido involuntario que escapaba por su garganta. Natsuki había colocado una de sus manos hábilmente bajo su entrepierna, presionando ligeramente, usando la fuerza de gravedad a su favor. Antes de que el gemido muriera en su garganta y pudiera protestar ante su indefensa situación, Shizuru escondió nuevamente su rostro, esta vez en el cuello de la morena. Kruger deslizaba con suavidad su lengua por sobre el sostén de la mujer. -¡N… no!- Le murmuró en la oreja, exhalando una bocanada de aire caliente que sólo logró subirle aún más la temperatura. Pequeñas gotas de sudor corrían desde su espalda y su frente, hacia sus labios y su seno. La mujer castaña respiraba entrecortadamente, también con su piel cubierta de pequeñas perlas de sudor. Natsuki apretó un poco más su toque contra su entrepierna húmeda, mientras su otra mano deslizaba el sostén de la mujer hacia un lado. Quería esa piel desnuda sólo para ella. Y lo sería, por esa noche al menos, lo sería. Mordisqueó levemente su pezón erecto. La mujer sobre ella se removió inquieta, buscando que su mano llegara más profundo dentro de ella. Natsuki resopló, sentía su bajo vientre como un río ardiente, un tizón encendido entre las piernas. Liberó una de las manos de la castaña fuera de la manga, guiándola a través de su cuerpo hacia la abertura de sus jeans. Shizuru la miró divertida por un segundo antes de deslizar su mano por su piel, saltándose cualquier tipo de ropa, hacia su sexo. Natsuki alcanzó su mano, guiándola más dentro de ella, invitándola a entrar. Cerró los ojos fuertemente en cuanto uno de los dedos presionó, enviándole olas de placer que la hicieron ver luces por un momento. Hacía mucho tiempo que no estaba con una mujer así, quería más, mucho más. Abrió nuevamente los ojos y levantó la vista, pero su extrañeza reemplazó por un momento al placer cuando vio los orbes escarlatas resplandecer, aclarándose, tomando el color de la luz del sol en las mañanas.

-Joder, no…- Alcanzó a maldecir, antes de que el cuerpo caliente de la mujer entre sus brazos se le escurriera como arena, antes de caer mientras el piso se deshacía, antes de abrir los ojos y encontrarse sola en su futón de la pieza rentada. -¡A la mierda!- Reclamó al vacío. Estaba totalmente sudada, con la entrepierna mojada y la respiración agitada. Pateó un par de veces el vacío en protesta, la colcha se elevó unos momentos en el aire, antes de caer suavemente sobre ella y taparle el rostro. -¿Por queeeeé?- Gimoteó. Hacía tiempo que sus sueños no le jugaban una de esas pasadas sucias. Era cierto que hacía un par de meses que no tenía acción, pero no era para que su propia mente la traicionara así. Se mantuvo inmóvil y en silencio. Esperaba oír sobre ella el repiquetear de la lluvia, pero era una mañana aún clara de otoño, un otoño que parecía no querer terminar, alargándose sobre sus días interminables. Parecía un tren que recorre sin cesar las mismas vías, ida y vuelta, con el cinturón de vapor tras ella, abrazando los campos infértiles ya en la época, sin una estación. Había decidido quedarse en esa pequeña ciudad, por fin, luego de huir de las señales de invierno durante un buen tiempo. Bajó la tapa que le cubría la cara, ya más tranquila. Su cuerpo volvía a la normalidad, a un equilibrio precario. Inició la enumeración estándar que seguía cada vez que llegaba a un nuevo lugar. Necesitaba trabajo y conocer la ciudad, era lo primero, lo segundo era,

Una mujer de ojos escarlatas

Encontrar un hogar más permanente, había alquilado la primera pieza barata que encontró, pero esperaba toparse con algo mejor, si recorría el lugar seguramente

La vería de nuevo

Vería distintas ofertas y podría decidirse. El tiempo aún era bueno, tomaría un desayuno y luego recorrería el pueblo en moto.

