N/A. La cita es de Leonard Cohen, en "In my secret life".

N/T. Siiiii, x fin vuelvo! Estoy últimamente muy contenta con los reviews que recibe este fic, que la verdad es que se los merece, porque es el mejor fic Luci-Cissy que he encontrado nunca jiji. Sionnain r0lz! Parece que coincidís conmigo en que en el anterior xapi el beso fue muuuuy morboso muaja! Y aún queda mucho, mucho, ya veréis. Os dejo ya con el fic, y a los que seguís mis historias, pues supongo que estos días andaré actualizándolas, que me ha dado una vena escritora xP

Joanne

HIELO

VI. SONRÍO CUANDO ESTOY FURIOSO, ENGAÑO Y MIENTO, HAGO LO QUE TENGO QUE HACER

Lucius, sentado en el estudio de Malfoy Manor, miraba caer la lluvia en el inmaculado jardín de los Malfoy a través de la ventana. Hacía suficiente frío fuera como para matar la delicada vegetación, pero a la hierba le venía muy bien para permanecer verde. Podría haber sido azul en lo que a Malfoy se refería, que lo mismo le hubiese dado, pues su mente estaba en otro lugar.

-¿Me has oído, Lucius?

Lucius levantó la mirada para encontrarse con la severa de su padre Aurelius. No estaba escuchándote, viejo loco, pensó Lucius, pero cambió su expresión a una mirada de educado interés y sólo dijo:

-Lo siento, padre; no estaba prestando atención.

Lucius no disfrutaba de la compañía de su padre, pero precisamente por la repugnancia que sentía hacía ese viejo hombre no lo demostraría en su expresión. Aurelius Malfoy tenía algunos rasgos en común con su hijo: la misma altura, la larguirucha constitución, piel pálida y nariz puntiaguda; pero ahí terminaba todo parecido. Oh, Malfoy padre tenía la misma arrogancia que se le inculcaba a todo Malfoy desde la cuna, pero no ambición. Era como si su hijo hubiera heredado esa cualidad por los dos.

Su abuelo Marcus, ese había sido un Malfoy del que poder estar orgulloso. Lucius recordaba al anciano Malfoy contándole historias de niño sobre los Caballeros de Walpurgis, sobre la lucha contra los que intentaban contaminar su mundo con Muggles y Sangres Sucia. Su abuelo no había sido un hombre afectuoso; ninguno de los hombres Malfoy heredaron ese rasgo en particular. Aún así, las lecciones que Marcus enseñó a Lucius antes de su misteriosa muerte fueron de lejos mucho más importantes que los monótonos discursos sobre política de su padre. No era que Lucius no estuviese enterado de la importancia de tener contactos en el Ministerio; sólo que parecía que para Aurelius no había nada más importante que establecerlos.

Estaba muy seguro de por qué había sido convocado, ya que normalmente no conversaban a menos que Aurelius deseara sermonear a su único hijo y heredero sobre la responsabilidad que sentía que Lucius estaba desatendiendo. Malfoy padre estaba contento de sentarse para discutir sobre política e historia con sus amigos, beber whisky de fuego y cazar. A Lucius no le desagradaba cazar, pero sus presas preferidas no eran exactamente las mismas víctimas que las de su padre y sus compinches. Sonrió ante el pensamiento. Dudo que las criaturas que cacen les ofrezcan una persecución tan enérgica como la que tengo yo. De niño, cuando Aurelius había llevado a Lucius a cazar, siempre le había intentado enseñar la responsabilidad que tenía el cazador de matar humanamente a su presa, limpiarla y evitar que se perdiera. "Eso nos rebajaría al nivel de los cazadores furtivos, hijo", diría su padre. "Y los Malfoy no lo son; es irrespetuoso para con nuestro linaje". El joven Lucius asentiría, a pesar de que era obvio para los dos que el chico se preocupaba más por la caza que por el bien establecido ritual post-cacería. Esa era, en esencia, la diferencia entre padre e hijo.

-Te he preguntado si hay alguna razón en particular por la que pasas tanto tiempo con la más joven de las Black –preguntó Aurelius imperiosamente, clavando en Lucius su mirada. Su padre llevaba su pelo rubio corto y tenía una cuidada barba. Lucius sabía que su padre odiaba el pelo largo de su hijo, que era la principal razón por la que Lucius lo llevaba de esa manera. Aurelius nunca lo diría; era demasiado Malfoy como para admitir que algo tan insignificante lo molestaba, a pesar de que su irritación era fácil de ver.

-Pensé que era obvio –respondió alargando las palabras, agitando el brandy color ámbar mientras sonreía a su padre con una vaga sonrisa.

