Por Gott, ¡muchas, pero muchas muchas gracias! ¡11 reviews en el primer cap! Nunca había visto esto en mi vida. Lloro de emoción, son todas tan lindas... danke, enserio! Aww fue tan emocionante ver tantos comentarios... casi muero xd

Pero bueno chicas, aqí les traigo el segundo capitulo. Espero les guste iwal qe el otro, es un poqito más largo ^^

Por cierto, tengo una encuesta. Bueno, tres xd

1- ¿Les gustaría que Matthew diera a luz sólo a un niño o tuviera mellizos?

Es que le tengo drama con mellizos xd Calza con territorio, o algo así O.o

2- ¿Sugerencias de nombres para el bebé? Hombre & Mujer!

3- Si fuese sólo un pequeño, ¿les gustaría que fuese niño o niña?

Yaap, esas son mis preguntas preguntosas. Dejo de hablar y permito leer xd Y de nuevo, ¡Muchas gracias!


Sólo Esta Noche

Cuando despertó, Alfred ya no estaba a su lado, pero su rincón seguía caliente, así que pensó que su hermano no se había ido hace mucho. Se levantó con pereza moviendo el cabello, pero cuando logró sentarse al borde de la cama, las náuseas le revolvieron el estómago y debió apresurarse para llegar al baño. Su problema comenzó pronto, al notar que el vómito no llegaría, y que se quedarían como horribles deseos que suben y mueren en su garganta. Probablemente por todo el día. Probablemente por meses.

Matthew había escuchado que los primeros tres eran terribles –y también los más peligrosos- y él realmente aguantaría sólo porque la idea de tener a su bebé en los brazos le ilusionaba, tocarle la nariz, darle el biberón, incluso levantarse por la noche cuando el niño llorara pidiendo su atención. Le emocionaba, hacía que los vellos de su nuca se erizasen, porque cuando tuviera al pequeño acurrucado contra su pecho, exactamente todos los temores se desvanecerían… y tal vez, si tuviese a Alfred a su lado el día del parto se volvería aún más oportuno.

Negó con la cabeza difuminando esas caviles poco realistas y limpiándose la boca con una mano mojada; ni siquiera pudo vomitar. Agarró la toalla que estaba doblada en la mesita al lado y la colocó en el perno frente a la ducha. Se fue quitando la ropa lentamente mientras pensaba en formas de decirle a Alfred que iba a ser padre, y las reacciones que eso conllevaría.

El agua fluyó, llenando la tina de mármol blanco con un sonido perturbante.

¿Qué si Alfred no quería al bebé? ¿Qué si le interesaba una mierda que fuera a dar a luz al que llevaba su propia sangre? Matthew creía que probablemente no habría un final feliz para él y su hermano, que el desenlace acabaría por apartar a Estados Unidos aún más para llevarlo junto a Arthur, y él se quedaría como empezó: completamente solo. Con la diferencia de que ahora tendría un hijo; sin embargo no le pertenecería solo a él. Alfred –lo más seguro de manera codiciosa- reclamaría el territorio, y tendría que compartirlo, a pesar de que le doliera el alma.

Esa era otra posibilidad.

¿Y si su gemelo al enterarse declaraba que no lo amaba y quería la tutela? ¿Si deseaba anexar a su hijo sólo al territorio estadounidense? Imperialista de mierda, recorrió su mente, abrazándose la parte baja del estómago. Podía sentir cómo sus propios nervios tensaban al niño ahí dentro.

- Tranquilo, no va a pasar de todas maneras. Voy a estar aquí para cuidarte… por siempre –se mordió el labio, dándose coraje a sí mismo- Incluso si tengo que pasar por sobre Alfred.

Sí, si tenía que ser así, así sería. Antes de meterse a la tina ya casi llena, se miró al espejo: su pecho blanco tenía pequeños indicios de que algo no iba del todo normal. El área alrededor de sus pezones se iba oscureciendo con el paso de los días –exactos 12- y conseguía una mayor sensibilidad incluso al tocar para enjabonarse. Parece que su cuerpo cambiaba cada vez más, o simplemente era su mente sicótica que no acababa de darle razones para notarlo.

Le regaló una sonrisa cansada al cristal y se adentró, sintiendo que el agua tibia le proporcionaba escalofríos en su norte. Se pasó la mano por el vientre y le volvió a hablar a su bebé, ya se le hacía rutina. El líquido claro le mojó los cabellos ondulados volviéndolos lisos, y Matthew se preguntó cómo sería el pelo de su hijo. ¿Claro como el de él o un poco más oscuro como Alfred? ¿Con ondas o un mechón que desafiara la gravedad? ¿Y sus ojos? ¿Serían azules? Matthew descansó los párpados e imaginó el color perfecto. Un niño –o niña, aunque todavía no lo había meditado del todo- con los ojos celestes más lindos que jamás se hayan visto en las naciones. Y la cabellera… como el oro, el oro que habitaba por sus tierras.

