Esta es una adaptación con algunos de los personajes de Tite Kubo, la historia no es mía, en el ultimo capitulo les diré el nombre de la autora y el nombre original de la historia.
Capítulo Cuatro
Ichigo la saboreó profundamente, dispuesto a caer hasta el final. No había imaginado que ver a una mujer abrazar a su perro fuera tan afrodisíaco.
Quería a Kon. Lo había querido desde el momento en el que quiso morderle cuando lo sacó de la carretera. El ver a otra persona que se preocupaba por él lo había embriagado.
Hasta que no encontró a Kon, creía que lo tenía todo en la vida.
Había creído tenerlo todo hasta que no había visto a Rukia abrazar tan fuerte a su perro que no la había dejado aire para gruñir.
Al verla arrodillada junto a Kon, había sentido algo indescriptible, había sentido que le estallaba el corazón.
Entonces, los sentimientos se habían mezclado con el deseo que llevaba tanto tiempo intentando controlar y ya no había podido resistirse más.
Le temblaban las manos. La miró a los ojos. Cómo la deseaba.
Sabía que no era solo una necesidad física. Aunque físicamente no había ninguna duda de que la deseaba. Estaba tan excitado que los vaqueros lo estaban matando. Pero no era solo eso. Rukia había dado de comer a Kon mientras que las demás ni lo miraban ni, mucho menos, lo tocaban.
Ichigo había sabido ver, tras el mal genio de Kon, que el perro necesitaba cariño y Rukia lo había visto, también. Era una mujer especial, demasiado especial para dejarla escapar. Era perfecta para el perro y era perfecta para él. Ya se las apañaría para convencerla de que se casaran.
¿Qué mejor comienzo que hacer que lo necesitara físicamente?
Le acarició la comisura del labio con el pulgar.
—¿Por qué no vas a prepararte mientras yo recojo los platos? Estaré contigo en cinco minutos.
Rukia abrió los ojos como platos.
—¿A prepararme?
Parecía escandalizada e Ichigo no puedo evitar sonreír.
—No tienes que ponerte lencería provocativa ni embadurnarte de aceite. Tal vez, quitarte los pelos de Kon de la ropa o abrir la cama. A la mayoría de las mujeres les gusta tener unos segundos de intimidad —le explicó. Ella lo miró sin entender nada y él suspiró—. Tendrás algún método anticonceptivo a mano, ¿no?
—Eh...
Ichigo sintió unas irreprimibles ganas de reír o de llorar.
—Me parece, por la cara que has puesto, que no.
—Supuse que tú tendrías preservativos —contestó ella mojándose los labios.
—Suelo, pero hoy, no —contestó. Había sido una medida que se había autoimpuesto para cumplir su promesa. Era muy escrupuloso con el tema, así que, si no había protección, no había nada. Punto—. Si quieres, voy a una farmacia.
—¿Cuánto tardas? —preguntó ella con ojos hambrientos.
—Media hora, como mucho. ¿Por qué? ¿Te tienes que ir? —inquirió él pensando que encajaría muy mal que hubiera otro hombre esperándola.
Rukia negó con la cabeza.
—No, pero es que estoy... impaciente.
Ichigo le acarició la mejilla. No podía dejar de tocarla. Su sinceridad lo excitaba también.
—Me daré prisa —le aseguró. «Toda la prisa que pueda»—. Tengo tus llaves, así que entraré sin llamar. Prepárate y, si Kon se despierta, le dices que ahora vuelvo —le dijo. Vio que dudaba—. ¿Qué pasa?
—¿Y no cambiarás de opinión?
Ichigo sintió una inmensa ternura hacia ella. Sentía tantas cosas por ella que se obligó a levantarse para no caer en la tentación de acostarse con ella sin precauciones.
—No cambiaré de opinión —le aseguró.
Estaba lloviendo a cántaros y, mientras iba hacia el coche, se caló hasta los huesos. Condujo más rápido de lo que debía. Había una mujer adorable esperándolo. Una mujer sensual e ingenua. No podía más, necesitaba poseerla y demostrarle lo idiota que había sido su ex.
Compró los preservativos y se volvió a calar. No le importaba demasiado porque esperaba deshacerse de aquellas ropas pronto.
Al entrar, no se oía nada. Solo los ronquidos de Kon. Debía de estar soñando porque movía las patas traseras como si estuviera persiguiendo algo. Ichigo sonrió.
