Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunrise.

Capítulo 11

Donde solíamos…

Las llaves resplandecieron amigablemente sobre su palma. Parecían saludarla, luego de un largo tiempo, volvían a saludarla como amigas separadas. Las encerró en su puño. Aún no estaba segura. Sentada en el pasillo que daba al pequeño jardín recibía los primeros rayos de un sol cálido. El solo que marcaba el inicio de primavera. Su bolso estaba listo, como siempre, a medio empacar dispuesto a partir en cuando lo necesitara. Sólo faltaba su resolución, su decisión crucial. Dejó las llaves en su rodilla, le temblaban las manos. La morena observó el cielo limpio de nubes. Shizuru no estaba. Ella tampoco se había pronunciado al respecto, pero podía ver en su mirada el anhelo y la desesperanza a la vez.

Pero la castaña no se opondría.

No, no lo haría.

Lo había intentado durante toda su estadía, con pequeños gestos, pequeñas acciones que la llenaban de calidez.

Pero ahora estaba cansada, demasiado cansada incluso como para pensar.

Solo las sonrisas armadas era lo que se mantenían en ella.

Porque podía ver a través de ellas, y había notado el cambio. Hacía una semana que no recibía una sonrisa de verdad.

Cruzó los brazos, ocultándose a sí misma esas manos que la traicionaban. No lo había decidido, no se entendía, ¿Para qué seguir corriendo?, si ya había por fin dejado atrás de lo que huía.

No importa cuánto corras, Natsuki, será lo mismo. Los parajes se repiten, las personas también… ¿Cuántos kilómetros recorriste antes de toparte con alguien como ella?

-¡Cállate!, ¡Lo sé!... lo sé…- Pero cuesta crecer…

-Ara, ara… Si Natsuki sigue gritando así los vecinos pensarán que estamos teniendo peleas maritales-

-¡Shi- ¡Shizuru!- La morena se dio vuelta con rapidez, sin despegarse del suelo usando sólo el impulso de sus manos que antes la traicionaban. Las llaves repiquetearon en el suelo al caer desde su rodilla. Ella no les dio importancia, pero los ojos rojos de la castaña las encontraron inmediatamente, refulgiendo a ese sol del que ahora resentía. -¿Cómo…?-

-¿Estoy aquí?, Takeda me dio el día libre… supongo que el también lo sospecha…- Observó su cara de consternación y sonrió levemente –Aunque es más probable que Yamada-san le haya comentado algo al respecto…-

-Yo…-

-¿Qué quieres de cenar?, ya que estoy libre podré hacer una cena decente, no otra comida congelada…- Natsuki se sonrojó, sus habilidades culinarias se restringían a calentar agua y descongelar pizzas que compraba en el supermercado.

-Supongo que… lo que sea que estimes conveniente estará bien…-

-Otra vez tan indecisa…- Suspiró, dándole la espalda para encaminarse a la cocina. –Entonces yo me encargo…-

-Indecisa…- Sí, tenía razón, estaba indecisa. Y Shizuru se lo había recriminado muy suave pero directamente, como ella solía ser. Recogió las llaves, guardándolas en su bolsillo rápidamente. No quería pensarlo, pero ya no tenía tiempo para posponerlo. Se dirigió hasta el pequeño cobertizo en el que guardaba la motocicleta. Descorrió la capa con la que la había cubierto. Le daba un mantenimiento regular, la encendía cada cuatro días, estaba con el estanque lleno. Su compañera de caminos estaba lista para emprender el siguiente viaje. Pero ella no. Dobló la capa y la guardó en un compartimiento especial, bajo el asiento. Ese era su lugar después de todo. Todo tenía que volver por su propio peso a lo que le correspondía. La montó, sin sacar la pata metálica que la afirmaba. Le encantaba esa motocicleta.

Recordó el viento azotándole el rostro.

Los kilómetros desapareciendo bajo sus ruedas.

El suave rugir y ronronear del motor entre sus piernas.