Y encontrarás su olor en tu casco…

-¡BASTA!- Se gritó bruscamente, golpeando el piso con los puños y removiendo la pequeña lámpara colgante sobre ella, unas motas de polvo cayeron sobre sus ojos. –Te estás haciendo una ninfómana, Natsuki…- Se recriminó. Guardó silencio, esperando atenta, pero la voz en su cabeza no volvió a pronunciarse. Suspiró y se levantó, estaba hambrienta, atacaría cualquier cosa que tuviera un poco de mayonesa untada encima. Cualquier cosa. –Con tal de sacarme su cuerpo de la cabeza- Rezongó, rodando sus ojos verdes, algo exasperada consigo misma.


Registró la esquina sin esperanzas. Cruzada por dos farmacias que se contraponían y una panadería, no le dijo nada. Los letreros verdes y rojos que adornaban las tiendas callaron obstinadamente ante su interrogativa. Sabía que volver al lugar en el que la había dejado no le daría pistas. Después de todo Shizuru Viola, la dama escarlata, se había negado que la llevara a casa con el pretexto de no molestarla, con el motivo de no darle a conocer su dirección. Chasqueó la lengua, molesta. Había recorrido parte de la ciudad e, inevitablemente, el rugido de su motor la había llevado hasta ahí. Era casi como un punto magnético, un lugar que guiaba hacia el siguiente polo, la castaña. Natsuki aceleró su máquina en cuanto el verde tocó en la esquina. No quería quedarse más tiempo ahí, la hacía sentir estúpida. Giró en la siguiente encrucijda y siguió su recorrido. Estaba enojada, enojada por su capricho. No podía sacársela de la cabeza y eso la sacaba de sus casillas. Normalmente podía controlarse muy bien, en todos los aspectos de su vida, uno de los rasgos ocultos que fundaban su personalidad era su capacidad de autocontrol. Poseía una voluntad férrea que manejaba según sus deseos. No se notaba, pero era una persona muy auto controlada. Era la única forma en que la mujer se sentía cómoda en su medio. Aceleró a fondo, alcanzando a cruzar antes de que la luz cambiara a rojo. Sin embargo esto estaba descarriándose de su control, se le había escapado, en medio de la niebla su silueta se había hecho difusa hasta perderse por completo. Compartieron una cerveza y un cigarro, pero en la media hora que la tuvo para sí la morena no logró más que evasivas a sus preguntas. No sabía ni su ocupación, su dirección, sus gustos, ni siquiera logró saber si tenía una jodida mascota. Shizuru se había despedido con esa sonrisa extraña que no tocaba el frío rojizo acero de sus ojos, una sonrisa falsa, "Aunque le arranqué unas cuantas de verdad" se felicitó mentalmente. 'Ve de nuevo al bar un día de estos, quizás me vuelvas a encontrar', eso fue todo el interés que puso por ella en juego.

Estacionó frente a un café, el desayuno de la hostal** había sido patético, mataría en esos momentos por un poco de mayonesa y, con la mitad ya recorrida de la ciudad, se permitió darse un descanso para comer como es debido y revisar algún periódico local en busca de un poco de trabajo con que entretenerse y ganar un poco de dinero. Dejó despreocupadamente la moto, la máquina tenía un excelente sistema de trabado de ruedas y manubrio, por lo que podía confiarle totalmente su seguridad al destino. Sólo se llevó el casco, que no había usado. En cuánto abrió la puerta batiente del local y escuchó la pequeña campanada un flashback la devolvió vertiginosamente hacia el pasado, hacia años atrás. De pronto se extrañó de no sentir el peso de una niña en su espalda o de ver a una sonriente pelirroja tras la barra, con su pedido listo incluso antes de que alcanzara a sentarse. Bajó la vista y se retiró a una mesa más bien alejada, contando cada baldosa que pasaba bajo sus pies. Si llegaba a contar las suficientes

8

Natsuki…

Sólo si podía forzarse a eso, quizás, por un momento, las olvidaría

15

No quiero… no otra vez… ¿vienes?

