IMPORTANTE: Hace poco Sionnain dijo en su LJ que no volvería a escribir sobre Harry Potter T.T pensé que debería avisaros. Quitando los que tiene hechos, no habrá nuevos. Aun así, todavía quedan muchos fics suyos por traducir :D

N/A. ¡Gracias por todos los reviews! Sé que digo esto al principio de todos los capítulos, pero os lo agradezco de verdad.

Disclaimer: "This word 'damnation' terrifies not him, for he confound Hell in Elysium". Esta frase es de "Dr. Faustus", de Christopher Marlowe.

N/T. Jope, se que tiré mil años para subir el 12, y mira que lo tuve casi completo durante semanas. Pero se me va el santo al cielo y es un asco todo, y se me olvidaba revisarlo y subirlo. La cosa es que he decidido dar un acelerón a alguna de mis historias, porque quiero dejar muchas de ellas terminadas para ver si me animo a empezar un macro fic de mortífagos que aún no se muy bien como irá ni nada, pero que quiero plantearme hacer (será después del séptimo, que supongo que ahí nos dará jotaká más info sobre los mortis, o eso espero… más le vale o sufrirá mi ira).

HIELO

XIII. LA PALABRA "PERDICIÓN" NO LE ATERRORIZA, PORQUE CONFUNDE EL INFIERNO CON EL ELÍSEO

Lucius esperó pacientemente en la biblioteca de Ravensden a que llegase su prometida para asistir a la cena en Malfoy Manor. Orion y Ariana se quedaron hablando con él mientras esperaba, y contestó sus preguntas con suficiente educación. Lucius se aburría a menudo con las conversaciones sociales, y por mucho que fueran sus futuros suegros, no le privaban de ese sentimiento. Se mantuvo atento a sus anfitriones y puso especial cuidado en mirar a la mesa de Orion. Se dijo que debía recordar a Narcisa que le pidiese ese mueble como regalo de bodas, ya que le había cogido cariño.

Estaba asintiendo educadamente a la diatriba de Orion acerca de la política del Ministerio sobre la prohibición de usar dinero muggle transfigurado y pensando cómo demonios ese hombre se las había arreglado para criar a tres hijas tan diferentes. Una de las cuales es una sádica sociópata, pensó, conteniendo una mueca. Bueno, una fácilmente reconocible sádica sociópata en todo caso. Otra era una traidora a la Sangre que vivía en algún lugar del Londres Muggle -Lucius se las arregló para no poner cara de desprecio- y la más fascinante e inteligente de sus hijas era vista por sus padres como una idiota sin cerebro. Lucius sonrió.

Vestida con una túnica violeta oscuro que destacaba sus ojos azules, Narcisa entró en la biblioteca tan fríamente bella como siempre. El ribete seguía un diseño plateado parecido al trabajo de nudos celtas. A Lucius le recordó a una hechicera irlandesa. Se sorprendió a sí mismo por lo descabalado de su pensamiento. No era un hombre que se entregase a esas ideas; le hacían recelar. Aún así, la sonrisa que dirigió a su prometida fue algo más fría de lo usual. Después de despedirse de sus padres, salieron al jardín. Lucius la examinó y dijo, arrastrando las palabras:

-Tan encantadora como siempre, por lo que veo. Claro que tampoco eres capaz de estar menos que perfecta.

Narcisa arqueó una ceja rubia, su expresión calmada e impenetrable; sin embargo, él sabía que sus palabras la habían irritado. Lucius se había dado cuenta rápido de que la forma más rápida de hacerla enfadar era prestando más atención a su belleza que a su mente.

-Dudo que aceptase usted menos, señor Malfoy –dijo con suavidad, y él se rió. Se inclinó, su sonrisa considerablemente más cálida.

-De hecho, señorita Black, probablemente no. ¿Nos vamos? –Le tendió el brazo, y luego se Aparecieron en Malfoy Manor.

La casa era de estilo victoriano tardío, y la completaba una imponente fachada cubierta por una rica y exuberante hiedra que trepaba por las paredes de piedra. La entrada estaba al fondo de un pequeño patio rodeado por las dos inmensas alas de la casa, que le daban forma de u.

