Disclaimer. La frase que da título al capítulo ('Yet from those flames No light, but rather darkness visible') está sacada de Paradise Lost, de John Milton. La traducción es de Fernando Pessoa.
N/T. He tardado tanto que debería darme vergüenza. Me da un poquito, no creáis, jeje. Algunos me habéis mandado mensajes preguntándome si voy a seguirla, y bueno, sí, pienso terminarla, no os preocupéis. Si queréis encontrar el original creo que sólo podréis hacerlo desde el livejournal de sionnain, porque la página de toujourspur había pasado desgraciadamente a mejor vida la última vez que miré.
Gracias a Marlene por ese beteo intenso, ¡no lo hubiera terminado nunca!
HIELO
XVI. ES LA PRIMERA LUZ, QUE NO ES MÁS QUE OSCURIDAD VISIBLE
En el momento en el que Ariana Black vio el anillo de compromiso de Narcisa (a pesar de no conocer los detalles de la manera infame en la que le fue dado), comenzó a volver loca a su hija con los planes de boda. Narcisa, quien no tenía mucho interés en los intrincados arreglos florales o en los músicos (uno simplemente podía contratar a alguien para que se encargase de eso, y Narcisa planeaba hacerlo cuando se esperase que recibiera visitas en nombre de Lucius) se veía constantemente perseguida por Ravensden y acosada con los minuciosos detalles que formaban parte de planear una boda de sociedad.
Narcisa estaba al tanto de que una vez más la comparaban con sus hermanas. Ariana no había planeado la boda de su hermana mayor ya que la solemne ceremonia de Andrómeda consistió en quitar su nombre del tapiz de los Black. Por supuesto, Bellatrix, poseedora de un carácter obstinado, había insistido en los detalles de su boda con Rodolphus. Narcisa recordaba con ironía la forma en que hábilmente había dado la razón a Ariana en esos detalles de los que se preocupaba tan poco para poder hacer a su manera las cosas que le importaban más. Y esa es la razón de que Bella dejase a mi madre elegir los vestidos de las damas de honor dado que, claro, estando al lado de sus asistentes embutidas en sus horrorosos trajes mi querida hermana sólo podía destacar más. El recuerdo la hizo sonreír levemente, e inmediatamente decidió dejar que Ariana eligiese el vestido de dama de honor para tener su venganza. ¡Si sólo hubiera un color que a su despampanante hermana le quedase tan mal como le había quedado a ella el melocotón pálido que su madre había elegido!
Había una razón más oscura para no ser reacia a la idea de ceder a las demandas de su madre, y pensaba en ello cada vez que contemplaba el sol centellear en la prístina, fría belleza del anillo de compromiso. Las luces bailaban en las profundidades de la piedra perfecta (Narcisa la había elegido bien), y se estremeció bajo el ataque de una sensación indescriptible. Miedo, excitación, lujuria... Todas se arremolinaron en su interior, mientras ella, perdida en sus pensamientos, inclinaba la mano hacia delante y hacia atrás. Su madre la pillaría haciendo esto por la mañana en el desayuno, cuando el sol llenó en el comedor y relució alegremente en el diamante. Ariana sonrió con cariño a Orion y remarcó que era "adorable ver a Narcisa tan contenta y soñadora acerca de los inminentes esponsales con el señor Malfoy".
Narcisa estaba, por supuesto, contenta por casarse con Lucius, pero no era exactamente una felicidad soñadora como la que su madre creía. Era más bien como si hubiera cumplido algún propósito hacia el que su vida hubiera estado dirigida, y, a pesar de estar segura de que su madre se hubiera mostrado de acuerdo, ser la mujer de un mago de sangre limpia no era exactamente lo que Narcisa tenía en mente. Su diamante era representativo de la oscuridad, de las más cosas ruines de las que había sido testigo o en las que había participado, por inocente que dicha participación hubiera sido. Mientras veía su diamante relucir a la luz de la mañana, pensó lo extraño que era que algo tan oscuro pudiera parecer tan brillante y puro. Como yo, pensó poéticamente, porque no puedo mentir y pretender que no sabía que tenía en mente cuando me hizo elegir. No le detuve, y soy tan culpable como él. El pensamiento era casi tan excitante como el bello anillo de su dedo.