-No vuelvas a sonreír de esa forma en mi presencia –dijo su padre severamente, pero Lucius lo ignoró. No era como si fuese a hacer algo porque él no controlase sus expresiones faciales, después de todo-. Contesta a mi pregunta –exigió Aurelius.

Bueno, padre, parece que a señorita Black tiene una extraña inclinación por el masoquismo que me fascina y me excita, y pensé que quedaría bien que me casase con una mujer que tiene un corazón tan negro como el mío.

-Siempre estás insistiéndome para que haga honor a mi noble nombre y encuentre una mujer, padre. Por eso estoy intentando obtener una.

No mencionó que había decidido casarse con Narcisa Black varios días antes mientras miraba sus ojos brillando por la lujuria cuando él se ofreció a matar a un hombre para ella. El pensamiento lo excitó, y se removió incómodo en la silla, intentando esconder esa detestable reacción que tenía cada vez que pensaba en la señorita Black.

Narcisa. El nombre le sentaba bien. Uno siempre se centraba en el nombre, un nombre que prometía vanidad y egocentrismo, hasta el punto que desatendía las infinitas posibilidades implícitas en su apellido. Black, de hecho. Había algo innatamente fascinante en ella, en esa mujer que quería que la hiriese, que quería que matase para ella, pero que rechazaba sonreírle afectuosamente en público. Narcisa tenía una mente cortante, y él sabía sin duda que nadie había descubierto ese hecho excepto Bellatrix.

Ante el pensamiento de la hermana morena de Narcisa, tuvo que obligarse a no fruncir el ceño. Bellatrix estaba siempre intentando separarlo de Narcisa, intentando convencerle de que traer a Narcisa a "su mundo" era un error. Lucius tenía la certeza que aunque Bella puede que fuese lo suficientemente inteligente como para determinar que Narcisa tenía cerebro bajo esa cabellera rubia, no tenía ni idea de la vena de oscuridad que había tras esa fachada de frialdad. Sin duda Bellatrix estaba demasiado ciega por su propia naturaleza oscura para apreciar verdaderamente –o siquiera notar- la agudeza de Narcisa.

-No pongo ninguna objeción a que encuentres mujer, Lucius. Estoy preocupado, sin embargo, por la reputación de esa familia… –comenzó Aurelius, y Lucius apretó los dientes por la irritación. Lucius siempre había recibido lo que había querido, y estaba convencido de que esta vez no sería diferente, a pesar de la opinión de su padre sobre la familia Black. Y quería a Narcisa Black. Oh, cuánto la quería

Había requerido cada onza del control que poseía para no tomarla contra la pared del Callejón Knocturn esa noche. Había sido tan ardiente, pegando su joven cuerpo contra él y gimiendo contra su admitido violento asalto a su boca. Su inocencia mezclada con esa vena masoquista casi lo desarmaba. Y estaba mucho más cautivado por el hecho de que ella no tenía ni idea de lo que verdaderamente quería y de lo mucho que él deseaba dárselo. Sé qué danza desea tu febril mente, señorita Black, porque el deseo de dártela danza con el mío.

¿Qué era lo que le había detenido esa noche? No habían sido las maldiciones hechas a ese estúpido malcriado, porque eso era la clase de cosa que había dejado de preocuparle mucho tiempo atrás. De hecho, desde que Narcisa había tirado el pendiente de diamantes al hombre, le había costado poco esfuerzo entrar en contacto con los dueños de las tiendas de joyas para que le alertaran cuando el hombre fuese a vender el diamante. Lucius había encontrado al asaltante de Narcisa y se había ocupado de él, asegurando un criminal poco peligroso menos en el mundo. Si el hombre hubiera estado molestando a los Sangres Sucia o robando a los Muggles, Lucius le habría dado unas palmaditas en la espalda y le habría deseado buena suerte antes de lavarse las manos y olvidarse completamente de la cuestión. Sin embargo, ese hombre se había atrevido a ponerle la mano encima a Narcisa, y por eso, Lucius lo había tenido que matar. Ningún hombre tocaría lo que era suyo, y, a pesar de que hasta ese momento se había contenido para reclamarla, Narcisa Black era suya. Su futura esposa, tanto si lo sabía ya como si no.