Lo amaba, lo había olvidado, pero amaba esa sensación. Podía recorrer kilómetros y kilómetros sin necesidad de descansar. Con el sol a su espalda, el suave desplazarse de los neumáticos. Podía cerrar los ojos y recordarlo todo, la llenaba, mucho. Pero, también notó, ya no la llenaba como antes. Ahora hay mucho más, muchísimo más de lo que siquiera podemos imaginar...

Acarició los frenos y el acelerador con anhelo, había pasado un largo tiempo desde la última vez que la había ocupado. Se bajó. Podía estar indecisa, en contra de lo que ella deseaba, con respecto a muchas cosas. Pero estaba bastante segura con la pequeña idea que le había cruzado la mente en cuanto tocó su fiel compañera metálica. Abrió el portón metálico que daba hasta la calle poco transitada. Trotó hasta la cocina. Donde Shizuru terminaba de disponer los elementos que utilizaría. Sonrió, era una de sus costumbres. Siempre ordenaba y disponía de todo correctamente antes de empezar. Tomó una de sus muñecas sin aviso. Asustándola ante el sorpresivo giro que la obligó a dar.

-¡¿Natsuki?, qué…!-

-¡Vamos a dar una vuelta, Shizuru, aún es temprano. Habrá tiempo para la cena cuando volvamos!-

-Pero…- La castaña observó esa mano que la guiaba y se rindió. Lanzando sin cuidado el paño que sostenía en una mano la siguió. Natsuki se apresuró hasta la motocicleta, entregándole un casco y tomando el propio. -¿A dónde vamos?- Inquirió frunciendo las cejas, observando el casco que tenía en las manos. –Creí que no conducías en invierno-

-El sol ha estado tibio por una semana, el camino ya se ha secado lo suficiente… Ten- Le entregó una chaqueta gruesa, que cortaría el viento. Se caló la suya y luego, de un salto, estuvo sobre la bestia de metal. Arrancándola de una sola patada. El motor rugió en cuanto aceleró en neutro, demostrando una alegría casi viva por salir a recorrer los caminos. -¿Vienes?- Le preguntó, observándola aún indecisa.

-… Voy- Shizuru se colocó con rapidez las prendas y se sentó tras ella, rodeando su cintura para sostenerse.

-No se te ocurra soltarte… o intentar guiarme- Aleccionó la morena, antes de sacar la pata de un golpe. Aceleró, sacándolas a ambas, con una maniobra arriesgada y la ayuda de Shizuru, Natsuki cerró el portón sin bajar del vehículo. Luego, con un par de aceleraciones, las puso rumbo a los caminos cercanos a la ciudad.

Pronto se convirtieron en un rayo azulado que comía los kilómetros.

Shizuru alzó la vista, observando cómo dejaban atrás los caminos, los árboles, las bandadas de pájaros que se desplegaban por encima. Tras ella cualquier marca quedaba lejos, disminuida por el paso de la motocicleta. El cabello azulado le hacía cosquillas, Natsuki no había guardado su melena dentro del casco. Estaba en libertad, como ella. Para la morena esta era la mayor expresión de libertad a la que aspiraba. La castaña cerró los ojos. Pronto pasarían un paso rodeado a ambos lados de árboles, para primavera florecerían. Estarían preciosos, cargados de diversos colores. Si solo estuvieras aquí para verlos, conmigo. Natsuki redujo la velocidad, el paso franqueado por árboles estaba aún verde o sin hojas. Pero la morena pasó de todas formas lento, dejándola apreciar el paisaje. Pronto subieron un par cuestas, hasta el mirador que marcaba el inicio de los terrenos considerados parte de la ciudad. Desde él, la pequeña araña de cemento parecía asfixiarse entre el resto del las colinas y montañas que le rodeaban. Se detuvo, apagando la máquina. Todo el lugar se encontraba sumido en un suave silencio, roto sólo por el ocasionar silbar del viento. Shizuru descendió, quitándose el casco para apreciar el espectáculo.

Ese lugar, mal llamado mirador, sólo contaba con una valla de seguridad. El resto sólo era un piso forrado en grava suelta. La castaña se acercó hasta la valla, respirando hondo. Aún el aire era frío, pero ya no era cortante, sino un frio más ameno, el aviso del cambio de estación. Observó por sobre su hombro. Natsuki le sonreía, el casco en un brazo, y ella apoyada en su motocicleta.