Lucius observó a Narcisa mientras subían la escalera hasta la entrada de la casa, y los ojos de ella recorrieron los terrenos y la fachada de la mansión.

-Es preciosa –dijo, mientras se paraba inconscientemente y daba la vuelta sobre sí misma para admirar la vista. La sonrisa que le ofreció podría haber templado su corazón… si hubiera tenido uno. Tiró de ella y dijo:

-Tu reacción por tu futura casa me agrada, pero te sugiero no hacer esperar a mi padre. Es un absoluto tirano de los modales.

Narcisa soltó una risa áspera, divertida, pero no dijo nada. Él la escoltó a través de la entrada hasta el vestíbulo y dejó que echase un vistazo alrededor. Dio una vuelta por la sala, examinando los detalles del interior: la madera que revestía las paredes, los brillantes suelos de madera noble y las altísimas puertas.

Lucius se tomó un momento para mirar críticamente su casa, algo que no había hecho en años. Había, como generaciones de Malfoys antes que él, crecido en esa mansión. Lucius, como la mayoría de los herederos, era hijo único y había pasado mucho tiempo explorando la casa cuando era joven. La vida adulta había quitado el encanto a ese pasatiempo, pero seguía teniendo afecto a la casa.

-¿Cuenta la casa con tu aprobación por el momento? –le preguntó. Su respuesta le sorprendió.

-Es absolutamente divina, Lucius, pero tengo que admitir que esperaba que vivieras en una casa rodeado de mármol y blanco. Nunca te habría situado en un lugar con colores tan cálidos –dijo- aunque ciertamente bonitos.

Siguió mirando a su alrededor mientras andaban por el pasillo de camino al comedor, que estaba decorado en tonos rojos oscuros y dorados.

Él se detuvo, pensando cómo contestar mejor a sus palabras; entendía perfectamente a lo que ella se refería.

-La casa es desde luego muy cálida, ¿verdad? Creo que es por el efecto de los tonos dorados y la madera. Quizá la diseñaron así ya que los Malfoy no somos famosos por ser individuos excepcionalmente afectuosos -dijo, poniendo una mano en su espalda para guiarla por otro pasillo. Le complació el pequeño escalofrío que la recorrió, y sonrío ligeramente bajo la tenue luz de la casa.

-Tampoco hay exceso de ventanas –añadió ella en un tono curioso-. Es como estar envuelto en una manta roja y caliente –siguió- tan distinta de la piedra del exterior. -Le sonrió con algo de picardía. –Tal vez tengas razón, Lucius. Esta casa es el corazón del que carecéis los Malfoy –terminó, repitiendo inquietantemente sus pensamientos. Estaba extrañamente complacido de que pudiera decir algo así en ese alegre tono de voz.

-Tan astuta como siempre, señorita Black –contestó él parándose delante del comedor-. Ya hemos llegado.

Empujó la puerta entreabierta y dio un paso hacia atrás para permitir que lo precediese.

El comedor estaba decorado en la misma rica madera de caoba que había encontrado en el resto de la casa. Había pesadas cortinas brocadas en oro y rojo descorridas, y la puesta de sol daba un toque aún más cálido a la habitación. La mesa estaba puesta, cubierta por un mantel blanco de lino y rodeada por sillas de respaldo alto acolchadas en terciopelo rojo. La verdad era que había un exceso de rojo y dorado, pensó Lucius, dudando por qué nunca se había dado cuenta de eso. Estremeciéndose internamente, volvió su atención al hombre que estaba de pie educadamente cerca de la cabecera de la mesa.

-Ah, Lucius, ya has llegado. A tiempo debo añadir –dijo Aurelius. Favoreció a Narcisa con una superficial y cortés sonrisa-. Y la señorita Black, es encantador conocerla finalmente. Bienvenida a Malfoy Manor. Por favor, tome asiento –añadió, señalándole la mesa.

-Gracias por la invitación, señor Malfoy –respondió educadamente Narcisa. Su sonrisa pícara había desaparecido, y volvía a ser de nuevo la apropiada señorita Black con su espalda recta y su expresión recatada. Lucius la recordó tumbada debajo de él sobre la mesa de su padre y luchó contra la urgencia de echarse a reír.

