aDisclaimer: la frase del título ("It's lonely here, there's no one left to torture") es de Leonard Cohen, en The Future.

N/A. Estoy, como siempre, en deuda hacia mi increíble beta, Stevie la Reina de la Gramática. Gracias también a Kirixchi y a Aulizia por el nombre del "Glass Slipper" (NdT. Lo que yo he traducido como Zapato de cristal). Finalmente, no puedo expresar cuánto adoro los reviews que me mandáis, estoy encantada de que estéis disfrutando con la historia. ¡Muchas gracias!

N/T. Yeahhh! Bueno, veo que este fic empieza a leerlo más gente jeje, o que al menos ya tiene una serie de fieles lectores xD está way, así que me alegro. De nuevo volvemos con la acción. Como dije, este tiene maaaaaaas chicha. Una parte de muxo morbo muaja! Ya veréis, ya veréis. Y como siga traduciendo tan rápido voy a terminarlo este verano xD Ya me he hecho el planning de todo lo que quiero hacer este verano, y aunque seguramente no lo cumpla, lo que cuenta es la intención (y la intención es terminar este, BM II, llegar hasta el 20 de SDY y empezar el Bella/Voldy; y además empezar novelas y relatos originales y blabla). Mucho curro como véis XDD a ver en qué queda al final del verano este plan.

Joanne

HIELO

VI. ESTO ESTÁ SOLITARIO, NO QUEDA NADIE A QUIEN TORTURAR

El Callejón Diagon estaba lleno de brujas y magos apresurándose en la fresca noche de octubre mientras Narcisa y Lucius seguían su camino por las calles serpenteantes. Narcisa, arropada por su abrigo forrado de piel y levemente relajada por el excelente vino tinto que habían tomado en la cena, se asía con suavidad del brazo de Lucius. La había llevado al Zapato de cristal, uno de los más caros restaurantes de toda la Inglaterra mágica.

En la cena él la había sonreído desde el otro lado de la mesa, pero su sonrisa no alcanzó sus ojos. Ella pensó en comentarlo pero al final se guardó la información para sí misma. Jugaban a un juego interesante, y no pensaba llamar su atención y ponerle fin tan rápido. Las expertas atenciones de él no incitaban a una reacción, tan acostumbrada como estaba a las infinitas galanterías de sociedad que Lucius realizaba sin esfuerzo. Narcisa no iba a dejarse ganar con tanta facilidad, si es que, efectivamente, su intención era "ganarla".

-¿Habías estado aquí antes? –le había preguntado en esa voz suave mientras bebía distraídamente el vino.

-Sí –respondió Narcisa, sentada muy recta y apropiadamente en la silla. Había espiado la mesa de un grupo de brujas y magos al otro lado de la sala donde las mujeres se repantingaban en las sillas y había fruncido el ceño por su comportamiento tan inapropiado. La verdad, ¿cómo esperaban que las tomasen seriamente si holgazaneaban como si estuvieran tiradas sobre los sillones de la Sala Común?-. Mi padre nos trajo aquí cuando Bellatrix anunció su compromiso.

Recordaba esa noche, por supuesto. Sus padres no estaban precisamente encantados por el compromiso de Bellatrix pero tuvieron que poner buena cara y actuar como si estuvieran maravillados por la idea de Bella casándose con Rodolphus Lestrange. La incursión para cenar al Zapato de cristal fue más una exposición calculadamente social que una muestra de la felicidad de sus padres por el próximo matrimonio de su hija.

-Ah, por supuesto. Sin duda estaban encantados –había susurrado, mirándola con sus ojos centelleantes.

-Claro –había dicho ella, cogiendo su copa de vino y abriendo los ojos-. ¿Por qué no habrían de estarlo? Rodolphus viene de una excelente familia. –Había visto un parpadeo molesto en sus ojos y sospechó que había sido por haber aceptado tan fácilmente la llamada Sangre Limpia joven cuando él provenía de la de los caballeros. No era el único que pensaba eso, y era mejor no olvidarlo.

-¿Incluso aunque Lestrange padre haya gastado la fortuna familiar en el juego y en putas? –preguntó sin cambiar de expresión, su voz sin variar de tono ni un ápice. Narcisa había tratado de no atragantarse con el vino que acababa de beber. Sus ojos fueron a clavarse en los de él, y antes de que pudiera controlarse replicó:

-Eso no es algo muy apropiado para decir a una señorita, ¿no es cierto, señor Malfoy?

