¡Hallo! Hey girls, muchas gracias por los 105 reviews! WIII (R) Soy tan feliz por ellos, y todo se los debo a ustedes, thanks you so much!
Uh... saben qe? ya tengo listos a los hijos de Canadá... a ver si en un ratito más -o mañana- subo la personalidad de cada uno en un fic llamado Los Cinco Lagos, que son los territorios que representan los niños. La autoría de los personajes es compartida, de mi twin y mía, ella los dibuja, yo los armo psicológicamente. Mi twin es seca, dibuja bien, más que bien, cuando los suba les dejo el link para qe los vean y noten qe ella es muuuy buena dibujando, sus dibujos parecen fotos.
Y bueno, este cap, como lo prometí en el anterior, describe lo que ocurrió la noche en que concibieron a los mellizos. La letra en cursiva son los recuerdos de Matt, tiene un flashback :O
Yaaap, creo qe no tengo más qe decir... además de agradecer a todas, y decir qe estoy atrasada en devolver los reviews, y a Mine, que es nueva y no puedo contestárselo u.u le digo que muuchas gracias ^^
Nos leemos abajo!
Sólo esta Noche
Canadá ladeó la vista suspirando sonoramente, viendo por entre la ventana las gotas de lluvia que empañaban el cristal. Acarició con su mano el vidrio y el hielo en la sangre le pareció encantador, tanto, que cerró los ojos, botando su aliento allí. A veces parecía preguntarse cómo fue que le ocurrió esto, y cómo llegó a encontrarse ahí, sentado, mirando el ir y venir del torrente acuoso en Estados Unidos; por qué no estaba en Canadá, solo, acostumbrándose a su destino triste.
La respuesta era muy fácil.
Dejó salir una sonrisa llevando sus ojos hasta su vientre, su pancita de trece semanas que ya se manifestaba en su cuerpo. Joseph le había dicho, que como eran mellizos, era muy normal que su estómago creciera más que el de otros embarazos y que lo hiciera antes. De a poco también, la ropa había comenzado a incomodarle; sus pasados trajes ajustados habían sido cambiados por otros traídos desde Rusia –siempre regalo de Iván- que le soltaran un poco más y no se ciñeran a su cuerpo. Pero ahora llevaba encima un polerón rojo, y su otra mano acariciaba con suavidad el pelaje de Kumajirou recostado en sus piernas.
No estaba solo. Además de sus mellizos y su oso, le acompañaba Francis, que había decidido quedarse para cuidarlo mientras Iván no estaba en Estados Unidos. Habíale dado consejos, lo escuchó y mimó como cuando era un niño y compartieron otra vez esa breve infancia, y ahora, estaba en la cocina preparándole algo de deliciosa comida francesa. Matthew se sentía en casa.
- Petit –se dio la vuelta sonriendo. Kumajirou pegó un gran bostezo y bajó de su regazo, caminando hasta ponerse cerca del fuego- Se ha acabado el vino. Y tú sabes que una comida francesa no lo es sin vino –Matthew sonrió perezosamente, estirándose.
- Yo no bebo, papa –luego señaló su vientre con cariño- Los bebés...
- Lo sé, Matt, pero no lo digo por ti. Es por mí.
- Oh...
- ¡Por supuesto, Mon Chéri! ¿Por quién me has tomado? ¿Por un abuelo irresponsable? –el francés le reclamó con las manos en la cadera y una mirada coqueta. Canadá simplemente se sonrojó, sacudiendo la cabeza y desviando la vista otra vez a la calle. Los autos pasaban tan tranquilos, todo era silencio allí afuera, sólo el dulzor del agua le empapaba las malezas. Francis supo que no recibiría una respuesta y se acercó hasta el sofá, cogiendo su chaqueta y un paraguas desde un cilindro metálico en las esquina de la puerta que daba a la cocina.- Voy. No tardaré mucho.
- Está bien.
La mejilla de Matthew fue besada y su vientre acariciado y todo lo que escuchó después fue el sonido de pies deslizándose por el corredor y la puerta abrir y cerrar, y se divisó solo en casa.
Preguntándose a sí mismo que podía hacer, caminó directo hasta su habitación. Estaba fría, pero le importó poco y se acomodó otra vez en la ventana, con los brazos cruzados sobre su vientre. ¿Cómo fue qué llegó a eso? ¿Cómo cambiaron tanto las cosas en simples 13 semanas? ¿Cómo pudo haber hecho lo que nunca se atrevió en toda su vida? Había dado frutos, frutos concretos que Mattie no podía obviar, porque crecían dentro de él.
