Muchas gracias por todos sus comentarios, me hacen tan feliz y son tantos, nunca lo había visto en mi vida xd Me siento feliz de que les guste ^^ Este capi tiene drama, no odien a Alfred por lo que le hace a Matt... bueno, sí, ódienlo xd muajajaja pero después a él le tocará sufrir 77

Con respecto a la encuesta, Matthew dará a luz mellizos, un niño y una niña. Estoy pensando que el nombre de la niña pueda ser Faloon (se pronuncia Fálon), es de origen gaélico y esa lengua es hablada en -principalmente- Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Cómo que calza xd Yo creo qe realmente el nombre es Fallon, pero aqui lo chilenisamos. Puede que Manuel acabe siendo el padrino de los mellizos (?), ¿quién sabe xd? Ok, no.

¿Les gusta ese nombre? Espero sus comentarios.

De niño... uhm, aún no lo decido. Me gustó Frederic, pero Dennis lo encuentro tentador xd Es qe es como andrógeno ^^

Ya, dejo de blabla y permito leer, espero les guste este cap :O

Nos leemos abajo!


Sólo Esta Noche

Se giró suavemente, caminando con lentitud hasta colocarse al lado de su hermano. Se sentó en la cama, acompañándolo. No comprendía porqué Matthew estaba llorando de esa manera tan desesperada que hacía que su propio interior se sintiese asqueado. Bufó poniéndose más cerca y levantó la mano para acariciar el hombro frágil de su gemelo. Arqueó una ceja.

- ¿Mattie?

- Perdón –susurró el otro, sin ser capaz de mirarle a los ojos- Perdón, perdón.

- ¿Por qué estás pidiéndome perdón? ¿Por lo de Washington? –Alfred murmuró entusiasmado.

Y Matthew, finalmente, decidió que por el momento, no había mucho que temer. Despacio, con miedo, levantó la vista. Sus ojos violetas rozaron los de Alfred y se encontró con una gran sonrisa confundida.

- ¿Al…? ¿Al… qué leíste en esos exámenes?

- ¡Lo que dicen!

- Alfred, sé más específico.

- Sé tu secreto. ¿Por eso te sentías mal en la mañana, verdad? ¿Por eso te brillaban los ojos?

- Dieu, Brother, ¿a qué te refieres?

- Matthew, no tienes por qué ocultarlo. Ya lo sé.

- ¿Qué sabes?

El rubio mayor se puso de pie, dándole la mano a su hermano para que lo imitara pero Mattie se negó, mirándole fijamente sin comprender en absoluto lo que ocurría. Quitó su brazo, sonriendo con esa mueca que a veces a Canadá le parecía un mero intento de ocultar su tristeza, o su sadismo, o su maldad. A pesar de todo, Matthew conocía a Alfred más que cualquier otra nación –más que Arthur- y sabía que Alfred no era lo que al mundo demostraba. No lo era. Nunca lo había sido. Y probablemente no cambiará por mí.

- ¡Lo sé, Mattie! ¡Lo sé! –Gritó, apuntándolo con el dedo haciendo escándalos insoportables- ¡Sé lo de tu glucosa! ¡Está altísima! ¡Oh, God! Matt, estás al borde de la diabetes. Y yo, como soy tu hermano mayor, voy a hacer cualquier cosa para salvarte. –declaró. Canadá no podía respirar, su corazón aún palpitaba asombrosamente fuerte dentro de su pecho, como un caballo a galope por las tierras fértiles de su patria- Desde mañana, sólo comerás hamburguesas y les pondré mucha sal, y equilibrará tu alza en el azúcar. ¡Estarás bien, Mattie! Te salvaré, porque en resumen I'm a hero!

Acabó la conversación asfixiante con los labios y una carcajeada brillante en su rostro. Pegó un salto para rodear el cuerpo de su hermano con los brazos y apretujarle y juntar sus mejillas hasta que doliera. Susurrábale continuamente que todo iba a ir genial porque él lo rescataría y haría que su glucosa bajara. Para ser sincero, Matthew ni siquiera había escuchado a su médico decir que estaba a punto de tener diabetes, él se había quedado contento con enterarse de que estaba esperando un bebé y luego sus oídos se cerraron. Volvería a revisar los papales, llamaría a Joseph.

