Bueno chicas, como les había prometido aquí está el último capítulo de la adaptación.

El libro se llama 'Un trío muy especial' y es de Lori Foster.

Bleach no me pertenece...


Capítulo Ocho

Entraron en su casa como si fueran ladrones. Kon estaba dormido y no los oyó. Desde luego, como perro guardián era un desastre. La habitación estaba a oscuras, pero se veía luz procedente de la cocina.

—Le da miedo, así que siempre le dejo una luz encendida —explicó Ichigo.

Rukia sintió que se le derretía el corazón.

—No te protege mucho.

—No, más bien lo protejo yo a él.

Aquel hombre era tan bueno. Y lo deseaba tanto.

Se estaba enamorando de él. Maldición.

Cuando le había oído decir que tenía que viajar, casi se había muerto de la pena. Ella también quería viajar y ver mundo, pero podría haberse quedado el resto de su vida en Karakura tan tranquila si hubiera sido con él. Al principio, le había parecido una idea terrible. Cuando él le había contado que había decidido no viajar no lo había entendido. No podía explicarse cómo alguien podía querer dejar de ver mundo. Pero las cosas habían cambiado. En esos momentos, odiaba la posibilidad de que se fuera.

Quizás su vida dejara de ser tan sencilla. Probablemente, ya no tuviera tiempo para ella.

Rukia lo agarró de la cinturilla del pantalón y lo siguió en la oscuridad. Estaba con él. La noche no había hecho más que comenzar. En lugar de temer el futuro, decidió que debía aprovechar y disfrutar del presente.

Su casa era muy bonita por fuera. No era muy grande, pero estaba apartada de las demás.

Por dentro, no la veía, pero era espaciosa.

Llegaron a su habitación y Ichigo cerró la puerta.

Rukia pensó en lo que quería hacerle y en cómo reaccionaría. Notó un hormigueo de excitación y se mojó los labios.

En ese momento, Ichigo la puso contra la pared y comenzó a besarla. Le agarró los pechos con ambas manos y le separó las piernas con la rodilla.

Notó su erección en la tripa.

—¡Ichigo! —exclamó quitando la boca.

—Te necesito, Rukia. Ahora mismo.

—¡Tengo otros planes!

—Esos planes tuyos son lo que me ponen así. No sé si lo voy a aguantar —dijo hundiendo la cara en su cuello.

—Vamos, Ichigo, eres un semental, ¿recuerdas? —dijo ella sonriendo—. No creo que haya nada que te pueda hacer que no puedas aguantar.

Ichigo le mordió en el hombro y ella dio un respingo.

—Muy bien, si me quieres retar, supongo que tendré que aceptarlo.

Ichigo encendió una lámpara que había en la mesilla de noche.

—Vaya, ahora veo mucho mejor —dijo ella mirando la enorme cama.

—Bien, me parece que estoy preparado —dijo él tomando aire. Rukia fue hacia su cinturón—. ¡No, espera! Prefiero que te desvistas.

—¿Por qué? —preguntó sorprendida.

—Porque así podré admirar tu estupendo cuerpo y podré controlarme mejor.

¿Estaba perdiendo el control? Rukia sonrió encantada. Le encantaba ponerlo así.

—Muy bien —dijo quitándose la ropa.

Ichigo la observaba de cerca. Le encantaba ver cómo la miraba. Se le tensaban los músculos y se le sonrojaban las mejillas.

Ningún hombre la había mirado nunca con tal intensidad. Su prometido no lo había hecho nunca. Menos mal que había descubierto cómo era realmente antes de casarse. De no haber sido así, no estaría en aquellos momentos con Ichigo. La sola idea le daba escalofríos.

Completamente desnuda, fue hacia él y le desabrochó el cinturón.

—Te vas a comportar, ¿verdad?

—Sí —gimió él mientras ella metía la mano por la cremallera—. Te he mentido. No, no me voy a comportar. Estás desnuda. ¡Y me vas a hacer cosas lascivas!

—Solo estoy hablando. Todavía no he empezado.

Él asintió.

