Wiii, ya pasamos los 60 reviews, no saben lo feliz y agradecida que estoy, I love you so much!
Well, aqi les traigo un nuevo cap de este fic... creo que es el más largo que he escrito O.o pero espero les guste, tiene hechos importantes 1313.
Agradezco a Usagisama por el review, como no puedo devolverlo u.u y a Kyochan: Sii, creo que la niña se llamará Faloon y el niño Dennis, hasta el momento esos son los nombres. Pueden cambiar.
Y también sobre una pregunta que me hizo ella, haré un cap especial donde Matthew recordará todo lo que ocurrió la noche en la que concibieron a los bebés :O
Yaaap, dejo de hablar y permito leer, nos vemos abajo!
Sólo Esta Noche
• 6 Semanas después
Matthew no había visto a su hermano desde hace más de un mes, y había estado siendo acompañado por Rusia en lo que el cuidado del niño y su propio cuerpo se refiere. Iván era un gran amigo, ayudándolo y cuidando que no hiciera esfuerzos para que el bebé no sufriera las consecuencias y teniendo paciencia con sus antojos y cambios de humor, que al contrario, aceptaba con gusto y una sonrisa infantil en la cara, y Matt le estaba realmente agradecido por ello.
Hace unas semanas atrás, había ido a controlarse con Joseph y él le había citado hoy para hacer su primera ecografía. Estaba tan emocionado, vería a su hijo por primera vez en el monitor, porque aún recuerda que el día en que casi muere, no notó absolutamente nada en la pantalla, nada además de oscuridad total. Había quedado con Iván para encontrarse en su casa –permanecía en Estados Unidos; Canadá dudaba que pudiese partir a su país- porque no quería ir solo, y el ruso se había ofrecido a llevarle y hacerle compañía, además de que estaba terriblemente excitado por ver al pequeño también.
Hasta el momento, Alfred se había mostrado indiferente a lo que ocurriera con su hermano y su hijo, Matthew creía que probablemente ni siquiera sabía que Rusia se estaba alojando en su casa algunas noches, pero era lo que esperó, quizá estaba disfrutando con Arthur o le importaba una mierda lo que le ocurriera. Creyó que era una mezcla de las dos. De todas maneras y con una sonrisa en el rostro, Canadá acabó de cepillarse el cabello, y lavarse las manos, saliendo del baño con un bolso a cuestas y su teléfono, quitó de la cocina un emparedado porque últimamente sus antojos habían aumentado, hace dos días atrás mandó a comprar a Iván en plena madrugada una botella de miel de maple con forma de osito –y tenía que ser con forma de osito, Rusia se devolvió a la tienda una vez más porque Matthew no aceptó una marca cualquiera- y prepararle pancakes. Matthew le estaba agradecido, incluso se quedó con él comiendo a pesar de que no le gustaban.
Rió al recordarlo. Acarició su vientre ahora de 8 semanas, casi dos meses y lo único que quería era que el niño naciera para tenerlo en sus brazos.
Miró el reloj, Iván estaría en casa a las dos. Faltaban diez minutos para las dos. ¿Por qué tardaba tanto? Siempre era puntual. Se paseó por la casa comenzando a preocuparse, ¿y si Rusia se había aburrido de él y decidió no acompañarlo? Tendría que calmarse, relajar los nervios, porque todo estaba bien. Iván era su amigo y no iba a desampararlo nunca. Se lo había prometido.
Tomó un vaso de jugo de naranja helado, porque así Joseph se lo había pedido y sintió que caería al suelo cuando oyó el sonido de su celular en el bolso. Rápidamente dejó el líquido en la mesa y buscó el teléfono, husmeando por entre su agenda y los pañuelos desechables; cuando al fin lo encontró, costó apretar el botón correcto, suspirando lo hizo.
- ¿Hola?
- ¡Mattie, lamento...!
- Oh, estaba preocupado por ti. ¿Todo va bien?
- Uh, no exactamente.
A Matthew comenzó a hacérsele un nudo en el estómago.
- ¿A qué te refieres?
- Sé que había prometido acompañarte hoy, pero se me presentó un inconveniente... Mi superior quiere hablar con el de Kiku, para mejorar las relaciones o algo así.
Canadá no contestó y Rusia se dio cuenta de ello.
- Lo siento mucho. De veras tenía ganas de acompañarte para ver a tu bebé, y sé que es muy importante para ti, pero no puedo faltar a esa reunión y se apareció de repente. No pienses que no quiero ir, Matthew, realmente estaba emocionado pero...
- Está bien –susurró él despacio, sentía como si todo volviese a ir mal de repente- No importa Iván, enserio.
- Lo siento mucho. –El ruso se mordió el labio, viendo por entre la puerta los movimientos conclusos en la sala- Matthew, debo colgar.
