Hohoho!... aquí les tengo un capitulo extra en lo que termino el capitulo que sigue….ya le empecé a meter UsUk, sobre los capítulos extras…son capítulos de relleno con el mismo fin que menciones al comienzo… así que espero que les agrade la idea
También les tengo un aviso… voy a cambiar un poco el sistema de la escuela, ahora será un tema cada dos semanas para lograr pasar más rápido el fic, creo que no hay mas avisos…
Oh recordé uno…el capitulo que sigue hare sufrir a todos los personajes…sufrir muy feo (el aura malvada color negra se expande detrás de ella) muahahahaha…cof…cof…debo de seguir practicando mi risa de dominación mundial.
NI HETALIA NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, AL IGUAL QUE LAS CANCIONES INTERPRETADAS, LO UNICO DE MI PROPIEDAD ES LA TRAMA Y LOS MEXICOS.
Recuerden eso…y también nunca tomar chocolate en polvo a cucharadas, es adictivo y te da mucha energía, ya lo comprobé…
Ahora si ya puedes leer…
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CONOCIENDO A MI COMPAÑERO DE HABITACION
De
Matthew Williams
El pequeño canadiense caminaba lentamente por los pasillos después de que su hermano lo abandono, la caja que llevaba sobre entre sus manos cayó al suelo estrepitosamente cuando choco con alguien.
—Mon dieu, je suis désolé— el notorio acento francés hizo que el rubio levantara su vista para encontrarse con par de preocupados ojos color azul. El chico estiro una mano con la intención de ayudar a pararse al más joven.
—Ne vous inquiétez pas, je vais bien— contesto el ojiamatista en el mismo idioma que el otro, lo menciono como un susurro, pero a pesar de eso el otro lo escucho. Matthew acepto la mano del otro y se levanto del suelo. Se iba a agachar por la caja pero el rubio más alto lo hizo por él.
— Al parecer hablas francés como yo—el chico le sonrió levemente—Mi nombre es Francis, mon petit— un sonrojo se empezó a presentar en las mejillas del joven cuando el otro beso el dorso de su mano— Me tengo que ir, mi habitación está muy lejos de aquí.
— Yo soy Matthew, mi habitación también está muy lejos—murmuro el canadiense—es la 462…— el rubio más bajo parpadeo varias veces y alzo una ceja cuando miro el gesto de Francis.
— Mon Dieu, entonces tu eres mi compañero de cuarto— menciono el ojiazul para después cambiar su gesto a uno pervertido— Te aseguro que nos divertiremos mucho de todas la formas posibles.
Y no es que fuera paranoico ni nada por ese estilo pero… las palabras de Francis Bonnefoy no le daban mucha confianza.
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De
Ludwig Beilchsmidt
Se tallo las sienes lentamente con una mano, mientras que con la otra cargaba la caja, tendría que soportar a su hermano mayor por todo un año. Dejo de caminar al escuchar unos sonidos extraños, busco el origen de estos y frente a él miro a un joven castaño.
Lo reconoció al instante, era uno de los hermanos italianos, este intentaba levantar una caja del suelo pero al parecer estaba muy pesada y no podía. El alemán se acerco lentamente sin dejar de mirarlo, miro el ceño fruncido de este y como el rostro se le ponía ligeramente rojo al hacer esfuerzo.
— ¿Te ayudo?— pregunto cuando estuvo lo suficientemente cerca, el chico giro su cabeza, cuando lo miro se le erizaron los cabellos de la nuca y pego un brinco lo más lejos del rubio, soltando pequeñas lagrimitas, para el desconcierto del más alto.
— ¡Por favor no me hagas daño!— lloriqueaba el italiano— ¡tengo parientes en Múnich!
— No te voy a hacer nada— dijo el alemán por lo bajo mientras jalaba por la camisa al otro con la intención de que se parara, el alemán se agacho por la caja del italiano y fue cuando descubrió que esta no pesaba nada, miro con incredulidad al castaño.
—Que bueno— exclamo este alzando los brazos— Yo siempre he dicho que quiero comer pasta antes de morir.
— Ja—menciono el alemán mientras empezaba a caminar a un lado del más bajo, que parecía no querer parar de hablar.
