Disclaimer: La cita del título está sacada de The lake, poema de Edgar Allan Poe ('Yet that terror was not fright, But a tremulous delight').

N/A. En fin. Tengo ya tan abandonado esto que ni me molesto en inventarme una excusa. Qué lástima, qué poco escribo últimamente. Tengo ganas, pero me da mucha pereza y apenas tengo ideas… y se me ha ocurrido continuar esto, bastante más fácil que empezar de cero una historia, a ver si lo acabo de una vez y recupero la facilidad que tenía antes para escribir. Espero no haberme oxidado demasiado. Y que os guste : D

HIELO

XVII. PERO EL TERROR NO ERA ESPANTO, SINO TEMBLOROSO DELEITE

La siguiente vez que Narcisa pudo pasar algo de tiempo con Lucius fue en su baile de compromiso. El salón de baile había sido engalanado con flores blancas y luces blancas, una decoración tan elegante y etérea que resultaba tan apropiada como ridícula. Narcisa vestía una túnica del más pálido y gélido azul, tanto que parecía casi blanco. Parecía encantadora e inocente, y apenas había localizado a Lucius cuando este enarcó su ceja nada más verla.

—Buscando parecer inmaculada, ¿no? —comentó con una sonrisa sarcástica, y ella abrió los ojos con inocencia.

—¿Por qué, señor Malfoy? No entiendo qué intenta insinuar, señor. —Agitó las pestañas, una afectación que jamás había empleado. Él se había mostrado predeciblemente divertido, limitándose a ofrecerle su brazo para escoltarla a la sala de baile. Antes de entrar, se inclinó y susurró:

—¿Sabes qué me hace, mi querida Narcisa, verte entera de blanco?

Odiándose a sí misma por la traicionera urgencia del deseo, contuvo la respiración y luchó por recuperar la compostura.

—Me temo que no, señor Malfoy. —Esbozó una sonrisa tonta y él se rió con suavidad en su oreja.

—Me hace querer deshonrarla —susurró, y ella dio un traspié. Él soltó una carcajada, un sonido divertido y malicioso.

La madre de Narcisa se encontraba al otro lado de la habitación dando las instrucciones de último momento a los elfos domésticos, y su padre estaba hablando con Rodolphus en la esquina en voz baja mientras dirigía miradas nerviosas a su mujer. Narcisa, viéndose a salvo por el momento de espectadores curiosos, se inclinó y pegó su boca a la oreja de él.

—Me hace querer permitírtelo —ronroneó, riéndose ante el sonrojo que le subió a las mejillas.

Touché, señorita Black —dijo arrastrando las palabras, y con su brazo atrapó la mano de ella posesivamente—. Debemos atender esa cuestión en cuanto hayamos visto a nuestros invitados.

No había ni un indicio de incorrección en su tono; podría haber estado hablando sobre llevar el anillo a reajustarlo u otro tema trivial. Los ojos de Lucius brillaban llenos de tentación, pero los cerró brevemente, y cuando los abrió volvía a tener la misma inescrutable mirada gris de siempre.

Narcisa permaneció de pie en la línea de recepción a su lado y dio la mano a cientos de personas que ni le importaban ni le interesaban. Sin embargo, iba a ser la esposa de un mago muy importante y se figuró que debería acostumbrarse. No lo hizo más llevadero. Hubiera sido imposible para cualquiera notar la irritación que sentía; esto no era nada que no hubiese realizado antes. Quizá los eventos recientes habían acabado con su habilidad para sonreír con gracia en este tipo de ocasiones.

Por su parte, Lucius se encontraba al lado de ella con una expresión educada en su rostro; ni sonriendo ni con el ceño fruncido, parecía lo más benigno de lo que era capaz. Narcisa no entendía cómo podía engañarlos a todos, pero al parecer tenía tanto éxito con su máscara como ella misma. Quizá encuentre mi actuación igual de fácil de leer, pensó. Eventualmente, su madre la separó del lado de Lucius, y se vio forzada a mezclarse con los invitados, aceptando sus felicitaciones y sonriendo gentilmente ante sus buenos deseos. Muchas de las brujas jóvenes de su edad parecían molestas con Narcisa por alejar a tan solicitado mago del mercado.