Él sonrió con satisfacción y elevó su copa en un saludo burlón.

-Ah, pero ya sabe que no yo difícilmente soy un hombre apropiado, ¿o lo soy, señorita Black?

Se habían quedado mirándose a través de la mesa, el ambiente tenso entre ambos. Ella había contemplado su máscara desaparecer un momento y vio la ávida, hambrienta mirada en su rostro. No estaba segura si esa mirada era para ella o se debía a otra cosa completamente diferente. Narcisa estaba convencida de que Malfoy estaba aburrido con la seria, apropiada bruja de sociedad que estaba siendo.

Pensó en eso mientras recorrían el callejón, silenciosos. Extrañamente, no era incómodo. Quizá es que soy tan rebelde como Bellatrix y Andrómeda a mi manera, pensó, contemplando el aristocrático perfil de Malfoy. Era bien parecido y se cuidaba, y su linaje era impecable. Desde fuera nadie hubiera dicho que ella se estaba rebelando; de hecho, estaba segura de que todo el mundo la veía como la única hermana Black que no había destrozado su vida con un hombre inapropiado. Claro que, cualquier con sentido común sabría que el peligroso mago rubio era difícilmente respetable compañía para una mujer como ella, por muy privilegiado que él fuese. Sus padres no ponían ni de lejos objeciones a que la cortejase, aunque Narcisa había tenido sumo cuidado en evadir sus preguntas sobre la naturaleza de su relación. Eso sin mencionar que ni siquiera ella la conocía.

-¿Has estado alguna vez en el Callejón Knocturn? –preguntó con su voz suave arrastrando las palabras cuando pasaron Gringotts. Narcisa no estaba muy apegada a Malfoy cuando usaba su condescendiente y aristocrático tono de voz, pero sus palabras hicieron nacer el interés en ella.

-Claro que no –contestó con voz dulce-. Es el tipo de sitio que difícilmente me preocupo por frecuentar.

La miró, sonriendo mientras caminaba.

-¿Cómo lo sabes si nunca has estado? –dijo alargando las palabras y la dirigió hacia la entrada del Callejón Knockturn. A medida que entraban, Narcisa sintió una llamarada de excitación, aunque la ocultó tras una máscara de aburrimiento mientras él la estudiaba esperando su reacción.

-Qué adolescente rebelde tan encantador –dijo ella aspirando por la nariz, y él realmente se rió de ella.

-Desde luego –fue todo lo que dijo, pero ella miraba alrededor con curiosidad a medida que se adentraban en el callejón.

Ciertamente no estaba tan animada con la calle que acababan de dejar atrás. Ahí parecía haber un aura siniestra que flotaba por el lugar, una penumbra que nada tenía que ver con la oscuridad de la noche. Narcisa dejó morir esa peligrosa excitación de antes y trató de no mirar boquiabierta los alrededores. No podía dejar que Malfoy supiera lo mucho que él la había impresionado al traerla a ese callejón de dudosa reputación.

Caminaron despacio por el callejón, y el corazón de Narcisa latía más rápido a medida que se adentraban más en la calle, el bullicio y las luces del Callejón Diagon cada vez más lejanas. Pasaron Borgin & Burkes, y Narcisa miró a través de los mugrientos escaparates y se fijó en la figura de un hombre de pie tras el mostrador. Estaba iluminado por la luz de una sola lámpara.

-¿Está este sitio abierto? –preguntó, sorprendida. Fácilmente eran pasadas las diez, y pocos comercios permanecían abiertos a esas horas.

-Borgin nunca cierra realmente –dijo Malfoy sarcásticamente, y continuaron andando-. Si precisas sus... productos... el señor Borgin estará encantado de vendértelos sin importar la hora que sea.

-Prefiero no preguntar como sabe usted eso, señor Malfoy –le tomó el pelo Narcisa y le sonrió. Él se detuvo por un momento, y la tenue luz de las luces del callejón proyectaban una sombra extraña en su rostro. Le recordó a la noche en que se habían conocido en la terraza de McNair, su cara entre sombras exactamente igual que en ese momento. Le encantó cuando él la miró con aquella fría expresión, y dudó pensativa a qué podía deberse eso.

-No le molestaré dándole una respuesta entonces, señorita Black –dijo, su voz baja y ligeramente ruda. Ella se quedó mirándolo, y cuando su pulso empezó a acelerarse esta vez, supo que no era por el lugar donde se encontraban.