Pega su cabeza al vidrio y mira hacia afuera. Se toca los labios donde esa noche Alfred le susurró que lo amaba; donde Alfred le mintió, imaginando que todo era como antes imaginando trece semanas atrás. Cierra los ojos y comienza a recordar y está ahí...
- ¡Matthew! –el aludido sintió un escalofrío en su cuerpo, pero de cualquier manera le sonrió dándose la vuelta para recibir un abrazo cariñoso y un gran beso en la mejilla. Su hermano estaba en jeans y una polera azul y roja y sus anteojos de siempre. Mattie se sonrojó notoriamente- Mattie, bro, ¡Mattie!
- Alfred, estoy a tu lado.
- Já, lo sé. Oye, ¿no te parece que esta es una noche muy aburrida? ¡Vamos a tomar algo!
- Estaba a punto de acostarme -dijo con una voz casi imperceptible.
- ¡La noche es joven!
- Al, no. Tengo que cuidar a Kumajirou y es muy tarde, y tengo sueño. ¡Y estoy en pijama! –Matt se mostró con los ojos muy abiertos, despertando el buen humor de Alfred, que por dentro estaba abatido. Le agarró de los hombros y lo atrajo a sí mismo, ocultando su rostro en su cuello.
- Hazlo por mí, Mattie. Necesito hablar con alguien.
¿Y cómo poder negarse a ese tono? Él le abrazó también, acariciando su espalda. Estados Unidos quería llorar, pero no lo haría.
- ¿Te ocurre algo?
- ¿Podemos hablar?
Matthew se mordió el labio, presintiéndolo.
- ¿Es acaso sobre Arthur? –Canadá sabía lo de ellos; hace unos meses atrás, Alfred había irrumpido en su tranquilo hogar –así como ahora, pero en su patria, aunque Matthew podía considerar su hogar a Estados Unidos también, gritando aún más fuerte y sonriendo feliz. Le conocía los ojos y brillaban más que nunca. Esa misma tarde le contó que Arthur había dicho ''sí'' a su propuesta, con la mirada esquiva y las mejillas rojas, y él no pudo hacer otra cosa más que alegrarse por su hermano, incluso cuando se estaba aguantando los deseos de llorar.
- ¿Por qué somos hermanos? –y todavía seguía riendo. Matt se dejó abrazar y luego llevar hasta su habitación, para cambiarse de ropa y colocarse guapo, y perfumarse y en unos minutos estuvo sentado en el auto de Alfred mirando las calles con las manos cruzadas entre las piernas y sonriéndole continuamente. Las luces en Washington son fuertes y le entumecen los ojos pero observa encantado cada edificio, cada construcción, grabando esos parajes que conoce desde su adolescencia y que sus soldados quemaron, y años después entregaron todo su sudor reconstruyéndolos en cada caída que su gemelo tenía, porque ahí estaba él, siempre. Siempre de pie y esperando tras su puerta.
Se estacionaron en un callejón que a Matthew le pareció sospechoso y bajaron mientras sus hombros se rozaban. Cuando entraron, Alfred fue saludado de inmediato por el hombre que servía, y Mattie creyó que su gemelo era un cliente frecuente. Se sentaron y Alfred pidió un vaso de whisky, Matthew sonrió diciendo que él sólo quería jugo.
- ¡Eres un aguafiestas! –Le golpeó en la espalda con una risita. El individuo que estaba sentado tras la barra en la que ellos se ubicaban chistó, y Matt se encogió de hombros.
- Alfred...
- ¿Mmm? –murmuró dando un sorbo largo a su vaso.
- ¿Desde cuándo vienes aquí?
- Desde que comencé con Arthur.
- ¿Por qué? –Alfred bufó.
- No lo sé, supongo que en la vida del héroe no todo es perfecto.
- ¿Qué es lo que ocurre contigo, Al?
