Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 7

Y cantó...

-Con cada error estaremos aprendiendo*, seguramente estaremos aprendiendo…- Tarareó, era una de las canciones que habían formado el repertorio de la castaña esa noche. Natsuki resbaló contra la puerta de entrada, la espalda apoyada en ella, empezaba por fin a descargarse con fuerza la lluvia. Y ella estaba afuera.

Encerrada afuera, por extraño que pareciera.

Siempre había estado encerrada de alguna manera, no era en realidad una sorpresa. Lo que sí le sorprendía era estar encerrada en esa situación. Aún no procesaba con claridad que había pasado.

Shizuru la había dejado fuera, sola, como un perro castigado. No había habido gritos, ni objetos lanzados, simplemente una mirada velada y un portazo en la cara. La morena sintió el frío piso contra su cuerpo, eso no estaba bien, la noche sería helada, no podía quedarse sin cobijo. Se levantó, sacudiéndose los pantalones, observó unos momentos más la puerta de entrada y luego empezó a caminar errante. En busca de cualquier cosa que la llevara a un poco de calor y comida. No tenía siquiera su motocicleta y no más que unos cuantos cuartos en los bolsillos. Se caló la chaqueta firme, sin saber a dónde ir. Se dirigió al centro de la ciudad, algo tendría que haber, algo que por lo menos la aceptara por un rato a que se le desentumecieran los pies.

Qué dijiste Natsuki, recuerda, ¿Qué hiciste? Según ella todo había sido normal, todo había pasado sin sobresaltos, tal como había prometido fue a buscarla. A pie, usar la moto en esas condiciones no era lo más seguro y no se sentía de ánimos para exponerse. Se sentó en una mesa, tomó un licor suave y luego fue a esperarla en el camerino. Habían hablado, sí, nada del otro mundo. En el camino de vuelta. Entonces, ¿por qué ese dolor?. La morena se detuvo frente a un escaparate aún alumbrado. Reconoció el lugar como el negocio naturista en el que se había emborrachado hacía no más de una semana con la castaña. Siguiendo un impulso, y escuchando las protestas de sus dedos helados, entró, sin saber exactamente que quería.

A veces haces daño sin darte cuenta, Natsuki, no todos somos tan insensibles a las palabras como tú… ¡ y no me mires así que es verdad!

-Un café- Pidió al fin, acercándose a la barra, luego de recorrer el local con la mirada. Estaba igual que la última vez, con el público sólo a la mitad. Se preguntó si el lugar no tendría un pick de ventas y sólo seguía una vida uniforme.

-En un momento- La mujer pecosa tras la barra preparó con rapidez la bebida, sin mirarla. –Aquí está su…- Dejó la taza sobre la barra y se detuvo a observarla, un brillo de entendimiento le cruzó la mirada -¿Tú eres la que estaba con Shizuru-san el otro día?- Inquirió, atónita, de golpe. La ojiverde la miró sorprendida, al tiempo que la mujer se tapaba la boca y empezaban a coloreársele las mejillas. Levantó las manos, en un gesto de disculpa ante su exabrupto. –Lo lamento, yo… es que me sorprendí…- Susurró al fin, aún más roja. Natsuki sonrió y, con un ademán de mano, le restó importancia al asunto.

-Está bien…soy nueva por acá después de todo- Sonrió, sin dejar de observarla directo a los ojos castaños. Detrás de ella casi podía jurar que veía la espalda de un rubio molestando a su amiga para que tuviera lista la cena. –No hay problema- Añadió, manteniéndose en este plano de la existencia.

-Sí…- La mujer ordenó un par de cosas en el mesón, dando un rápido vistazo al local antes de volver la vista a ella nuevamente –¿Te molesta si conversamos un poco?, es un poco aburrido a veces estar aquí- La morena la observó, nuevamente sorprendida, ¿quería conversar con ella?, normalmente la gente la rehuía, debía dar un aspecto bastante desprotegido en esos momentos para que la mujer delante suyo quisiera pasar el rato conversando. Asintió con la cabeza, aunque la verdad, a pesar de todo, no le iría para nada mal algo de compañía en esos momentos. Preparó un té para ella y arrimó una silla a la mesa. –Kikukawa Yukino- Se presentó, haciendo una pequeña reverencia de cabeza.

