Ninguno de los personajes me pertenecen, todos ellos son creación y propiedad de Sunris

-I put a Spell on you*- Murmuró, sonriendo, observando cómo caía su pelo azulado tras su espalda –Porque eres mía…- Shizuru alargo una mano, sin llegar a tocar sus hebras oscuras. Era de ella, y ya no necesitaba confirmación alguna de ello. La había capturado, sin darse cuenta lo había hecho. Siguió con la mirada sus pasos pesados y fuertes, desde una esquina del pasillo a la otra, dando vueltas y vueltas sin poder contenerse. Sí eres mía, y no aguantaré a nadie cerca de ti así otra vez… Natsuki giró por décima vez, sin dejar de desear un cigarro o su moto. Unas gotas de pánico se desprendían de sus pupilas verdes.

-Ara, ara, vamos Natsuki, esto no es un parto… todavía- Rió, la ironía definitivamente no era lo mejor a lo que podía recurrir en esos momentos, pero le era irresistible observar como las emociones subían y bajaban por la morena igual que una montaña rusa. La mujer no se detuvo siquiera a observarla, su mano subió, en intención de dedicarle un gesto grosero, cosa que hacía cada vez que no podía controlarse y necesitaba mandarla al carajo por unos momentos. Pero no terminó el gesto, simplemente volvió a darle la espalda, caminar cinco pasos y volver hasta ella. Otra vez pánico y preocupación en su rostro. En esos momentos ni siquiera podía mantener el semblante serio, ni siquiera podía estar enojada, no nada de eso. No podía más que estar asustada.

De pronto todo le parecía una pésima idea.

–Estará todo bien…- Le susurró, acariciando sus cabellos azulados.

-Lo sé… lo sé- Suspiró, descansando la cabeza sobre su regazo. Estaba de cuclillas frente a ella.

Sus manos en su vientre.

Y su frente sobre él, sintiendo el latir de su corazón.

Y el propio, desenfrenado.

Natsuki tuvo que reconocerlo, estaba asustada.

Demasiado asustada.

Shizuru siguió acariciando su cabeza, intentando confortarla. Por la situación supuso que ella sería la asustada y descontrolada. Pero la morena junto a ella parecía cerca de un ataque, pálida y sudorosa. Contrastaba con su propia piel sonrosada por la excitación y llena de vida. –Yamada-san ya vendrá- Comentó, intentando tranquilizarla. -¿Sigues pesando en cambiar tu motocicleta?... no me haría muy feliz si Natsuki hiciera eso-

-No, no… conseguiremos un auto, no hay problema con eso… es sólo que…- La castaña suspiró, reuniendo valor para enfrentar, nuevamente, la fobia de su pareja. Decididamente tomó su rostro con ambas manos y le obligo a mirarla directo a los ojos. El color rojo parecía encendido ese día, más fuerte y vital de lo que la morena podía recordar. Tragó saliva al verlos. La hipnotizaban, y, por lo menos, durante ese día, no caería otra vez en la tentación de salir corriendo hasta desfallecer.

-Natsuki, no tienes que mortificarte más con ello, ya está, ya pasó… ellos ya no están, pero estamos nosotros, y te necesitamos…- Sentenció. La morena asintió levemente, volviendo la vista hacia abajo, hacia su mujer pronta a darle un hijo. ¿Cómo se suponía que había llegado a esto?, ella, que era libre, que era salvaje.

Que era, a fin de cuentas, una extraña para el mundo.

-I put a Spell on you- Shizuru le sonrió. Tenía razón, ella la había hechizado, no había más explicaciones. Natsuki se levantó, sin despegar sus manos de abdomen de su esposa. Sintió el leve patear de mi hijo bajo la palma. Una oleada de calor la inundó, iba más allá de lo siquiera habría podido imaginar. Se inclinó, para besar a su castaña. La amaba, los amaba, los amaba mucho más de lo que alguna vez pudo sospechar. –Creo que Yamada-san ya está acá, Kruger-han- La castaña rió, la cara de su esposa cada vez que la trataba por su apellido era digna de un premio. La mujer masticó un par de palabras, adelantándose a recibir a su jefe. Shizuru la observó retirarse, presurosa, tomando un par de llevas de la mesa, con la cabeza por el cielo. Natsuki ese día no estaba en su centro, para nada, tan distinta a la mujer que ella amaba.

No importaba, era por ella que estaba así.

Y eso, de alguna manera, la hacía amarla más.

Posó su propia mano en donde antes estaba la de su pareja. No lo necesitaba para sentir a su hijo Nuestro hijo moverse y agitarse. Estaba listo. Ella lo sabía mejor que nadie.

Mientras la puerta se abría y Natsuki se acercaba para ayudarla a levantarse el primer dolor agudo le recorrió el vientre. Sonrió, sin acusar la punzada que le recorría el cuerpo.

Sí, ella estaba segura, ya era la hora.

Tomó la mano que la morena le alargaba. Era el momento, y ella no podía estar más segura de eso.

Y no podía estar más contenta de eso.

Había acertado, la morena era su mujer.

Tampoco podía estar más contenta de eso.

Natsuki alcanzó a distinguir la mirada cargada de cariño y calidez que la castaña le dirigió. En medio del temor y los nervios una oleada caliente le golpeó el cuerpo. No, ella tampoco se había equivocado.

Y hasta ese día le agradecía a los dioses el haberse quedado.

NdA: "I put a spell on you" Screamin' Jay Hawkins ... dormir poco no le hace bien a uno...