Inclinó su cabeza hacia ella, y, acercándose a él, se quedó sin respiración. Estaba lo suficientemente cerca como para poder ver su sonrisa de satisfacción. Maldito sea este arrogante bastardo, pensó Narcisa, horrorizaba de no sonar muy convencida en su cabeza.

De repente, un mano se enganchó a su brazo, y gritó al ser arrastrada a un callejón más pequeño.

-Venga, cariño, dame tus preciosas joyas, y podrás volver con tu caballeroso amigo –una voz masculló en su oreja, y Narcisa intentó alcanzar su varita-. No deberías hacer eso, tú...

Antes de que pudiera hechizarlo con una de las maldiciones que Bellatrix le había enseñado, él la abofeteó con el dorso de la mano.

Narcisa nunca había sido golpeada en toda su vida. Andrómeda nunca habría hecho una cosa así a su adorada hermana pequeña, y la violencia física era algo que Bellatrix sólo utilizaba después de haber gastado el resto de sus opciones mágicas. Narcisa sintió que la pegaban contra la pared, el dolor de su mandíbula punzante.

-No estoy jugando, puta –siseó, dando un amenazante paso hacia ella. Narcisa hurgó en sus bolsillos buscando la varita, pero entonces escuchó "Imperio" y se volvió para ver a Malfoy de pie a la entrada de ese callejón lateral.

Parecía furioso. Sus ojos estaban entrecerrados mientras apuntaba con su varita al asaltante, avanzando amenazante como un animal hacia el hombre que permanecía inmóvil ante ella.

-¿Te ha pegado?

Narcisa se quedó callada un momento antes de contestar. La voz de él sonaba tan mortal que estaba casi asustada por ello.

-S...sí –contestó, obligándose a permanecer en pie. No se encogería de miedo ante nadie, ni con la pobre excusa de estar antes ese hombre o ante un Malfoy furioso.

-Una pena por él, entonces –dijo, para sorpresa de Narcisa. Lucius avanzó y dio una patada al hombre en la rodilla-. Tal vez sea mejor que estés en el suelo como la basura que eres –siseó Lucius. Aún bajo la maldición Imperius, obedeció inmediatamente, gruñendo suavemente y agarrándose el estómago. Lucius movió la varita y dijo con suavidad-: Crucio.

El hombre gritó de dolor. Narcisa retrocedió pegando su espalda a la pared, sin poder apartar los ojos. El pensamiento de que era innatamente experto en esa maldición cruzó su mente.

-¿Debo matarlo para ti, Narcisa? –le preguntó desapasionadamente. Es la primera vez que me ha llamado por mi nombre. Él mantuvo la varita apuntando al hombre que yacía en el suelo, pero advirtió que sus ojos se fijaba en ella. Los ojos de Narcisa coincidieron con los de él, y no le chocó tanto lo que vio en sus ojos plateados sino lo que no vio.

No había ni un deje de arrepentimiento en la mirada de Malfoy, ni la más ligera indicación de una chispa de inquietud por estar usando una Maldición Imperdonable, y tenía la idea, si es que le había entendido correctamente, de usar la peor y final sobre ese hombre que no había hecho nada excepto golpearla y tratar de robar sus joyas.

A pesar de ella, Narcisa se sentía extrañamente excitaba. La vida de este hombre está en mis manos, pensó salvajemente, y vive y muere según mi deseo. Casi se odió por el súbito poder que sintió, y por un segundo quiso que Lucius lo hiciera, pero algo la detuvo. No quería que Malfoy fuese a Azkaban. Narcisa sintió que tenía mucho potencial y que encerrarlo en aquella prisión de esa isla sería una pena. Era perfectamente consciente de que debería haber otra razón por la que no quería que Lucius matase a su atacante, pero era incapaz de desentrañar cuál podría ser por el momento.

-No –dijo con un cierto aire de superioridad, su voz fría-. No creo que sea necesario. Algún día, no hay duda de que recibirá su justa recompensa por sus esfuerzos –comentó desdeñosa, temblando por una mezcla de adrenalina, miedo y el súbito asalto de poder que sentía. Lucius se encogió de hombros y detuvo la maldición con un movimiento de varita.

-Como la señorita desee –dijo con frialdad, y ella vio como su expresión se contraía en una máscara de rabia, y pegó una patada al hombre en las costillas. Éste volvió a gritar, y Lucius pasó por encima de él para coger el brazo de Narcisa-. ¿Nos vamos?