- Bien –dijo, agotado. Su estómago comenzaba a doler y la felicidad que sentía por ver a su hijo acompañado de alguien, a evanecerse.- Nos vemos...
- Pronto, muy pronto, lo prometo.
También había prometido acompañarlo.
- Como quieras. Ahora... se hace tarde y tengo que salir así que...
- Matthew, perdóname. Realmente no quería, todo estaba bien hasta que...
- No te preocupes, no hay problema –intentó sonar amable, tranquilo, pero estaba siendo desgarrado por dentro-.
- Voy a llamarte en la noche para saber sobre el bebé.
- Esperaré.
Su voz, Rusia lo notó.
- Mattie, yo...
- Vamos, Iván, estas cosas pasan. No voy a comenzar odiarte o algo por el estilo, has sido el único que...
- Voy a seguir estando.
Matthew sonrió lastimosamente. Se agarró el vientre de una manera delicada y cerró los ojos, ahogándose en su dolor roto. Nadie iba a estar nunca ahí, ni Alfred, ni Iván... realmente había querido creer que Iván era bueno.
- Gracias.
- No agradezcas, lo siento.
- Tengo que dejarte, se me hará tarde. Hasta pronto, Iván.
- Matthew.
- ¿Qué?
- Perdóname.
- Ya lo hice.
Y Matthew colgó, apoyando su cabeza con los ojos cerrados en la muralla blanca de la cocina. Dejó que su llanto fluyera libre un instante y luego se dijo a si mismo que debía parar. Hoy iba a ser el día más feliz de su vida, vería a su hijo, tal vez escucharía su corazón y todo iría bien. Sí, era perfecto, pero entonces, ¿por qué las lágrimas seguían cayendo?
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Cuando llegó a la Clínica, no esperó ser atendido tan rápido por Joseph, pensó que quizá había tardado demasiado y era el último paciente, y él tenía otras cosas que hacer, no iba a estar para Matthew siempre, incluso cuando ya se lo había jurado, pero Canadá acababa de dejar de creer en las promesas. Entró cuidadoso hasta la sala donde fue recibido con un abrazo y un beso en la mejilla y luego las típicas preguntas de rutina, cómo se había sentido y si había estado sangrado. Joseph se alegró al oír solo respuestas afirmativas.
Le dijo a Matthew que comenzarían con el procedimiento.
- Estoy nervioso –sonrió, acomodándose la camisa.
- Es normal –El doctor Owen le contestó con mucha calma, ordenando los instrumentos y encendiendo una máquina.
- No pude verlo la última vez.
- Aún era muy pequeño, y todavía lo sigue siendo, pero es mejor prevenir. Quiero ver cómo anda ese niño, si se ha mantenido así de fuerte...
Canadá se mordió el labio, excitado en todo lado por la oportunidad de mirar el cuerpo de su hijo.
- ¿Te has cuidado estas semanas?
- Mucho –surcó una sonrisa agradable-.
- ¿Tu hermano te ha ayudado?
Alfred... Alfred, Alfred, ¿qué ha sido de ti?
- No, pero un amigo ha estado allí para mí todo el tiempo.
- ¿Una nación? -ahora buscaba el gel.
- Sí. Rusia.
Joseph se volteó sólo para sonreírle de una manera muy cómplice; luego se devolvió a sus deberes.
- Rusia. El díscolo del sistema. ¿Tienes buenas relaciones con él?
- Es una gran persona.
- ¿Y como país?
- Yo no me meto en eso. Es deber de nuestros superiores, aunque no creo que progrese mucho. -insinuó algo triste.
- ¿Por Estados Unidos, verdad? ¿Somos un dolor de cabeza para Canadá? –Joseph estaba de muy buen humor ese día.
Más bien un dolor al corazón.
- Es tu primer aliado económico. También lo eres de él.
- ¿Te gusta la política?
- Mucho.
El de cabello oscuro acabó de alistar todo y se dio la vuelta. Matthew le miraba sin saber qué hacer.
- Vamos a empezar –murmuró.- Quítate la camisa y recuéstate en la camilla –la señaló- ¡Ah! Y desabróchate un poco los pantalones, lo suficiente para que tu pelvis pueda verse.
Mattie hizo lo que Joseph le dijo con rigurosa timidez. Se subió al solio con la camisa desabrochada y los jeans medio abiertos, sonrojándose cuando su doctor llegó a su lado para hacerle compañía; traía una especie de botella en la mano, o el tipo de recipiente que contiene algún líquido viscoso.
- Voy a aplicarte gel en el abdomen y el vientre que ayuda a que el transductor emita mejor las ondas sonoras, ¿está bien? –Canadá asintió- Duele nada y es muy fácil, y en unos minutos veremos al bebé. ¿Estás listo?
- Sí –respondió con ánimo.
