¡Hola! Primero que todo, qero darles las gracias por todos los reviews, me hacen muuy happy, muchas gracias ^^ Estoy un poqito atrasada en devolverlos, pero lo arreglaré xd
Este capítulo qedó algo raro, es qe USA es una contradicción xd aunqe iwal no es tan malo... taaan xd
Espero qe les guste y qe hayan pasado un Feliz Halloween! (no estoy segura si se escribe así xd)
Uh, aprovecho de hacerle propaganda aqi al Fics Los Grandes Lagos para qe vayan y le echen una miradita xd y opinen, porqe como yo soy del pueblo, su opinión es muy importante para mí :D Ayer vi los dibujos, mi twin es seca, le estan qedando bakan *-*
Yaaap, dejo de hablar xd nos leemos abajo!
Sólo esta Noche
Alfred se encontraba tenso. Su uña comenzaba a perder tamaño y firmeza de tanto ser atacada y finalmente quebrada, y era probable que siguiese así con el resto de su mano. Había tenido una mala noche, sueños que inundaban su mente, y se despertó en varias ocasiones con los deseos de vomitar y el dolor en el vientre quemándole la existencia; ¿qué estaba ocurriendo con él? Sacudió sus manos y las apoyó en el lavabo, mirándose al espejo fijamente. Pestañó con lástima al notar que no era él quién se reflejaba en el cristal y lucía como un miserable, sino su hermano, encerrado y atrapado ahí para siempre.
Se refregó la cara con agua fría mientras la toalla le cubría sus partes bajas. Arthur no estaba en casa, él se había encargado de solucionar asuntos políticos que por esta vez a Alfred no le interesaban, así que se encontraba solo. Ésa era la gran incomodidad de Estados Unidos, hallarse completamente por su cuenta para poder pensar, meditar, darle vuelta a las cosas que no quería, y el tema principal era Matthew, Matthew y los pequeños que llevaba en su interior y que también le pertenecían a él. Sacude la cabeza, dejando ir esa idea. Tiene que dejar de pensar en esos niños como suyos; cuando su hermano diera a luz él simplemente se encargaría de avisarle a su superior para que se hiciera cargo de a lo que territorio se refería, de qué manera se repartirían a las nuevas tierras que engendrarían. Se preguntó si uno de los niños quedaría bajo su tutela y el otro con Canadá, eso era lo más justo, pero él no quería hacerse responsable de un bebé, no podría, no sabía cómo, su instinto paternal no nacía.
Apaga la luz del baño y se vuelve a la cama para recostarse, procurando mantener su vientre apretado y así apaciguar el dolor, quizá su hermano estaba sufriendo algún padecimiento o algo por el estilo. ¿Por qué mierda sentían lo mismo? Porque es tu gemelo, se responde a sí mismo irónicamente y se coloca de costado.
Esas últimas semanas habían sido extrañas, continuamente Matthew asaltaba su mente, y le era imposible concentrarse en cualquier cosa. Mientras tenía sexo con Arthur, se preguntaba si Canadá estaría haciendo lo mismo con Iván, y no podía evitar cerrar los ojos e imaginar que quien gritaba como fiera y estaba bajo él era el joven de facciones suaves y ojos violetas; e intentaba pensar cómo estaría su estómago, ¿habrá crecido? ¿Cuántos meses tenía ya? Si Alfred no se equivocaba, Matt estaba a portas de los cuatro, no, ya los había cumplido, ¿tal vez 15 semanas, 16? Oscilaba en ellas.
Desvió su vista con suavidad hasta la puerta, luego a la almohada, después a su interior. ¿Podía esta noche ser sincero consigo mismo? Haría el intento. Entonces dio un gran suspiro.
Había estado sintiendo como si le faltase algo, durante todo el tiempo que se había alejado de Matthew, y no podía contárselo a alguien; comúnmente, cuando tenía un problema, iba a la casa de su hermano y conversaban toda la tarde mientras se recostaba sobre las piernas tibias de Canadá... y ahora no podía. Incluso a veces se arrepentía, de abusar de Matthew, luego de golpearlo, luego de ignorarlo, luego de gritarle, de importarle una mierda cuando su pequeño hermano le llamó dócil para contarle que tendría mellizos, porque lo único que quería era follar a Arthur.