Narcisa todavía poseía sus agudos sentidos de observación, y escuchó susurros en el salón de baile que definitivamente no estaban destinados a sus oídos. Orion y Ariana deben estar encantados con el matrimonio de su hija, era uno de los más comunes. Después de todo, escuchó cotillear a varias mujeres, la mayor huyó con algún Muggle y la mediana, esa Bellatrix, se casó con un Sangre Limpia que tiene poco más a su nombre que esa vieja casa laberíntica. Narcisa encontró divertido que se refirieran a Bellatrix como "esa Bellatrix", aun cuando ella estaba de parte de su hermana. Shadowbarrow era bastante más agradable que "una vieja casa laberíntica", a pesar de que la fortuna de los Lestrange no pudiera compararse a la de los Malfoy.

Hubo varios murmullos sobre el prometido y su "reputación cuestionable", y Narcisa rezó para que sus padres no los escucharan al menos hasta después de la boda. Eran hipersensibles a los rumores y el escándalo, con razón, y Narcisa se sentía presionada para ser la hija obediente. Haré el papel de la sumisa señorita Black por ellos, pensó, dando sorbitos al champagne, y luego pasaré a ser la señora Malfoy. Entonces vestiré túnicas rojas si me apetece. Las conversaciones en voz baja sobre Lucius no eran nada que no hubiera escuchado antes: sus tratos de negocios, sus actividades dudosas con el Ministerio y la cuestión de si estaba o no asociado con Lord Voldemort, quien causaba tanta agitación en la comunidad mágica. Narcisa no prestó atención pero se aseguró de recordar los comentarios —y, por ende, la identidad de los que los habían hecho— para discutirlos posteriormente con su prometido. El pensamiento de tener a alguien que se beneficiara de sus habilidades clandestinas la complació por primera vez en su vida. Malfoy no sospecha lo buen regalo de boda que va a ser esto.

Se hacía tarde. El salón de baile estaba lleno de gente que o bien no conocía o bien no le gustaba, y le dolía la mandíbula de tanto sonreír. Había rellenado su copa de champagne con agua y no pensaba en otra cosa que en su cama y en huir de toda aquella cháchara y felicitaciones vacías. Sintió un cosquilleo en la nuca y llevó su mirada hasta el otro lado de la habitación para encontrarse con los ojos claros de Lucius fijos en ella. Durante toda la noche, siempre que había notado que el vello del cuello se le ponía de punta, se había encontrado con su mirada habitual, gélida e intensa. Quiero deshonrarte…

Él, brevemente, desvió la mirada hacia la puerta que llevaba al pasillo, fuera de la sala de baile, se excusó de la conversación y salió. Quiere que lo siga, se dio cuenta Narcisa, y se excusó asimismo de la conversación. Caminó por el corredor oscuro y, al no encontrar rastro de su prometido, continuó por el pasillo. Los tacones resonaban en el suelo a medida que se alejaba del ruido de la fiesta.

—¿Lucius?

Intentó llamarlo y susurrar al mismo tiempo, lo que acabó en un tono mucho más reprobatorio de lo que había pretendido.

Una mano apareció de la oscuridad sombría y la agarró por el brazo. La arrastró hasta un pasillo lateral que llevaba a las cocinas. Narcisa chilló ultrajada hasta que la alzaron contra una figura familiar, alta y delgada.

—¡Lucius! —siseó, y esta vez la irritación sí fue intencionada—. ¿Qué crees que estás haciendo?

—Estoy tan espantosamente aburrido, Narcisa —se quejó, mordisqueándole el lóbulo de la oreja—. No me siento capaz de estrechar otra mano o escuchar ninguna afirmación más sobre lo jodidamente perfecta que eres —dijo, atrapándola contra una puerta de madera. Ella apenas podía verlo en la oscuridad.

—Pienso que debería estar de acuerdo, Malfoy —le espetó de vuelta, pero su voz había perdido mucho de su enfado anterior. Su reacción no era algo que pudiera controlar. En cualquier caso, Narcisa tampoco estaba muy segura de querer controlarlo.

—Te conozco, Narcisa, y tú no eres la mujer con la que todo el mundo piensa que me caso —dijo, sus manos moviéndose por su cuerpo con una urgencia brusca. Con sus dedos rozó los pezones, haciéndola arquear su cuerpo contra el de él desvergonzadamente.

