Muchas gracias por sus comentarios, me hacen muuuy feliz ^^ Aps! Gracias a Kyochan, Gladis y Usagisama, no les puedo responder el review porqe no tienen cuenta, pero no importa, ¡Thanks you very much!
Uhm... Alfred es fucking, eso es verdad 77 y en este cap debo admitir qe tambm es malo, y es trágico, pero al final pasa algo bueno... algo :/
Se insinúa un RusCan pero no es algo que realmente vaya a ocurrir, qero decir, A Iván le gusta Canadá, lo quiere, pero no pasará más allá de amistad, él le ayudará con sus hijos. Más lindo mi Ruso 3
Espero les guste este cap, y ¡sí, saldrán los latinos! pero en unos cap más, es qe ya lo tengo todo planeado kjakjakja.
¡Nos leemos abajo!
Sólo esta Noche
Matthew soltó un suspiro ahogado agarrándose el vientre porque el dolor le era insoportable. Se levantó afirmándose de la cama y preguntándose qué fue lo que ocurrió con Alfred y dónde estaba él ahora, por qué no se encontraba allí a su lado acariciando su cabello y diciéndole que lo cuidaría por siempre. El malestar en su pelvis se apretó, su estómago comenzó a empeorar y sintió cómo sus bóxer se humedecían de algo que le era desconocido. Rápidamente sus instintos despertaron e intentó ponerse de pie, muy veloz, quizá demasiado porque la cabeza le dio vueltas inconclusa.
Algo le apretó desde adentro, no pudo evitar quejarse.
- Oh -la mano en el lugar donde creía su hijo. Estaba ardiendo- Oh, Dios
Y caminó, lento pero dando su mejor intento por llegar hasta el baño. Cargó el peso de su cuerpo tambaleante en cada muralla, cada adorno sencillo en su casa de Estados Unidos, dejando que las lágrimas le mojaran la mejilla e imaginando que lo peor podría ocurrirle. Botó el aliento y un poco de saliva en el piso alfombrado y logró llegar hasta la habitación llena de cerámica a rastras. Con las manos temblorosas se bajó los pantalones, luego la ropa interior, mirando allí. Se estremeció. Estaba manchada de rojo, de ese líquido viscoso y con un olor desagradable que le recorría ahora las piernas desnudas y calentaba su parte baja. Tocó con los dedos pálidos, se derramaba desde su trasero. Comenzó a agitarse, a llorar.
- Alfred –gritó- ¡Alfred!
Desesperado, quiso levantarse, pero el sentir que dentro se revolvía algo y comenzaba a desprenderse le obligó a no hacer movimiento alguno. Trató de buscar su celular, botado en el piso junto con los jeans. ¿Dónde estaba el número de Joseph? Ni siquiera podía ver bien por las lágrimas. Notó una jota. Sin más apretó llevándose el teléfono al rostro mojado mientras esperaba.
- Por favor. Por favor, por favor, aguanta. Quédate ahí, bebé. No te vayas ahora, no me dejes solo.
Matthew cubrió su vientre con una mano mientras que con la otra trató de detener la hemorragia gigante que presentaba. Ya no tenía fuerzas para vocalizar, su aire lo guardaba para cuando le contestara Joseph, porque era su única esperanza.
- ¿Hola?
Quizá podría salvarse.
- ¿Jo Joseph?
- Sí, doctor Joseph Owen. ¿Con quién hablo?
- Soy uhm, soy yo. Matthew.
- ¡Matthew, cariño! ¿Cómo estás?
Canadá volvió a ser ahogado por el llanto, viendo por entre sus piernas el recorrido de la sangre en el suelo y el inodoro.
- Joseph mi bebé. Mi bebé, me estoy desangrando.
- ¿Qué ? Matthew, cuéntame rápido qué es lo que te ha ocurrido.
- Tuve una discusión me abofetearon –recordar, ¿para qué?- Y luego me vino un dolor ¡Ah! Duele, Joseph. Es una hemorragia tremenda.
- Muy bien, Matt. Vamos a hacer algo, respira profundo, ¿está bien?