Se encontraba nervioso, estresado, ansioso, totalmente afanoso de observar el pequeño ser que crecía en su interior más fuerte que nunca. Apretó entre sus manos la tela de las sábanas de la camilla y se estremeció al sentir el líquido frío en su vientre que provocaba cosquillas. Dejó escapar una pequeña risa acomodando sus hombros, mientras Joseph miraba a la pantalla que parecía de televisión.
- Bien, tienes un hijo escurridizo, no quiere... ¡Oh!
Mattie se tensó, levantando la cabeza de inmediato.
- ¿Qué ''oh?''
- Aquí está... ¿cómo has estado, mi amor? –dijo meloso. Canadá parpadeó mucho, la pantalla aún parecía negra.
- Es diminuto. Pero creo que incluso puedes oír sus latidos, ¿los oyes, Matthew?
Prestó mucha atención y se sintió frustrado al darse cuenta que no podía.
- No.
- Bueno, no importa. Podrás más adelante. Bien
- ¿Cómo se ve?
- Uhm... -movió el transductor de izquierda a derecha, con la ceja arqueada- todo parece muy normal y el feto está en buenas condiciones, ocho semanas, frecuencia cardiaca en su límite apropiado, paredes del útero correctas, sí, Matt, creo que... espera, ¿qué es...?
- ¿Joseph?
Volvió a acomodarse sobre la camilla, y sus ojos se iluminaron cuando por fin pudo ver una forma más clara que todo lo negro que había allí. El corazón le latió más rápido de lo normal y creyó que le faltaba la respiración. Ahí estaba su hijo, su vida, su razón de ser de ahora en adelante, le era tan increíble
- Mattie, ¿tienes gemelos en tu familia?
- ¿A qué te refieres?
- Contéstame.
- Tengo un hermano gemelo.
- Bueno, entonces espero estés preparado para esto.
Y en ese momento fue donde comenzó a desesperarse.
- ¿Para qué?
- No es un hijo el que llevas en tu vientre, Mattie. Son dos. Mellizos.
La sonrisa en el rostro de Joseph era gigante y los brazos de Canadá temblaron, dejándose caer otra vez. Dos niños. Mellizos. Como él y Alfred. Dos pequeñas criaturas compartiendo el mismo espacio, el mismo aliento, el mismo hogar. A pesar de mancharse con el gel se tocó el vientre, recibiendo una reprimenda de parte del doctor, por casi hacerle perder la comunicación con los niños. Pero a él no le importó, desvió su vista hasta la pantalla, viendo ahora dos plasmas blancos que se mantenían juntos y unidos. No quiso llorar, estaba demasiado feliz como para arruinarlo, ahora simplemente debía ser fuerte por partida doble, para llenar de cariño a esos niños.
-Estoy tan feliz, Joseph... ¡Voy a tener mellizos! ¡Mellizos!
Rió, una carcajada que le quebró el corazón al moreno, pero que para Matthew fue una liberación. Sentía un poco de pena el estar solo, pero tenía allí a Joseph, siempre tendiéndole una mano. E Iván llamaría a la noche. Sólo quedaba una cuestión en su memoria: ¿tendría la valentía suficiente para contárselo a Alfred?
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Después de recibir la llamada de Rusia y las felicidades que correspondían, y todas las palabras bonitas y delicadas que le dedicó por enterarse de que no sería uno el hijo que Matthew traería al mundo, sino dos, Canadá decidió que debía contárselo a Alfred. Con las manos temblorosas marcó el número que estaba grabado a fuego en su memoria y espero con el alma en un hilo que le contestara. No tenía deseos de ser rechazado –él y sus bebés- nuevamente, pero dentro guardaba la secreta esperanza de que su hermano hubiera aprovechado el tiempo lejos de él para pensar y meditar mejor su opción. Realmente quería creer en eso.
El celular de Alfred sonó como loco en la mesita al lado de la cama de la casa de Arthur. No le prestó demasiada atención, debido a que tenía al inglés sobre él pegando saltitos con los ojos cerrados por el placer y las gotas de sudor bajándole hasta el cuello. Se incorporó un poco para lamer la sal allí, cayendo a la cama inmediatamente sosteniendo a Arthur de la cintura, viéndole maravillado por los movimientos. Sin embargo, el mayor se desconcentró con el ruido que seguía escuchándose en la habitación. Se detuvo un momento, intentando controlar su voz agitada.
- ¿No vas a contestar?
- No. –Alfred fue cortante.
- Puede ser importante.
- Vamos, Arty. No quiero que nada arruine esta noche, ha sido perfecta –contestó besándole con cariño en los labios.
- No lo arruinará. Contesta el teléfono y seguimos. Debe ser algo complicado, ha insistido.