Las manos cálidas de Alfred le rodearon la cintura, y luego le acariciaron el vientre.

- Estás más gordito –rió. Mattie se sonrojó inmediatamente- ¿Francis te ha estado dando demasiado pasteles? ¡Es su culpa! Pero yo soy tu héroe, así que…

¿Podía llamarle su héroe luego de aquella noche?

- No, tú no eres un superhéroe.

Nunca lo sería, ni para él, ni para su hijo, ni para nadie. Probablemente sí para Arthur, y eso quebraba su corazón, lo rompía en dos.

- Necesito alguien que me salve, pero tú no eres diferente al resto.


Las reuniones habían acabado, y Matthew se había debatido mentalmente todo lo que restaba de tarde para contarle a su hermano sobre el bebé, y a cada pensamiento, una nueva ola de escalofríos le barría en el cuerpo. Se había dicho que lo mejor era no, o por lo menos, no luego de las tertulias tan estresantes que habían mantenido por los tres días. Él estaba cansado, todo su ser se sentía disparejo y no sabía cómo reaccionar si es que le dijera la verdad a Alfred y él comentaba de frente que no deseaba a ese bebé. Pero, ¿cómo podría vivir con la angustia de no saber qué hacer para darle la placidez a su hijo? De todas maneras su bebé se enteraría que su padre era Estados Unidos y que lo había rechazado desde el primer momento, porque ellos eran naciones, y no era como si pudiese escapar y vivir feliz para siempre con un niño a cuestas.

Pero quizá… quizá Alfred se alegraría, y lo querría, y… bien, no era como si estuviese pidiendo tener una familia, pero él nunca tampoco había poseído una, y su deseo por lograr ese estereotipo novelesco le hacía rugir el corazón de emoción.

Se apretó las manos nervioso y sonrió hacia abajo mirando su estómago: Vamos a hablar con papá. Le susurró a su hijo mientras caminaba. Sabía que Alfred estaba en su habitación, porque había corrido cuando Obama finalmente les comunicó que podían salir y divertirse y tenían la noche libre para vagabundear por los Estados Unidos, sin causar destrozos ni mala reputación para el país, que quede claro.

Matthew recuerda que Alfred bufó y retrocedió con las manos en la nuca, silbando God Bless America, y él tuvo que quedarse para ordenar los papales que su jefe le enseño.

Y ahora estaba allí, de pie frente a la puerta abierta de la habitación de su gemelo, luchando por entrar. Tocó disimuladamente la puerta –cómo sólo él lo haría- y sintió que en su estómago se contraía; dejó ir una risita entrando porque nadie le contestó. Su garganta fue raspada y su vientre agitado. Alfred estaba ahí, de pie frente al teléfono, enredando su dedo en el cable del teléfono. Por el tono que usaba, Canadá pudo adivinar de quién se trataba en la otra línea.

- ¡Entonces quedamos en eso, Arty! Tengo tantas ganas de hacerte cositas. –Alfred rió. Matthew se agachó de hombros, a él se lo decía, con él usaba un tono dulce. Recuerdos inundaban su mente, dolor se reflejaba en su cuerpo enfermo.- Kisses, Kisses for you, princess –Mattie pudo ver que su hermano alejaba el teléfono de la oreja con una sonrisa de lado, probablemente Arthur se había molestado por ese apodo. Suspiró apoyándose en el umbral, de pronto creía tener la necesidad inalienable de encerrarse en el baño y vomitar- I'm gonna wait for you, I love you.

Y colgó. Se estiró para relajar los músculos y volteó. Sus ojos azules notaron a Matthew recargado contra el marco de la puerta, él, amablemente –insoportablemente- le invitó a pasar.