—De momento, tengo que concentrarme en las piernas.

—¿Y eso? —preguntó Rukia tocándolo. Tenía el sexo grande y fuerte.

—Para recordar que las tengo y no caerme al suelo.

—Vamos a quitarte la camisa.

Ichigo se la quitó a toda velocidad y la tiró a un rincón. Sin esperar a que Rukia dijera nada, se quitó también los zapatos.

Rukia, que sabía que ya lo había vuelto loco, se arrodilló ante él. Se tomó su tiempo para quitarle los calcetines. Acarició la cinturilla de sus pantalones y se los bajó junto con los calzoncillos.

Observó su cuerpo. Tenía los pezones erectos y le temblaba todo. Aquel hombre era tan guapo, tan macho, tan fuerte... y aquel olor. Se echó hacia delante y lo besó en el abdomen. Aspiró su aroma.

Ichigo enredó sus dedos en el pelo de Rukia.

—Rukia—gimió.

Ella agarró la base de la erección. Sentía el pulso de Ichigo, al compás del suyo. Con la otra mano, exploró el firme trasero, sus muslos de hierro.

Ichigo se estremeció. Lo único que se oía era su respiración entrecortada.

Rukia lo besó en el muslo derecho y luego en la cadera. Él sintió que se le tensaban los dedos y guió la cara de Rukia hacia el lugar exacto donde quería sentir su boca.

Ella sintió un poderoso deseo de satisfacerlo a él y de satisfacerse a sí misma y, sin previo aviso, se lanzó.

Estaba caliente, salado y vivo. Jugueteó con la lengua y se sorprendió de que aquello fuera tan sugerente también para ella.

Ichigo dio un respingo y echó la cabeza hacia atrás mientras la apretaba contra su cuerpo. Intentó seguir el ritmo, pero no podía.

—Rukia, no puedo.

—Sí, sí puedes —contestó ella retirándose un poco y lamiéndolo otra vez.

Aquello lo hizo aullar como un lobo.

—No lo entiendes. Estoy a punto de...

—Hazlo —dijo ella encantada con su triunfo volviendo a introducir el miembro en su boca.

Se hizo el silencio más absoluto y Ichigo se dejó llevar. Rukia estuvo a punto de gritar de emoción. No sabía que un hombre podía mostrarse tan salvaje, tan caliente y libre.

Rukia continuó tocándolo hasta que a él le flaquearon las piernas y cayó de rodillas frente a ella. Se sentó, jadeando todavía, la miró y comenzó a reírse.

—Eres peligrosa —le dijo abrazándola y acunándola como ella tanto deseaba. Estuvieron así en el suelo un rato hasta que él se tranquilizó y recobró la respiración de nuevo.

Entonces, él le devolvió el favor.

Al día siguiente, por la tarde, Rukia seguía durmiendo e Ichigo la miraba. Tenía el pelo desparramado por la almohada y el trasero al aire. Sonrió. Le apetecía tocarla, pero sabía que debía dejarla dormir. Habían estado despiertos hasta después del amanecer.

Aun así, él no había quedado saciado.

Ella era diferente. Era mejor. Era más dulce y apasionada. Sabía que nunca se cansaría de ella.

¿Qué debía hacer? Estaba decidido a casarse con ella, pero ella parecía no tener ningún interés en el matrimonio. Durante toda la noche, le había hecho partícipe de su intimidad, pero no había dejado traslucir ni un solo atisbo de sus sentimientos.

Ichigo se levantó y fue a la cocina a hacerse un zumo. Decidió despertarla y hablar con ella para ver si podía detectar algún punto débil en Rukia que le permitiera convencerla y hacerla suya.

Rukia se despertó sintiendo el aliento cálido en la cadera. Sonrió sin abrir los ojos.

—Mmm —murmuró—. Ichigo, otra vez, no.

Al guiarse, dio un respingo al encontrarse a Kon. Se tapó a toda velocidad, avergonzada de encontrarse desnuda ante el perro.