Kon le recordaba en algunas cosas a Rukia. Tan pronto se mostraba cabezota e insistente como se tornaba tan dulce que le entraban deseos de abrazarla durante toda la noche.
No podía abrazar a Rukia toda la noche. Se iba a tener que ir para que Kon estuviera en su casa cuando se despertara. El perro tenía un problema que dudaba mucho le interesara descubrir a Rukia.
Si no hubiera sido porque había instalado una puerta de mascotas para ella a los dos días de llegar, todas las alfombras de la casa habrían quedado destrozadas. No era culpa suya, así que nunca la regañaba. Se despertaba desorientada y nerviosa y se ponía a dar vueltas. Siempre que no había podido más, se había mostrado avergonzada. Al final, Ichigo acababa haciéndole caricias en lugar de reprendiéndola.
En cuanto le pusieron su puerta, había aprendido a esperar hasta estar fuera.
Ichigo le acarició el lomo y miró hacia el dormitorio de Rukia. Vio que la puerta estaba entornada y la luz encendida. Se tensó de anticipación.
Solo había una habitación. Era una casa bonita, pero pequeña. La cocina daba a un pequeño comedor salón con televisión y cadena de música. La librería estaba llena de libros. Nada de fotos o baratijas. Eso decía mucho de su intelecto. Se imaginó Alternativas satisfactorias al coito allí puesto y sonrió. Tal vez, tras unos días, no necesitara el libro.
Todo estaba decorado con motivos florales. Le gustaba y le pegaba mucho a ella.
Con la bolsa de la farmacia en la mano, se dirigió a su habitación. Se la imaginó desnuda, en una postura sensual, con el pelo sobre la almohada.
Se imaginó su sonrisa y sus ojos azules.
Aguantó la respiración y abrió la puerta.
—¡Dios, qué susto me has dado! —exclamó ella.
—¿Esperabas a otro? —preguntó él apoyado en el marco de la puerta.
No estaba desnuda y no estaba en postura sensual alguna.
Llevaba un camisón azul hasta las rodillas. Bonitas rodillas, estupendas pantorrillas, pies pequeños...
—Claro que no —contestó apartándose de la ventana desde la que había estado contemplando la tormenta. Nerviosa, entrelazó los dedos a la altura de la tripa y jugueteó con los pies—. Has tardado menos de lo que pensaba y no te he oído entrar.
—No quería despertar a Kon —contestó sin decirle que había ido a mil por hora.
—¿Sigue dormido?
—Como un bebé.
Rukia sonrió y él se dio cuenta de que era una sonrisa forzada. No podía meterle prisa, a pesar de lo mucho que la deseaba. Cada vez que la miraba, ella se sonrojaba, así que Ichigo desvió la vista hacia la cama. Comprobó divertido que tenía cabecero. ¿Sería capaz de hacer una muesca?
—Creía que te iba a encontrar en la cama.
—No estaba segura de que quisieras encontrarme en ella.
—¿Ahora importa lo que yo quiera? —preguntó sorprendido.
—Creí que preferirías hacerlo contra la pared o haciendo equilibrios en una silla —Ichigo se quedó perplejo—. No me interesa algo convencional —dijo ella acercándose—. Quiero algo más atrevido —añadió señalando una butaca de flores—. Tiene brazos y es cómoda.
Ichigo se quedó con la boca abierta. Aquella proposición le hizo imaginársela inclinada con el trasero en pompa. Aquello no hizo más que aumentar su libido.
«Contrólate, contrólate», se dijo a sí mismo. Tomó aire.
—¿Quieres perversión?
Rukia movió la cabeza emocionada.
—Ya que voy a hacer esto, quiero hacerlo todo.
Ichigo se dio cuenta de que estaba haciéndolo sentirse un hombre fácil. Aquello lo molestó. Quería que la primera vez fuera romántica, no solo sexual. Nunca le había importado ser romántico, pero aquello había cambiado. Maldición. No le iba a resultar fácil entablar una relación si ella no dejaba de insistir en comenzar con jueguecitos raros desde el principio.
Siempre le había parecido que sobre la postura del misionero de toda la vida había mucho que decir.
—Muy bien. ¿Con qué te gustaría empezar? —preguntó intentando parecer tranquilo.
—No lo sé. Se supone que tú eres el experto.
—¿Qué te parece un ménage á trois? —le sugirió sabiendo que a la mayoría de las mujeres le parecería una mala idea.
—¿Lo harías por mí?
Ichigo sintió deseos de tragarse la lengua. Empezó a pensar que había cometido un gran error y a dilucidar cómo iba a salir de allí.