-¿Habías venido aquí antes?- Inquirió la castaña, acercándose.

-Sólo un par de veces…, quería verlo una vez más…- No completó la frase, no lo necesitaba, y Shizuru tampoco.

-¿Lo amas, verdad?- La castaña se puso a su altura, apoyándose ella también en el vehículo.

-Mucho… antes era mi razón para existir, lo amaba más que a nada… ahora…- Natsuki suspiró, llenando de aire nuevo sus pulmones. –Shizuru yo…-

-Yo… no te entiendo, pero aún así te quiero… no hablemos de eso ahora, Natsuki, sólo déjame disfrutar de esto, aunque sea sólo por un momento…-

-Nunca me dijiste… ¿Qué fue lo que hizo Kanzaki?- La morena casi pudo sentir el calor que despidió la castaña a la mención del nombre. No quería traerle malos recuerdos, pero quería saberlo, necesitaba saberlo. Ella le hacía y le haría daño, pero no quería fallar como Kanzaki.

-Reito…- Shizuru cruzó los brazos, suspirando y perdiendo la vista en el horizonte. –Digamos que él ventiló demasiado mi vida privada…-

-¿A tu familia?-

-A la sociedad, Natsuki, los trapos sucios se limpian en casa. Mientras no hubiera nadie más allá de esas murallas que lo supiera no habría habido problemas… pero Kanzaki sobrepasó ese límite… mi sexualidad no era el problema, mi imagen sí. La hija de los grandes magnates Fujino no podía tener una traba, nada que pudiera dañar la imagen de la familia, que afectara los negocios de la familia.-

-¿Fujino?-

-Parte de ser desheredada es perder mi apellido, tomé el nombre familiar de mi abuela materna…- La mujer acomodó el casco tras ella, acercándose a su pareja un poco más. –Kanzaki habló demás, alejó a esa mujer de mí y a mi familia también. Los dos pagamos por su error, pero me cercioré que pagara como era justo…-

-¿La alejó de ti?-

-En realidad estuvo bien… ella se fue por no poder soportarlo… no podía tener una mujer así a mi lado, supongo… aunque dolió…- Bajó la vista, sin dejar de mirar a su pasado. Natsuki la observó, nuevamente sumida en el dolor. Tomó su rostro entre sus manos y la obligó a mirarla. –Tú tampoco te quedarás Kruger… pero de alguna manera, duele más…- Había tristeza e ira contenida en sus ojos. Pero más que nada estaba esa melancolía. Volvería a estar sola y se había desacostumbrado de ello.

-Vamos a casa…- La morena la besó suavemente, antes de dejarla ir y volver a subir a la motocicleta.

Si no tienes el valor para dejarla, pero tampoco tienes el valor para seguir… ¿qué?


Trazó un recorrido errático por la palma de su mano, delineando cada contorno con la punta de su dedo índice.

-Sólo somos dos almas perdidas dando vueltas en una pecera…-

-Corriendo sobre el mismo suelo antiguo, ¿Y qué hemos encontrado?, los mismos antiguos miedos…-

-Esto no se soluciona tan fácil, me acostumbré a ti, te acostumbraste a mí. ¿Sabes cuántas veces he deseado que este invierno se haga eterno?, pero las estaciones terminarán, como siempre, y tú seguirás en tu absurda búsqueda… ¿qué más te falta, Natsuki?, ¿Qué más necesitas que no esté aquí?- Shizuru envolvió finalmente esa mano que tanto acariciaba. La morena sintió la descarga eléctrica sobre su brazo, sintió la presión firme, sintió el amor y el calor subiéndole por la garganta. El miedo, eso era lo que la atenazaba, la golpeaba, pero lo sabía, no era capaz de decirlo, ni siquiera a ella. -¿No lo dirás?- Los ojos rojos taladraron sobre ella, lo sabía o por lo menos tenía una idea acertada. Shizuru suspiró antes de dejarse caer sobre la cama, tirándola de la mano para que la siguiera, a su lado. –Prométeme que, por lo menos, esta noche estarás conmigo, prométeme que mañana me despertaré contigo…- Se tendió a su lado, rodeando la tibieza de su cuerpo en un abrazo. Se quedaría con ella, todo su cuerpo se lo gritaba. Ahora estaba ahí, mirando el cielo raso de la habitación. Desprotegida, desnuda en cierto sentido. Podía ver la tristeza bajo sus ojos encendidos, podía notar las pequeñas arrugas que en su ceño se formaban, podía oler el miedo en su piel. Nunca la había visto tan hermosa.

