Muchas gracias por todos sus comentarios, waaa son más de 85, that's so cool!
Saben? Iba a subir esto antes, pero tantas cosas pal colegio me superan :/ supongo que no actualizaré hasta el viernes o sábado... creo O.o
Espero que disfruten de este capi y muchas gracias a Maite, no te habia agradecido en el cap anterior y como no tienes cuenta no puedo devolverlo u.u
PD: Yo tampoco sé porqe no habia puesto a Kumajirou... saldrá en el prox, I promise.
Yaap, dejo de hablar y permito leer, nos vemos abajo!
Sólo Esta Noche
Matthew había decidido ser fuerte.
No por él, no por Alfred, sino por sus hijos; los dos bellos mellizos que nacerían y no merecían llegar al mundo en un ambiente de discordia y amor olvidado. ¿Quién había agotado en su alma marchita esas únicas briznas refrescantes? ¿Qué le dejaron en cambio del pequeño oasis donde se refugiaba, sino la aridez y amargura? Sólo a sus niños, y se sentía feliz por ello, pero la lombriz picando su ser y ardiendo en sus ojos era constante. Maldito fuese quien abandonándolo con sus dolores, extremó su crueldad hasta arrancarle la última ilusión, indudablemente la más falsa de todas las ilusiones, pero también la más consoladora. Con el paso de los días por su cuenta, Canadá comenzaba a comprender que Alfred no lo merecía, que nunca lo haría, y que ya no tenía que llorar por él; y de cierta manera, seguía haciéndolo por las noches sin más compañía que sus hijos, y las lágrimas que no caían porque sus ojos estaban secos.
La recesión para almorzar llegó pronto, y Matthew e Iván se pararon juntos, siempre bajo la atenta mirada estadounidense, siempre bajo sus orbes de águila que parecían mirarlo todo con excesivo cuidado, o tal vez innecesario odio. Rusia le tomó del brazo porque un mareo le embistió en el cuerpo, pero con una sonrisa indicó que estaba bien, y ambos caminaron por el pasillo siendo seguidos por los demás.
- Tengo que hablar con mi superior, está con los otros –comunicó Iván, mirando hacia todos lados porque no quería dejar solo a Matthew- Vuelvo en un momento. ¿Estarás en el comedor?
- Sí –respondió con simpleza, recibiendo el suave beso en los labios que no repercutía más allá.
- Nos vemos.
Canadá le miró irse, suspirando y acariciando su regazo, dispuesto a marchar para irse con los demás países, quería hablar con Francis y contarle todo, le emocionaba el que su padre fuese abuelo. Ni siquiera tenía hambre, últimamente todo le daba un asco al estómago y acababa por vomitar, pero haría su mejor esfuerzo porque hoy su comida se quedara allí. Giró su espalda, avanzando en sentido contrario a su novio y deslizándose con suavidad por los pasillos del G8. Iba hablándole mentalmente a sus mellizos, contándoles sobre lo maravilloso que era Iván y el regalo que les había traído hace unos días. Ropa rusa preciosa que Matthew adoró infinitamente. Le llevó un conjunto de niña y otro de niño, porque Iván quería tenerlos así.
Puso tras las orejas un mechoncito de cabello que le caía en los ojos y estando solo, prefirió buscar al francés de inmediato. Se volteó como recordándolo, chocando en el pecho de alguien que no notó. Sus lentes cambiaron de posición, y los acomodó rápidamente, sacudiendo la cabeza.
- Lo siento –dijo cuando logró ver del todo.
- Hola hermanito.
Sus ojos violetas chillaron de miedo levantando la mirada y viendo que era Alfred quien estaba frente a él sonriéndole tan cínico. Previno hacia todos lados, pero estaban solos en el pasillo. ¿Cómo había podido quedarse así? Retrocedió unos pasos, queriendo alejarse de ahí.
- Espera, Matthew –Era el turno de Alfred. Le agarró del brazo. Matthew sabía que tenía que irse de ese lugar, que no era bueno para los niños ni para el mismo, que Iván no tardaba, que lo vería con él pero con la mano de su gemelo sosteniendo su brazo de esa manera había poco que hacer para dar ganas, incluso impulso a su fuerza de voluntad, doblegada por Estados Unidos hace dos meses.- Tenemos que hablar.
- No.
- Matthew, escucha...
- ¡Que no! Alfred, aléjate, por favor.
Aprovechando que estaban solos, no le soltó, le agarró completamente llevándolo a la pared en un movimiento brusco. Canadá se quejó por el dolor de ser arremetido contra el cemento, su espalda ardiendo en cada lado y el vientre enredándose; cerró los ojos intentando liberarse pero le fue inútil. Alfred siempre iba a ser más fuerte que él.
- A ver, Mattie, ven a contarle a tu hermanito, ¿qué es eso que acabamos de oír en el salón?
- ¿Te importa?
Alfred bufó, entregándole potencia al agarre.