Continuaron caminando por los largos pasillos del edificio, Feliciano hablando sin parar y Ludwig asintiendo de vez en cuando o contestando con monosílabos. De pronto el italiano paro bruscamente y apunto una puerta.
—Esta es mi habitación— dijo después de que se acercaran, miro al rubio, tenía el ceño fruncido y había dejado ambas cajas sobre el suelo. Este saco una hoja de la bolsa de su pantalón y miro lo que decía en ella, y cuando lo hizo soltó un suspiro de resignación.
— Al parecer eres mi compañero de habitación— menciono el más alto acercándola la hoja al rostro de el italiano, Ludwig miro como este leía atentamente con aquellos enormes ojos color miel.
— ¡Que bueno!— grito el otro, sobresaltando al joven alemán— Iremos a comer pasta para celebrar.
Ludwig negó lentamente con la cabeza, este sería un año muy largo.
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De
EL ASOMBROSO GILBERT BEILCHSMIDT
El asombroso yo caminaba por los pasillos haciendo que estos se vieran pequeños para una presencia tan grande como la mía (maldito Gilbert no te metas a mis escritos), como decía, el joven albino caminaba por los pasillos de manera despreocupadamente. Había estado platicando con el chico francés y el otro español, al parecer eran buenas personas.
Se detuvo frente a una de las puertas y tomo el plumón que estaba colgado de una cuerda pegada al pizarrón que había en la puerta. Se dedico aponer su nombre con la mejor letra que tenia y cuando termino dibujo un pollito a un lado de su nombre. Estaba a punto de introducir la llave que le habían dado, hasta que la un sonido proveniente de adentro de la habitación lo saco de sus asombrosos pensamientos.
No eran sonidos cualesquiera, era música de piano, abrió la puerta y miro a la persona que le estaba dando la espalda, parecía muy inspirado en lo que tocaba, no podía verle el rostro solo el cabello castaño oscuro y la típica espalda de una persona que no hace ejercicio.
Cerró la puerta bruscamente, haciendo que el chico aventara sus manos sobre las teclas del piano, causando un sonido espantoso, este se giro bruscamente y miro al ojirubi que aventó la caja al suelo.
— ¿Qué sucede, señorito?—pregunto burlescamente el albino lanzándose a la cama vacía— ¿le molesta que el asombroso yo haya interrumpido su música?
—Claro que si—contesto el de ojos morados levantándose de la silla, acercándose al otro, que levanto una ceja y se levanto poniéndose cerca del otro, haciendo notar la diferencia de tamaños. El austriaco dio un paso atrás y dio media vuelta pero antes de que pudiera avanzar, el alemán lo tomo por el brazo.
— ¿No me digas que le tienes miedo al asombroso Gilbert?—pregunto el más alto acercando su boca a la oreja del otro, este le pego en la cabeza y continuo con su camino a su cama.
—Claro que no— contesto el pelinegro tratando de no voltearse y que el chico descubriera el color rojizo de sus mejillas— Es solo que no me quiero meter en problemas.
El otro hizo un sonido de disgusto, pero le resto importancia al asunto y se quito la ropa, quedando únicamente vestido en los bóxers blancos con dibujos de pollitos. El austriaco se giro y cuando miro al alemán hizo gesto de enojo y su rostro se puso rojo, no sabía si era por el enojo o bochorno de tener que ver al otro en prendas intimas.
Para Roderich Edelstein este año iba a ser el peor de toda su joven vida. O eso creía él.
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De
Lovino Vargas
Iba maldiciendo a todo lo que podía se maldecir en el mundo, echaba humo por la cabeza del enojo y la vergüenza. Justo cuando salió del auditorio se tuvo que caer, pero no era lo peor, no cayó directo al suelo.
Había caído encima de un chico castaño de acento español que, después de haberlo bajado de encima de él y pararse, le había dicho que parecía un tomate, pero no un simple tomate, un tomate muy lindo.
Él, no muy acostumbrado a los halagos, que normalmente se los decían a su hermano menor, lo único que pudo hacer fue pegarle un cabezazo en el estomago al pobre español para después salir corriendo. Ahora tenía que ir cargando con la maldita caja llena ropa para cama.
Y justo cuando estaba cerca del edificio la caja se rompió de la parte de abajo, haciendo que las mantas cayeran al suelo llenándose de tierra.