-Lo prometo- Musitó, más para sí misma que para su compañera. Esta no acusó escucharla, siguió con la vista al frente, sin soltar su mano. Se la puso en el estómago, cubriéndola con la suya otra vez.

-Te extrañaré…-

Te amaré –Yo también…-

-¿No hay nada, cierto?-

-No, no lo hay-

-No los encontrarás-

-Lo sé…-

-No te entiendo, no creo que pueda hacerlo, y aún así te quiero… no, ni siquiera a mí me entiendo- Se dio vuelta, encarándola, ahora la castaña acortó la distancia, posando su frente sobre la suya. –Como deseo que estés aquí-

-Shizuru…- Sabía a lo que se refería, no llamaba a su yo físico, sino a esa pequeña porción de sí misma olvidada y enterrada, sumergida bajo la fuerte corriente de la cordura.

-No te rogaré, Natsuki, te quedarías si lo hiciera. No quiero retenerte por las razones equivocadas- Besó suavemente sus labios, sólo para sentirlos, sin pasión, una tristeza y una ternura revestían ese beso. La morena cerró los ojos, un escalofrío le recorrió el cuerpo por completo. –Por mí está bien, pero sabes que, si vas, no volverás… si te vas no quiero que regreses, no quiero volver a verte…- La morena asintió, antes de acortar la distancia y depositar un beso casto sobre la castaña. Lo sabía, lo tenía todo. Había encontrado lo que buscaba, pero tenía miedo, el miedo la inmovilizaba. Había encontrado, había triunfado, ¿ahora qué seguía?, no podía entenderlo, no podía explicárselo. –No vale la pena hacerlo…- Rompió el silencio de nuevo, implantándole la duda. ¿No valía la pena?, ¿Ella, ellas no valían la pena?. Shizuru pareció leer su interrogante, porque le sonrió. Una sonrisa cargada de amargura. –No vale la pena cuando no hay un nosotras, sólo un yo, Natsuki- Respondió, antes de darle la espalda y acomodarse para pasar la noche. La morena cerró un abrazo tras ella, sintiendo cada respiración contra su piel. No podía culparla, no podía, a pesar de que doliera, ella tenía razón en eso, también. –Cambias un papel secundario en la guerra por un papel principal en una jaula*-

-Yo…-

-No respondas, ahora mismo no estoy enojada, sólo… decepcionada, no lo empeores, por favor…- No se giró para enfrentarla, pero podía sentir en su espalda tensa todo el esfuerzo que hacía para contenerse, para limitarse. -¿Tienes miedo de morder más de lo que puedes masticar?-

-A ti jamás te podría digerir… eso es lo que me da hambre…-

-Sigues siendo un misterio…- Susurró, divertida. Natsuki apretó su abrazo, creyó que esa noche sería salvaje, llena de altos y bajos. Pero esa tranquila tormenta, la calma que enterraba toda la fuerza de ambas la asustaba y fascinaba a la vez.

-Fujino…-

-Ni se te ocurra, lobo oscuro, has limpiado tus colmillos con mis huesos durante este invierno, no me dejes a la entrada de la primavera con el sentimiento de esa lengua áspera…-

Y todo se reducía a ese instante. Estaba allí, aún estaba allí. Todo su universo giraba en esa minúscula porción de tiempo. Cuando sus músculos se contraían a la espera de la orden final. Pero ese instante podía extenderse por siempre, o terminar inmediatamente. Ese instante sería exactamente igual que el anterior. Ese instante no volvería a atrás, no lo necesitaba, ese instante estaba replicado en cada uno de los que le seguirían. Entonces, ¿Por qué dudaba?