Entonces, Rukia se acercó a su cuerpo y él sintió que su decisión se desvanecía.
—¿Conoces a algún hombre que esté dispuesto o tengo que salir yo a buscarlo? —preguntó de lo más inocente.
—¡Un hombre, no! —exclamó él dando un paso atrás—. Me refería a otra mujer.
—¡Ni por asomo! Aquí mando yo —dijo sonriendo. Le había tomado el pelo—. ¿Cómo iba a querer compartirte?
Ichigo se rió y ella estuvo a punto de besarlo.
—Shh, vas a despertar a Kon.
—Eres muy graciosa —dijo él apretándola contra su pecho y la besó con fruición. Rukia no se quejó. Se limitó a abrazarlo con fuerza.
—¿Qué te parece si nos desnudamos y nos metemos en la cama? —propuso Ichigo.
—¿Para hacerlo de la manera convencional?
—Te prometo que es una bonita forma de empezar, preciosa.
Aquello pareció tranquilizarla. Sin decir palabra, dejó caer el camisón, se dio la vuelta y se dirigió a la cama. ¡Menuda vista!
Ichigo se sintió arder. Creyó perder el control, pero lo recuperó. Estaba decidido a ser la mejor muesca en el cabecero de la señorita Rukia Kuchiki.
—Tienes un trasero precioso, Rukia —le dijo mientras se quitaba la camisa.
—¿De verdad? —preguntó ella sonrojada y sonriendo mientras se deslizaba bajo las sábanas.
—Sí —contestó él quitándose los zapatos.
—Date la vuelta.
—¿Por qué?
—Porque quiero ver si tú también tienes un buen trasero.
Obediente, se giró y se sorprendió al oírla silbar.
—No está nada mal —dijo dando unos toquecitos en la cama—. Ven aquí.
Ichigo no pudo negarse y, en cuanto se tumbó, ella se le colocó encima. Sintió su piel suave y su pelo sedoso sobre su cuerpo. Casi no le dio tiempo ni a tomar aire porque se encontró con su boca encima de la suya.
Ichigo luchó por controlarse, pero no era fácil porque su mente se resistía a ceder, pero su cuerpo opinaba de otra manera.
—Rukia —dijo intentando apartarla. A pesar de ser delgada, era más fuerte de lo que parecía,
—Te encanta bromear, Ichigo Kurosaki. Deja de tomarme el pelo y ríndete —dijo mordiéndole el cuello.
Ichigo forcejeó y la tiró sobre el colchón.
—¿Quieres pelea? Vamos allá.
—No hay manera de luchar si me tienes así agarrada bajo tu peso, simio.
Ichigo estaba encantado de que lo deseara tanto.
—¿Por qué no hablamos antes un poco? —sugirió. Necesitaba tiempo para recobrar el control.
—No te he traído a la cama para hablar.
Ichigo se sintió utilizado de nuevo.
Que lo desearan a uno físicamente era estupendo, pero Ichigo quería estar seguro de que lo había elegido a él por algo más que por su cuerpo o su fama. Necesitaba saberlo.
«¡Qué bonito para un semental!», pensó.
Rukia había dejado muy claro que no le interesaba conocerlo. Solo quería hacerlo con él.
Ichigo quería decirle que podía darle algo más que sexo, algo más que cama, pero le pareció una estupidez. ¡Venga, esa mujer quería sexo! Hasta hacía poco, el sexo sin ataduras había sido una de sus materias preferidas.
Pero todo había cambiado.
—Muy bien, vamos a dejar claro que tipo de extravagancias te gustaría hacer —sugirió Ichigo.
—Todo —contestó ella intentando soltar los brazos. No lo consiguió. Al final, se rindió y se quedó mirándolo. Tenía el pelo alborotado de forma sensual, estaba sonrosada y tenía la boca abierta.
Ichigo suspiró. Estaba tan excitado que le dolía la ingle y aquello iba en aumento.
—¿Qué te parece dando azotes en las nalgas?
Rukia abrió los ojos. Bien, por fin se había sorprendido.
—No creo que pudiera contigo en el regazo. Eres demasiado grande —contestó.
Ichigo se sentó. Rukia se dio cuenta de que se había pasado de lista. Él la agarró antes de que pudiera escapar y la colocó sobre sus muslos. Rukia dio patadas, pero él se moría por darle unos cuantos azotes.
—¡No te atrevas! —gritó ella al sentir sus manos.