- Sí
- Okay. Uno, dos, tres aspira. –Matthew lo hizo llorando, el dolor era simplemente insoportable- Uno, dos, tres
- ¡Joseph, la sangre! Me estoy desangrando y mi bebé, mi bebé está
- Voy a buscar una ambulancia e iré de inmediato. Dame tu dirección.- Canadá lo hizo, aguantando mientras las piernas le temblaban. – Espérame. Sigue respirando, querido. No tardamos.
Matthew rogó para que no lo hicieran, mientras se secaba el rostro con las manos cubiertas de rojo.
- Quédate tranquilo, nos van a rescatar. Nos va a rescatar un héroe.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Canadá fue llevado de urgencia hasta una sala de la clínica forrada de color blanco y olor a instrumentos quirúrgicos llenos de alcohol por todas partes. Le tenían agarrado de las manos porque estaba totalmente histérico pensando en que algo malo podía sucederle a su hijo y todo por culpa del propio padre de la criatura. Los médicos le acostaron en la camilla y le levantaron la camisa para masajearle el estómago, notando que la hemorragia persistía y eso les preocupaba. Joseph se acercó a su lado con guantes y cogiendo un gel en la mano, estaba sonriendo para calmar a su paciente; no servía de mucho.
- Voy a ponerte esto para buscar el embrión y asegurarnos de que no le ocurrió nada, ¿bien?
- ¿Puedo perderlo?
- Matthew, por favor
- ¿Voy a perderlo?
- Vamos a hacer todo lo posible para mantener a ese niño sano y salvo.
El rubio estiró su cabeza hacia atrás, respirando aceleradamente. El doctor le desparramó el gel por el vientre y procedió a pasar sobre una máquina con el deseo de encontrar a la pequeña criatura viviente que Matthew llevaba en su interior; el problema es que no percibía absolutamente nada.
- Vamos, pequeño, ¿dónde estás?
- No lo siento.
- Es normal, Matthew. Comenzarás a hacerlo durante la semana 14 a la 22.
- Duele mucho, Joseph.
- Yo voy a estar aquí para cuidar de ti. No tienes por qué preocuparte, saldrá bien y volverás a casa pronto con tu hijo. –Movió el transductor lentamente, esperando por alguna respuesta del niño mirando en la pantalla, desesperadamente. El rostro sudado de Matt le suplicaba a Dios que su hijo estuviera allí, que no hubiese muerto por culpa de su propio padre.
- Matthew.
- ¿Mmm?
Joseph le sonrió, dejando la máquina a un lado.
- Tendrás un hijo muy fuerte. Él quiere quedarse ahí.
Y Mattie sintió como si todo su mundo comenzara a caerse lentamente.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
A la tarde siguiente, Matthew era ayudado a vestir por una enfermera con sumo cuidado. Ella le parecía linda, una chica agradable. Canadá recordó que era imposible relacionarse con una humana, pero era tan delicada y él iba a tener un bebé. No era como si Matthew fuese homosexual, la sexualidad era algo que no se aplicaba a las naciones; él hubiese podido enamorarse de algún país femenino, el problema es que su corazón le había pertenecido a Alfred desde el primer día.
Le colocó la chaqueta y sus zapatos y le tomaron del brazo para guiarle con delicadeza hasta el pasillo.
- ¿Dónde vamos?
- Te están esperando.
- ¿Quién?
- Un joven rubio, usaba gafas creo que
- ¡Matthew! –ambos oyeron el llamado del Doctor Owen. Se voltearon para verle, porque él llevaba papeles en la mano que entregó al canadiense. – Es una receta. Ten mucho reposo por lo menos por dos semanas, no hagas ningún, ¿me escuchaste? Ningún esfuerzo. Tu bebé es fuerte pero perdiste demasiada sangre, y no queremos arriesgarnos.
- Voy a estar tranquilo.
- Muy bien. Ven a verme en luego de tu reposo. Planearemos otra visita.
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por salvar a mi hijo.
- No es nada, es mi deber, Matthew.
