N/A. Por favor, daos cuenta de que mis conocimientos de astronomía son limitados. Si la constelación Draco no es visible en esa época del año (y yo me imagino que están a finales de invierno) en Inglaterra, entonces reclamo licencia artística y tomo toda la responsabilidad del error.
Disclaimer: El mundo de HP le pertenece a JK, el fic es de Sionnain, y yo me limito a traducirlo. La frase ("How art thou fallen from heaven, O Lucifer, son of the morning –!") es del Libro de Isaías, 14;12. La traducción de la frase la he sacado de la Biblia (¡nunca antes había buscado un versículo! xDDD)
N/T. Acabo de tener examen esta mañana (uf, no sé yo... XD) y estaba HARTA de estudiar (mañana tengo otro T.T) y bueno, pues mi hermano no me ha dejado ver series, así que me ha dado por ahí y me he puesto a traducir xD menuda paliza me he dado, son pasadas las 10 y debería haberme subido a organizar mis apuntes hace... mucho XDDD Disfrutad el xapi, ¡este me gusta más que el pasado!
HIELO
XIV. ¿CÓMO CAÍSTE DEL CIELO, LUCERO BRILLANTE, HIJO DE LA AURORA?
Narcisa se arregló el pelo, colocándose unos mechones detrás de las orejas, e intentó alisarse la túnica. Lanzó una mirada divertida a Lucius, quien aún estaba recostado en la silla, despeinado. Sus duros rasgos estaban inusualmente relajados, y sus ojos tenían un brillo satisfecho y adormilado que ella encontraba innegablemente atractivo. Le dedicó una sonrisa perezosa, pero no hizo ningún amago de levantarse.
-Deberías dejarte el pelo suelto, Narcisa –dijo arrastrando las palabras-. Me gusta cómo te queda.
La mujer terminó de adecentarse el pelo y, cruzándose de brazos, lo miró.
-Tú deberías dejarte le pelo suelto –dijo dulcemente-, aunque debo decir que te hace parecer algo peligroso.
-Me gusta pensar que parezco peligroso con el pelo suelto –replicó, y, aunque ella estaba de acuerdo con él, permaneció en silencio, sonriendo a modo de respuesta. Finalmente se movió, poniéndose en pie y estirándose lánguidamente. Narcisa se encontró contemplándole fijamente mientras lo hacía, admirando las delgadas líneas de su cuerpo mientras completaba el sinuoso gesto. Capturó su mirada. Ella se sonrojó, y él se rió, el sonido puramente masculino.
-¿Ha visto algo que desea, señorita Black? –preguntó, una sonrisa engreída en sus labios.
-Estoy algo apegada a la porcelana –contestó débilmente, y Lucius bufó y empezó a abotonarse la camisa. Ella se fijó en los arañazos rojos de su pecho, y él siguió su mirada.
-Señorita Black, qué vicioso por su parte marcarme de esta manera.
Lucius negó con la cabeza a modo de burlona reprobación.
Narcisa, para todos los oscuros y peligrosos deseos que ardían dentro de ella, era relativamente nueva en la intimidad física. Como esta era la vez que más tiempo habían estado en la compañía del otro en dicha intimidad, aún no se había acostumbrado a las burlas sexuales y se encontró sonrojándose muy a menudo por sus palabras. Eso sin mencionar que ver a Malfoy de tan buen humor era un signo inequívoco de lo que acababan de hacer juntos
En vez de contestarle, le adecentó la ropa en un gesto muy de esposa, disfrutando secretamente al tocarle. Malfoy es como un dragón, pensó con una leve sonrisa, y me imagino que acariciar a uno tiene que ser igual de emocionante y aterrador. O, uno puede imaginarse, montar a uno…
-¿Ahora por qué estás roja, Narcisa? Ni siquiera he dicho nada –añadió, socarrón, su agradable boca curvada en su típica sonrisa de satisfacción.