— ¿Qué no me quieres, maldito hijo de puta?— grito el italiano al cielo, los que pasaban por ahí lo miraron raro, el italiano solo les mando una mirada asesina y les saco el dedo ofensivo.
Después de recoger todas las cosas, empezó a caminar, llevaba la vista baja por lo cual no noto a la persona que había frente a él, cayendo al suelo junto con él. Levanto ligeramente la cabeza y se encontró con un par de curiosos ojos verdes.
— ¡¿tu otra vez?— exclamo el del rulo levantándose como rayo, miro al español que aun estaba en el suelo.
— Ah!—exclamó Antonio después de pararse— Eres el tomatito bonito.
—Cállate, bastardo— menciono el italiano levantando las mantas nuevamente, ignoro al otro y continúo caminando— ¡deja de seguirme, idiota!
—No te estoy siguiendo— contesto el otro sonriendo—Mi habitación queda en esta dirección.
Ambos se pararon, miraron la misma puerta, el más bajo frunció el ceño aun mas, si esta era una broma, el que se la hizo moriría dolorosamente.
— ¿Tú eres mi compañero?—pregunto ilusionado el de ojos verdes, el italiano lo ignoro e intento abrir la puerta, después de varios intentos fallidos, debido a la ropa de cama entre sus brazos,
Antonio le quito la llave—Yo abro.
— ¡¿Por qué todo lo malo me pasa a mi?— grito Lovino después de entrar a la habitación, revisaba las mantas, estaban llenas de tierra, las lanzo al suelo y las empezó a pisotear, desquitando su enojo con ellas.
—Si haces eso se van a ensuciar mas— menciono Antonio, el otro castaño lo miro con el ceño fruncido, un aura oscura se formaba detrás de este, pero con su incapacidad para leer el ambiente, no lo noto—Además, puedes dormir en mi cama, para que duermas calientito.
Y esa fue la gota que colmo el vaso, recibió un cabezazo en el estomago por parte del más joven, que empezó a gritar en italiano, supuso que eran groserías, con el rostro rojo del enojo. Lovino por su parte se encerró en el baño, mojándose el rostro, para tratar de calmar el enorme sonrojo que había sobre sus mejillas.
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De
Lukas Kristiansen
Estaba acostado sobre la cama de la habitación que le había tocado, ya se había bañado, cambiado, escuchado música, acomodo sus cosas, compuso una canción y su compañero seguía sin llegar. No es que le emocionase saber quién era, simplemente quería saber a quien tendría que soportar por todo un año.
La puerta de la habitación se abrió, Lukas se sentó en la cama y miro al que venía entrando. Un tipo de cabellos rubios que parecía que lo habían electrocutado. Los ojos azules del chico lo miraron y este sonrió.
— ¿Con que tú eres mi compañero?— pregunto el chico acercándose al noruego y pasando un brazo por sus hombros—Eres tan… ¡agh!
El más bajo había tomado al danés por la cadena que colgaba de su cuello ahorcándolo, el rostro del otro se empezó a poner azul por la falta de oxigeno. Lukas miro lo que estaba jalando, era una cruz plateada, miro nuevamente al rubio que hacia un vano intento para que el chico soltara la cadena.
—No los jales— intentaba decir Mathias entre jadeos— Es muy valiosa
El chico la soltó y el otro cayo directo al suelo, este se puso a respirar tratando de recobrar el color del rostro. Se paro lentamente y se giro hacia el noruego, en su mano tenia la cruz.
—Esta cruz es muy valiosa— menciono el chico lentamente, de pronto su rostro serio cambio a una enorme sonrisa— Mi nombre es Mathias Kohler.
—Lukas Kristiansen— contesto el otro fríamente aceptando la mano del chico, respiro profundamente y soltó la mano del otro.
—Tienes las manos frías— murmuro Mathias después de soltarle la mano al noruego— ¡Pero me tienes a mí para que te de calor!
E intento abrazar al rubio, pero lo único que recibió a cambio fue una patada en la barbilla que lo dejo tirado en el suelo por varias horas.
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De
Heracles Karpusi
Intentaba recordar el rostro del japonés que había ayudado hace unas horas. Bostezo lentamente y parpadeo lentamente, para no caer dormido en ese lugar. Sus pasos eran lentos pero pesados, resonaban por los pasillos, no fue a recoger las mantas, no las necesitaba y lo único que deseaba era dormir.