-¿Entonces qué le parece Malfoy Manor, señorita Black? –preguntó Aurelius después de que todos se hubieran sentado.

-Es una casa encantadora, señor Malfoy –contestó con dulzura-. Me encantaría ver el jardín; no dudo que será igual de espectacular.

Dio un sorbo a su copa de agua, el vino sin tocar al lado de su plato.

-Sí, bueno, mi última mujer Stephanie era una jardinera devota –explicó Aurelius bruscamente. Lucius quiso poner los ojos en blancos por eso. A su madre le había gustado siempre más dar órdenes a los jardineros que dedicarse al jardín ella misma, aunque tenía que admitir que nunca la había visto sonreír tanto como cuando estaba en los jardines desde que él había sido un niño pequeño hasta que ella murió de un fallo del corazón cuando estaba en su segundo año en Hogwarts. Lucius nunca había estado interesado en las actividades al aire libre del jardín, y su padre había dejado su mantenimiento a un grupo de profesionales. Aurelius Malfoy había considerado esas cosas como trabajo de mujeres, y Lucius no estaba demasiado interesado en emplear su tiempo en cultivar una vida de cualquier clase… a menos que implicase a su futura esposa, claro.

-Lucius me ha dicho que tu hermana se ha casado recientemente –dijo Aurelius, y Narcisa asintió con calma.

-Sí, señor. Se casó con Rodolphus Lestrange hace dos años, creo recordar.

-¿Sin niños? –preguntó, y Lucius observó a Narcisa atentamente, buscando cualquier síntoma de incomodidad por la conversación. Su padre no era exactamente sutil, y Lucius tenía la certeza de que la pregunta la había hecho por si acaso necesitaba preocuparse por la capacidad de la más pequeña de las Black para engendrar un heredero para la casa de los Malfoy.

-No, no tienen hijos –dijo simplemente Narcisa, sin complicaciones. Lucius se había recostado en su silla, contemplando la escena con interés. Me pregunto que contestará si mi padre le pregunta la razón, dudó Lucius. Sin duda no dirá la verdad, que Bellatrix mataría a un niño en el momento en que la molestase, sea su hijo o no. Lucius decidió inmediatamente que su futuro hijo no pasaría mucho tiempo con su tía.

-¿Por alguna razón en particular? –continuó Aurelius, mirando a Narcisa con sus especulativos ojos azules.

-No lo sé exactamente, pero mi madre está ansiosa por tener un nieto, así que supongo que no tardarán en intentarlo. -Narcisa parecía contestar con facilidad a las punzantes preguntas de su padre, así que Lucius permaneció en silencio y se comió su codorniz del mismo modo.

-Entiendo los sentimientos de tu madre sobre ese punto –respondió Aurelius, echando un vistazo a su hijo-. Yo también estoy impaciente por dar la bienvenida a la siguiente generación de Malfoys, y solo tengo un hijo. Al menos tu madre tiene otras dos hijas que pueden darle un heredero.

Lucius se quedó inmóvil, furioso con su padre mientras Narcisa retenía el aliento a su lado. Aurelius sabía perfectamente que Andrómeda había sido repudiada, así que su declaración había sido hecha con la intención de angustiarla (Idiota, soy tan bueno como los hechos desmemorizantes como con la maldición Cruciatus, y si crees que el hecho de que eres mi padre me detendrá para usarlas, será mejor que lo te lo replantees) o estaba intentando sutilmente conseguir información de cierta importancia para él. Antes de que Lucius pudiera decir nada para detener ese tema de conversación, Narcisa habló:

-Dos –dijo, su voz queda pero con un deje de dureza en el fondo que Lucius pudo reconocer-. Mi madre solo tiene dos hijas, señor.

Buscó con la mirada de Aurelius con sus tranquilos ojos azules. Lucius soltó el aire retenido que no se había dado cuenta de que estaba aguantando y se volvió a recostar en su asiento para fijarse en su padre con una sonrisa relajada. Brava, Narcisa.