Kon se subió a la cama, algo dubitativa, con la cabeza baja y el rabo oentre las patas. Rukia sintió una inmensa ternura. Era la primera vez que Kon se acercaba a ella tan abiertamente. Abrió los brazos para recibirlo y lo abrazó con fuerza. Adoraba a aquel animal tanto como quería a su dueño.

Los quería a ambos y quería estar con ellos para siempre. Sin embargo, le había dejado muy claro a Ichigo que no era más que una muesca en el cabecero.

—Ay, Kon, ¿qué voy a hacer?

Para entonces, tenía muy claro que no se trataba solo de una relación pura y únicamente física. No, le gustaba aprender de Ichigo porque era un estupendo amante, pero había mucho más. Le gustaba aquel hombre, su sentido del humor, su sinceridad y lo bueno que era. Le había entregado su corazón a Kon y no había tenido el menor reparo en hacerse amigo de Mashiro , Kyone y Tatsuki .

Era muy fácil enamorarse de él.

Sintió que las lágrimas le resbalaban por las mejillas. El perro aulló y se las lamió. Kon tenía el peor aliento que Rukia había olido en su vida, pero daba igual. Lo abrazó y se consolaron mutuamente, Había jugado y había perdido. Había pensado que podría embarcarse en una relación sexual con Ichigo y salir ilesa. Debería de haberse dado cuenta, después de verlo con su perro, que Ichigo no era un hombre con el que se pudiera jugar.

Además, no era fácil alejarse de él.

Rukia abrazó más fuerte a Kon, que subió el tono de tos ladridos y quejidos. Cuanto mas lloriqueaba el perro, más lágrimas brotaban de los ojos de Rukia y, cuanto más lloraba ella, más se solidarizaba Kon.

Ichigo llegó corriendo con los zumos y cara de sorpresa.

—¿Qué diablos pasa? —preguntó al ver a las dos armando semejante numerito, suficiente para despertar a todo el barrio.

Ichigo miró a Rukia. Madre mía, menuda llorera. Tenía la nariz roja y los ojos hinchados. Sintió deseos de abrazarla y decirle que no llorara.

—¿A qué viene todo esto? —preguntó más suavemente. Dejó la bandeja en la mesilla—. Rukia, ¿te duele algo? —Rukia ocultó su rostro entre el pelo de Kon. Ichigo se acercó, pero su perro le gruñó—. Vaya.

Kon había cambiado de bando. Menos mal que era Rukia, a la que quería. Amor. Menuda situación.

Aquello le decidió a mostrarse, a partir de entonces, más comprensivo con los tipos que le escribían confesando encontrarse atrapados por el amor. Tenía el, corazón en llamas y el cerebro hecho puré. Él, que había creído saberlo todo, se dio cuenta de que no había sabido nada hasta que había conocido a Rukia.

La hacía gritar de placer, pero no sabía si sería capaz de que le diera el «sí, quiero». Nunca había creído en el amor a primera vista. Incluso se había preguntado muchas veces si el amor existía. Suponía que, de ser así» sería un sentimiento que requeriría tiempo para fermentar. Se había equivocado. Desde el primer momento en el que había visto a Rukia, había sabido que era diferente. Al principio, se había intentado convencer de que solo era por su físico, porque la verdad era que la chica se defendía muy bien, pero no era así. Había sido su corazón, que había intentado alertar a su cabeza y ahora tenía una mujer llorosa en la cama, con su perro, y muchas incógnitas.

Rukia levantó la cabeza y él la miró horrorizado. Tenía pelos de perro por toda la cara. Era como si se estuviera convirtiendo en la mujer-lobo.

—Lo siento, Ichigo —se disculpó.

—¿Por qué? —preguntó él tentando a la suerte.

—Por... por seguir adelante.

Ichigo se sentó en el borde de la cama.

—¿Te importaría decirme a qué te refieres exactamente?

—Me vas a odiar.

—Eso es imposible, cariño —contestó él quitándole unos cuantos pelos de la cara.

—Te quiero.

—¿Qué? —dijo Ichigo echándose hacia atrás.