Se paro frente a una puerta y reviso el número. Metió la mano a uno de sus bolsillos buscando la llave pero esta…nunca apareció. Bostezo otra vez e intento hacer memoria, al final recordó que la había dejado adentro junto con el equipaje por accidente. Se sentó en el suelo recargando su espalda contra la pared y en menos de cinco minutos ya estaba dormido.
Escucho unos pasos calmados acercarse por el pasillo, el sonido se detuvo justo frente a él. El extraño se agacho y puso una mano sobre su hombro.
—Disculpa— una voz suave y calmada hizo que abriera los ojos, encontrándose con un par de ojos cafés— tú debes de ser mi compañero de cuarto, ¿se te olvido la llave?
El griego asintió aun medio dormido, escucho como la persona abría la puerta y lo ayudaba a levantarse para después dejarlo sobre la cama. El japonés por otro lado agradecía mentalmente que el chico estuviera dormido para que no notara el sonrojo que se formo en su rostro al reconocerlo.
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De
Feliks Lukasiewics
Limaba sus uñas suavemente para después tomar el esmalte rosa y aplicarlo sobre ellas. Sonrió ante el resultado de su manicure. La puerta se abrió lentamente y giro su cabeza para ver a la persona que entraba.
—Tipo, tu ropa esta pasada de moda—menciono el polaco en cuanto el otro cerró la puerta, volvió a sus asuntos, que era arreglarse las uñas de los pies. El otro por su parte lo miraba con cara de confusión.
—Disculpa— el lituano había dejado la caja sobre la cama, miro a Feliks, que parecía más entretenido en aplicar esmalte rosa sobre las uñas de sus pies, y las sabanas color rosa fosforescente— Soy Toris Lorinatis.
—Como que, no me interesa— contesto despreocupado el polaco. Aplico pintura sobre la ultima uña y se levanto de la cama para dirigirse a las maletas rosas que había en medio de la habitación. Subió una a la cama, bajo la atenta mirada del lituano, y empezó a sacar la ropa para poder acomodarla.
Y fue ahí cuando el castaño casi se desmaya, miro nuevamente la ropa del polaco. Siendo la mayoría vestidos color rosa, el otro continuo sacando faldas, blusa, pantalones cortos y todo tipo de prendas en diferentes tonalidades de rosa.
—Dios porque me diste un travesti por compañero— susurro Toris llevándose una mano a la cara.
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De
Yao Wang
—No tenían mantas de pandas-aru— mencionaba el chino, a punto de soltar lagrimas.
Cuando fue a buscar por las mantas, pregunto que si tenían con estampado de pandas, a lo que la encargada contesto que no. Pregunto si tenían con estampado de Hello Kitty y tampoco tenían, y así duro una hora peleándose con la chica hasta que esta se desespero y le lanzo la caja de sabanas directo a la nariz, razón por la cual le dolía.
Abrió la puerta de la habitación y se tenso en su lugar cuando sintió el aura oscura que había en la habitación, levanto la cabeza tratando de buscar la razón y ahogo un grito cuando la encontró.
— ¡Eres el chico que me estaba acosando durante la exploración-aru!— grito el de cabellos azabache apuntando acusadoramente al ruso, que simplemente sonreía infantilmente.
— ¡ah! El destino quiere que seas uno conmigo, da— el asiático se congelo en su lugar, se giro rápidamente intentando salir, pero lo único que miro fue el pecho del ruso.
— ¡¿cómo demonio te moviste tan rápido?— chillo el más bajo caminando hacia tras pero a cada paso que daba el ruso avanzaba uno— ¡NO TE ACERQUES!
Al día siguiente muchas personas aseguraron que ese grito se escucho hasta el Staples Center donde Justin Bieber se encontraba dando un concierto esa misma noche.
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De
Pedro Martínez
—Somos como arena que no se despega pues te sigo amando, quiero ser la copa que ayude a olvidarlo*—cantaba suavemente el mexicano, miraba los pasillos despreocupadamente con la misma sonrisa idiotizada de todo el tiempo— Cuando nos besamos, cuando nos tocamos todo es un relajo pues no cabe duda que nos adoramos.
Se detuvo al mirar como un chico rubio le pegaba patadas a la puerta, Pedro descubrió que se trataba de la puerta de su habitación, camino lentamente hasta acercarse al chico y le toco el hombro.
