Prologo: Caer al vacio
Solo corrían, corrían sin saber exactamente a donde iban, sus pies guiaban a los 6 chicos que sin ser consientes corrían entre filas de autos estacionados en las calles de Seattle, los rodeaban tal vez millones de personas pero sentían que estaban en una carretera vacía ya que las únicas personas que les importaban estaban al final de su recorrido. Los 6 jóvenes divisaron su meta el gran hospital de Seattle, al entrar la mujer de la recepción los detuvo
-dios mi ¿qué les paso jóvenes?- pregunto la mujer
- no importa ahora necesitamos verla- jadeo la castaña
-¿a quién?- los jóvenes no le respondían ya que ni siquiera tenían energía para hablar pero la mujer reconoció algunos rostros y supo a quien buscaban- habitación 303 de cuidados intensivos en el tercer piso-
Los jóvenes recobraron el suficiente aliento para correr hacia aquella habitación pero n el camino un enfermero los detuvo
-lo lamento jóvenes, no pueden entrar-
- pero es que usted no lo entiende venimos con la chica del 303- explico la pelirroja
- está bien denme sus apellidos- señalo el enfermero sosteniendo una libreta
-Shay- señalo la castaña
-Benson- prosiguió el castaño tomando la mano de la rubia
-Puckett- dijo la rubia
-Gibson- dijo el más gordito de todos
-Smith- hablo la pelirroja
-Puckett- señalo el rubio
-está bien pueden pasar- y el enfermero se hizo a un lado dejando pasar a los jóvenes. Apenas entraron a la habitación vieron a un chico en el piso llorando, Gibby y Carly se apresuraron a hacerse a su lado
-solo quise salvarla- se repetía el joven llorando- solo intentaba salvarla-
-ya tranquilízate ella está viva, pronto estará mejor- dijo Gibby
-sí, fuiste muy valiente hiciste lo correcto- lo consoló Carly- Freddie hiciste lo correcto-
Se oyó un grito ahogado y Carly se levanto de golpe, la vio parecía como si estuviera durmiendo placida mente -pronto se despertara- se repitió en su mente, y volvieron a quedar en blanco. El rubio y la pelirroja estaban en shock, Gibby consolaba a Freddie en el suelo y la rubia y el castaño lloraban desconsoladamente fundiéndose en un abrazo
El mundo se desmoronaba y ella no estaba para recoger los pedazos sin ella su mundo no era el mismo, caían lentamente en el vacio