Si Narcisa estaba abrazando algún destino oscuro, pensó que era completamente adecuado que su madre la enviara al altar vestida de blanco y comportándose de pies a cabeza como la impecable bruja de Sangre Limpia que siempre había pretendido ser. Su madre sonreiría orgullosa y gimotearía en un pañuelo, y su padre la entregaría al futuro marido con el mismo cariño distraído que le había demostrado durante toda su vida. Verían lo que siempre habían visto: Narcisa, la dócil y tranquila hija, haciendo lo que debe, tal y como la han educado. Las palabras de sus padres de la noche de la ceremonia de repudio de Andrómeda volvieron a ella: Nunca ha dado ningún problema; no es su manera de ser. Bajó la mirada hacia su anillo de nuevo y sonrió. Valdría la pena ver la expresión atónita de su madre si hubiera contestado con sinceridad a la pregunta de dónde había conseguido el anillo. Tengo capacidad para algo más que para los problemas, parece ser.
Ariana había insistido en organizar un baile de compromiso para la pareja; no importaba que la boda fuera en seis meses. Bellatrix había insistido en un baile para ella, y, como sus padres eran muy dados a hacer, asumieron sin preguntar que Narcisa deseaba otra para ella. Narcisa había tenido la esperanza de ver a su prometido en algún momento en un futuro cercano; era extraño que se vieran menos después de haberse comprometido que antes. Se las habían arreglado para escapar del furor de los planes de boda una tarde para cenar, y Narcisa se negó a molestarle con los detalles de ésta. Ya que ni ella estaba interesada en ellos, asumió que él lo estaría mucho menos. Lucius le había preguntado educadamente durante la cena si era necesario que él hiciera algo, y a Narcisa le había divertido ver su mirada horrorizada cuando pretendió considerar su pregunta. Había cedido y le había dicho que lo único que tenía que hacer era aparecer en el momento señalado, o sino aprendería algún hechizo de Bellatrix para maldecirle. Sus ojos habían chispeado por un momento, y había replicado que ciertamente Bellatrix conocía unas maldiciones interesantes. Quedó sin decir como sabía tal cosa.
Bastante más interesante para Narcisa eran los rumores susurrados de un poderoso mago oscuro que iba ganando lentamente seguidores para "purificar" la sociedad mágica. Eran rumores acallados de brutales matanzas y asustados murmullos de algo llamado "marca tenebrosa" apareciendo en el cielo sobre la casa de las víctimas. Narcisa leía El Profeta con sumo cuidado, buscando la información oculta en los prudentes artículos. Su padre hablaba de ese "Lord Voldemort" en un susurro de respeto y sobrecogimiento y siempre cambiaba de tema cuando Narcisa aparecía. Le hubiera gustado decirle a su padre que estaba bastante más interesada en aquel que se hacía llamar "Señor Oscuro" que en ninguno de los detalles de la próxima boda. Narcisa era lo suficientemente inteligente para saber que fuera quien fuese ese "Voldemort", jugaba un papel más importante en su futuro que el de si los jueces retirados del Wizengamot deberían sentarse al lado o no de los ancianos antiguos cargos del Ministerio.
Una semana antes del baile de compromiso, su madre estaba organizando en la sala de baile de Ravensden, y Narcisa se encontró a sí misma visitando a Bellatrix en la casa de la familia Lestrange, Shadowbarrow. Shadowbarrow denotaba la carencia de la imponente sensación que daba Ravensden o la grandeza de Malfoy Manor, pero Narcisa pensó que aquella casa iba con Bellatrix. Era una casa bonita por derecho propio; construida en una combinación fascinante de ángulos definidos, esquinas redondeadas y puntas afiladas. Se las arreglaba para resultar elegante, refinada y maniaca, todo al mismo tiempo. Narcisa pensó que el extraño diseño encajaba a la perfección con Bellatrix, como si el arquitecto hubiera poseído un giratiempo y se las hubiera arreglado para conocer la conducta de su futura señora y poder construir algo que fuera con ella.
A Narcisa no le sorprendió encontrar a su hermana en el salón, caminando arriba y abajo sobre la alfombra gruesa que cubría los suelos de la madera de la habitación. Bellatrix parecía cansada. Sus ojos oscuros estaban ensombrecidos, y su pelo estaba sorprendentemente lacio y carecía de su usual brillo obsidiana.
-¿Qué, Narcisa, qué es lo que te trae a Shadowbarrow? -Bellatrix sorbió algo de un vaso de cristal, y Narcisa pensó que parecía brandy, a pesar de que apenas eran las dos de la tarde-. ¿Se las arregla nuestra querida madre para volverte loca con la incesante cháchara de la boda?