Narcisa arqueó una ceja, recomponiéndose.

-Un momento –dijo y alzó la mano para quitarse uno de los pendientes de diamantes de su lóbulo. Era encantadores y difícilmente podía calcularse su valor; tenía muchas baratijas de esas en casa. Dejó caer el pendiente sobre el hombre y dijo fríamente-: Por todos sus problemas, señor. Espero que sea una recompensa por todo el dolor que ha sufrido para conseguirlo.

El hombre murmuró algo que Narcisa no escuchó y Lucius de pronto la alcanzó y la metió en otro callejón, pegándola bruscamente a la pared. Y luego, por primera vez, la besó.

No estaba preparada para la violencia de su beso. Su boca mordió la suya, y ella alzó sus brazos intentando ponerlos sobre sus hombros, pero él se lo impidió y los pegó contra la rugosa piedra sobre su cabeza. Era alto y delgado, y poseía una impresionante fuerza y la retuvo con facilidad contra la pared. Narcisa gimió, incapaz de controlarse, mientras separaba los labios ante su feroz asalto. Sin dejar de besarla, soltó una de sus manos y la pegó contra su cuerpo. Ella se encontró ardiente contra su cuerpo, y hundió su ahora mano libre en el pelo de él, del que tiró casi violentamente. Podía sentir su cuerpo, duro y firme bajo sus ropas, y era terrorífico y seductor a la vez... Un sentimiento no demasiado diferente del que había sentido antes cuando él le ofreció matar al ladrón que se había atrevido a golpearla.

Eso debería haberla advertido, pero no podía parar de besarlo, respondiéndole o pegándose más a él. Se estremeció cuando él de pronto mordió su labio con pasión, y se separó para mirarla. Sus ojos no estaban más desalmados y fríos como lo habían estado durante su anterior y violento encuentro, sino que centelleaban con lujuria y algo más. Algo oscuro e infinitamente más atractivo para ella, aunque Narcisa no podía negar que se sentía complacida por su lujuria ya que no era el único que se sentía embargado por dicha emoción. Su respiración era áspera e irregular, y varios mechones de su pelo rubio se habían escapado de su coleta y rozaban su hermoso rostro. La miró fijamente como si quisiera devorarla, y ella sintió que sus rodillas se debilitaban y se apoyó contra la pared. Si deseaba tomarla ahí mismo, contra aquella pared del Callejón Knockturn después de haber torturado a un hombre, no estaba muy segura de querer detenerle.

Paladeó un sabor metálico y se dio cuenta de que su labio sangraba un poco. Se pasó la lengua sobre el labio inferior y le escuchó contener la respiración bruscamente por ese gesto. Su mirada voló hasta él, y se quedaron mirándose por un largo momento sin decir nada. Lucius finalmente negó con la cabeza como si se aclarase las ideas y se metió la mano en el bolsillo de la túnica para sacar un pequeño pañuelo blanco que le tendió.

-Toma –dijo, y ella notó que su voz aún no sonaba muy regular. Mientras lo cogía, se dio cuenta de que no sólo le temblaba el pulso a ella.

-Gracias –respondió, su voz quebrada en la noche. Se presionó el pañuelo contra su boca.

La adrenalina iba abandonándola lentamente, y su mandíbula empezó a dolerle donde el ladrón la había golpeado. Sabiendo que tendría un terrorífico moretón en unas pocas horas, se lo presionó con la mano haciendo una leve mueca.

-Deberías mirarte eso –le dijo, y se dio cuenta de que su voz aún no había vuelto a la normalidad. Como si estuviese luchando contra algún instinto personal, avanzó hacia ella y llevo el dorso de la mano hasta su mandíbula con suavidad. El roce la hizo jadear, pero no de dolor. Él dejó caer la mano, aunque se encontraron ambos sumidos en otra de esas conmovedoras miradas por unos segundos antes de que él le ofreciese su brazo-. Vamos, señorita Black, vayamos a curarla antes de que le salga un cardenal –dijo, y ella aceptó su brazo y asintió.

-Gracias, señor Malfoy –dijo en un tono de voz como el suyo, y caminaron juntos fuera del callejón. Ella se detuvo cuando pasaron al lado de donde el atacante yacía, y lo miró-. ¿Qué hará si acude a la policía?