Alfred se quedó callado durante todo el tiempo que gastó para tomarse hasta un tercer vaso de alcohol. Su cabeza cayendo y Matthew decidió que era mejor no hablar porque él podía enfadarse. Mientras, notó que había muchas cosas en las cuales entretenerse. Las diferentes botellas de vino, de vodka, de ron, las etiquetas, había uno francés; las clases de copas, las murallas manchadas, los asientos vacíos, la gente que estaba ahí. Quizá fuesen del barrio bajo del país de su hermano, y se preguntó por qué Alfred iría a un lugar así.
- ¿Tú crees que soy una mala persona?
- ¿Eh? –despertó.
- ¿Crees que... soy malo?
Matthew sonrió amablemente.
- Claro que no.
- Lo dices porque...
- Es verdad.
- ¿Tú me quieres?
- ¡Por supuesto!
Por fin Alfred le miró, con los ojos llenos de lágrimas, su mano apoyada en su mejilla le daba un aspecto aún más miserable.
- ¿Y por qué Arthur no?
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Matthew miró a su hermano por el rabillo del ojo, deteniendo la respiración por el momento que Alfred se lamía los labios. No habían dicho nada desde la pregunta de Estados Unidos e intentaba estar intacto en su asiento. Parecía que la noche se volvería fría, y Canadá dudó sobre su decisión.
- ¿Podemos ir a casa? –le susurró suavemente.
- ¿Por qué? Aún es temprano.
- Estoy cansado.
- Yo no, Matt. –Alfred tenía los párpados hinchados. Se desató el cinturón con rapidez instintiva mientras su gemelo se acurrucaba en el asiento.
- ¿Por qué te gusta este bar? Está lejos de casa y en un lugar tan... solitario.
Alfred soltó una risa que hizo que los bellos de los brazos de Canadá se erizasen.
- Por eso. Porque es solitario, tranquilo... no te preocupes, he puesto seguro a las puertas.
Era eso, exactamente eso lo que le atemorizaba. Que estuviese encerrado allí con un Alfred ebrio y lleno de cuestiones sobre el amor de Arthur. Personalmente, Matthew creía que Inglaterra sentía cariño por el americano y así se lo había hecho saber, pero las muecas deformes de Alfred eran todo lo que Canadá necesitaba para estar al corriente que su hermano se encontraba débil y que no le oiría durante toda la noche.
- ¿Vamos a casa? –Alfred negó con la cabeza- ¿Por qué no? Encontré fotos de ambos cuando pequeños, debes verlas, lucías adorable, ¿qué ocurrió contigo, Alfred? –Matthew reía y sus ojos brillaban.
- Sí, ¿qué pasó conmigo?
El tono que ocupa es distinto y Canadá lo nota. Clava sus ojos en los de Alfred, y él le responde, sus manos tomando las muñecas de Matthew para empujarlo hacia el asiento trasero. El cabello del menor se desparrama y no hace movimiento alguno cuando los labios de su hermano están sobre los suyos, buscando que abra su boca ansiosamente, y Mattie, llevado por el abrumo, lo hace. Las lenguas de ambos se tocan y las manos de Alfred le acarician dentro de su chaqueta. Enreda sus piernas porque quiere sentirlo más cerca, pero Estados Unidos se separa de golpe, contemplándole, admirándole, le acaricia el rostro con una ternura infinita.
- Te amo.
Y Matthew no puede sentirse más feliz.
- Te amo, Arthur.
No le da tiempo para reaccionar, porque su chaqueta ya ha desaparecido y su camisa está a punto de hacerlo. Sus pantalones son desabrochados con rapidez, es como si Alfred estuviese ansioso. Canadá quiere llorar.
- Suéltame –le ordena con voz pasiva- Al, suéltame, no soy Arthur.
Para callarle le besa. Le besa mientras él mismo se quita su polera. Ha dejado que sus jeans le queden en las rodillas y piensa hacer a un lado los de su pequeño gemelo; le besa el cuello, lame su piel, todo esto mientras Canadá le empuja con las manos y los ojos llorosos, pero aún sin derramar lágrimas. Lanza un jadeo desesperante cuando siente cómo su hermano le quita los pantalones y baja su bóxer, y da su mejor intento para golpearle la entrepierna, y no lo logra.
- Chico malo –le susurra juguetón. Pero Matthew no está jugando, y se siente ultrajado.
Cuando finalmente Alfred logra desnudarlo, se le queda mirando largo rato, sujetando sus muñecas. Su hermano es hermoso, menudo y más bajo, y su piel blanca luce perfecta, pero todo esto él no lo ve, él ve en su frente a un hombre de cabello corto, ojos verdes y grandes cejas, retorciéndose por ser follado.