Ahora no sabía cómo mantener al inglés alejado, cómo decirle que no tenía deseos de acostarse con él, cómo confesarle que cada vez que le veía más, fantaseaba con su gemelo y él, unidos, como aquella noche en su auto, y no sabía si eran sólo las hormonas revolucionadas, o era porque realmente comenzaba a darse cuenta de cosas.
Alfred no quería eso, estar enamorado. Él estaba enamorado de Inglaterra, eso se lo dijo todo el tiempo, intentando convencerse que todos los demás eran sólo moscas oportunistas con las cuales había tenido un polvo rápido, el problemas es que él no podía categorizar a su hermano como eso, no, no podía, aún cuando se había comportado como un hijo de puta, hiriéndole y desgarrándole hasta lo más profundo.
Sus hijos casi habían muerto por su culpa.
Estados Unidos hundió el rostro en la almohada, suspirando sonoramente. ¡Por favor, que alguien llegara y le quitara todo el peso de sus hombros, y que de paso, se llevara lejos su sentimiento de culpa recurrente! Sentía la picazón en sus ojos, pero sonrió como nunca, liberando su cara porque estaba asfixiándose. Miró su mesita al lado de la cama, tenía en ella un marco con dos fotos; la primera muy antigua, en la que aparecía un pequeño Alfred cogido de la mano de un pequeño Matthew y sus caritas inocentes no evidenciaban todo lo que vivirían más adelante. La segunda, contenía a los gemelos en su última fiesta de cumpleaños que habían celebrado juntos. El brazo del mayor le rodeaba el cuello a Mattie, y las morisquetas le resultaban entretenidas.
Alfred cogió el cuadro con suma delicadeza, incorporándose un poco. Miró hacia todos lados para asegurarse que nadie le veía, y delineó con la punta de su dedo el contorno de sus figuras. La sonrisa de Matthew, de niño y joven, tan bello, tan único... Desvió la vista.
¿Cuánto le hacía falta? ¡Cada paso que daba lo hizo siempre de la mano de su hermano! Y ahora Matthew no quería ni verle... ¿cómo iba a arreglar eso? No podía, no sabía.
- Yo quiero estar contigo –susurra a la foto de su gemelo, abrazándola en su pecho mientras deja que de sus ojos comience a fluir agua. De pronto, se le ha ido la mitad de su vida y está dispuesto a llegar hasta la casa de Matthew y pedirle disculpas, ¿perder su orgullo? ¡El héroe creía que no había pérdida de orgullo en hacer algo por amor! Y él quería a Mattie.
Se levanta, entonces, de la cama y ordena su típica ropa. Se la coloca rápidamente y luego se perfuma, y mirándose al espejo, decide que está lo suficientemente guapo como para ganarle a ese ruso. Se ríe con su típica carcajada heroica, cogiendo las llaves, cerrando la puerta y finalmente su auto. Y con el viento en los cabellos, pensó en que si se reconciliaba con Canadá, debían plantear las reglas de su relación, él no quería perder a su hermano, pero tampoco dejar a Arthur. Tal vez podían volver a su relación de gemelos de siempre, esa confianzuda, juguetona, en la que no se distinguían los límites. A Alfred le gustaba eso.
Pero era egoísta pensar en Matthew siempre como un plato de segunda mesa, privilegiando a Inglaterra. ¿Y qué haría con los niños? Si Estados Unidos era sincero, él tenía un pánico terrible a imaginarse siendo un padre, a perder su libertad, a convertirse en alguien como... ¿De qué manera podría Alfred volverse un ejemplo para su hijo si ni él mismo tuvo un padre? Inglaterra fue lo más cercano que tuvo a un tutor, y le abandonaba todo el tiempo a favor de su Monarquía. Y aún así él seguía amándolo. Alfred tenía miedo de llegar a ser como él, por eso se encargaría de alejar a esos niños lo más que pudiera de su propio ser, de su propia maldad, su propio imperialismo... de alguna u otra manera, los quería, los quería lo suficiente como para velar por su bien.