Lucius la sonrió con suficiencia.

-No irá –le aseguró-. Y si lo hace, ¿qué? Tengo testigos que lo vieron atacándola, ¿no? Nadie me echará en cara que haya defendido el honor de mi señorita –añadió con voz burlona.

Narcisa fue incapaz de no reírse, a pesar de estar horrorizada a medias por no haber podido controlar su risa delante de un Malfoy.

-Me temo que el uso de dos Maldiciones Imperdonables está considerado algo más que "defender mi honor" –dijo. Él se inclinó y le puso un dedo contra sus labios.

-Shh –dijo en un siniestro susurro-. No tema, mi señorita Narcisa. Estoy bastante seguro de que no seremos molestados más por él.

Narcisa se sintió agradecida cuando él los hizo Aparecer a los dos de nuevo en casa de ella en vez de caminar todo el Callejón Diagon en aquel estado. El pelo de Lucius estaba medio suelto, y estaba segura de que su rostro estaba horrible. No dudaba de que Bellatrix tendría algo para hacer desaparecer los cardenales de la piel y decidió contactar con ella después de regresar.

Lucius la acompañó hasta la puerta, y ella lo sonrió.

-Gracias por una tarde tan... interesante, señor Malfoy –dijo, burlándose.

-El placer es mío, señorita Black –dijo con suavidad, inclinándose ante ella. Eso provocó que su pelo cayese sobre su rostro de nuevo, y ella llevó sus manos a los mechones para colocárselos detrás de la oreja, casi sin pensar en ello.

Su característica sonrisa de suficiencia desapareció por un momento y su expresión se volvió seria, y volvió otra vez a llevar su mano a la mandíbula de ella. Presionó con tanta suavidad que las piernas volvieron a debilitársele. ¿Qué demonios pasa conmigo? Ascendió para acariciar brevemente su oreja, desprovista del diamante. Narcisa vio un breve destello de rabia en su rostro, pero cuando habló, sus palabras fueron en voz baja y sin rencor.

-Es una lástima que algo tan hermoso haya tenido que ser tan cruelmente abandonado –dijo, pero ella notó una reprimida excitación en su voz que no supo entender.

-Es sólo un pendiente, Lucius –susurró, capturada de pronto por su ardiente mirada, usando su nombre inconscientemente.

Dejando caer su mano, él volvió a sonreír y se alejó de ella.

-No estaba hablando del pendiente –dijo, e inclinó la cabeza una vez más antes de darse media vuelta y bajar las escaleras. Se volvió al llegar abajo y dijo en voz baja-: A propósito, no te preocupes por el pendiente, Narcisa. Lo reemplazaré.

Mirándolo divertida, se quedó en el porche hasta que escuchó el sonoro crack que provocó al Aparecerse.

Narcisa se volvió para entrar en casa. Fue antes de nada a la chimenea para hablar con su hermana para que le diese algún consejo sobre que ungüento ponerse en la mandíbula herida (Bellatrix siempre había tenido facilidad con las pociones; Narcisa secretamente pensó que era una pena que sus talentos estuvieran tan solo concentrados en otros tipos de magia). Antes de echar los polvos verdes a la chimenea para llamar a su hermana, se tocó el labio herido delicadamente y decidió dejarlo así como estaba.

Se echó hacia atrás para tirar los polvos, pero un pensamiento entró de pronto en su mente. Casi le hizo tirar los polvos Flu al suelo.

Voy a casarme con Lucius Malfoy.

N/A. Ahg, este me ha costado XD en cuanto son un poco más largos empiezo a aburrirme. Llevo dos días sin pasar por casa y estoy retrasándome en mi plan de verano de escribir jeje, para variar.

En cuanto a este xapi, ADORO el beso. Es taaaaaaaan morboso. De todas formas me sigue gustando más el 4 xD ya, por cierto, he leído la historia entera (jeje, no pude resistirme) y está muy, muy bien. Si os van gustando estos xapis os gustarán los demás (y hay uno de una escena Rody-Bella que me encanta jiji). La historia va hasta que se casan básicamente, pero en fin, no adelanto acontecimientos. Estoy muy contenta, porque en el último xapi he recibido muchos más reviews que de costumbre, y la historia ya parece tener fieles lectores jeje. He traducido algunos de vuestros reviews a Sionnain, y os da a todos las gracias )

Venga, a ver qué os parece este jeje.

Joanne

8