-Kruger Natsuki- Respondió la morena, correspondiéndole el gesto.

-Kruger-san… ustedes…- Natsuki se dio cuenta que la mujer quería atacar el punto inmediatamente, pero no sabía cómo llegar hasta él. Sonrió, no necesitaba preámbulos, no con ella.

-Natsuki está bien, y sí, vivimos juntas… o eso creo…- De pronto recordó su situación y, por primera vez en la noche, una oleada de rabia y despecho le subió por las venas. ¡Shizuru la había dejado fuera, como una niña caprichosa!, hasta entonces sólo había estado desconcertada, era ahora cuando estaba furiosa, lista para levantarse e ir a gritarle un par de verdades a la castaña caprichosa. La mujer con lentes frente a ella levantó una ceja, indecisa sobre cómo abordar el tema, Natsuki decidió que le facilitaría las cosas y, de paso, que le pediría algo un poco más fuerte para beber, necesitaba algo para sacarse la furia de encima, para sacarse el despecho, para sacarse, también, la pena.


Shizuru se daba vueltas por el vestíbulo de la casa como un león encerrado. No podía detenerse, no podía parar de caminar en círculos, estaba molesta, estaba intranquila, estaba apenada y estaba asustada. Le había cerrado la puerta en la cara, ¡sin miramiento alguno!. Estaba molesta.

Natsuki habló.

Y habló demasiado.

Sobre los lugares en los que había estado, y en los que pensaba visitar.

Del trabajo que se había conseguido hacía poco, de la vida que la esperaría unos meses después.

Una vida en la que no estaba ella, una vida que compartiría con alguien más.

La sola idea se le hizo insoportable.

En un arranque le cerró la puerta, y se encerró, sola, triste. Ahora se arrepentía. Shizuru no había salido a buscarla, no se atrevía, había actuado como una niña mal criada, y ahora le pesaba. Natsuki se había ido, no pudo observar su rostro antes de irse, pero lo sabía, seguramente estaría dolida. Por fin apoyó la espalda contra la pared preguntándose qué mierda hacer. No, eso no estaba bien.

Se había prometido seguir sola todo el camino.

Natsuki tampoco la había alentado, nunca se comportaba como si fueran a vivir juntas de por vida.

Con sus problemas, sus decisiones, sus alegrías y sus temores. Todo sola.

Y ahí estaba llorando por alguien a quién conocía hacía tan poco…

¿Llorando?. Shizuru se sorprendió, vivos lagrimones le caían de los ojos. No podía creerlo, hacía mucho, mucho tiempo que no lloraba. El ver sus saladas lágrimas le trajo un nombre a la memoria, uno que podía ignorar, pero no olvidar.

-Kanzaki…- Musitó, antes de dejarse caer al suelo, sin saber qué hacer.

-I just can't handle it…- Susurró, definitivamente no estaba de humor para tararear una canción tan alegre, a pesar de tener tanta razón.


-¿Kanzaki?- Natsuki sorbió otro poco de su cerveza antes de enfocar nuevamente la vista en Yukino. La mujer se inclinaba hacia ella, asintiendo con vehemencia.

-Sí, ese es el nombre que Shizuru-san soltó una vez, luego de que ella y Haruka-chan se emborracharan aquí- Yukino le había contado gran parte de la vida de Shizuru en el pueblo, la pública y al alcance de su mano, por lo menos. Hacía cinco años que la castaña estaba ahí, trabajando en lo mismo, sin tener nada conocido al resto del mundo. Sólo cuando se juntaban las tres, Yukino, Haruka la que me lleve mi madre si es su amiga y la castaña. –No sé nada más… pero… debes realmente gustarle a Shizuru-san para que te haya invitado a vivir con ella…- La morena se terminó el vaso, fue diligentemente llenado por la pecosa. No lo sabía, no lo creía, a veces creía que sólo era un capricho para la castaña, pero para ella ¿Qué realmente era?

¿Qué realmente quieres, Natsuki?, ¿Qué realmente sientes?

-No lo sé…- Respondió por fin, la vista fija a su vaso. –Realmente no lo sé, no la entiendo en algunas ocasiones…- En la mayoría… pero ahora sólo quiero volver a esa casa y descansar.