Su peso cayó muerto sobre el asiento pegado a la pared. Levantó una mano, pediría el menú, no le interesaba que era, si le traían un frasco de mayonesa podría digerir lo que fuera. La falda algo corta y unas piernas blancas aparecieron en su rango de vista, subió la mirada, ya sin dejarse engañar por los recuerdos, ni por los no tan recuerdos, para que la camarera tomara rápidamente su orden. De paso pidió el diario, luego se dejo sumergir en el sillón. Odiaba los flashbacks, cuando salió de viaje se prometió no mirar hacia atrás, sería la única manera de seguir hacia delante, pero en esos momentos, cuando el mundo a su alrededor parecía retrasarse, como una vuelta de tuerca extraña, y se configuraba según lo pasado años atrás, no podía evitar mirar sus recuerdos.

-No seas llorona, focalízate, hacia delante, se justa, se certera, no tengas miedo… tiende las redes antes que las ajenas te atrapen…- Se rezó en silencio, su madre se lo decía siempre. Ni siquiera creía comprenderlo, lo sentía más bien como un mantra, pero repetírselo en silencio le recordaba la presencia cálida y segura de su progenitora a su lado. Bajar la vista, apretar los puños y susurrar por unos instantes nuevamente el canto gastado la traía de vuelta. Natsuki lo apreciaba, acallaba las voces, las recluía a su prisión confinada en la ignorancia.

-Café, jugo de naranja natural, huevos revueltos con jamón, tostadas, agua caliente y su mayonesa- Enumeró diligente la mesera, dejando el pedido ante ella. No era exuberante, pero por lo menos serviría para acallar su hambre bestial. La camarera observó algo sorprendida como untaba una tostada con el huevo y una capa de mayonesa, preguntándose cuál era el secreto de esa mujer para comer así y mantener una buena figura. 'Ejercicio' le respondieron los ojos verdes en silencio, mientras reclamaban el diario que sostenían las manos de la joven, algo arrugado por la creciente fuerza con que lo apretaba. Dejó las hojas mal dobladas en la mesa y se retiro con una excusa farfullada y una inclinación de cabeza. La morena siguió sus pasos por sobre la taza de café recién preparada. Disfrutó unos momentos del sabor amargo, sin azúcar ni algún aderezo. Así estaba bien,

¿Realmente estás bien?

Lo suficientemente bien como para seguir. Desplegó las hojas, saltándose las noticias locales, directo a los anuncios. Repasó distraídamente la sección. Nada muy interesante o dentro de su área, sólo trabajos de oficinista o necesidad de ayudantes en departamentos médicos. Un aviso le llamó la atención, revisó el nombre del local que lo solicitaba y su dirección. Podía ser un golpe de suerte o simplemente una jugarreta sucia, podía no conducir a nada como darle una llave para avanzar un poco más en lo que sería su entretención del invierno. Sacó un lápiz del bolsillo y marcó en un círculo el anuncio, luego terminó de leer los anuncios restantes. Un par le venían bien, por lo que los encerró en su propio círculo. Terminó ávidamente su comida y dejó la paga sobre la mesa. Quería empezar luego esa loca carrera, una que no tenía sentido de dirección ni tampoco meta. Su moto seguía ahí, fiel como siempre. El peso del casco bamboleándose en su brazo la hizo detenerse un par de segundos, luego, con un chasquido de molestia lo sujetó con una correa a la parte posterior del vehículo. Tampoco lo utilizaría en ese viaje, no hasta que, por lo menos, se perdiera parte de ese intoxicante olor.

NdA. No tengo idea, honestamente, de dónde nació esta historia, ni tampoco tengo una gran seguridad hacia dónde va. Sólo sé que seguramente seguiré un ritmo más bien rápido de actualizaciones, si mis obligaciones no me confinan a vivir encerrada resolviendo trabajos y textos... en fin. El lemon de la primera parte... ni idea, es la primera vez que escribo algo así (por cierto, ya está cambiado el rating de la historia, para evitar complicaciones). La historia me está controlando, y la dejo fluir libremente. Si han llegado hasta aquí, créanme que se los agradezco profundamente. Hasta la siguiente entrega, Saludos.

*Frase de la canción "My baby shot me down", inspiradora de toda esta historia (claro, traducida y algo tocada por mí...)... creo que todos los capítulos tendrán de título alguna de sus frases.

**No sé si ese será el nombre que reciben en todos lados o es sólo un uso coloquial de mi país. Busqué por la RAE pero reconoce Hostería y no Hostal... lo dejé de todos modos ^^