Ese instante será igual a este, a todos los demás. Lloras porque ya no la tendrás, pero ella va contigo. ¿Quieres tenerla aún más?, ¡¿Qué carajo quieres, mujer?, ¿Qué mierda pretendes?, no la puedes poseer a menos que te entregues!, ¡Acéptalo como ley natural!... acéptalo, no volverán y tú ya estás cansada de escapar.

Espero una palabra tuya, una palabra sana. Una sola de tus palabras, arrancadas por esa voz ronca, tan ingenua a veces, tan sofocante en otras, solo una palabra. Eso hará, será suficiente, eso hará sanar mi alma cargada, dolida, llagada.

La atmósfera de la habitación se hacía más asfixiante y cargada a medida que pasaban los segundos. Uno a uno, descolgándose. Como si el tiempo se hubiera multiplicado y a la vez dividido. Como si estuvieran viviendo en dos dimensiones paralelas a la vez.

La morena pegó un poco más su cuerpo a la mujer. Las palabras querían nacer de su garganta, gritaban por nacer y brotar, pujando con fuerza. Pero era incapaz de pronunciarlas, era simple, sólo decirlas, pero no podía no me atrevo, no …

-Quiero que te traiga de vuelta… te quiero de regreso. A ti, entera, no sólo tu cuerpo ni tu culpa que te hace quedarte-

-¿Shizuru?- La morena se incorporó sobre un codo, examinando su nuca aún fija hacia la pared, dándole la espalda.

-Es injusto, soy una idiota y tú una cobarde…-

-Pero-

-Es injusto y te sigo queriendo, ¿No crees que es ridículo?, ¿No crees que somos un par de idiotas dependientes?- Se levantó, encarándola nuevamente. Lágrimas amargas le corrían por las mejillas. –Crees que puedes entenderlo, crees que puedes superarlo*, pero no te conoces en esto Natsuki, no lo haces lo suficiente. Una mano caliente por un acelerador, una sonrisa por el viento cortante, puedes tenerlos los dos, ¿Por qué decidir?, es más, ¿Crees que puedes decidir, ¿Me cambias por una carretera vacía?, no lo sé… ya no sé nada contigo cerca. No puedo pedirte que te hagas cargo de mis sentimientos, ni que seas fiel a los tuyos, pero…- La miró de frente su voz estaba cargada de reproche, peros sus ojos rojos estaban apaciguados bajo el yugo de las lágrimas que aún luchaban por descolgarse. Subió una mano, para limpiar sus mejillas, y una lágrima resbaló de su propia barbilla. Se sorprendió.

Ambas estaban llorando.

Era estúpido.

Sí, definitivamente era estúpido.

Es idiota jugar sólo para lograr estar más solo, para hacer del propio mundo un lugar más frío*.

-Estoy aburrida de correr por la misma ciudad… por el mismo camino*-Shizuru le dio la espalda nuevamente, su humor fluctuante subía y bajaba, desde la tristeza a la rabia y la cólera en segundos. –Estoy aburrida de temer por lo mismo*, de no superar mis antiguos miedos*, hemos enfrentado nuestros pasados juntas y sólo nos hemos encontrado con que se repiten en nuestro presente, que tememos por lo mismo hacia el futuro… no logro deshacerme de Kanzaki y toda su ola de injusticias, ni tú logras deshacerte de tu soledad por miedo a volver a perder…- Natsuki la abrazó por detrás con fuerza, evitando si quiera que intentara escapar de sus brazos, no quería perderla, ¿Cómo si quiera podía haberlo pensado?. Se levantó de pronto. Dejando a Shizuru perpleja al abandonarla tan repentinamente. Corrió hasta la cocina, tomando sin precauciones una de las budineras en que la castaña solía colocar las ensaladas que ella tanto rehuía "Vamos, Natsuki, ¿Cómo esperas seguir lanzando golpes así si no comes algo de vitaminas?".

Estaba haciendo lo correcto. Los recuerdos ya habían calado demasiado hondo como para pensar en olvidarlos, o esperar siquiera que ellos se cansaran de seguirla*.