Ella levantó la mirada hasta chocar con sus conocidos ojos grises y decidió borrar esa sonrisa de la cara contestando su pregunta. Quizá sin manual para montar dragones.
-Estaba pensando que tocarte tiene que ser parecido a acariciar a un dragón dormido. Pareces benigno por el momento, pero no dudo que me desgarrarías la garganta si quisieras, a pesar del buen humor que pareces tener.
-Sí, bueno. Tengo la seguridad de que eres de las pocas personas que me han visto de tan buen humor, así que te tomaré la palabra, Narcisa. ¿Y estás segura de que sólo has pensado en el parecido de acariciar a un dragón? Sólo eso no ha podido sonrojarte… -respondió arrastrando las palabras, y ella le golpeó en el pecho suavemente.
-Eres horrible -le recriminó, y él se rió de nuevo. Narcisa entrecerró los ojos, las manos en su cintura-. Debo creer entonces, Lucius Malfoy, que nunca has intimado con una mujer antes –dijo, intentando evitar sus burlas.
Parte de la diversión desapareció de su mirada, reemplazada por un recelo masculino que venía únicamente de la cautela que provocaba que su amante le preguntase por sus pasadas conquistas.
-Nunca he dicho eso, Narcisa. Me refería a que nunca he estado de buen humor con ninguna de ellas después.
Se encontró con sus ojos, preguntándose por qué esas discusiones verbales le producían tal placer.
-¿Ni siquiera con mi hermana? -preguntó dulcemente, y ante su mirada ultrajada, se rió. Era siempre un deleite sacar lo mejor de él, ya fuera verbalmente o de otra manera.
-Narcisa, no es correcto que sepas estas cosas, y mucho menos que hables de ellas -dijo en un arrogante tono condescendiente-, y deberías saber que nadie termina de buen humor estando cerca de Bellatrix, hayas estado tirándotela o no.
Anduvo hacia ella y la cogió por los brazos, apretando con fuerza. Ella jadeó, pero no de dolor. Lucius sonrió de manera cruel. Predeciblemente, la respiración de la mujer se aceleró, y su sonrojo ya no era por mera vergüenza.
A pesar de todo, le respondió con la eternamente apropiada voz de "señorita Black" que sabía que le irritaba tanto, y dijo remilgadamente:
-Te tomaré la palabra, aunque estoy segura de que es verdad... Ha habido muchas personas que se han acostado con Bellatrix antes de que ella se decidiese a casarse con Rodolphus. No dudo que estarán de acuerdo contigo. ¿Quizá debamos buscar a algún otro y preguntarle en el próximo acontecimiento social? Veamos, estás tú, Walden McNair, Barty Crouch Jr...
-¿Barty Crouch Jr.? -Lucius parecía horrorizado-. Espero que fuese después de mí.
Narcisa no se dignó a dar una respuesta a eso, y se limitó a alzar la barbilla y mirarle con el ceño fruncido, sabiendo que a su mirada le faltaba algo de vehemencia.
Mientras abandonaban el comedor, se fijó en que Lucius comprobaba el reloj de su abuelo mientras recorrían un sinnúmero de pasillos con los mismos paneles de madera y gruesas alfombras. Parecía que se adentraban en la mansión, y, a pesar de que la casa era inmensa, la falta de ventanas le hacía sentir un poco claustrofóbica. Malfoy Manor era sencillamente laberíntica, y, a medida que avanzaban, se pudo fijar en que la decoración súbitamente se hacía más recargada a su alrededor. Era casi como si la mansión respirase, como si de verdad fuese el corazón de la familia Malfoy, y ese corazón bombease sangre y oro, ambos entrelazándose en un simbiótico tira y afloja.