- ¿Vienes por una hamburguesa? ¡Yo tengo una aquí mismo! –Canadá miró. Un pan apetitoso estaba en la bandeja plateada sobre el velador al lado de la cama.

- No, thanks. Quería hablar contigo, pero… ¿vas a estar ocupado esta noche?

- ¿Eh?

- No quise hacerlo, de todas maneras escuché tu conversación con Arthur y…

- Oh, Mattie, ¡Don't worry! Quedé con Inglaterra para unas semanas, así que…

- ¿Tienes tiempo para salir? Digo, si es no, no importa mucho. Puedo esperar hasta que tengas espacio.

Alfred rió sonoramente y se acercó rodeando los hombros de Mattie con sus brazos. Se acercó hasta besar hastiosamente la mejilla de su gemelo y separarse haciendo sonidos extraños, divertido.

- ¿A dónde quieres ir? Porque puedo.

- ¿Recuerdas el bar que visitamos hace algunas semanas?

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Ahí estaban, como la última vez donde todo había ocurrido. En el mismo auto blanco de Alfred, en el callejón a la izquierda del bar de mala muerte que visitaron la noche en la que Matthew había llorado a mares mientras su hermano le hacía el amor llamándole Arthur.

Nada, exactamente nada había cambiado.

Alfred, a la derecha, miraba fijamente algún punto que Canadá no podía describir; su rostro muy rojo por el alcohol evidenciaba que todo seguía igual. Quizá fue una idea pésima haber ido ahí. No hablaban, sus manos tampoco se tocaban. Mattie recuerda que ni siquiera le dijo su nombre cuando se acercó para empujarlo al asiento de atrás. Y era peligroso, Alfred con trago era una bestia resbaladiza.

Ahora, ahogaba en sí mismo un sollozo, porque estaba demasiado entumido cómo para llegar a sentir algo, cualquier cosa. Incluso el niño en su vientre parecía lejano a la realidad que él y su hermano habían creado.

Desvía su mirada. Estados Unidos no le ha dicho nada desde que salieron… tal vez era tiempo de hablar.

- Enciende el auto y llévame a casa.

Los ojos de Alfred queman y a Matthew le recorre el miedo; de forma automática se lleva la mano a donde su hijo crece, porque puede notar el movimiento dentro. Tranquilo, bebé, nada va a pasarte.

- Tienes que decirme algo. Por eso vinimos aquí.

- Podemos hablarlo otro día.

Finalmente los orbes azules de su hermano penetran. Mattie quiere abrir la puerta, salir, escapar, la ventana está cerrada, le falta el aire; eso no está bien. La sensación de ahogo no es buena. No es buena para él ni para la vida que lleva dentro.

- Vamos, Matthew. Me has emborrachado para esto.

- Yo no lo he hecho.

- ¿Quieres que tengamos otra noche caliente como la de la última semana?

Lo recuerda. Lo recuerda como una puta sesión en la que él sólo fue su muñeca inflable, el que le proporcionó placer, al que le cambió el rostro por otro de ojos verdes y cejas pobladas. Mientras para Canadá, la memoria se graba en su corazón, creyendo que tan siquiera Alfred le dedicó una pisca de amor, rezando porque el hijo que fecundó en su vientre no fue producto de la calentura que le cubría el rostro al gritarte el nombre de Arthur.

Se aguanta el llanto, porque ya no parecerá débil. Desvía la mirada.

- Llévame a casa, Alfred.

- Mattie. ¿Qué vas a decirme?

- Quiero ir a casa.

- Matthew.

Matthew mira el reloj desesperante que se lleva su tiempo en el auto de su hermano.

- Fue una mala idea. Venir aquí.

- ¿Para qué?

- Estás demasiado borracho para escuchar una palabra de lo que digo.

- No, yo estoy cuerdo.

Se muerde el labio. ¿Cómo puede decirlo?

- La noche… la noche en que tú y yo…

- ¡Lo sabía! ¿Quieres repetirlo? Estoy dispuesto.