Llenó hasta el tope el recipiente y, sin cerrar la llave, corrió hasta la salida, abriendo la puerta de una patada. Equilibró el agua en su cadera, para poder abrir la puerta exterior de entrada de la casa, tras ella, podía sentir la mirada clavada de la castaña. Shizuru la había seguido, había perseguido a la morena que corría como un huracán por la casa, como una exhalación sin aún explicar su motivo.

Lanzó el agua sobre el pavimento frío.

En un solo movimiento cubrió la calzada con el líquido.

Selló de esa manera su propio destino.

Natsuki se dio vuelta, jadeando. No era la exaltación por haber corrido, ni mucho menos. Jadeaba al pensar lo que había hecho, el paso que realmente había dado.

Se giró para enfrentarla. Shizuru la observaba con una ceja levantada, conocía la tradición, pero aún tenía dudas con respecto a lo que en la morena podría significar.

-Together we stand, divided we fall…*- Susurró, acercándose. Suspiro cuando se encontró frente a ella, antes de aspirar una gran cantidad de aire, inspirándose valor a sí misma. –Me quedo… Shizuru, me quedo contigo…- La castaña levantó las dos cejas y Natsuki no pudo evitar reír al notar ese gesto tan recurrente en ella. –No quiero cambiarte, no puedo cambiarte… te necesito, joder, te necesito mujer…- La mujer frente a ella se talló un codo, cambió el peso de un pie a otro, sin mirarla directo, sin enfrentarla. Un escalofrío recorrió la espalda de la morena, tal vez, sólo tal vez… -¿Es demasiado tarde?-

-¿Para ti?... Natsuki… para ti nunca es tarde- Respondió, antes de lanzársele encima, cubriéndola por completo en un abrazo cálido.

-Me quedo aquí, me quedo contigo… estoy contigo…- Susurró, no le diría adiós, no le mentiría sobre las dos*. Las campanas sonarían, y ellas aprenderían sí, pero lo harían juntas. –Contigo…-Volvió a susurrar, antes de sentir sus propias lágrimas bajando hacia el hombro de su pareja. Aún les quedaba mucho por recorrer, pero ya habían dado el primer paso. Un largo primer paso.

La noche cálida evidenció el cambio de estación.

La primavera ya había llegado.

NdA: "Si no tienes el valor de morir, debes tener el valor de vivir", ni idea dónde lo escuché o leí, pero lo creo a pies juntos...

NdA2: "Wish you were here" Pink Floyd esta es una de las pocas canciones que me dejan con ganas de llorar, y no lo haría de no saber la historia que tiene detrás ¬¬ ... bueno, puse una canción más, que si han leído todos los capítulos ya sabrán cuál es xD (la he repetido un par de veces) y una referencia a un poeta que me gustó mucho... en fin. Cuando empecé a escribir esta historia buscaba escribir algo desenfadado y liviano y, en general, escribirla fue así, no tenía problemas para desarrollar a los personajes a excepción de este capítulo (una parte de este capítulo estuvo escrita desde el primer momento, la escribí seguidilla del prólogo...) debo reconocer que me partí un poco los sesos pensando que hacer con Natsuki... luego lo mandé todo al j**** c***** =)

Me demoré un poco más en este capítulo, me desconecté del mundo por todo el fin de semana. Son pocas las ocasiones (y especialmente en estos meses en que estoy trabajando en muchos proyectos) en que puedo regresar a mi casa, calzarme mis botas, mis jeans desgastados mi camisa y salir a recorrer los campos a lomo de mi caballo. Mucho menos las ocasiones en que puedo, finalmente, subir cordillera arriba y no preocuparme de nada más. Lamento el retraso, pero bueno... no fue tanto tampoco xD.

Curiosidades sobre este fic... uno de los capítulos lo escribí en un bus, otro en una de mis clases. Cosas así que todo el que puede hace xD. Tengo más ideas para más historias (I'm on fireeee!), pero no sé si saqué una pronto, mañana o en un mes más, todo depende si logro pensar en buenos finales para ellas. Si han leído hasta acá, se los agradezco, ha sido una sarta de leseras las que me he mandado. Espero hayan disfrutado del fic, yo disfruté escribiéndolo y leyendo sus comentarios. ¡Hasta la próxima historia se cuidan (yo intentaré hacer mi tanto también) y saludos!