No había podido ser ese pensamiento, el que era la futura señora Malfoy, el que le había parado. La había arrastrado a ese callejón con toda la intención de tomarla al mismo tiempo que su enfebrecido cerebro decidía que se casaría con ella después. No puede ser por nobleza, pensó, ahogando el sermón de su padre sobre los errores de Andrómeda Black y alguna complicada analogía que envolvía los hábitos de unión de los thestrals porque no tengo uno. Un hecho que la señorita Black descubriría pronto, si no lo ha hecho ya. Apuró el resto del brandy y sonrió. Debe ser que me gusta la expectativa del juego al que jugamos. Como a ella, y esa es la razón de que sea tan… gratificante, aunque no haya tomado placer de ella… o ella de mí, en realidad. No era sólo arrogancia lo que le había llevado a esa conclusión; la respuesta de ella había sido inconfundible.

-Padre –dijo con firmeza, interrumpiendo la retahíla de Aurelius cuando una vez más su cuerpo se tensó ante el pensamiento de Narcisa y de las oscuras y eróticas cosas que deseaba hacerle-. Narcisa Black es difícilmente la clase de mujer que huiría con un Muggle. –Lucius deseaba que la conversación terminase, pero aparentemente Malfoy padre no lo veía así.

-Y su hermana, ¿cuál es su nombre? ¿Algo como Isabelle? Está algo loca, ¿no?

-No está loca –mintió Lucius-. Sólo es… apasionada… respecto a ciertas… causas. -Había otras formas para definirlo, pero era difícil explicar el fervor desenfrenado de Bellatrix de manera positiva. "Apasionado" era un intento tan bueno como cualquier otro-. Por otro lado, se casó con un joven que una familia de Sangre Limpia.

Eso era lo que de verdad importaba a su padre, que no podía conocer la profundidad que el estado mental de Bella estaba alcanzando.

-Bueno, eso es cierto, supongo. –Aurelius suspiró y entrecerró sus ojos azules mirando a su hijo. Lucius una vez escuchó a su padre diciendo a su madre que los ojos de su hijo eran grises porque no había luz en ellos. Lucius tomó eso como un cumplido, a pesar de que no estaba dicho como tal.

-Supongo que la joven Black es una compañera aceptable para ti –dijo su padre de mala gana-. Es bastante bonita, eso es cierto. –Por alguna razón, Lucius se puso furioso y clavó las uñas en la silla. Verdaderamente era impropia esa posesividad en lo que concernía a Narcisa. Después de todo, el hombre era su padre-. Espero un nieto antes de que abandone este cuerpo mortal, hijo.

Lucius soltó una carcajada ante eso. No creo que tengas que preocuparte por eso, y no tengo ninguna objeción que hacer a ese objetivo.

-Estoy seguro de que puedo complacerte -dijo arrastrando las palabras y se puso en pie-. ¿Hemos terminado, padre? Hablando de la señorita Black, vamos a ir a la fiesta de los Travers juntos, así que debo irme.

-Un momento, hijo –dijo su padre, y Lucius lo miró. Había una extraña sensación de tristeza en los ojos de su padre que Lucius no llegaba a entender. Tenía la constante, vaga sensación, de que había decepcionado a Aurelius, y como siempre el pensamiento encendió su ira-. Lucius, sé que no valoras mis continuos consejos de que encuentres aliados en el Ministerio.

Lucius masculló un juramento, despreciando la repetición de esa continua conversación que nunca había sido capaz de aparcar.

-No he dicho nunca que no encuentre el valor en ese consejo, padre, ya que estoy seguro de que no es otra cosa que sentido común –replicó Lucius, pronunciando cada palabra como si hablase a un niño pequeño-. Tengo toda la intención de continuar la tradición Malfoy de tener a cierto número de ministros de alto rango en el bolsillo.

Aurelius suspiró y miró por la misma ventana por la que Lucius había estado mirando antes.

-El mundo cambia, hijo mío. Siempre lo ha hecho, y puedo decir que siempre lo hará. No es mucho lo que podemos hacer para evitar ese hecho.

La preocupación en su voz era evidente.

Lucius lo miró, desconcertado.

-No estoy seguro de saber de qué hablas, padre –dijo y vio cómo los ojos del hombre se entrecerraban de manera familiar hasta que volvió a posar los ojos en su hijo.

-Entiendo tus sentimientos con respecto a la nueva política que respalda el Ministerio, Lucius, de verdad que lo entiendo. Yo también fui joven.

Las palabras de Aurelius produjeron un extraño efecto en Lucius, quien cerró los puños a los lados de su cuerpo y apretó los dientes hasta que sintió un tic. Si había una manera probada de incitar su temperamento era su padre jugando la carta de yo-también-fui-un-joven-idealista-una-vez. Y esta vez no fue ninguna excepción

-Pero tienes que tener en mente que esta familia es la cosa más importante en lo que concierne a tus lealtades –continuó Aurelius en el mismo tono condescendiente-. Y todas tus causas ideológicas no llegan ni a un montón de Sickles comparado con eso. Te casas con la señorita Black y serás el padre de tus herederos. Sigue y da tu apoyo a lo que quieras, pero si te metes demasiado, Lucius, no olvides que debes tu lealtad al nombre de los Malfoy por encima de todo. –Su padre golpeó con el puño la mesa-. El futuro de esta familia significa más que cualquier otra causa que hayas tomado como tuya. ¿Me has entendido, Lucius?