Alfred bufó pero le obedeció, dispuesto a no perder su erección, así que mantuvo su pene en el interior de Arthur. Con la vista algo borrosa logró ver la letra inicial del llamado.
- ¿Hola?
- ¿Alfred?
Y esa voz. Esa voz tan suave, inconfundible. Frunció el ceño.
- ¿Qué?
Matthew se sintió culpable, sonaba enojado.
- ¿Llamé en un mal momento?
- ¿Qué quieres?
- Uhm -tiró un mechoncito de pelo, sentado en el suelo de su salón, acurrucado contra el sofá. Desvió la vista dudando de si decirlo o no, pero ya estaba en eso, ¿por qué no acabar?- Tengo que decirte algo.
- Dilo rápido.
- Hoy fui a hacerme la primera ecografía, pensé que te interesaría saber cómo está...
- Bien, ¿Y?
No te importa, ¿verdad?
- Sólo quería decirte que no es un bebé, son mellizos. Voy a tener mellizos.
Eso no produjo una reacción positiva en Alfred, no despertó ningún sentimiento; hizo una mueca, hastiándose rápidamente, le valía una mierda lo que ocurriera con Matt. Simplemente quería colgar y acabar de follar a Arthur.
- ¿Y qué quieres que haga?
No debió haber llamado. Matthew se tragó sus lágrimas, controlando la voz inestable.
- ¿Sabes qué? No importa. –Escupió- Tú no mereces saber.
No obtuvo respuesta, sólo colgó el teléfono y se dejó resbalar hasta la alfombra, tratando de respirar. Protegió su vientre con el brazo, acariciando a sus hijos. No podía soportarlo, era demasiado, demasiado doloroso.
Alfred dejó el teléfono rápidamente en la cama cogiendo a Arthur de las caderas, clavándole todo el miembro de una estocada y recibió un gemido intenso del inglés. Los vaivenes comenzaron de nuevo.
- ¿Quién era? –preguntó en su delirio.
- Nadie importante.
Cumbre del G8.
Matthew llegaba a la gran sala acompañado de Iván y con un nerviosismo notable en todo su rostro. Sería la primera vez que viera a su hermano luego de la conversación y Arthur estaría ahí. Pero Rusia le daba fuerzas, porque él estaba enterado de todo y le apoyaba.
Los últimos días –habían pasado 8 desde que llamó a Alfred. Ahora lucía un vientre casi inexistente de cumplidos dos meses- se asemejaban a un tifón escabroso que había afrontado con toda la ayuda de Rusia y Cuba. Sobre todo de Rusia. Él había esperado tranquilamente su turno para declarársele y cuando al fin lo hizo, Mattie simplemente no pudo decirle que no. Que a pesar de todo amaba a Alfred, que no le correspondía, se había portado tan bien.
Así que era oficialmente el novio de Rusia. Iván estaba feliz con la idea de ser padre. Habían elegido el G8 como el lugar perfecto para contar sobre su relación –nada de los niños hasta el momento. Entraron. Todos ya estaban allí. Saludaron educadamente, pero se quedaron de pie, bajo la atenta mirada de cada uno de los integrantes.
- ¿Ocurre algo? –Alemania estaba sentado. A su lado, Francia, feliz de ver al pequeño Matthew. Un poco más allá, Italia y Japón, en un rincón, Estados Unidos e Inglaterra.
- Tenemos una notica que dar.
A Alfred se le pusieron los vellos de punta con el tono del ruso; prestó atención.
- ¿Lo digo yo? –Matthew asintió sonrojado. - Bien, seré rápido –le besó la mejilla- ¡Matthew y yo somos novios oficiales!
Las reacciones tardaron. Todos estaban absolutamente perplejos, pero el primero en acercarse para felicitar fue Feliciano, y luego le siguieron los demás, excepto la pareja que estaba alejada. Arthur se dispuso a ir también, jalando del brazo a Alfred, el que se negó.
- Es tu hermano.
- No quiero ir. No me llevo bien con Iván.
Se encogió de hombros. Matthew tuvo que recibir su abrazo de manera forzada, al igual que Rusia. Pero lo que más le atemorizó, y congeló el corazón, fue la mirada que le dio su gemelo, sus ojos azules quemándole hasta el vientre.
Tan maricón qe saliste, Alfred 8D Pero aqí te qero ver... cuando tu lindo brother este con Rusia (L) qe es mejor qe tú! Ja!
Espero qe les haya gustado el cap, en el prox veremos a un Alfred con celos de poseción... empieza tu calvario, Jones!
Nos vemos, muchas gracias por todo! ¡Küsses! ¿Reviews?
PD: No es exactamente novio... osea, novios son pero como de palabra no más, yo diría qe Rusia será el hermano -y hermano sin posibilidades de incesto xd- qe Mattie siempre quiso tener.