Sería el niño más hermoso que el mundo haya contemplado. Y era de él y Alfred.

Canadá se hundió en agua, creyendo que eran la combinación perfecta. Por siempre y para siempre.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

- ¿Por qué tardaste?

Alfred se acercó rápidamente a su gemelo, rodeándole los hombros con una mano para acompañarlo hasta su asiento. Al lado de su superior y junto a él.

- Tomaba desayuno.

- No te vi en el comedor.

- Pedí que lo llevaran a la habitación.

- ¿Te sientes mal?

- No.

El estadounidense se paró delante de su hermano cuando este se sentó. Acercó su rostro al de Mattie ladeándolo un tanto confuso. El sonrojo en las mejillas del menor no se hizo esperar.

- ¿Hay algo de mal en mí?

- No.

- ¿Entonces?

- Uhm… luces distinto.

¿Distinto? Se sobresaltó. ¿Era tan evidente?

- ¿A qué te refieres?

- ¡Tus ojos! –Alfred gritó con ánimo, haciendo que Barack Obama volteara a mirarle- Brillan. Y no es que nunca hayan brillado, pero ahora lo hacen de una manera diferente. Y tu cabello Mattie, está más colorido. En definitiva, luces casi tan guapo como yo. ¿Por qué?

Matthew no contestó. Agachó la vista, rogando por que la aburrida reunión comenzara rápido y Alfred se sentara y se mantuviera callado, mirándole durante todas las horas.

- ¿No será que te estás enamorando, Matt? –Rió, enterrando su dedo índice en la mejilla carmín del canadiense- ¿Te gusta alguien? ¿Es Francia? ¿Prusia? Oh, no. Prusia y Ludwig… no, él no puede ser. ¿Podrá ser Holanda? ¡Espero que no estés pensando en Iván! ¿No es Iván? ¿Es Iván, verdad? ¡Por América, comunista de…!

- ¡No! -¿habrá sonado demasiado alto? No era normal en él. Suspiró- No es nada, Alfred. No estoy enamorado, simplemente… voy a tener un bebé y tú eres el padre –lo último no lo dijo, lo guardo para sí.

Alfred refunfuñó siendo jalado por su jefe para que tomara asiento. Matthew entrelazó sus manos levantando la cabeza y dispuesto a escuchar, él no le quitó los ojos de encima.

Mattie hubiese querido declararle que sí estaba enamorado, pero se había equivocado al adivinar. Le hubiese gritado a la cara que estaba totalmente en el amor con los Estados Unidos de América. Pero por supuesto, nunca lo haría.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Cuando la reunión acabó y habían fijado algunos asuntos importantes para su relación como países aliados y hermanos, Matthew partió rápido hasta su habitación para cambiarse de ropa y visitar una clínica. Tenía que tener en sus manos un papel que le comprobara que estaba esperando un hijo, y luego, definitivamente se lo contaría a Alfred. Ya estaba planeado en su cabeza, sabía dónde, cuándo y cómo.

Lo pensó durante toda la tertulia en la que no pidieron su opinión.

Se colocó jeans negros y una camisa morada, junto a una corbata del mismo color que sus pantalones, zapatillas plomas y se perfumó. Cepilló su cabello, guardó su billetera y se encontró saliendo de la habitación rápidamente para que nadie notara su falta. De todas maneras, ninguna persona lo haría. Era invisible.

Se tropezó con la secretaria de su jefe camino a la salida, pero ella no percibió su presencia y pronto estuvo sintiendo el aire fresco de las calles yanquis en su cara. Tomó un taxi y pidió ser llevado hasta la clínica más cercana. Ahora no recordaba el nombre, pero la había visitado la última vez que vino a Estados Unidos debido al tendón herido que habían causado los juegos de Alfred. Recuerda que le vendaron y curaron, y mientras lo hacían, un doctor agradable conversó con él. Y él era ginecólogo. Muy bien, Matthew no era una chica, pero estaba encinta y los ginecólogos son los que ven eso. Le pareció un poco humillante.

El hombre que conducía le habló sobre el clima, y Canadá estuvo de acuerdo en que era un día agradable. Finalmente fue dejado en la puerta del centro médico, pagó, dio las gracias y desapareció dentro, tomando el ascensor y llegando al cuarto piso.

Luego de hacer los trámites necesarios, estuvo sentado esperando aproximadamente veinte minutos, hasta que un hombre de cabello oscuro, ojos miel y tez muy blanca le llamó. Él se levantó sonriendo y el doctor le reconoció de inmediato.

Cuando Matthew entró, sintió que la calidez le embargaba. La consulta tenía un aroma particular que no le molestaba y una presencia distinta. Se sentía a gusto.

Delicadamente se sentó. El doctor lo hizo frente a él.

- ¿Y qué es lo que te ocurre, Matthew?

No supo cómo empezar a hablar. Podía decir ''Creo que estoy embarazado, me acosté con mi hermano y he tenido síntomas'' pero las cosas no eran así de fáciles.