Los ojos de Aurelius se detuvieron brevemente en el antebrazo de Lucius.

-Lo prometo, padre, nunca olvidaré a qué... y a quién... debo mi lealtad –siseó Lucius. Se encontró con los ojos de su padre sin pestañear, y los dos Malfoy mantuvieron la mirada por un momento, en silencio.

Su padre asintió, la extraña mirada en sus ojos volviendo a ser la misma fría de siempre. Movió la mano como si le estuviese despidiendo, y Lucius asintió y se volvió para irse. Cuando llegó a la puerta, puso una mano enguantada en el picaporte y se giró, incapaz de dejar que el hombre dijese la última palabra. Después de todo, Aurelius había sido el responsable del orgullo que no permitía a Lucius retroceder ante las batalles verbales.

-Sólo me voy a preocupar de que el futuro sea merecedor del nombre de los Malfoy –dijo y salió de la habitación. Si su padre le llamó, no lo escuchó, y tampoco hubiera hecho caso de todas formas.

Mi propio hijo, pensó Lucius furiosamente abriendo de golpe la puerta de su habitación, sabrá la importancia del nombre de los Malfoy y vivirá en la clase de mundo que lo respetará. Tengo que hacer todo lo que pueda para conseguirlo.

Lucius se vio en el reflejo del espejo y se encontró con que estaba obviamente alterado. Estaba advertido contra su formidable temperamento, que había heredado de su madre. Respiró hondo varias veces para calmarse, notando sus ojos entrecerrados y las mejillas encendidas por la irritación. Era muy difícil para los de piel clara ocultar los destellos de ira que asomaban tan naturalmente a su piel.

Su mirada se paró en un pequeño paquete que había sobre su tocador y que cogió, sonriendo levemente. El rojo de su rostro cambió de ser de furia a una clase muy diferente de emoción. El destello anticipador de sus ojos no era menos oscuro que la rabia que lo había precedido, pero era por una razón mucho más satisfactoria. Lucius se recogió el pelo en su usual coleta baja, ya que se lo había dejado suelto para hablar con su padre. Lucius Malfoy era un genio cuando se trataba de hacer sutiles gestos que garantizaban provocar fuertes reacciones, y tenía confianza en que su talento no le vendría mal esa noche.

Mientras salía de la mansión, sus ojos fueron hasta la puerta del estudio de su padre, que estaba entreabierta. Aurelius miraba al fuego, su cabeza baja como si rezase. Lucius había asumido que los amigos de su padre vendrían a beber brandy y a pontificar como era su habitual pasatiempo, pero no había evidencia de que alguien más estuviese en el despacho.

Lucius se quedó parado un momento, mirando a su padre. Dudó momentáneamente por qué había sido una decepción tan grande para ese hombre, luego movió la cabeza y salió de la mansión. Esos pensamientos no eran productivos y sólo le enfurecían. El mundo en el que vivía estaba desvaneciéndose, y el futuro pertenecía a los que eran los suficientemente fuertes como para hacer con él lo que quisiesen. Lucius sacó la varita y se Apareció en Ravensden, la casa de los Black.

N/A. Ahg, weno, he conseguido terminarlo! Me gusta más cuando son algo más cortitos, que los hago más rápido y no me aburro tanto xD aunque comparado con el anterior.. uf, ese sí que fue espantoso. Aquí conocemos un poquito de Luci jiji, qué sexy k es. Me gusta como contesta a su padre, y lo claro que tiene Sionnain como son las ideas que tiene. A veces es complicado separar su cobardía e instinto de preservación con su lealtad a la sangre y a Voldemort... Porque no es tan leal como Bella, eso está claro, pero igualmente fue él quien hizo el "ataque de los mortis" en el mundial de Quidditch, a pesar de no saber que voldy estaba resurgiendo. Se arriesgó solo por divertirse y volver a los antiguos tiempos, y consiguió convencer a los demás de que lo siguieran, así que tiene cierto poder sobre ellos... Tener todo muy claro de Luci creo que no es nada fácil. Pero me dejo de disertaciones XD k son las 2 de la mañana y ya divago. Voy a mimir ya, que mañana madrugo relativamente. Nus vemos!

Joanne