-Ya veo –contestó su padre, arrastrando las palabras y dirigiendo una sonrisa encantadora a Narcisa-. Ha tenido que ser terrible perder a una hermana a la que sin duda querías mucho.

Lucius volvió a incorporarse, su mano apretando con fuerza la varita, amenazante. Sintió que su mirada se volvía fría y que la emoción se iba de su expresión como agua resbalando por la fachada de piedra de su casa en una tormenta. Lucius era, sin embargo, más mortal que una tormenta de verano. Antes de que pudiese actuar, no obstante, la voz de Narcisa resonó clara y fuerte a su lado y penetró la neblina de fría cólera que le había invadido.

-Andrómeda Tonks traicionó la lealtad y el honor de su familia, señor Malfoy. No tengo ningún deseo de reconocer a una hermana como ella. –La postura de Narcisa era relajada mientras dejaba el tenedor y se limpiaba la comisura de los labios con la servilleta. Lucius se dio cuenta de que ni siquiera sus manos temblaban mientras hablaba, y su furia se convirtió en un atroz orgullo.

Su padre se echó hacia atrás, un brillo naciendo en sus ojos mientras decía suavemente:

-Sé que el lema de tu familia es Toujours Pur, señorita Black. No sabía que se tomase tan en serio esas palabras.

Lucius casi podía ver los engranajes moviéndose en su retorcida mente. Ella dejó la servilleta en su plato con cuidado, puso las manos en el regazo y asintió. Pensó un momento antes de hablar, los dos Malfoy silenciosos mientras esperaban su respuesta. Cuando ella levantó la vista, el silencio se había convertido en una extraña tensión.

-No tengo ninguna duda de que esa es la razón por la que mi familia repudió a Andrómeda –dijo Narcisa pensativa, como si estuvieran discutiendo los ingredientes de una poción en vez de una quizás traumática experiencia reciente para su familia-. Sin embargo, mi desdén tiene más que ver con el sentimiento de que realmente cometió un crimen contra nosotros, señor Malfoy, más que por su lamentable gusto en cuanto a los hombres.

-¿Y cuál es, señorita Black? –preguntó Aurelius-. Estoy muy interesado en escucharlo.

Apuesto a que sí, pensó Lucius, y volvió sus ojos hacia Narcisa.

Ella sonrió con educación y le sorprendió cogiendo su mano bajo la mesa, dándole golpecitos en ella para que se calmase. El gesto le asombró. Era casi como si le estuviera diciendo no te preocupes; no te disgustaré. Hizo su efecto. Refrenó su ira para con su padre por hacerla participar en esa conversación en su primer encuentro.

-Traicionó el nombre de la familia, señor Malfoy. Fue desleal a la Casa de los Black, y esa es la razón por la que nunca la perdonaré. –Narcisa se sentaba muy recta en la silla, y su voz se había endurecido ligeramente-. No siento respeto por nadie que voluntariamente abandone sus lealtades por la razón que sea, el amor entre ellas. –Se recostó en el respaldo, y la única pista que Lucius tuvo de su turbación fue que había cogido la copa de vino y había dado un sorbo. Narcisa apenas bebía, ni en situaciones sociales ni en privado con él, y esa acción le dijo exactamente lo mucho que le disgustaba el tema de conversación. Él apenas había tenido que sufrir los mal disimulados fisgoneos de Orion Black en sus finanzas.

Aurelius asintió pensativamente.

-Espero que me perdone, señorita Black, por mi aparente rudeza al entrometerme en un tema tan delicado. Hay pocas personas en este mundo a las que tengo en tan alta estima como a esos escasos individuos capaces de apreciar la lealtad –la verdadera lealtad- para con la familia. -Miró a su hijo intencionadamente-. Has elegido bien, hijo –añadió y se puso en pie para acercarse a Narcisa, quien estaba sentada al lado de Lucius. Aurelius le hizo un ademán para que se levantase, y Narcisa lo hizo. Él le cogió las manos y las rodeó con las suyas-. Bienvenida a la familia, señorita Black –dijo sonriéndola.

Ella le devolvió la sonrisa y respondió:

-Gracias, señor. –Su voz sonó dulce y satisfecha (y completamente insincera).