—¿Que no me atreve a qué? ¿A esto?
—¡Ichigo!
Le dio una palmada flojita, pero ella gritó y forcejeó.
—¡Ichigo Kurosaki, para inmediatamente!
—Estás de lo más sexy así, Rukia.
Ella paró de rebelarse y se dio la vuelta.
—¿De verdad?
—Estás desnuda. ¿Cómo no me iba a parecer que estás sexy?
Ella se mojó los labios.
—No me harías daño, ¿verdad, Ichigo?
Él le dio la vuelta y la acunó entre sus brazos protectores. Rukia estaba sonrojada, nerviosa y excitada. Ichigo lo percibió y sintió que le daba un vuelco el corazón de nuevo.
—Aunque me lo pidieras.
Rukia le tocó los hombros con la mano izquierda. Palpó sus músculos, enredó los dedos en su pelo del pecho y lo miró. Sus ojos eran pura lujuria.
—Rukia...
Ella se echó hacia delante y lo besó en el cuello.
—Por favor, ya basta de bromas. Llevo toda la vida soñando con esto y te deseo con toda mi alma.
—Bien —contestó él. No tenía fuerzas ni para bromear. Ni siquiera para respirar.
—Me encanta cómo hueles, Ichigo.
Ichigo la abrazó más fuerte. Por fin, estaban yendo a paso normal hacia un final adecuado.
—A mí también me gusta cómo hueles, preciosa. Dulce, suave y femenina.
—Femenina no es un olor.
—Mmm. Sí, sí lo es, es el aroma único de cada mujer.
Rukia le acarició el pezón con el pulgar.
—¿Recuerdas lo que te he dicho del tamaño de tu sexo?
Ichigo le puso la mano en el trasero.
—Has herido mi orgullo masculino. ¿Cómo lo iba a olvidar?
—Era una broma. No tienes nada pequeño, ¿verdad que no?
Ichigo la miró a los ojos y perdió la batalla. Se echó hacia atrás y dejó que ella se le pusiera encima. La dejó hacer, disfrutó de los besos que le dio por la cara, el cuello y el torso. Se sumió en los movimientos de su pelvis sobre su erección.
Ichigo se rindió. No volvió a intentar hacerla ir más despacio. Se dejó llevar.
—Shh —le dijo cuando ella ahogó un grito de sorpresa. La estaba tocando al final de la columna vertebral, el trasero y más allá. Se movía alrededor de la parte más sensible de su cuerpo con dedos maestros.
Rukia se echo hacia atrás.
—Eso... eso me encanta, Ichigo.
—Si hay algo que no te guste, quiero que me lo digas —con los ojos cerrados y los dientes apretados, Rukia asintió—. Estás mojada —añadió él con la voz entrecortada.
Rukia no pudo reprimir un gemido cuando él siguió con la exploración. Ichigo aprovechó que tenía sus pechos justo encima de la cara. Tenía los pezones rosas, demasiado tentadores. Ichigo le pasó la lengua. Ella se echó hacia delante.
Rukia movió las caderas y los dedos de Ichigo se resbalaron.
—Rukia, relájate.
—Imposible.
—Es posible. Además, no queremos que Kon se despierte.
—De acuerdo, de acuerdo —Ichigo introdujo un dedo lentamente en su interior. Los músculos femeninos se tensaron—. ¡De acuerdo!
Para que se callara, Ichigo la besó con fuerza. Rukia se dejó arrastrar por el beso, sus lenguas se enredaron, lo consumió, lo volvió loco. Ichigo nunca había recibido un beso así. Era el beso de alguien sin experiencia, pero hambriento, generoso y excitado.
Sentir sus pezones en el torso era un inmenso placer. Combinado con su olor, más fuerte ahora que estaba tan excitada, y su pelo, su piel, en contacto con aquella parte de su cuerpo tan íntima. Ichigo supo que ella estaba preparada. Él estaba más que listo. Había llegado el momento.
Le costó un poco que lo soltara.
—Tengo que ir a por el preservativo.
—No te vayas, Ichigo—le dijo clavándole las uñas en los hombros.
—No me voy a ningún sitio, solo a la mesilla —dijo apartándola. Se distrajo mirando su cuerpo. Era delgada, pero estaba bien formada tenía los pechos sonrosados por el deseo y la tripa tensa. Sus piernas, largas, reposaban sobre la cama.
Y aquellos rizos azabaches... húmedos y tentadores.
Ichigo se inclinó hacia delante y la besó en la tripa.