- No –susurra, acabado- Ahí… lo siento. Sé que tú no querías.

- ¿Eh?

- Es mi culpa.

- ¿De qué hablas?

- No pensé que podría ocurrir, lo juro.

Alfred enarca una ceja, apoyando sus manos en los muslos. Arruga su jeans gastado.

- ¿Qué mierda, Matthew?

Matthew le mira, por fin le mira. Está llorando, quiere llorar, gritar, abrazarle, que le quiera. Sentirse amado. Es triste porque sabe que nunca lo recibirá de parte de Alfred.

- Los exámenes que leíste… no fueron todos. Te saltaste uno.

- ¿Cuál?

- Hoy fui al médico. Me estaba sintiendo mal hace una semana. Las náuseas, el dolor a la espalda…

- ¿Mattie, tú…?

Canadá sonríe, apoyando su palma en el vientre. Intenta tomar la muñeca de su gemelo, entrelazar sus dedos, parece inerte.

- Voy a tener un bebé –corrige de inmediato, sintiendo que las palabras lo consumen- Vamos a tener un bebé.

Y Alfred se aleja espantado, soltándole la mano, mirándole con repulsión y asco. ¿Acaso estaba bromeando? ¡Era imposible! Él no… él no… no sería un padre.

- ¿Estás jugando conmigo, verdad?

- No –responde triste.

Estados Unidos no le oye, pero le hace caso. Enciende el auto y lo lleva a casa.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Matthew se sienta en su cama como si kilos de ladrillos le cayeran en los hombros y se sigue viendo fuerte –lo máximo que puede- evitando que Alfred se burle de él como inconscientemente siempre lo ha hecho. Se cubre el rostro con las manos, respirando hondamente un par de veces para calmarse. Podía salir bien, si hacía su mejor intento, podía arreglarlo, quizá Alfred cambiara de opinión.

- No me voy a hacer cargo de ese niño. –dijo, con fiereza, decidido- No lo quiero.

- ¿Por qué? ¡Tú prácticamente me obligaste a acostarme contigo! Y me humillaste todo el tiempo.

- No lo quiero. No te amo a ti ni amo a tu hijo.

- Es nuestro.

- No.

Alfred podía ser cruel cuando lo quería.

- ¿Qué te hace odiarlo así? ¡También es parte de ti!

- Me produce asco –se sincera. Comienza a acercarse peligrosamente. Matthew se pone alerta, y eso le hiere como nunca nada en su vida. Alfred acaba de decir que no lo quiere, que le produce asco, que no lo reconocerá, que no es de él. Cierra los ojos fuertemente.

- ¿Y si tuvieras un hijo con Arthur? ¿Qué si así fuera? ¡Estarías feliz! Con tu sonrisa estúpida y tu voz asquerosa contándoselo a todo el mundo. ¡No es justo, Alfred! ¡No es justo! Es mi hijo, y también tuyo. Deja de pensar en ese inglés de mierda aunque sea una vez en t…

Su voz se calló repentinamente. Alfred le surcó el rostro de una certera bofetada en plena mejilla. Canadá cayó en la cama, sorprendido y dolido, ardía, pero cubrió su vientre con el brazo protegiendo a su hijo. Alfred no le haría daño, podía golpearlo a él, lo que quisiera, pero a su bebé no lo tocaba. Nunca más.

Lo rechazó. Dijo que no lo quería.

Oyó la puerta de su casa ser cerrada con pujanza y el viento silbar hasta soplarle los cabellos. Sintió sus mejillas mojadas y su pequeño –al que siempre había percibido como con un sexto sentido- dejar de moverse. Lo último que Matthew pudo ver fue un destello de mariposas púrpuras salpicando entre sus pupilas.


Alfred maldito 77 ¿No casha qe está esperando bebé? Noo, el muy idiot va y le pega, desgraciado 77 Espero les guste el cap y no deseen asesinarme por hacer qe Alfred haga eso, toda al culpa es de él xd

Muchas gracias por todo, y nos leemos en el prox cap. ¿Reviews?