Sintiendo que la cena iba a terminar, Lucius también se levantó. Aurelius lo observó durante un largo momento y luego le dirigió una extraña sonrisa.

-Lo has hecho bien, muchacho –dijo. Permaneciendo en silencio, Lucius inclinó la cabeza brevemente.

-Creo que me retiraré para tomar un vaso de brandy. ¿Sospecho que la volveré a ver pronto, señorita Black? –preguntó, y ella respondió cortés que eso esperaba.

Cuando su padre se hubo marchado, pareciendo bastante engreído, Lucius finalmente frunció el ceño.

-Siento que mi padre tenga esa idea sobre una conversación para la cena –dijo arrastrando las palabras, y añadió bruscamente-: ¿Te encuentras bien?

Narcisa miraba por la ventaba, y sólo su perfil era visible para él, obviamente perdida en sus pensamientos.

-Por supuesto, Lucius –respondió, su tono de voz en el mismo tono forzado de cortesía que había usado con su padre-. Gracias por esta encantadora velada.

Lucius la cogió por los hombros y la obligó con fuerza a girarse. Vio un breve brillo de impresión en su rostro antes de que sus ojos azules se clavaran en él, ojos que fueron de indiferentes a furiosos en cuestión de segundos mientras le dirigía una mirada nada agradable.

-¿Qué es lo que pasa contigo, Lucius? –siseó mientras él la miraba furioso.

-Nunca vuelvas a usar ese ridículo tono de voz conmigo –le escupió, sus dedos mordiendo la suave piel de los hombros-. No estoy acostumbrado a preguntar por los sentimientos de los demás, así que cuando lo hago espero una respuesta honesta.

Ella se rió ásperamente:

-¿Qué es lo que quieres que te diga, Lucius? Estoy segura de que estás enterado de que encontré esa escena muy desagradable. –Entrecerrando los ojos peligrosamente mientras lo miraba, alzó las manos y agarró su túnica-. Estoy harta de ser juzgada por las acciones de mis hermanas –dijo, su respiración acelerada y las manos que aferraban la ropa empezando a temblar-. El padre del hombre con el que me voy a casar ha pasado nuestra primera comida preguntándome por mi estado de fertilidad, y todo porque la loca de mi hermana se niega a tener hijos. Luego tengo que defender mi honor, algo que no acostumbro a hacer, y todo porque Andrómeda es una desleal traidora. –Bajó los ojos un momento, y luego añadió con voz estrangulada-: ¿Me encontrarán defectos toda la vida por sus acciones?

La furia de Lucius de antes había desaparecido. Dejó de presionar sus hombros para poder atraerla hacia él para que apoyase la cabeza en su pecho. Él dejó descansar la barbilla en el pelo de Narcisa.

-Tus hermanas no te merecen, Narcisa, y si son el estandarte al que todos los miembros de la familia Black se aferran, tal vez sea mejor que no vuelvas a ser nunca una Black.

Se alejó un poco para poder mirarla. Sin lágrimas pero recelosos, sus ojos azules miraban a Lucius en silencio.

-Estoy al tanto de que Bellatrix está loca; posiblemente bastante más de lo que puedas creer –dijo con dureza- y el comportamiento de Andrómeda no ha influido en mi opinión sobre ti. Ella es responsable de sus propios errores. En cuanto a mi padre –dijo con desprecio- nunca ha luchado realmente por nada que afirma apoyar. Si lo hubiera hecho, estaría ahí afuera intentando hacer algo en vez de esconderse en su estudio con su brandy y sus opiniones. Tampoco te merece, Narcisa.

Ella se tensó algo en sus brazos y movió la cabeza de manera inquisitiva.

-¿Y tú, Lucius? ¿Lucharás por lo que crees?

Había un deje de algo oscuro en su voz, y su respiración había empezado a acelerarse. No pensó que fuera por miedo esta vez, y la apretó más fuerte contra sí.