—¡Ichigo!
Él apoyó la cara en su muslo.
—Deja de gritar, cariño. Imagínate que Kon fuera un bebé. Si lo despiertas, no se va a volver a dormir. Si lo echas fuera, se pondrá a aullar y despertará a todo el vecindario.
—¿Lo echas cuando estás con otras? —preguntó ella indignada.
Era fácil que una mujer así le robara el corazón. Estaba excitada, se moría por consumar lo que habían empezado, pero tenía la sensibilidad de preocuparse por los sentimientos de su perro,
Ichigo le acarició el muslo suavemente hasta el hueso de la cadera y luego entre las piernas.
—No —susurró inclinándose para besarla de nuevo. No había vuelto a acostarse con ninguna mujer desde que se había encontrado a Kon. Más que nada, porque el perro las odiaba y no teína reparos en hacérselo saber. Lo había intentado, pero ver a su perro histérico no era su idea de pasárselo bien. Las mujeres se quejaban de que prefería ir a consolar a Kon que acostarse con ellas. Qué egoístas. Pero Rukia Kuchiki no era así—. He intentado dejarla fuera unas cuantas veces para que no se subiera a mi cama, pero... no le gustó mucho. No le gustan demasiado las puertas cerradas, sobre todo cuando le toca estar al otro lado.
Más calmada, Rukia agarró una almohada y se tapó la cara.
—Esto servirá. Ya puedes seguir con... lo que habías empezado —Ichigo nunca había sentido ganas de reírse, deseo y ternura a la vez. Aquello le impedía proteger su corazón. Le separó las piernas con mimo y se paró—. ¿Qué haces? —murmuró desde detrás de la almohada.
—Mirarte.
—¿Por qué? —preguntó ella levantando la almohada.
—Porque eres guapa, estás rosa y quieres recibirme.
—Ah —dijo ella volviendo a taparse la cara.
Ichigo saboreó el momento y la besó lentamente. Más deprisa luego.
Rukia tensó las piernas.
Ichigo hizo uso de su lengua para conseguir que Rukia gimiera tras la almohada y se aferrara a ella con fuerza.
La almohada no era suficiente, pero amortiguó sus gritos salvajes. Ichigo alargó la mano y agarró el preservativo de la mesilla. Ya no podía más.
Rukia observó cómo se lo ponía y se colocaba entre sus piernas.
—Eso ha sido indescriptible.
—Te ha gustado ¿eh?
—Desde luego… ¡sí!
Ichigo intentó controlarse mientras se introducía en ella hasta el fondo.
—Dios, sí —aulló de placer.
—¿Ichigo?
—Ahora, lento, Rukia. Un poco más. Madre mía, qué bien lo haces.
Rukia tomó aire dos veces.
—Tú... también.
Ichigo retrocedió. Ella lo agarró de los hombros y le indicó que volviera agarrándolo con las piernas. Ichigo volvió a introducirse hasta el fondo.
Rukia echó la cabeza hacia atrás.
—¡Esto es mucho mejor que una maldita pluma!
—Puedes estar segura —contestó él imprimiendo ritmo al movimiento—. Aprieta, Rukia, con fuerza. Así, sentirás más. Muy bien.
Teniéndolo abrazado con brazos, piernas y músculos internos, Rukia comenzó a sentir una parte de su anatomía muy importante.
Ichigo quería aguantar, hacerla tener unos cuantos orgasmos para que nunca lo olvidara, para que no fuera capaz de acostarse con otro.
Pero era demasiado tarde.
Gimió como un animal salvaje y llegaron al clímax juntos.
Por desgracia, los gritos de ambos despertaron a Kon, que se enfadó mucho ante su comportamiento.
Tal y como había dicho Ichigo, el perro no quiso irse de la habitación.
Su noche de pasión había terminado.
¿A qué soy buena?
Lo prometido es deuda y aquí está el capítulo de hoy... Oficialmente he terminado semestre, soy joven, salvaje y libre... (lamento tu situación Claw-13, muchos de mis amigos tienen que pasar por lo mismo, me parece horrible y por eso intento mejorar un poco tus noches de estudio)
Gracias a todas por los reviews, disfruto mucho leyéndolos, en especial el de Meikyo Natsume, nada como salir de las sombras, aprecio el esfuerzo. respecto a tu pregunta, es un error de tipografía, nada trascendental.
De nuevo gracias a todas por los reviews, las que no comentan deberían hacerlo, es bueno. En fin saludos y nos leemos mañana :)