- ¿Con Iván? ¿Quién mierda puede meterse con un comunista asqueroso?
- ¡No hables así de él! –le defendió, enfrentando los ojos del norteamericano. A Estados Unidos le pareció que su expresión de arrogancia era totalmente ridícula.
- ¿Por qué? ¡Oh, es tu novio! Platiquemos de Rusia, ¿cómo es en la cama? ¿Por qué ya te acostaste con él, verdad?
Y fue ahí, donde Matthew apretó la mandíbula tan fuerte que creyó que sus dientes se romperían. Desvió la mirada, aguantándose las ganas de llorar, porque ya no lo haría, nunca más en la presencia de su gemelo. Volvió a verlo, con una mueca disfrazada de sonrisa.
- Es alto... ¿la tiene grande? –esa boca sucia. Canadá se mordió el labio y Alfred tomó eso como una afirmación- La tiene grande... pero –y ahí van de nuevo. El aliento del mayor le roza el cuello y con perfecta sincronía mueve sus manos al trasero de su hermano, que tembloroso se aleja y recubre en el mismo. Le produce risa.- ¿Te hace gritar? ¿Te lo hace bien, Mattie?
- Cállate.
- Como puta, porque te gusta, no puedes negarlo...
- Alfred, cállate.
- Eres una perra –le dice triunfal al fin. Lo ha tenido en la garganta desde que Iván le besó la mejilla con su saliva repugnante.- ¿El orgasmo es más intenso ahora que estás preñada?
Desde dentro, emergió algo desconocido para Matt. Alguna cosa resurgió, reaccionó con esas palabras, se liberó de Alfred. Disfrutó, sinceramente lo hizo, al devolverle la mano. La bofetada resonó por los pasillos y dejó roja la cara del mayor; a la cabeza se le vinieron todos los recuerdos de la noche en que le contó que esperaba un niño y él le rechazó, declaró que no le interesaba en lo absoluto y le golpeó, haciendo que su bebé casi muriera.
Alfred no reaccionó al instante, luego le miró con los ojos muy abiertos.
- No te atrevas nunca a hablar así de mis hijos, o de Iván, o de mí otra vez, ¿me escuchaste? –se oyó fuerte y claro. Su ceño fruncido no desapareció nunca.
- Wow... el pequeño Mattie saca sus garras.
- Búrlate, no me importa. Ahora suéltame y...
- Vamos, estás bromeando. Lo sé.
- No.
- No puedes estar con Iván.
- ¿Por qué?
- Porque vas a tener hijos.
- ¿Y? –le respondió, Alfred también había dicho eso la noche que le contó.
- ¡Y! Es asqueroso, revolcándote y manchándote de leche infectada
- Iván ama a mis hijos.
- No es el padre.
- Lo será.
Alfred apretó sus puños, el calor invadiéndole el cuerpo de manera muy rápida, se sentía exasperado.
- ¡El padre soy yo! –Le gritó, Matthew no comprendía- Yo te follé y mi semen fue el que...
- ¡Cállate! Iván me cuida y ama a mis bebés. No como tú.
- Por la mierda, Matthew –volvió a agarrarle los brazos, sacudiéndole repetidas veces, a la vez que le menor luchaba por soltarse- El padre de tu hijos soy yo y no voy a permitir que ningún comunista te toque, ¿entendido? Porque...
- ¡Tú no eres un padre, Alfred! Tú nunca podrías serlo.
- ¿Acaso no lo entiendes? Los bastardos que llevas dentro son míos, míos y nosotros...
- No hables de nosotros, Alfred. No hay un tú y yo.
Se alejó, con la boca temblorosa. ¿Había sido derrotado? ¿Podía serlo? ¡Los héroes nunca pierden! Ellos ganan y salvan a la chica en peligro. Matthew no era ninguna damisela en apuros; él tenía quién velara por su bien y el de sus niños, aunque fuese el enemigo del padre de ellos. ¿Pero quién dijo que Alfred sabía cómo hacerlo? Él decía palabras que herían y humillaban.
- Tú no estás enamorado de Iván –susurró, mirando hacia todos lados- Tú me amas a mí.
- Ya no, Al... ya no –y sonríe triste, porque sabe que miente- No podría amar a alguien que fue capaz de intentar matar a sus propios hijos, y que los ha llamado bastardos.
Otra vez las manos en su cuerpo, esta vez más cerca, las bocas rozándose, pero Matthew tiene la valentía ahora, y el poder y se aleja, pero aún manteniéndose presa de la crueldad con que su gemelo le afirmaba.
- Adiós –le dice despacio, para siempre.
Alfred quiere golpearlo, hacer algo, pero no puede. Frunce los labios como cuando era un niño y aprieta, pero es detenido por una voz. Pasos se han acercado y lo siguen haciendo; Canadá lo ha notado también, ambos voltean.
- ¿Qué estás haciendo con mon petit, Alfred?
