N/A. La frase ("He doesn't have the answers, and if he did, he'd lie") es de The Devil, de Hoyt Axton.
N/T. El otro día me acordé de este fic. Sé que actualicé hace poco si comparamos con otros de mis fics, pero bueno, tiene sentido ya que no tengo que pensar en nada y tardo un día, como mucho dos en terminar un xapi. Además, qué cojones, tengo ganas de terminarlo xD He pedido permiso para otras actualizaciones que quiero hacer, pero aún no me las han dado. Creo que la siguiente será otra historia larga, pero diametralmente opuesta a esta… Alguna buena, claro, una que de verdad me haya encantado, pero con personajes muy distintos. Tengo localizada una que leí hace años que me encantó, sobre Harry y tal, pero no sé qué pensaría ahora al leerla, así que creo que la releeré primero y si me sigue gustando mucho pediré permiso a la autora, jiji. Mientras, sigo dándole caña a esto xD
Joanne
HIELO
XI. ÉL NO TIENE LAS RESPUESTAS, Y SI LAS TUVIERA, MENTIRÍA
-¿Entonces me vas a presentar a la señorita Black, hijo? ¿O me la presentarás el día de tu boda?
Ocultando su irritación, Lucius levantó la vista de El Profeta. ¿Por qué su padre insistía en hablarle durante el desayuno? Nunca había sido de los de conversación fácil; prefería que lo dejaran solo leyendo el periódico de la mañana. No es que estuviera necesariamente concentrado en el aburrido artículo sobre la estandarización de los calderos mientras su mente lo torturaba con imágenes sobre la deliciosa señorita Black tumbada bajo él sobre el suelo. O en su cama. O en la mesa del desayuno…
-¿Hijo?
Lucius se sintió horrorizado por sentir rubor en sus mejillas al encontrarse con la mirada de su padre. Se horrorizó aún más al ver que sonreía de satisfacción –los Malfoy eran infames por esta expresión- de una manera que sugería que sabía exactamente sobre qué estaba pensando su hijo esa mañana.
-¿Sí? –soltó Lucius, enfadado. Odiaba estar fuera de su elemento, y, por alguna razón, se sentía así en su mesa del desayuno.
Su padre arqueó una ceja de esa forma inolvidablemente familiar.
-Tan solo he preguntado sobre la posibilidad de conocer a la futura señora Malfoy proximamente –dijo Aurelius, alargando las palabras. Lucius sintió que un tic le empezaba en la mandíbula por el irritante tono de superioridad de su padre, y era perfectamente consciente de lo hipócrita que sonó su voz al contestar en el mismo tono.
-Tengo que hablar aún a la señorita Black sobre el compromiso –respondió Lucius, tenso.
No se molestó en mencionar a su padre que no había hablado con Narcisa exactamente sobre ningún compromiso. Había pensado que era innecesario después de su encuentro en la fiesta de los Travers, pero uno nunca podía dar por hecho cosas con Narcisa. El pensamiento era divertido, y estaba deseando presentar a su prometida a su padre, dejando aparte el hecho de que ella técnicamente no era su prometida. Estaba seguro que se se ganaría a su padre con su fría seguridad y fácil, recatada sonrisa. El hecho de que era todo una actuación lo complacía hasta límites insospechados.
-Hablaré con la señorita Black y la traeré a cenar –añadió Lucius, poniéndose en pie. Asintió a su padre y abandonó el comedor, pensando en terminar de mirar su correspondencia. Llegado a cierto punto, sospechó que debería ir a Ravensden a hablar con el padre de Narcisa, eso sin contar con que con ella también debería hacerlo.
Su plan se vio interrumpido cuando un elfo doméstico le informó de que tenía visita cuando trabajaba en la mesa caoba de su estudio.
-La señora Lestrange –dijo el elfo, sus ojos grandes y muy abiertos. Lucius no culpó al elfo; el nombre de Bellatrix inspiraba miedo a muchos individuos. Yo no me cuento entre ellos, pensó Lucius, enfadado por la interrumpción. Dejó que el elfo le enseñara dónde quedaba su estudio mientras él se dedicaba a reunir toda su agudeza. Al menos una persona en la habitación estaría en plena posesión de sus facultades.
Bellatrix entró con calma en su estudiodeambulando de una manera confiada, como si lo hiciera todos los días El pensamiento de que tal vez ella lo hubiese hecho le hizo casi temblar, a pesar de que no pensaba hacerlo en su presencia. Bellatrix era hermosa, intrigante, sin escrúpulos y cruel. Eran lo suficientemente parecidos como para ser perfectos el uno para el otro, algo de lo que se había dado cuenta mucho antes de ver el brillo potencial de la locura en sus ojos de obsidiana. Era una bruja con talento y una amante excelente, pero le aburría. No había misterio con Bellatrix. No hacía ningún esfuerzo por ocultar algo sobre ella.