Narcisa se río aunque sonó un poco forzado. Las palabras de su hermana sonaban crispadas, como si su voz estuviera a punto de romperse bajo algún desconocido estrés.
-Un poco sí. ¿Estás bien, Bella? Pareces cansada -terminó precipitadamente, precavida por la intensa mirada que Bellatrix le dirigía.
-Estoy bien, Narcisa -dijo secamente y luego cerró los ojos y se frotó el tabique de la nariz. Fue un gesto extraño en ella-. Lo siento, Narci. No pretendía ser tan brusca.
Por un momento, hubo silencio en el salón mientras Narcisa miraba perpleja a su hermana. Estaba bastante segura de que nunca le había pedido disculpas en toda su vida, al menos no de verdad.
-Es comprensible -dijo Narcisa con voz calmada-. Estoy segura de que andas ocupada últimamente.
El comentario pretendía ser inofensivo. Narcisa había visto muy poco a Bellatrix en las últimas semanas. Eso ya era de por sí algo infrecuente, tan diferentes como eran siempre había habido un lazo entre ellas, aunque a veces fuera difícil de comprender. Los ojos de Bellatrix se abrieron mucho ante el comentario y un brillo asesino centelleó en ellos.
-¿Y qué significa eso, hermana? -siseó Bellatrix, entrecerrando los ojos. Sus manos se cerraron convirtiéndose en puños. Había pasado de estar exhausta a furiosa en cuestión de segundos. Narcisa se encontró apretando los dientes y dudando si desarrollaría un tic en la mandíbula como Lucius si continuaba haciéndolo.
-Nada -respondió con un tono apaciguador-. Sólo que no te he visto por Ravensden en las últimas semanas, y eso es inusual. Por lo tanto, asumo que debes estar bastante ocupada, además de que pareces cansada, Bella.
Bellatrix se rió y sacudió la cabeza, los mechones de cabello negro cayéndole sobre la cara.
-¿Eso es todo? ¿No has venido aquí después de hablar con tu prometido para preguntarme dónde estaba anoche?
Su voz se alzó ligeramente; su respiración se aceleró.
La pregunta fue tan inesperada que el rostro de Narcisa reflejó una sorpresa honesta.
-No he venido aquí precisamente para averiguar cosas para Lucius Malfoy, sea mi prometido o no. Sospecho que te preguntara él mismo, Bellatrix.
Narcisa elevó la barbilla y clavó la mirada en su hermana. ¿Era esta alguna conspiración de ella para hacer que dudase de Lucius? Ciertamente su hermana y Lucius nunca serían amigos, pero Bellatrix había parecido de verdad contenta ante la noticia de su unión.
-Ah, por supuesto. Nunca ensucias tus manos, ¿no es verdad, hermanita? -Bellatrix daba esa familiar crueldad, esa tentadora cualidad a su voz que indicaba que estaba a punto de infligir alguna clase de tormento-. Bien, eso quizá tenga que cambiar, ya sabes, viendo con quien te vas a casar...
-Ah, Narcisa, qué placer verte.
La voz calmada de Rodolphus Lestrrange cortó la diatriba de Bellatrix, y Narcisa expulsó el aire retenido y esbozó una sonrisa educada mientras se volvía a dar la bienvenida a su cuñado. Los ojos de ella se abrieron ligeramente sorprendidos, pero suavizó sus rasgos y le respondió al saludo.
Rodolphus era un hombre apuesto de piel blanca, cabello oscuro y ojos tan intensos y profundos como los de Bellatrix. No era tan alto como Lucius, y llevaba el pelo muy corto, pero tenía el mismo porte arrogante de mago de Sangre Limpia (a pesar de no estar el rasgo tan acentuado como en Malfoy). Se mantenía bien, pero su apariencia era tan descompuesta como la de su hermana: ojos oscuros y salvajes con profundas ojeras, pelo despeinado y ropas arrugadas. Su voz era tranquila y serena; nada más en él reflejaba emoción. Entró en la habitación hasta llegar al lado de su mujer, y le dirigió lo que sólo podía ser una mirada de advertencia.
-Hola, Rodophus -dijo Narcisa con suavidad, mirando a su cuñado de reojo. Observó a los dos juntos y se preguntó cómo la casa no estallaba en llamas por la ardiente intensidad que desprendían al estar uno al lado del otro. Resistió la urgencia de decirles que tuvieran cuidado con las cortinas, sin saber si la maldecirían por el comentario o no.