—Bueno, yo también estoy al tanto de que mi prometido de Sangre Limpia cuenta con algo más que con un apellido noble y una gran fortuna —replicó, apoyando la cabeza contra la puerta mientras llevaba los brazos al cuello de él—. Quizá podrías admitir que somos perfectos el uno para el otro —añadió con la respiración agitada cuando él recorrió con la lengua el contorno de su oreja.

—Supongo —contestó con aire de suficiencia, sus manos apartando la túnica de Narcisa y los dedos de una de sus manos haciéndole cosas deliciosas mientras se las arreglaba con su propia ropa con la otra—. Sin embargo, soy impaciente, y ahora mismo solo hay una cosa en la que puedo pensar para curar el aburrimiento. —La cogió por los muslos e hizo que le rodease la cintura con las piernas, introduciéndose bruscamente en ella. Narcisa le mordió el hombro para detener su grito y se regodeó en su fiero siseo de placer.

Narcisa gimió, la sensación familiar de la inminente liberación recorriéndola entera mientras él se agarraba a ella y la embestía sin pensarlo. No podía verlo en la oscuridad; solo una fina franja de luz colándose en el estrecho hueco, cayéndole sobre el hombro. El sonido de su respiración mezclada y la ceguera erótica de ser incapaz de ver al otro aumentaban su excitación. Ella vio el hilo de luz refulgir sobre su anillo de diamantes y acercó la boca a la oreja de Lucius.

—He disfrutado de los cumplidos sobre mi anillo —dijo con la voz entrecortada.

Ante sus palabras, él se tensó y la embistió una última vez mientras le mordía en el cuello, un gemido escapando de él. Narcisa rió encantada, aferrándose a su túnica para sentirlo más cerca, respirando pesadamente. Bajó las piernas y le sonrió. En la oscuridad, podía sentir sobre los hombros el pelo que a él se le había escapado de la coleta. Las piernas de Narcisa temblaron por el esfuerzo, y sintió el placer que el estremecimiento produjo en él cuando se incorporó y lo miró a la cara.

—¿Nunca vamos a hacer esto en una cama en toda nuestra vida de casados, Malfoy? —preguntó mientras se alejaba para colocarse la ropa.

—Puede que no —le respondió—. Tampoco creo que te importe —añadió arrastrando las palabras en su tono de suficiencia, su arrogancia a la vez molesta y excitante.

Ella sonrió y se acercó hasta descansar sus labios sobre los de Lucius.

—No me importa —dijo contra su boca, y él la besó por primera vez desde que se habían encontrado en el pasillo.

—Te dije que quería deshonrarte. Uno no puede ser deshonrado adecuadamente en una cama, después de todo.

—No preguntaré cómo eres tan entendido en las sutilezas de deshonrar a una mujer joven —replicó, y él volvió a besarla.

—Pienso que debo guardarme unos cuantos secretos bajo la manga, Narcisa —contestó en ese tono enfurecido.

—Supongo, Lucius. Mejor regresemos a la fiesta —dijo Narcisa con voz divertida, sintiéndose llena de energía. Ambos realizaron un hechizo limpiador apresurado y adecentaron su ropa antes de regresar al pasillo que llevaba al salón. Casi habían llegado a la puerta cuando escucharon una risa suave.

—Vaya, me preguntaba dónde estaríais.

Lucius se tensó al escuchar las palabras, y ella sintió como la mano de él se movía a su lado como si buscara su varita, pero Narcisa apoyo con suavidad su mano sobre el brazo de él.

Narcisa sonrió con frialdad a su hermana, quien se apoyaba con toda tranquilidad contra la pared contigua a la puerta, dirigiéndoles una mirada oscura de suficiencia de quien sabe demasiado.

—Te creo, hermana. —Narcisa arrastró las palabras de una forma muy similar a la de Malfoy—. Si no recuerdo mal, te encontré ahí mismo con Rodolphus la noche de tu fiesta de compromiso, ¿recuerdas? Solamente continúo la tradición de la familia Black.

Sonriendo, Narcisa caminó de vuelta al salón de baile con la cabeza bien alta, prometiéndose disfrutar de la expresión de sorpresa de su hermana tanto como del agradable recuerdo que ahora tenía de su propio baile de compromiso.