- Yo… he estado sintiéndome mal esta última semana. Me duele la espalda, y el pecho… y…

- ¿Y…?

- Y siento nauseas en las mañanas.

El doctor –su nombre era Joseph Owen- enarcó una ceja castaña, mirándole mientras pestañaba seguidas veces.

- Creo que debe ser el estrés.

Joseph se echó a reír, mientras Matthew le miraba con el ceño fruncido. ¿Qué era tan gracioso?

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Sí.

- ¿Has mantenido relaciones sexuales durante ese intervalo de tiempo?

- ¿Eh…?

- Sí. Mattie, cariño, ¿deseas que sea más específico? ¡Puedo si así lo quieres!

Matthew suspiró.

- Yo también lo creo. Así que quiero saberlo.

- Las naciones tienen grandes probabilidades de concebir.

- Lo sé.

- Puedo mandar a que te hagas un examen de sangre. El resultado estará listo en una hora.

- Sí. –sonrió, comenzando a ponerse de pie junto al médico- Sí, está bien.

- ¿Has tenido otro síntomas?

- Tuve un pequeño sangrado… a los seis días.

- Si estás embarazado es normal. El huevo se implanta en tu… uhm, útero. –Joseph no sabía si llamarle así, la anatomía de los países era algo que aún estaba en discusión en toda la comunidad científica- No dolió, ¿verdad?

- No.

- Eso es bueno.


Matthew salió de la Clínica con los papeles en una bolsita y una sonrisa radiante en el rostro. Su pecho parecía que estallaría de tanta felicidad, y sintió deseos de llamar a una conferencia mundial y contárselo a todos, aunque fuese algo privado hasta el momento.

El examen había dado positivo. Estaba esperando un bebé. Y Joseph le dijo que fuera a visitarlo en dos semanas más para ver cómo seguía el embarazo.

Estaba tan alegre, dichoso, emocionado… a pesar de que tuvo el sentimiento de saber que estaba allí desde que la incómoda posición en que su hermano le tuvo durmiendo le pareció insoportable y obligó a despertar, tenerlo escrito y certificado por especialistas le daba un toque mágico a la situación. Completamente creíble.

Cuando llegó a la Casa Blanca, esta vez en un auto negro, bajó tranquilamente y la puerta le fue abierta. Caminó con sigilo, subió las escaleras y pensó en descansar. El doctor le había dicho que hiciera reposo un par de días, que todas esas reuniones demasiado agitadas no eran buenas para el bebé, que tenía que cuidarlo. Él había estado de acuerdo de inmediato, todo por asegurar el bien de su hijo. Podía fingirle a su superior que estaba enfermo.

En el pasillo del segundo piso directo a su habitación, sacó las hojas blancas. Nadie se notaba a los alrededores, y leyó otra vez con la mueca más dulce que podía producir.

Un hijo, iba a tener un hijo. Iba a ser mamá, papá, el todo de ese bebé.

Le llenaba de esperanzas el hecho de que dentro de su cuerpo se producía una vida, que respiraba lo que el respiraba, sentía lo que él sentía, se alimentaba por él. Ahora era el doble de responsable, pero era la sensación más maravillosa que había experimentado nunca.

Giró la manilla, abrió la puerta y la cerró sin echar un vistazo adentro antes. Ladeó la vista.

Se sintió shockeado.

- ¿Alfred?

Estados Unidos se encontraba sentado en su cama, con la mirada seria sobre sus ojos.

- ¿Dónde estabas?

- Te dije que me sentía mal. Fui al médico.

- ¿Esos papeles…?

- Recetas.

- Quiero ver.

- No.

Se levantó, caminando hacia su hermano. Matthew sintió los nervios en su cuerpo cuando su gemelo comenzó a forcejear para que le dejara ver lo que las hojas decían. Él intentó defenderse lo mejor que pudo, pero el recordatorio de Joseph, no hagas fuerzas, no luches. Tienes que cuidarlo, estos meses son los más inestables, le hizo desertar rápido y entregarle los papeles sin más esfuerzo. Alfred sonrió triunfante cuando los consiguió, acomodándose sus lentes y procediendo a leer. En cambio, Canadá se sentó en la orilla de la cama, con las manos cubriendo su rostro… las lágrimas comenzado a derramarse solas.

La felicidad que le había embargado hace minutos se evaporaba gradualmente.

El mayor carraspeó, siguió observando las letras, hasta que levantó la mirada. Vio a su hermano, acurrucándose a él mismo, llorando. No entendió. ¿Por qué…?

- ¿Mattie? –Dijo suavemente- ¿Mattie, qué…?

Un fuerte sollozó resonó en la casa. Alfred sintió escalofríos.


¡Uh! ¿Se habrá enterado? Kjakjaakja lo dejo para el prox cap... que tendrá mucho drama xd ¡Muchas gracias por leer! Y nos vemos! ¿Reviews?