-Creo… que hay algo que puedo hacer…- La mujer la miró sonriente, la morena distinguió un brillo de cariño tras sus ojos castaños, le había simpatizado. Sonrió, el sentimiento era mutuo. De pronto se le vino a la mente una de las frases de la canción que la mujer casi mi mujer había cantado en la noche. I don't know how, someone controls you*, lo había cantado, mirándola. Se lo había dedicado, estaba segura. ¿A ella, quién realmente era la controlada por qué? –Ten- Dijo de pronto Yukino, sacándola de sus ensoñaciones. Depositó con cuidado una llave plateada en el mesón. Natsuki la miró sorprendida y dubitativa. –Créeme, si conozco en algo a Shizuru-san, estará feliz… la dejó un día, en caso de olvidar o perder la suya, cosa que parece imposible con lo meticulosa que es- Añadió, al ver la ceja levantada de la morena. La mujer extendió una mano y alcanzó el metal, estaba frío contra su palma, pero inexplicablemente le producía olas de calor que subían por su brazo. –Le mandaría a Haruka-chan, pero está en la capital resolviendo un par de asuntos…- Natsuki asintió. Por lo menos ya tenía algo más de información, no mucha, pero la suficiente para hacerse un panorama sobre el pasado de Viola. Se levantó, agradeciendo la charla y las bebidas, depositando un par de billetes arrugados sobre el mostrador. La dependienta intentó rechazárselos, pero Natsuki insistió, su política era siempre pagar, no le gustaba deber favores. Observó la hora en un reloj colgado de la pared, las 3 am, se apresuraría a la casa para intentar evitar el frío de la madrugada. Se coló la chaqueta nuevamente, aspirando una última bocanada de aire caliente antes de enfrentarse a la noche fría como boca de lobo. Adelantó unos pasos fuera del local, sin volver la vista, estaba segura que, a pesar de todo, las jodidas visiones seguirían ahí, molestando mientras no pueda superarlos.

Avanzó rápido, se había memorizado las calles, esta vez su rumbo era seguro. Fuera dejaba de nevar, el clima entibiaba un poco, se largaría a llover de un momento a otro. Apuró el paso, los últimos copos de agua nieve de la noche cayeron sobre sus hombros cuando alcanzó el alero de la puerta de entrada. Sacó la llave, nerviosa, muy nerviosa, no sabía con qué se toparía al otro lado, quizás debería hacer sus maletas y marcharse en cuánto despuntara el alba… no lo sabía. La pequeña pieza de metal le daba guiños en la noche, delimitando una forma imprecisa. Finalmente se armó de valor, buscando el agujero de la cerradura. Sus dedos fríos dieron por fin con la chapa. Iba a insertar la llave cuando la puerta se abrió.

Está bien, no importa, conversémoslo… a algún acuerdo podemos llegar.

-Natsuki…- La morena tuvo un segundo para ver los ojos rojos cargados de lágrimas, lágrimas que parecían rojas, parecían de sangre, antes de que la mujer se le lanzara encima, dándole un par de golpes en el pecho y luego abrazándola con fuerza. La ojiverde la observó sorprendida, sin saber qué hacer, ¿Primero la echaba, luego la golpeaba y finalmente la abrazaba? Dios necesito un manual… le cruzó los brazos por la espalda, estaba bien, no quería pensar más respecto a ello, sólo quería dormir un rato, descansar, no pensar en nada más que en una cama y en la hora que tendría que levantarse en la mañana para ir a su trabajo.

-No importa… nada más importa*- Susurró en su pecho Shizuru, separándose un poco. –Lo siento…- Articuló al fin, sin levantar la vista. –Lo siento mucho…-

-¿Qué hice?, por dios, Shizuru, ¿Qué carajos hice para que me echaras así?- Natsuki la separó por los hombros, buscándole la mirada. La castaña no la observó, aún ocultando la mirada. La morena se aprovechó de su estatura, algo más pequeña, para bajar la cabeza y buscar la rojiza mirada esquiva.

-Nada… es sólo que… a veces no me comprendo- La mujer se negó a dar más explicaciones, aún sin mirarla. Natsuki se rindió, no la entendía, pero ya era suficiente por una noche, era más que suficiente. La abrazó de nuevo, fuerte, depositando un suave beso sobre su frente. Shizuru se sorprendió de ese arranque, algo impropio de la mujer considerando el lugar en el que estaban.