- Vamos, Alfred, wake up. No soy Arthur, no soy Arthur –patalea. No quiere esto, no lo quiere. Su cuerpo está mojado y es porque la saliva de Alfred le ha recorrido cada rincón, ha sido tocado, besado y lamido en partes que nunca lo hubiera pensado, y todo bajo el nombre del inglés.
- Voy a ser cuidadoso, lo juro, pero... oh, Arthur... luces tan bien –agarra sus piernas y las coloca sobre sus hombros, incomodándose por el pequeño espacio dentro de su auto. Matthew trata de alejarse, pero Alfred le ha sujetado muy bien. Con un último beso, se lleva dos dedos a la boca y luego a la entrada del menor, que se tensa de inmediato con la irrupción, llevando su cuerpo hacia atrás.- No te muevas –suena a una orden, a una súplica, cualquier cosa.
- Alfred... por favor.
Los dedos de su hermano se abren en su interior, causando que suelte un gemido de dolor, pero este no se agudiza, porque aún no ha venido lo realmente grande. Alfred considera, luego de unos segundos, que está lo suficientemente dilatado como para penetrarle, debatiéndose entre el sueño y la realidad, intentando ubicar si el rostro bajo él pertenece a Matthew o a Arthur. Él desea que sea de Arthur.
Su pene está listo, y le agarra con una mano mientras con la otra afirma mejor a Canadá. Matthew sabe lo que viene a continuación, y se desespera, se sabe incapaz de hacer algo, se sabe atrapado. Sólo puede sentir el dolor cuando Alfred trasgrede su cuerpo, y las lágrimas derramándose solas por su cuello. Y sin esperar a que siquiera se acostumbre a la nueva presencia, su hermano comienza con las embestidas, rápidas, fogosas, dolorosas.
- Alfred, por favor, Alfred... ¿Detente, está bien? Soy...
- Who are you, tell me.
- I'm...
Y abre sus ojos de golpe, asustado por el sonido de la puerta. Recuerda que es Francis, su papa, que no hay nada que temer, y se toca la cara, sintiéndola mojada bajo sus dedos. ¿Ha estado sintiendo inconscientemente todos sus recuerdos? El dolor en la espalda que apreció al despertar el día siguiente aún en el auto de Alfred en una calle desierta, es algo que Matthew no ha podido olvidar.
Alfred bosteza llevándose la mano a la boca, moviendo la cabeza de Arthur de su pecho. Mientras Matthew recordaba, él hacía el amor con el inglés, estando totalmente reacio al destino de su hermano y sus hijos. Ha despertado porque el nudo en el estómago y los deseos de vomitar le son insoportables, y se levanta, dejando en la cama a un Arthur enojado y sorprendido.
En el baño, se pone de rodillas y apoya las manos en la taza. Son arcadas, nada sale de su boca, de todas maneras la enjuaga y se va a dormir, pensando en...
- ¿Así que nauseas, eh?
Alfred lo fulminó con la mirada.
- ¿Hemos cambiado papeles? No.
Inglaterra ríe suavemente y vuelve a recostarse sobre Estados Unidos, cerrando sus ojos, pero Alfred no puede dormir; le acaricia el cabello.
- Arty...
- ¿Yes?
- Si tuviésemos una hija... uhm, ¿qué nombre te gustaría ponerle?
Arthur no lo entiende y se inclina, pero el menor le vuelve a poner contra él, sin darle opciones.
- ¿Por qué lo preguntas?
- Sólo responde.
Frunce las cejas, molesto, suspira en su pecho blanco.
- Faloon –responde sencillamente.
¿Por qué siente lo que su hermano debería estar sintiendo? ¿Es una especie de llamado de atención? Entrelaza su mano con la de Arthur, cerrando los ojos. Piensa en Canadá, y en sus hijos. Es todo lo que Alfred necesita para dormir en paz.
Uuh... Alfred empieza a sentir los síntomas del embarazo de Matthew, pa qe le duela al wn! xd
Espero les guste este caaap y sí, Kyochan tiene razón, Alfred tiene miedo de ser padre, mucho miedo. Prox capitulo se da la explicacion :O
Nos vemos, muchas gracias por leer y por todo! ¿reviews?
