Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 5

Vistes negro, blanco, da igual

El café estaba bien, para ser una fanática del té Shizuru no era mala preparando café. Partiendo desde el punto que tuviera un tarro de él en su casa ya era casi un milagro. La mujer sorbió otro poco de la infusión amarga y fuerte. Le dolía la cabeza y aún le daba vueltas el mundo. Ante ella la castaña estaba en las mismas condiciones. Con una taza en la mano y la vista fija al frente. Ninguna de las dos seguras de qué diablos había sido realidad, y qué sueño.

-Ayer…- Intentó entablar conversación la morena, pero el sonido de su propia voz fue lo suficientemente desagradable para callarse. Sus sienes palpitaban, estallándole.

-No lo sé- Respondió sin ganas la castaña. Unas leves ojeras marcaban un recorrido bajo sus ojos, al parecer ni siquiera había logrado conciliar el sueño. Natsuki reconoció para sí misma que no recordaba cómo se había acostado, pero por lo menos logró tener una noche de sueño tranquilo. Observó sus manos, blancas. Respondían con torpeza, un recuerdo la golpeó como un puñetazo. Una mano distinta a la suya cerrándose sobre ella. Había perdido el control, había perdido su autocontrol. La situación estaba en manos de Shizuru.

Aunque ella tampoco parecía estar segura de qué diablos estaba pasando.

Fija en esa taza de té.

¿Quién toma té para pasar una resaca?

La morena salió de sus pensamientos cuando la mujer frente a ella se excusó con una inclinación de cabeza y corrió hacia el baño, a devolver lo poco que tenía en el estómago. ¿Por qué habría tomado más de la cuenta, si no estaba acostumbrada a ello?, Natsuki se levantó, terminando el café. Lavó su tasa, ordenó el futón en el que había dormido y luego se sentó en el sillón que adornaba la sala. Shizuru volvió pronto, con la cara descompuesta, pero limpia y fresca, como era, al parecer su costumbre. La pregunta que las rondaba a ambas nació de la castaña, luego de un rato de medir el silencio.

-¿Qué hicimos anoche?- Sorbió otro poco de su café, con la vista fija en el líquido oscuro. Sólo tenía ráfagas de recuerdos, un amargo sabor en la boca, lo que había dicho, o creído decir. Pero había algo más, apretó un poco más su tasa, pero lo que realmente deseaba era sacarse la ropa y revisarse el cuerpo. Tenía algo de miedo, podía encontrar marcas y no estaba segura de querer tenerlas. Quería tener algo con ella, ciertamente, pero quería acordarse de ello. Quería algo que le durara la temporada entera. Algo que paleara la soledad que a veces la devoraba.

Shizuru tampoco la miraba de frente, estaba lívida, manteniendo cierta solemnidad a pasar de la situación. Dios, se habían emborrachado, hechos cosas de borrachas, seguramente vomitado juntas, sin conocerse ni nada por el estilo. Natsuki suspiró, no era algo que no hubiera hecho antes, pero la castaña parecía… sorprendida, incómoda, sí, pero más que nada sorprendida de su propia actitud.

-No lo sé…- Respondió al fin. No se atrevía a proponerle que fuera a darse una ducha para que se mirara posibles marcas. Tampoco quería preguntarle cuánto había dicho la noche anterior y cuánto recordaba.

-Tienes una cicatriz…- Articuló por fin la castaña, casi logrando que Natsuki escupiera todo su café sobre ella. La miró asustada e incrédula, tenía una cicatriz, tenía varías. Pero lo que realmente le preocupaba era cuál de ellas había visto. Shizuru sonrió maliciosamente, adivinando en su expresión atónita sus predicamentos. –Aquí- Susurró, señalando su propia frente. La morena tocó distraídamente la propia, más tranquila. Una pequeña cicatriz le adornaba la frente, fruto de un accidente.

De ese maldito accidente. O vamos, como si no hubieras sabido que te darías un costalazo cuando te subías a esa cosa…

-Un viejo recuerdo- Musitó, antes de apurar otro trago de café. La castaña terminó el té, dejando la taza oscura pulcramente en la mesa. Parecía algo más repuesta, si tenía sentido del humor definitivamente su cabeza no estaría estallando por la resaca. -¿No tienes que presentarte esta noche al bar?- Inquirió, rellenando el silencio que reinaba. La mujer le restó importancia a la pregunta, con un gesto de la mano. Obviamente tenía la cabeza en cosas más importantes.