-Sólo estaba diciendo a Narcisa que debería saber... -empezó Bellatrix, y Narcisa se sobresaltó cuando Rodolphus la agarró por el brazo. Un leve brillo en los ojos de Bellatrix sugirió que tenía reacciones conflictivas ante ese rudo trato, y Narcisa se sonrojó ligeramente al darse cuenta de que su hermana podía compartir ese rasgo en particular. Tendría que beberme la licorera entera de lo que sea que Bellatrix esté bebiendo para admitir eso.
-Estoy seguro de que Narcisa sabe todo lo que necesita saber de Malfoy -interrumpió Rodolphus con una deje de acero en su voz. Bellatrix y él se quedaron mirándose fijamente, los ojos centelleantes, y Narcisa quiso abandonar la habitación. Había tal intensidad entre los dos que era casi tangible, y el aire se volvió pesado y denso.
Bellatrix se rió. Fue un sonido desagradable. Levantó una mano y frotó la mano de Rodolphus, pero el gesto estuvo lejos de ser cariñoso.
-¿Lo crees, mi amor? ¿Crees realmente que lo sabe?
Narcisa se sintió como si estuvieran inmiscuyéndose en algún momento privado. Aparentemente estaban discutiendo sobre Lucius y ella, pero la ira en la voz de Bellatrix sonaba mucho más personal.
-Bellatrix, ya te he dicho antes que no me hago ilusiones respecto a Lucius Malfoy -dijo con voz fría.
Bellatrix se volvió a reír y se alejó de Rodolphus. Se quedó mirando pensativamente por la ventana mientras su marido se detenía a mirar su espalda, puede que deseando hechizarla o llevársela a la cama. Narcisa no estaba muy segura de querer saber la intención que brillaba en los ojos oscuros de su cuñado.
-No te estás casando sólo con Malfoy, ya sabes.
-¿Ah, no? -dijo Narcisa arrastrando las palabras, irritada ante el tono de suficiencia de su hermana-. No estaba al tanto de que fuera a compartir mi matrimonio con alguien más.
Rodolphus se volvió súbitamente hacia ella, la intensidad en sus ojos que antes había ido dirigida a su hermana ahora era para ella. Se río bruscamente.
-Al principio, eso fue lo que pensamos.
Volvió a reírse y rodeó a Bellatrix entre sus brazos para mirarla directamente a los ojos. Bellatrix no sonrió, pero su mirada cambió con rapidez de la furia a algo más.
Oh, maldita sea, pensó Narcisa irritada, y añadió con frialdad:
-No era consciente de que estabas de mal humor, Bellatrix. Solamente quería escapar de Madre y sus arengas sobre loscubertería de las mesas yla distribución de los embargo, si te apetece, volveré en otro momento más oportuno. -Narcisa abrió su bolso y sacó la invitación impresa en papel de vitela, el lema de los Black Toujours Pur estampado en relieve en la cubierta con rica tinta negra-. Aquí está tu invitación al baile que Madre se ha empeñado en organizar para mí -dijo Narcisa, su voz tensa. Dejó la invitación con brusquedad en el escritorio que había ante ella.
Bellatrix se apartó de su marido y sonrió a Narcisa con falsa brevedad y ojos negros muertos.
-Pensé que estarías contenta de tener un baile en tu honor, Narcisa -dijo en voz baja, sus manos de dedos largos rasgando el sobre para abrirlo despacio. Narcisa se encontró fascinaba por el gesto. Es experta en la destrucción.
Narcisa apartó su atención de ella y caminó hasta la puerta. Notaba los ojos de Bellatrix ardiendo en su espalda como si una llama estuviera lamiéndole la piel. Mantuvo la cabeza alta con resolución. Se detuvo ante la puerta, la mano en el picaporte, y miró por encima de su hombro a Bellatrix.
-No soy tú, hermana. Te advertí que dejaras continuamente de confundirme contigo como hermanas que somos, pero no nos parecemos nada.
-Es un asesino, Narcisa, y es uno de los mejores que he visto nunca.
La voz de Bellatrix se parecía a su mirada, muerta y desalmada. Narcisa sonrió fugazmente y se encontró con los ojos vacíos de Bella con los suyos azules y calmados.
-Lo sé -dijo simplemente y entonces se volvió y salió de la habitación. Creyó escuchar el estrépito de algo al romperse en la habitación al salir de la casa, pero no le prestó atención.