—¿Lo ves? ¡Es horrible! —exclamó ella volviendo a ocultar el rostro entre el pelo de Kon.

Ichigo consiguió cerrar la boca mientras se preguntaba si habría oído bien. Estaba de lo más confuso y Kon seguía mirándolo mal.

Necesitaba tiempo para asimilarlo. Si Rukia le estaba confesando lo que él creía que le estaba confesando, parecía obvió que no estaba muy contenta con la idea.

—Toma, cariño. Bébete el zumo —le sugirió. No se le ocurría otra cosa.

—No me gusta beber cosas frías por la mañana. Quiero un café. Solo.

—Ah —dijo Ichigo frunciendo el ceño—, pero eso no es bueno.

—No importa. Ya nada importa. Todo se ha ido al garete y quiero tanto a Kon...

¿Ahora resultaba que también quería a su perro? Ichigo miró a su alrededor para ver si se le ocurría algo que decir, pero no encontró ninguna fuente de inspiración.

—¿Quieres salir, pequeño? —le preguntó a Kon.

El perro saltó del regazo de Rukia al suelo y Ichigo retiró las sábanas y agarró a Rukia en brazos.

—Ichigo, ¿qué haces?

No contestó. Fue hacia la puerta de atrás con el perro dando saltitos a sus pies.

—Rukia, tienes un aspecto terrible por las mañanas.

—Ya lo sé, pero no me importa.

—La cafeína no importa, tu aspecto no importa. Entonces, ¿qué importa, cariño?

Le estaba empezando a contestar cuando se encontró fuera, con el fresco de abril sobre sus cuerpos desnudos. Kon salió corriendo, encantado de estar fuera. Tomo su pelota y se la llevó a Ichigo.

—Espera un momento. Ahora mismo, no tengo manos.

—¿Qué haces? —preguntó Rukia con los ojos como platos.

—Te prometí que nos daríamos un baño en la bañera de hidromasaje, pero luego se me olvidó porque me distrajiste con esa maravillosa boca que tienes.

Rukia intentó aferrarse a su cuello, pero Ichigo la bajó y la deslizo dentro del agua calentita. Rukia miró a su alrededor, pero, al ver que los árboles los salvaban de miradas indiscretas, se relajó.

Ichigo le lanzó un par de veces la pelota a Kon y se metió también en la bañera de hidromasaje.

—Me había olvidado —dijo agarrándola y colocándola sobre su regazo—. ¿Tú no te has olvidado de algo, también?

Pensó que, si conseguía que dejara de llorar, tal vez le diría otra vez que lo quería, más tranquilamente, para que pudiera creerla.

Rukia le dejó que le acariciara el pecho por debajo del agua, le agarró de las muñecas y le presionó las manos más.

—¿Qué se me ha olvidado?

—Me dijiste que tenias una sorpresa para mí —le recordó.

—¡Es verdad! —exclamó—. Lo había olvidado después de... lo que me hiciste.

—¿Yo? —bromeó él viendo con alivio que Rukia dejaba de llorar—. ¿Y tú, qué?

—Me encantó hacerlo. Fue estupendo verte...

Él le tapó la boca.

—Shh. Siempre me levanto excitado y no creo que pudiera controlarme porque te deseaba ya antes de despertarme. No me tortures, ¿de acuerdo?

—¿Siempre?

—Sí—sonrió él.

Rukia se mordió el labio e intentó verlo, pero las burbujas se lo impedían.

—Bueno, ¿quieres que vaya a buscar la sorpresa?

—¿Ahora?

—¿Y si esperamos...? —preguntó Ichigo. Nadie los veía, pero no estaba muy seguro de querer montar un numerito al aire libre.

No le dio tiempo a decir nada mas porque salió del agua, entró en la casa y volvió en menos de un minuto con la bolsa en la mano.

Ichigo estaba ansioso, excitado y muerto de curiosidad.

Ante su sorpresa, Rukia llamó al perro, que fue corriendo a su encuentro. Ichigo se sintió la persona más feliz del mundo al ver que Kon iba hacia ella moviendo el rabo sin parar.