-¿Adónde vamos? -preguntó Narcisa, su voz haciendo eco en las paredes. Se sentía incómoda por sus pensamientos; después de todo, ese lugar iba a ser su casa, y no deberían estar invadiéndole tantas imágenes morbosas. Las relacionadas con la sangre le recordaban a su hermana, quien había elegido ese color para Shadowbarrow. Al menos en las habitaciones que había decorado ella. Bellatrix no tenía que rodearse de rojo para evocar a la sangre; flotaba pesadamente en el aire a su alrededor, dondequiera que fuese.
-Pensé en enseñarte el solárium -dijo, y ella se rió, haciéndole volverse-. ¿Qué es exactamente lo que te divierte?
-Tal vez el pensar en ti rodeado de tanta luz -respondió de manera burlona, y él sonrió con satisfacción, su mano bajando hasta el final de la espalda de Narcisa.
-Ni nombre significa luz -dijo mientras la hacía pasar a una habitación embaldosada y rodeada de ventanas. El techo del solárium era completamente de cristal, y las estrellas brillaban como diamantes en el terciopelo entintado que era el despejado cielo nocturno-. Sin embargo, tengo que admitir que sólo vengo aquí por la noche.
En la sala había sillas reclinadas, de forma que las personas que se tumbaran tuvieran una vista perfecta del cielo. No había plantas, algo inusual para un solárium. Narcisa caminó por la habitación y lo mencionó mientras Lucius miraba al cielo.
-Estoy seguro de que algo habrás podido adivinar sobre mí, Narcisa. No estoy demasiado interesado en mantener las cosas vivas -dijo. No la miró, sino que continuó con los ojos fijos en el cielo. Ella se le unió, y él se movió hasta las sillas-: Aquí -dijo-. Son bastante cómodas.
La silla te hacía sentarte de una manera completamente inapropiada. Reclinada de tal forma que casi parecía indecente, recordó que lo habían hecho en las sillas apropiadas del comedor. Agradecida de que la oscuridad ocultara su sonrojo, Narcisa miró al cielo, notando que las sillas eran perfectas para esa actividad.
-No sabía que te interesara la Astronomía -dijo, suponiendo bien que el extraño uso y los arreglos de aquella habitación eran para él y no para su padre.
-Era mi asignatura favorita en el colegio -respondió simplemente, y Narcisa se giró para ver su perfil. Lucius era, desde luego, un hombre increíblemente atractivo; y, en ese momento, estaba tan relajado como nunca lo había visto. Él se volvió y la sonrió lentamente-. Obviamente un rasgo que comparto con tu familia -dijo con suavidad-. ¿Cómo es que tú te escapaste a la tradición familiar?
Ella sonrió un poco y miró al cielo.
-Mi padre me quería llamar Cassiopeia, pero mi madre se negó. Dijo a mi padre que ya había "maldecido" a mis hermanas con nombres parecidos, y que, sin duda, crecerían de forma aterradoramente inapropiada para una mujer con esos nombres bélicos. -Narcisa se rió sin demasiada alegría-. Qué razón tenía Madre -añadió-. Yo tenía que ser su princesa, su niña "perfecta". A Madre le gustaba el nombre de Narcisa porque quería que me amase por quien era, y quería que poseyese la elegancia femenina de las que mis hermanas carecían o alguna tontería similar.
Movió la mano en un gesto despreocupado.
-No estoy muy segura de que Madre tuviera otra razón para elegir el nombre griego que la de aplacar a Padre (ya sabes cómo es el viejo guardián con las tradiciones, y los nombres griegos son algo tradicionales) para ponerme Narcisa. Lo traduce como narcisismo, pero siempre he sabido que ese nombre significa vanidad.
Había un deje de mordacidad en la palabra cuando la dijo.
-Deberían haberte llamado a ti como una guerrera. Es una pena que Ulises no sea un nombre de mujer -dijo suavemente Lucius-. Tu mente hace justicia al hombre del que se dice que originó la astucia. -Sonrió brevemente ante el pensamiento-. Porque podrías haber estado emparentada con el mismísimo Salazar, Narcisa.