-Claro –contestó, su propia respiración algo fuerte, y su cuerpo reaccionó al sentirla en sus brazos, ante la visión de sus ojos, que eran tan oscuros e insondables como la noche que había caído afuera de las ventanas-. Puedes estar tranquila respecto a eso, Narcisa. No tengo conciencia, querida –dijo sedosamente, haciéndola retroceder hasta la madera que revestía la pared al lado del aparador-. Cuando encuentro algo por lo que merece la pena ser leal, hay pocas cosas que no haría por ello.

-Ah –logró decir en una cálida, seductora voz, tan diferente de la gélida y distante mujer que había sido momentos atrás al enfrentarse a su padre-. ¿Y soy alguna de esas cosas que crees que merecen la pena, Lucius?

Llevó el índice al labio inferior de él, y, sonriendo al escuchar ese gemido entrecortado, lo capturó brevemente entre sus dientes y lo mordió con delicadeza.

Se apartó y dijo suavemente:

-No hace falta preguntarlo, Narcisa.

La besó como si estuviera sellando una promesa, y, en cierto modo, eso hacía.

Lucius Malfoy tenía un sentido del honor muy desarrollado gracias a las generaciones de arrogancia Malfoy, pero no había mentido cuando dijo que no tenía conciencia. Su gran talento había contribuido al admirable objetivo de mantener el Mundo Mágico libre de la mancha de Sangres Sucia y Muggles. Tener esa lealtad por una causa sin significaba que había muy poco que no haría por ver su objetivo cumplido.

Rompió el beso y la miró intensamente, intentando explicarle esto a ella:

-Hay muy pocas causas, y aún menos personas, que se ganen mi lealtad, Narcisa, ya que no la entrego a la ligera. Te la he dado a ti, y no hay nada que no diera como resultado de eso. Podría decirte estúpidas palabras de amor y decir que tus ojos parecen zafiros y tonterías por el estilo, pero no hay nada que pueda darte que sea mejor que esa promesa.

Narcisa se le quedó mirando sin parpadear, sus labios hinchados por sus bruscos besos y su boca curvada con una sonrisa.

-Gracias –dijo en una voz tan intensa como la suya, imbuida por más emoción de la que nunca le había escuchado-. Llevaré tu apellido con orgullo, Lucius Malfoy, y me esforzaré por ser siempre digna de lo que me has ofrecido.

Llevó sus manos a la cara de ella, y la sonrió:

-No tengo ninguna duda de que lo harás –dijo con suavidad, y sus ojos se encontraron. Ella elevó una mano para delinear su cara: sus ojos, su boca, su barbilla puntiaguda… y los ojos de ella ardieron con una emoción sin nombre que prendía gracias a un fuego interno.

-Bellatrix siempre ha sido la impulsiva –dijo, su voz queda mientras continuaba tocándole-. Pensé que una emoción tan intensa como la suya me ahogaría, me destruiría. Quizá –añadió- no soy tan pasional como pensé que sería después de todo.

Él cogió su mano y la llevó a sus labios, besando los dedos uno por uno y dejando un beso en el centro de la palma.

-Nosotros somos los que destruyen, Narcisa. Esa es la diferencia, querida, entre tú y tu hermana y Rodolphus.

La empujó para besarla de nuevo y se las arregló para pensar con coherencia lo suficiente como para sacar su varita y cerrar la puerta antes de que ella se dejase caer en uno de las mullidas sillas de respaldo alto que rodeaban la mesa.

No se habían intercambiado anillos y dicho las palabras que los atarían legalmente de por vida, pero desde ese momento Narcisa Black fue suya, y, en lo que a ella le concernía, se había convertido en Malfoy.

N/A. OMG ME QUEJO, SIIII XD dios mio, no sabéis lo largo que se me ha hecho… no sé si era por que estaba viendo al barça ganar 6-0 y me estaba cabreado y veía todo sumamente pasteloso, pero excepto la conversación con el padre no me ha gustado demasiado este xapi xD en fin, ya dejo que opinéis vosotros (y si, no es cosa de la traducción, dicen esas cosas tan pastelosas xD). Os dejo, a ver si me inspiro y escribo algo más. Y espero no tardar tanto xa la próxima vez, porque… en fin, sé que dije que actualizaría hace milenios, pero era tan rollo este xapi… todo descripciones y decorados horteras y conversaciones romanticonas, comprendedme.

10