La vida era maravillosa. Su perro estaba feliz y su mujer lo volvía loco.

—Kon, ven aquí —dijo Rukia sacando el collar de la bolsa—. ¿A que es bonito? Estuve mirando en el veterinario, pero no encontré ninguno que me gustara para é —Ichigo sintió inmensos deseos de reírse a carcajadas ante su equívoco—. Así que fui a una tienda... especial y compré este, que es digno de un rey

Kon se estuvo quieto mientras Rukia le quitaba el collar viejo y le ponía el nuevo. El perro, lo miró como para que le diera su aprobación. El collar rojo, con piedras y tachuelas era de lo más peculiar.

—¿A que está guapa? —preguntó Rukia levantándose.

Ichigo la miró y sintió que se le hinchaba el corazón. Y también sus partes masculinas, como siempre que la tenía cerca. La combinación era explosiva.

—Claro que sí.

Kon sacudió la cabeza, ladró como diciendo que estaba de acuerdo y volvió a jugar con su pelota.

Ichigo salió de la bañera de hidromasaje y abrazó a Rukia.

—No te puedes ni imaginar lo que creía que tenías en la bolsa.

Al recordar los juegos eróticos que se había imaginado, se le aceleró el pulso. Ya habría tiempo de ponerlos en práctica.

—No te puedes ni imaginar lo que tengo —contestó con los ojos inyectados en deseo.

—Cuéntame —sugirió completamente excitado sentándose en el borde de la bañera de hidromasaje.

—Mira lo que compré en la misma tienda —dijo ella sacando una gran pluma blanca—. No puede resistirme. Tenía que probarlo.

—¿Con quién?

—Contigo.

—¿Porque era lo que hacía tu ex?

—No —contestó ella dándole un beso en la nariz—. Porque la idea de tenerte atado a mi merced me atrae mucho.

—¿Qué más tienes? —preguntó intentando agarrar la bolsa. No estaba dispuesto a dejar que le hiciera lo de la pluma. Prefería hacérselo él a ella.

—Esto es para dar azotes —contestó ella apartando la bolsa.

—Ah —dijo él imaginando en qué parte del cuerpo de Rukia lo iba a hacer—. ¿Algo más? —Rukia dijo algo sin mirarlo a los ojos—. ¿Qué has dicho? ¿Qué más has comprado, preciosa?

Ella sacó tímidamente un conjunto de encaje color crema con agujeros en lugares estratégicos.

—Muy bonito.

—¿De verdad?

—Sí, vas a estar estupenda. Claro que ya lo estás desnuda, con el pelo alborotado y pelos de Kon por la cara —ella frunció el ceño. Ichigo lo decía en serio—. Ven aquí. Quiero hablar contigo.

Rukia dejó la pluma y el conjunto en una silla y se metió en la bañera de hidromasaje. Ichigo la volvió a sentar en su regazo.

Ichigo le limpió la cara y el escote con agua hasta que no quedó ni un solo pelo. La besó en la barbilla, la nariz y la boca.

—¿Por qué estabas llorando, cariño?

—Ya te lo he dicho —contestó ella jugueteando con los pelos de su pecho.

—¿Porque me quieres? —preguntó él sintiéndose de lo más vulnerable. Se la estaba jugando. Si le decía que no había dicho aquello, no sabía cuál iba a ser su reacción. El corazón le martilleaba contra las costillas.

—Sí.

—¿Y eso es malo? —le preguntó haciendo que lo mirara.

—Duele —contestó abrazándolo con fuerza—. No quiero hacer más muescas en mi cabecero.

—Gracias a Dios —dijo él abrazándola también.

—Tampoco quiero que te vayas, pero prometo no darte la lata con ello... Si, si quieres que nos veamos de vez en cuando, me parece bien.

—Rukia, ¿dónde te crees que me voy?

—Dijiste que habías aceptado el trabajo con tu padre, así que viajarás de nuevo.

—Un poco —contestó él—, pero solo si tú y Kon venís conmigo.