-¿Cuántas más tienes?- Carajo, carajo, carajo, carajo, carajo, ¿hasta dónde hablé ayer? –Cicatrices, ¿cuántas más?, dijiste que tuviste un accidente hace algunos años…-

-He tenido muchos accidentes, ya no lo recuerdo bien…- Finge demencia, finge demencia.

-Kuga-han es bastante reservada para algunas cosas…- Shizuru levantó una ceja, molesta. Natsuki la observó impasible, ella no hablaría, como tampoco hablaba la castaña. Parecía que ambas jugaban un juego al que estaban acostumbradas por un solo lado.

-También los es Viola-san…- La morena se terminó el café y se estiró en el sillón, intentando tomar control nuevamente de todo su cuerpo. –No nos veamos la suerte entre gitanos, Shizuru, ni tú hablas ni yo hablo… ¿necesitas saber todo de mí?, no seremos más tangibles sólo por contarnos nuestros pasados…-

-Podría averiguarlo de todas maneras…- Ronroneó, inclinándose ligeramente hacia delante. Sonrió, un color rojizo subía desde el cuello de la morena, extendiéndose por el resto de su rostro. Había captado perfectamente el doble sentido de su proposición. Sopesó la idea de molestarla un poco más, era algo peligroso, ella no lo recordaba todo de la noche anterior, por lo que era posible que hubiera contado las cicatrices de la mujer, y, ella lo recordara. Decidió arriesgarse de todos modos, no se amedrentaría por unos cuantos riesgos. –¿O es que le incomodaría a Kruger-han?-

-¡SHIZURU POR DIOS!, ¡YA HICIMOS SUFICIENTE ANOCHE!- Natsuki apretó los labios en cuanto terminó de gritar. ¿Realmente lo hicimos, anoche?... –Es decir… creo que… la verdad es que no lo recuerdo… - Susurró al fin, Shizuru estaba sorprendida, pero no atónita, después de todo esperaba una respuesta así.

-Yo tampoco lo sé…- Ambas observaron el suelo, sintiéndose unas borrachas. Más que borrachas, unas inconscientes etílicas. –Pero… creo que esto sí lo hicimos…- Musitó, antes de abarcar la distancia que faltaba y besarla suavemente en los labios. Natsuki se quedó muda, era un buen beso, suave, tranquilo, pero cálido. -¿Hasta cuándo dices que te quedas?- Susurró cuando se separaron, posando su frente contra la suya.

-Hasta la siguiente primavera- Respondió, aspirando cada bocanada de aire que se le escapaba a la castaña. Era una mezcla, podía sentir el olor a vainilla, pero también un dejo a lavada y orquídea. –Hasta que inicie la siguiente primavera…-

-No tienes donde vivir, ¿verdad?, porque no te quedas aquí… tengo una pieza extra en la casa…- Propuso, sorprendiéndose incluso a sí misma. Natsuki se giró, abarcando con su vista la casa. Era antigua, emulaba o, quizás incluso, era de estilo antiguo. Deslizó la vista por la sala de estar, los tatamis amarillentos del piso y las puertas corredizas reforzadas. Era una casa antigua que había sido reacondicionada. Y en ella no había rastros de ellos, no veía a una peli naranja con un delantal quejándose de algo, ni tampoco a una niña morena saltando de un lado a otro o la cabellera indomable del rubio novio de su amiga… ahí tal vez podría estar mejor. Ahí tal vez no la seguirían, aún en el viaje que nunca completaron. Observó de nuevo el rostro de la castaña, era una idea arriesgada, muy arriesgada. Además, por cómo iban las cosas seguramente no necesitarían de la pieza extra. Aún dudando, más llevada por un impulso que una reflexión. Asintió en silencio, preparándose para acomodarse en su nuevo hogar, por lo menos por la temporada, a la que sería su nueva esposa, por lo menos esa temporada.

NdA: Es oficial, esto se me descontroló... espero que no alargarla en muchos capítulos más, pero de pronto me doy cuenta que necesito más y más tiempo para los eprsonajes y las situaciones... espero les haya gustado, intentaré tener la próxima actualización para la próxima semana, si es que tengo vida para ello... saludos.