-Señora Lestrange –saludó, inconscientemente imitando el tono superior de su padre de momentos atrás-. ¿A qué debo el dudoso honor de tu presencia?
Se rió encantada.
-Ah, Malfoy, dudoso honor de hecho. E insisto en que me llames Bellatrix –dijo, lamiéndose los labios. Cuando Narcisa hacia eso, él sentía la urgencia de empujarla contra la pared y morderla. La afección que Bellatrix ponía al mismo gesto le hacía querer maldecirla o lanzarle un Crucio tan solo por deporte.
-No creo que sea apropiado, señora Lestrange. –Puso énfasis en el nombre recordándole que su relación era, a ojos de los demás, esporádica.
-Venga, Malfoy –dijo, andando hacia la mesa para apoyarse en ella. Sonrió encantadora-. Después de todo, estoy a punto de ser tu cuñada, ¿y qué sentido tiene la formalidad dentro de la familia?
Mientras decía esto, sus ojos chocaron y ella posó su mano derecha sobre su brazo izquierdo con suavidad.
La mirada de Lucius fue fría.
-Ya veo –susurró, entrecerrando los ojos. Parte de su suficiencia abandonó su sonrisa. Lucius Malfoy tenía mucho más talento para la intimidación de lo que Bellatrix podría esperarse tener nunca. Requiere hielo en las venas, Bellatrix, no fuego-. ¿Y cómo has llegado a esa conclusión, Bellatrix?
Su despreciativo énfasis al decir su nombre dejó claro que se estaba burlando.
Parte del malicioso humor la abandonó, y pudo ver algo oscuro llamear en sus ojos.
-Cuando vi llegar a mi hermana ayer por la noche sucia, magullada y con marcas de mordiscos en su cuello y hojas en el pelo –respondió con voz tensa-. Si estás jugando con ella, Malfoy, créeme, el Avada será tu menor preocupación.
Lucius estaba acostumbrado a desconectar de las escenas teatrales de Bellatrix cuando iban dirigidas a otra parte, peor cuando estaban destinadas a él terminaban por darle dolor de cabeza. Una de las pocas desventajas de su decisión de casarse con Narcisa era que estaría desgraciadamente obligado a pasar más tiempo en presencia de la hermana. Eso le hizo pensar. ¿Estoy juntándome voluntariamente con esta arpía? Por un momento, tuvo compasión de Rodolphus. ¿Encontraría el hombre su talento en la cama –por inspirador que éste fuese- una adecuada compensación por el hecho de que estuviera jodidamente loca?
Aunque sabía que lo prudente sería decirle a Bellatrix que estaba en lo cierto y que tenía intención de casarse con su hermana, algún taimado instinto le hizo alzar la barbilla y mirarla fijamente sobre su aristocrática nariz para decir en voz baja:
-Mis asuntos con tu hermana son justo eso, mis asuntos, Bella.
Sonrió con satisfacción cuando ella gritó y le apuntó con la varita con manifestada furia. No apuntaba a su corazón. Tan fácil de irritar, Bellatrix, pensó, divertido. Estaba loca y era peligrosa, pero él era tan peligroso –si no más- y tenía la ventaja de tener su salud mental intacta.
-Malfoy, no me importa con lo que hagas con cualquier otra mujer de Inglaterra, el continente o más allá, pero si haces daño a mi hermana te veré en el Infierno, ¿me has oído?
-Todo Wiltshire te ha oído, Bella –dijo con calma, notando cómo el uso de su mote la irritaba cuando él se había negado firmemente a usarlo antes-. Y debo decir que me verás en el Infierno, pase lo que pase. No obstante –dijo, levantando una mano cuando ella lanzó otro de esos irritantes chillidos- estoy encantado de decirte que tengo toda la intención de casarme con Narcisa. Así que será mejor que bajes esa varita y dejes de usar a tu hermana como excusa para desafiarme.
La ha sorprendido con su último comentario.
-Malfoy, me has entendido mal. No te desafiaría por nada a menos que tenga que ver con mi hermana. No permito que nadie la haga daño. –Su cara estaba enrojecida, sus ojos entrecerrados, su varita aún en alto. Él ha visto esa mirada antes, pero en las otras ocasiones estaba disfrutando muchísimo más que ahora. Su voz era mortalmente seria, y Lucius conocía lo suficiente a Bellatrix Lestrange como para saber que su voz nunca mentía.