La sonrisa de Canadá se ensanchó y quiso abrazarle, pero aún se sentía débil, así que no lo hizo. Se limitó a consultar quién era el hombre que le esperaba afuera.
- Llamé al primer número que me pareció importante en tu teléfono –se encogió de hombros- Espero que no te haya molestado.
- No, ¿pero quién?
- Tu hermano, Alfred.
Matthew le miró fijamente sin emitir alguna expresión mientras era ayudado a subir al auto. Cerró la puerta el mismo y no se colocó cinturón para no hacer presión en su vientre. Alfred subió rápido, encendiendo el auto y comenzando a partir, sin decir alguna palabra. Canadá quería decir algo, pero todavía estaba realmente molesto por lo que su gemelo había hecho con él y su hijo –su hijo, eso no se lo perdonaría jamás-. Se acomodó en el asiento girando el rostro, pero lo ocultó inmediatamente.
- ¿El doctor te llamó?
- Sí.
- Uhm -Dio una caricia larga a su vientre, su bebé mucho más calmado de lo que él siempre lo había sentido, a pesar de que eso era prácticamente imposible porque ni siquiera tenía un mes de embarazo.
Por su parte, Alfred estaba asustado. Terriblemente asustado. De que Matthew hubiese muerto, de que el mundo se enterara, de que su superior lo hiciera, el de su hermano, pero por sobre todo, tenía un miedo grandísimo a lo que Arthur diría cuando se enterara. ¿Acabaría con él y ahora para siempre? Se detuvo porque el semáforo así se lo ordenó. Miró a su gemelo.
- Vamos a hacer un trato –dijo, con amabilidad fingida- Ocultaremos a tu tu hijo el mayor tiempo posible, porque no quiero que ninguna nación se entere, ¿ok? –Matthew hubiese preferido que fuese sincero- Y no sé cómo lo ocultarás cuando tu estómago comience a crecer, pero algo harás, Matt.
Matthew no pronunció palabra. ¿Así de avergonzado se sentía del niño que casi había muerto anoche? Pensó que le pediría disculpas, que le preguntaría cómo se encontraba ahora, si dolía, que harían las paces. A veces se odiaba a sí mismo por ser un soñador.
Ese mismo día, pero en la noche, Matthew obtuvo dos visitas curiosas.
La primera, fue su buen amigo Guillermo, trayéndole tanto helado que provocó que a Canadá se le hiciera agua la boca. El cubano riendo le preguntó qué ocurría. Mattie se lo contó –pero no todo- con un sonrojo en la cara. Se ganó mimos y felicitaciones del latino y después de ser abrazado, Guillermo se fue.
Al tiempo llegó Iván. Iván y un perro Husky siberiano. Un perro que Canadá amó, y abrazó de inmediato al verlo, pensando que cuando su bebé naciera le regalaría uno igual. Iván le dijo que sus ojos lucían diferentes y las mejillas se le volvieron a colorear, mirando hacia abajo. Cuando por fin le dijo que estaba esperando un hijo, no esperó que el ruso le rodeara con sus brazos y que fuese tan cálido, y no pudo evitar suspirar, porque ese calor era todo lo que siempre quiso –y nunca obtuvo- de Alfred.
Iván preguntó quién era el padre.
Matthew le negó la respuesta, pero Rusia la sabía. Se lo susurró y sus lágrimas fueron todo lo que necesitó para saber que estaba en lo correcto, pero no le importó, le apretujó más fuerte y puso la mano en su vientre; prometió estar ahí para cuidarlo a él y a su hijo siempre. Porque Iván amaba a Matthew y todo lo que fuera de él.
El problema era que Alfred le odiaba. Y Alfred era el padre del niño.
Con los ojos cerrados presintió que no tendría que esperar mucho para ser alejado del lado de Canadá.
Imagínense la reacción de Alfred con esto... no qerrá al bebé, pero esto de los sentimientos de posesión xd Y el bebé de Matty, casi muere, ¡Yanqui imperialista! ¡Espero qe les haya gustado y lo siento por hacerles esperar! ¿Reviews?