Rukia levantó la cabeza y se echó hacia atrás tan bruscamente que perdió el equilibrio y cayó al agua. Reapareció con el pelo hacia atrás y echando agua por la boca.

—¡Rukia! ¿Pero qué haces? ¿Quieres ahogarte?

—¿Lo dices en serio?

—Sí —contestó él sintiendo un gran alivio—. Kon no puede estar mucho tiempo sin mí y, además, no lo dejaría con nadie más que contigo.

—¿Tanto confías en mí? —preguntó sonriendo a más no poder.

Ichigo asintió.

—Si estoy lejos, estaré tranquilo porque sabré que está bien porque está contigo y te quiere.

—Yo también lo quiero y me quedaré encantada con él —dijo ella mirando al perro, que seguía jugando por el jardín.

—¿Aquí? —preguntó él forzando un poco—. Te lo digo porque está más cómodo en su casa.

—De acuerdo. Si lo prefieres así.

Ichigo tomó aire y se lanzó.

—Verás, si vas a pasar ciertas temporadas en mi casa, tal vez, tendrías que considerar la idea de casarte conmigo. Has dicho que me quieres y que quieres a mi perro, ¿verdad?

—¿Quieres... casarte conmigo?

—Sí, ya te dije que ya no me interesaban las relaciones pasajeras. Te prometo que jamás te seré infiel, como tu ex, si eso es lo que te preocupa...

—Ichigo, ¿me quieres?

Él la besó con fruición.

—¿Quererte? Estoy loco por tí.

—¿De verdad? ¿No es solo sexo?

—Te he querido desde que te empotraste contra la puerta de la tienda y, para cuando caíste al suelo, ya estaba loco por ti —Rukia exclamó sorprendida y él volvió a besarla con fuerza. No quería dejar de besarla nunca—. Me gusta tu risa, me gusta tu forma original de vestir y me gusta, por supuesto, el sexo que comparto contigo. Y muchas cosas más. Lo que más me gusta de ti es cómo quieres a Kon y cómo te preocupas por tus amigas. Todo este tiempo, he creído que serías perfecta para el perro, pero ahora sé que eres perfecta para mí.

—Oh, Ichigo.

—Te necesito, Rukia. Ya le he dicho a mi padre que no viajaré si no vienes conmigo.

—No quiero que eso sea un problema con tu familia. Si no estás muchos días fuera, no me importa —contestó ella sintiendo su erección.

—Si sé que estarás esperándome, siempre volveré.

Rukia metió la mano bajo el agua y lo tocó. Él gimió, pero logró controlarse.

—Debo hablarte de otro trabajo.

—¿Más viajes?

—No —contestó él contándole lo de la columna.

—¡Pero si yo leo esa columna! —exclamó ella sorprendida—. ¡Siempre he pensado que la persona que la escribía se mostraba muy incrédula!

—No sabía nada del tema.

—¡Ja! Lo sabes todo de las mujeres...

—Sobre sus cuerpos, sí, pero tú me has enseñado todo sobre mi propio corazón.

—Oh, Ichigo —dijo besándolo—. ¿Nadie sabe que la escribes tú?

—No y me gustaría que no se enteraran.

—Muy bien porque resulta que he descubierto que soy celosa y si alguien se enterara...

—Bueno, bueno —dijo una voz femenina familiar.

Se dieron la vuelta y se encontraron a Kyone y aTatsuki .

—¿Qué hacéis aquí? —preguntó Ichigo intentando mantener el control. Menos mal que su pudor estaba a cubierto bajo las burbujas y que Rukia se había metido hasta el cuello en el agua.

—Hemos venido a decirle a Rukia que Mashiro se ha fugado. Ella y Kensei se han ido a Las Vegas y queríamos hacerles una fiesta para cuando volvieran —explicó Kyone.

—¡Estupendo! —exclamó Rukia.

Tatsuki se rió.

—Sí, siempre hablaba de él, pero decía que lo había olvidado. Lo llamó y la naturaleza hizo el resto.

—Me parece que con vosotros también —intervino Kyone tocándole el pelo a Ichigo—. ¿Cuándo va a ser la boda?