-Con cada error aprenderemos*- Pero, ¿Cuánto tengo que aprender de ti?, y, ¿Cuánto alcanzaré a aprender de ti?. –Vamos… vamos adentro…- Susurró por fin, estaba bien, se le había escapado eso, pero necesitaba sentirla, por una vez, entera.


-¿Natsuki?- Observó a la mujer, estaba sentada de piernas cruzadas, hoy era su día libre en el taller, mirando la lluvia caer, sin prisa. Esa lluvia que caería por días, que sabía sería larga, por lo que al parecer no tenía ansia alguna en descolgarse del cielo de un solo aguacero. La miraba desde la puerta abierta, en el corredor de la casa que daba al pequeño patio. -¿Sucede algo?, has estado muy callada estos últimos días…- La castaña se sentó a su lado, depositando con cuidado el estuche de su guitarra en el suelo, dentro de unos momentos más tendría que salir al bar.

-No… es sólo que se está bien aquí…- Murmuró, sin desviar la vista del frente. –Aquí no los veo…- La castaña observó su mano, apoyada en el suelo. No se atrevió a tomarla. Siempre lo mismo, no importaba hasta dónde llegaran entre sábanas, Natsuki mantenía distancia cuando estaban fuera de ella, desde ese día en especial la mantenía incluso más, y ella tampoco la acortaba. –Aquí puedo descansar…- Susurró otra vez.

-¿Aún no?- Inquirió, tanteando el terreno.

-No, todavía no…-

Ambas guardaron silencio, sólo la lluvia fina rompía la calma del lugar, aunque más parecía ayudarla a mantenerse. Shizuru se debatió unos segundos consigo misma antes de abrir la boca, para hablar. Midiendo y eligiendo cuidadosamente cada palabra.

-Ella… ella creía que podría comprar una escalera al cielo*- Inició. La morena la miró extrañada, pero un par de segundos después un destello de entendimiento le cruzó por sus orbes verdes. Volvió la vista al frente, atenta a lo que su compañera fuera a decir. –Que todo se solucionaría con dinero, tiempo y esfuerzo… era una ilusa, hay muchas cosas que requieren de un accionar mucho más fuerte, mucho más violento…

Creía que podría comprar la escalera al cielo*…

Estábamos comprometidos desde hacía años. No es que fuera un gran problema, la verdad, éramos amigos, nos conocíamos lo suficiente como para sobrevivir juntos, cada quién por su lado…

Por cierto, estoy desheredada.

Me dieron una parte ínfima de mi herencia, con la que compré esta casa, y luego me borraron del árbol familiar.

Pero no importa… al principio dolió.

Pero luego miré más allá, me hizo replantearme muchas cosas… buscar nuevos lugares, nuevos horizontes. Busqué un lugar donde la risa tuviera eco, donde la razón fuera guiada por el corazón, no por el dinero… aún me hace preguntarme muchas cosas*…

Fue él quien me engañó… nunca debí confiar tanto, pero tampoco nunca supuse que lo haría…-

Shizuru guardó silencio. No quería hablar más y Natsuki no la obligaría. La morena no desvió la vista ningún momento de la lluvia, pero a medida que la castaña hablaba, deslizó suavemente su mano hasta atrapar la suya, envolviendo cada dedo en un intrincado juego de rompecabezas. Estaba perdiendo su control, estaban perdiendo su trato. Se estaban enamorando, las dos.

Y lo sabían.

Dios, sí que lo sabían, ¿pero qué podían hacer contra ello?

NdA. "While my guitar gently weeps" The Beatles, "Nothing else matters" Metallica, "Starway to heaven" Led Zeppelin, "Crazy little thing called love" Queen, creo que esas son todas... Bueno, un capítulo algo más largo, creí que tendría problemas para sacar este en especial (no he dormido más de 4 horas en cada día de esta semana) pero creo que, a pesar de todo, no salió un desastre... en fin, esperando que lo disfruten, intentaré seguir con estas actualizaciones regulares por semana. Saludos.

NdA2. Por cierto, casi lo olvido, créanlo o no, nos acercamos al final =)