-Dudo mucho que Narcisa necesite tu protección –dijo, incapaz de creer esa tontería por un segundo. Bellatrix podía matar, pero Narcisa podría cometer asesinato mientras parecía que lloraba la muerte del difunto. Sonrió ante el pensamiento.
Previsiblemente, esas palabras hirieron su orgullo, y ella bajó la varita.
-Mira, Malfoy, no he venido aquí a meterme en una batalla de voluntades contigo…
-Claro que no –dijo débilmente, sonriendo con suficiencia cuando ella dio una patada al suelo por la interrupción-. No te gusta perder batallas, Bella, soy consciente de eso.
-Creételo o no -dijo, ignorando intencionadamente su sarcástica réplica-. He venido a darte un consejo.
Esas palabras borraron la sonrisa de su cara, y supo que conocía la mirada que él la dirigía: ojos vacíos, rostro inexpresivo. Era lo suficientemente inteligente para ser cauta y dar un paso atrás. Aquellos que recibían esa mirada de Malfoy normalmente no vivían para describirla, pero ella nunca había estado en el objetivo. Tampoco que lo deseara, sabiendo el destino que la esperaba.
-Mi familia es muy tradicional y aún sufre por la atrocidad que cometió contra nuestro buen nombre la que era mi hermana –dijo, y él sabía que la había asustado con su mirada al ver que ella intentaba no caer en sus típicos histerismos ante la sola mención de Andrómeda-. Vas a tener que pedir a mi padre permiso para casarte con ella, lo sabes. Y cómo sé que mis padres son lo suficientemente locos como para pensar que no eres más que un rico joven mago, yo que tú sería prudente y no haría nada que les sugiriera que esa no es la verdad.
-Estoy al tanto de esas formalidades, señora Lestrange –dijo fríamente-. No entiendo que esto merezca una visita, por muy encantadora que haya podido haber sido esta conversación.
Ella lo miró y sonrió astutamente.
-Sólo quería asegurarme que eras el correcto para ella, Malfoy. Narcisa es muy especial para mí. Si algo le ocurriera...
-Sí, sí, tu mencionado destierro al Infierno –se rió Lucius-. Voy a casarme con ella, no a encerrarla en mi mazmorra –dijo con enfado, perdiendo la paciencia. Sin embargo, el pensamiento de no estoy seguro de que ella se opusiera a eso llevó a sus labios la más corta de las sonrisas. Decidiendo que había contrariado a su futura cuñada lo suficiente por un día, se guardó eso último para él. Lástima… Le hubiera gustado saber si ella lo negaría o si sabría ya eso sobre la callada Narcisa.
-Si me disculpa, señora Lestrange, tengo que hacer unos recados –dijo suavemente, cogiéndola del brazo para casi echarla de la habitación-. Un placer que te hayas detenido y me hayas deseado un feliz compromiso.
Ella estaba inusualmente callada cuando él se detuvo en el recibidor, esperando a que ella tomase el camino que conducía a la entrada.
-De verdad que me importa, Malfoy –dijo Bellatrix, su voz suave. Él la miró y vio que decía la verdad. Bellatrix es fieramente leal; no me tiene que sorprender.
Sintiéndose extraño como si le debiese algo a ella, asintió:
-A mi también –dijo con brusquedad. Lucius se sentía incómodo con esa conversación, sobre todo con la mujer con la que una vez había estado tan íntimamente relacionado.
Le devolvió el asentimiento con una leve inclinación de cabeza. Ya estaba casi fuera de la mansión cuando la oyó decir:
-Oh, y Malfoy, te sugiero que preguntes a Narcisa si quiere casarse antes de informar a todos excepto a ella. A Narcisa no le gusta ser la última en enterarse de las cosas
Había un aviso implícito en su voz que reconoció, una alusión a algo más que a su próximo matrimonio.
-Intentaré arreglar eso lo antes posible –susurró-. Pase un buen día, señora Lestrange.
Se
alejó, sin mirar atrás, sabiendo que ella encontraría
el camino de salida. Tenía talento para eso, y él tenía
muchas otras cosas más importantes en las que ocupar su
tiempo.
N/A.
Jur, este era más cortito pero me ha costado más O.o
Tenía varias frases por ahí que agggg, a veces odio a
Sionnain XDD Siempre hay alguna frase que se me resiste para
traducirla. En fin, otro xapi de esto, que cada vez queda menos y
parece que gusta bastante. Como veis ya queda poquito para que le
pida matrimonio juju. Esa parte mola, ya veréis :D
Joanne