—Cuanto antes —contestó Ichigo viendo salir a su padre de la casa.

—¡Boda! Estupendo, Ichigo —dijo Isshin sin sorprenderse lo más mínimo de ver a su hijo menor en la bañera de hidromasaje con una jovencita. Al ver a Kyone y a Tatsuki , se quedó sin palabras—. Hola.

Kyone sonrió y miró a Tatsuki .

—Mío —le dijo.

Kon se percató de toda la gente nueva que acababa de llegar y se puso a ladrar para proteger a su familia humana. Se sintió tan obligado a velar por su seguridad que no dudó en saltar dentro de la bañera.

Rukia sabía que todavía tenía los ojos hinchados y rojos, pero no importaba. Ichigo la quería y quería casarse con ella. La vida no podía ser mejor.

Kon y ella ya estaban secas, excepto el pelo. Estaba sentada en el suelo peinando a Kon, que estaba tumbada en su regazo. Los demás estaban en la cocina tomando un café.

—He venido a ver si podrías irte de viaje el próximo fin de semana —dijo Isshin sin poder apartar los ojos de Kyone,

—¿Adonde? —preguntó Ichigo con un zumo en la mano. Solo llevaba unos pantalones vaqueros y estaba de muerte.

—A Tokio. Esta semana te daré la documentación. Por supuesto, tu novia y la perro podrán ir contigo.

Ichigo miró a Rukia, que le sonrió.

—Muy bien —contestó a su padre. Ichigo sonrió también y él y Rukia se miraron con complicidad. aprovechó para mirar a Kyone y sonreírle—. Mañana hablamos en la oficina —añadió dándole una palmada en el hombro.

Isshin miró a Rukia con gratitud.

—No te puedes ni imaginar lo que me alegro de conocerte y de que vayas a pasar a formar parte de mi familia. Rangiku habla maravillas de tí y Yoruichi no para de mencionarte tampoco.

Rukia sintió deseos de ponerse a llorar de felicidad.

—Bueno, todo esto está muy bien —dijo Tatsuki poniéndose en pie—, pero yo me tengo que ir.

—¿Tienes una cita también hoy? —preguntó Ichigo.

—Todas las noches, cielo.

Kyone agarró a Isshin del brazo.

—¿Me dejas que te invite a cenar? Tu hijo quiere que te enseñe los eslóganes.

Isshin miró a Ichigo con una ceja levantada.

—Es muy buena, papá, de verdad.

—Y además, escribo unos eslóganes estupendos—intervino Kyone.

—Bueno, de acuerdo —contestó Isshin un poco sorprendido.

Ichigo sacudió la cabeza. Su mundo había cambiado en poco tiempo.

Su hermano se había casado, su hermana se había casado y Rukia había aparecido en su vida y prácticamente le había quitado a su perro.

Los miró. Kon estaba sobre el regazo de Rukia, que estaba completamente concentrada en deshacerle un nudo.

Estaba completamente enamorado de ella.

Y, de repente, su padre estaba flirteando con una mujer.

Ichigo esperó a que todos se hubieran ido y salió al jardín, donde Rukia jugaba con Kon.

—¿Te vas a casar pronto conmigo? —le preguntó.

—En cuanto tú quieras —contestó ella.

Ichigo sonrió.

—Tengo suerte de tener a una mujer de tan buen conformar a mi lado —comentó—. Por cierto, ¿y las cosas que has comprado...?

—Gracias, Ichigo.

—¿Por qué, cariño?

—Por ser un depravado sexual, un estrafalario, un semental y un hombre adorable y amable —le contestó besándolo—. Y, sobre todo, por ser solo mío.

Ichigo la agarró en brazos.

—Ser todo tuyo es un placer. De hecho, quiero que siempre sea así —dijo yendo hacia el dormitorio—. En cuanto al resto, me parece que tenemos que explorar un poco más el lado estrafalario.

—¿Dónde he dejado la pluma? —preguntó Rukia riéndose.

Ichigo sintió que no podía pedir más a la vida.

Fin