— ¡¿Qué?— la sonrisa se borro del rostro del castaño, pasando a una mirada más asesina, el suizo se sorprendió por el cambio de actitud del chico.
— ¿Tienes algún problema?— pregunto suavemente el más alto, Vash sintió un escalofrió pasar po su espalda, a pesar de que la voz era suave lo hacía con un tono que lo asustaba
—Se equivocaron de llave— dijo mostrándole la mencionada al castaño, este la tomo, la examino y la tiro al suelo como si nada sucediera.
— ¿Y crees que desquitando tu ira contra la puerta esta se va a abrir?— menciono el mexicano sacando su llave y abriendo la puerta. El suizo frunció el ceño aun mas y apartando delicadamente al otro— Pendejo amargado.
— ¿Qué dijiste?— ahora fue el turno del mexicano de asustarse, ¿que el chico tenia súper oído para escuchar el susurro?
—Nada— contesto el otro nerviosamente—Solo que la fuerza de nuestras cabezas nos tiene trastornados.
Y así el suizo tuvo que sufrir de escuchar toda la noche los cantos del otro, ¡Oh! ¿y quién diría que el mexicano traía un costal de chiles en una maleta?
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De
María Martínez
Abrió la puerta bruscamente con una patada, entro a ella y dejo el estuche de la guitarra sobre la cama. Estaba a punto de quitarse la blusa, pero paro sus movimientos, se acomodo la blusa nuevamente y empezó a aspirar lentamente el aire que había en la habitación.
—Estoy segura que huele a tabaco…— murmuro la chica caminando hacia la fuente del olor, se acerco al bote de basura a un lado de la cama de su compañero y cuando estaba a punto de revisar el contenido la puerta del baño se abrió.
Se fue de espaldas al verse descubierta, cerro sus ojos debido al golpe, cuando los volvió a abrir sintió como la sangre se empezaba a acumular en su rostro. Se levanto rápidamente y se puso de espaldas al holandés.
El otro por su parte miraba a la chica, el agua en su cabello atravesaba lentamente por su pecho perdiéndose en el lugar donde iniciaba la toalla que cubría sus partes íntimas, el holandés le resto importancia al asunto y continúo caminando.
— ¿Qué estabas haciendo?—
La chica dudo en girarse para encarar al más alto, sinceramente, no esperaba que su compañero fuera a ser un hombre.
—Ya te puedes voltear— giro lentamente, el chico se estaba terminando de poner los pantalones, el color rojizo de su rostro no bajo, el chico seguía sin camiseta— ¿Qué estabas haciendo?
La chica tembló ligeramente ante el tono voz usado por el mayor, levanto la vista encontrándose con el rostro de Govert. Frunció el ceño cuando se dio cuenta de que había entre la boca de este.
—Quería buscar la razón de porque olía a tabaco, pero ya la encontré—estiro su mano y se acerco al bote para revisarlo, había alrededor de 7 colillas de cigarro, tiro el que había entre sus dedos al bote de basura ante la mirada de enojo del otro.
— ¿Por qué hiciste eso?—
— Porque no me gusta el olor a cigarro— contesto ella, y se empezó a acercar al chico amenazadoramente— Te juro que si vuelvo a ver una colilla de cigarro te voy a arrancar los…
— ¡María!— la puerta se abrió interrumpiendo las palabras de la chica, esta se giro molesta y miro como su hermano la miraba confundido— ¿interrumpo algo?
—No—contesto ella— ¿Qué quieres?— pregunto fríamente a su hermano.
— ¿Eh?— la ojiverde se llevo una mano al rostro—Ah, si…. ¡Tienen tacos en la cafetería, vamos!
El chico jalo a su hermana mientras que esta renegaba y tomaba su chaqueta, el holandés por su parte ignoro a los latinos y abrió el cajón que había en la mesita de noche para tirar las cajas de cigarros. Más vale prevenir que lamentar.
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Ya sé que faltaron algunos pero no se me ocurre nada para ellos, esperen con ganas el próximo capítulo, el tema se centra en un artista, solo les diré que es mujer y tiene un video musical que es uno de los más visitados en YouTube.
* La canción que Pedro está cantando es Amor Confuso de Gerardo Ortiz
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