Y le despega, liberándose, abriendo sus manos como si su hermano gemelo tuviese lepra. Matthew refloja sus brazos adoloridos. Siente como la esperanza crece de nuevo al ver a Francis mirando a Alfred como si conociese lo que acababa de pasar. Estados Unidos no responde, se va rápido sin echar un vistazo a nadie. Y Canadá respira agitado, siendo visto por Francis que se acerca sigiloso y simplemente no puede aguantar más, se le echa a los brazos llorando a pesar de que se había prometido no volver a hacerlo nunca. El francés, delicado, le pregunta qué ocurre, porqué llora. Le cuenta, todo, la noche, su embarazo, el golpe, Iván, las palabras de Alfred. Francis siente que su corazón va a estallar de pura rabia.
- ¡Papa! –solloza, buscando refugio en su pecho- ¡Papa, nos odia!
Le acaricia el cabello largo. Sus ojos llenos de una emoción que no podía descifrar.
Arthur había buscado a Alfred por todas partes y ya estaba cansado. Se sentó en el sofá que quedaba afuera del salón principal con los brazos y piernas cruzadas y el ceño fruncido. Desvió su vista hacia un lado y otro y resopló, hundiéndose más en el asiento, pero no tuvo que esperar mucho, su antigua colonia apareció con una sonrisa brillante en el rostro, y nadie hubiese podido imaginar que había estado encerrado en el baño del G8 llorando.
Se puso en frente entregándole la mano. Arthur dudó, pero acabó dándosela de todas maneras.
- ¿Se puede saber dónde te habías metido, idiota emancipado?
Alfred sólo le mostró la hamburguesa en su otra mano y el inglés, negando con la cabeza se puso de pie, dispuesto a caminar. Estados Unidos coló su mano entre la de Arthur, esperando que pudiese sentir que él estaba ahí, porque ahora ya se encontraba solo, había apartado a su hermano para siempre con palabras que no quiso decirle pero no sabía cómo manejar.
Su cabeza permanentemente diciéndole que no debió haber susurrado bastardos a los niños que Canadá llevaba dentro. Y que él había reclamado como suyos.
Territorialmente suyos.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Acabó de arreglar unos papales luego de tomar el café que la secretaria que habían propuesto le trajo amablemente acompañado de un sándwich. Se limpió la boca con la manga de su chaqueta y se levantó tragando saliva. Miró a los asientos, convencido de que no estaba solo. Iván le miraba esperando en el recodo más escondido, cuando notó que acababa, le hizo compañía.
- ¿Se te ofrece algo? –preguntó Alfred arrogante.
- No te metas con Mattie, ¿bien?
Alfred se rió.
- ¿Quién mierda eres tú para decirme eso? Yo me meto con mi hermano cuando quiera.
- No después de todo lo que le has hecho.
- Yo no le hecho nada –murmuró más serio.
- ¿Te lo recuerdo? Te dijo que esperaba a los niños y los negaste, lo golpeaste, Alfred, ¿qué pasa por... ?
- Cállate –se dirige a la puerta, pero mejor se devuelve, quiere dejar las cosas en claro- No pienses en involucrarte con Matthew. Él es mío, ¿bien?
- ¿Sí? Tú no podrías tenerlo porque él no le pertenece a nadie. Menos a un hijo de puta que rechaza su propia sangre.
Lo hubiese golpeado, duro, en toda la cara. Si no fuese porque la voz de Arthur resonó por las paredes.
- Ni se te ocurra, Iván, ni se te ocurra apoderarte de Matthew.
Francis bostezó y tomó un sorbo de té caliente mirando a Inglaterra fijamente. Cosía con dedicación, poniendo toda su atención en ello. Francia creía que no sabía nada acerca de Matthew, y mucho menos de lo que Alfred, su Alfred le había hecho. ¿Podía quedarse callado? ¿Ocultar el dolor que Matt sentía dentro y le destruía poco a poco, amenazando con acabar por desquiciarle? Revolvió la taza con la cucharita de plata fina, haciendo ruido y logró su objeto.
- ¿Bastard?
- ¿Alfred te cuenta todo?
- ¿Qué? –enarcó una ceja.
- ¿Te lo cuenta todo?
- ¿A qué te refieres?
- Supongo que es un no.
- ¿Francis?
- Él no es quien crees.
- Todo el mundo me ha dicho eso –dijo volviendo a su bordado- Lo sé.
Francis se encogió de hombros, volviendo a su bebida, pero Arthur le quedó viendo. No hablaron más, sin embargo, eso no ayudó a que el bichito de la curiosidad se fuera de la mente del británico.
Alfred sige siendo un puto, pero ya se esta sensibilizando... algo :/ pero iwal no tiene corazón, mire qe llamarles así... le interesan solo como territorio D: pero está celoso de Iván xd
El prox cap contará la noche en la que los niños fueron concebidos y el prox xd girará solo en torno a Alfred, a -como yo creo que es- su verdadera faceta, va a ser nedio triste u.u
Yaap, espero qe les guste y muchas gracias por todo! ¿Reviews?