Estaba satisfecha por sus palabras. El que Malfoy hubiera admitido que tenía una naturaleza astuta era un cumplido mucho mayor que el que podría haberle hecho de elogiar elocuentemente su belleza. Sabía con certeza que Malfoy la encontraba hermosa; muchos hombres lo hacían. Su apreciación por su mente era verdaderamente halagadora, por el otro lado.
-Gracias -respondió, reconociendo su cumplido, y él inclinó levemente la cabeza.
Narcisa contempló la constelación que se extendía por encima de ella. Nunca había sido aficionada a la Astronomía; le parecía una forma de perder el tiempo.
-¿Lucius, cuál es esa constelación de ahí? -preguntó apuntando sobre ella, y él se detuvo a observar un momento antes de contestar:
-Esa es Draco, el dragón -dijo-. Aunque parece más una serpiente, la verdad.
Ella le sonrió, encantada por alguna razón con los conocimientos resultantes de su interés por la Astronomía. Tenía un efecto decididamente humanizante en él. Un pensamiento la golpeó de pronto, y esta vez su risa sonó divertida. Él se volvió a mirarla, arqueando una ceja.
-Se me ocurre, Lucius, cómo nuestros padres nos han dado nombres que son lo opuesto a nosotros. Mis padres me llamaron así por alguien que sólo se preocupaba por su belleza, y tus padres te llamaron luz. -Encontró sus ojos y sonrió-. Cuando, de hecho, a pesar de estar satisfecha de ser bella, siempre he querido que me respeten por mi mente. Y tú... bueno, no creo que sea necesario explicar por qué "luz" es un nombre algo pobre para ti.
-Parece que estás en lo cierto -dijo. Volvió a mirar a las estrellas y añadió-: No puedo pensar en unos nombres más inapropiados para ninguno de nosotros.
Se quedaron sentados por unos segundos en silencio hasta que ella dijo en voz queda:
-Ya sabes, si quieres que honremos mi tradición familiar llamando a nuestro hijo con el nombre de un cuerpo celeste... -Se perdió la rápida mirada de satisfacción que él la dirigió cuando escuchó las palabras nuestro hijo, como si estuviera encantada por las estrellas por las brillantes estrellas- y la tradición de tu familia de dar al niño un nombre que no le corresponde, quizá deberíamos llamar a nuestro hijo Draco -se burló-. Entonces, sin duda, será el mejor de los niños.
Lucius se rió.
-De todas formas dudo que un hijo nuestro sea algo inferior a un dragón, Narcisa, ¿no crees?
Súbitamente algo le oscureció los rasgos, y ella parpadeó confusa por el rápido cambio de expresión. Había parecido casi humano, mirando al cielo con ella, y ahora parecía tan peligroso como siempre.
Él se levantó y le tendió la mano.
-Antes de nombrar a nuestra futura descendencia, primero está la cuestión del anillo que creo que te debo.
Aceptó la mano y dejó que él la ayudase a ponerse en pie. Lucius la apretó con fuerza contra él y sacó la varita. Confusa, se dio cuenta de que iban a aparecerse:
-Lucius -empezó-, ¿qué estás haciendo?
Él la sonrió de vuelta, la oscura promesa que se veía en su rostro hechizándola y aterrorizándola simultáneamente. Recuerda que, Narcisa, Lucius Malfoy puede parecer tan benigno como tú y mirar las estrellas contigo mientras habla de futuros hijos, pero éste es el hombre que es debajo. Lo demás es todo fachada.
-Vamos a conseguirte un anillo -dijo, riéndose. El sonido le erizó los pelos de la nuca, y tuvo que apartar la mirada del diabólico brillo de sus fríos ojos grises.
N/A. Ohhh Luci-amor! XD siento haber tardado tantísimo, sorry sorry sorry. Siento también no actualizar demasiado el resto de historias, estoy en plenos exámenes de septiembre... ¡termino el 18! ¡YAY!