Cuando por fin llegó, estacionó su auto blanco al costado de la casa de Canadá. Respiró profundamente para darse la fuerza y bajar, incitando a su interior vulnerable a ganar ánimos. Caminó lentamente por el verde pasto y tocó la puerta, masajeándose las manos por unos instantes y luego volvió a ponerse la máscara, la potencia mundial era feliz.
- ¡Ya voy! –Alfred le oyó y sonrió, la voz dentro sonaba muy animada. Estaba emocionado, vería a Mattie después de tanto tiempo, miraría su pancita.
- ¿Sí...? –El de ojos violetas se quedó callado al instante, mientras la mueca en su rostro se desvanecía. Tras él, estaba Iván, rodeándole el vientre cariñosamente con las manos y la sonrisa infantil que no se inmutaba. Alfred les miró fijamente.- Al...
- Hola –dijo leve. Miró hacia otro lado, evadiéndolos- Yo... había venido para... -su vista se fijó en el estómago de Matt. Ese polerón a rayas blancas y negras se le ceñía en el cuerpo, y hacía visible su embarazo. Alfred le vio firmemente, tiernamente, casi queriendo abrazarlo pero aguantándose, su corazón temblando mientras Rusia no soltaba a su hermano.
- ¿Alfred, da? –carcajeó-.
- ¡Me equivoqué! ¡Esta no es la casa de Arthur!
Estados Unidos decidió herir. Canadá agachó la mirada, encogiéndose y sosteniendo su vientre. Por un momento la esperanza había crecido, pero acababa de volver a perderse. Iván gentilmente le explicó que esta era la casa de Matthew y por consiguiente, también suya.
No recibió respuesta.
Alfred abrió de un portazo la entrada de su casa, sin importarle si cerraba la puerta o no. Botó su chaqueta y su corbata, sus botas, sus pantalones, todas sus prendas quedaron rendidas en el piso de camino al baño.
Sacó del estante de arriba del lavamanos, filos que guardaba y había saco de las Gillette en sus horas de aburrimiento. Se corrió el mechón de cabello que caía en sus ojos con impaciencia y desesperado, mientras se largaba a llorar metiéndose a la tina. Odiaba esto, había querido hacer bien las cosas, solucionarlo todo, ser feliz con Matthew y Arthur y nada había salido bien. Quizá su oportunidad se había esfumado mucho antes de realmente tenerla. Su cuerpo temblaba, y los espasmos aumentaron cuando el agua fría le bañó, pero deseaba bajar la calentura de su cuerpo, el olor a sudor, su rabia contenida.
Hundiendo la cabeza, sacó una mano y tomó un filo, volvió a salir del agua, sacudiendo sus cabellos y llorando fuertemente. Dejó que su brazo blanco mostrara las venas y no tuvo problemas en cortar vilmente donde la sangre era más notoria. Sonrió al notarlo, el líquido rojo fluyendo ostentoso y sin detenerse. Podría incluso quedarse dormido así.
Se mutiló a sí mismo un par de veces más, sintiendo que todo se volvía inestable.
Cuando decidió cerrar sus ojos, sólo se formó la imagen de Matthew abrazado por Iván y sus hijos... sus hijos... cuando quiso abrirlos ya se le hicieron imposibles.
Canadá se acarició el vientre, caminando de aquí hacia allá por el pasillo siendo seguido por Kumajirou. Rusia veía su caminata exasperante con un vaso pequeño de vodka y decidió detenerlo con suavidad, calmarle.
- No fue tu culpa.
- Sí lo es –porfía Matt, soltándose- Él quería, él quería Iván, yo sé que Alfred es bueno, yo sé que él es realmente bueno.
- No te confíes.
Mattie iba a decirle que a pesar de todo, Alfred siempre iba a ser el primero para él y que era el padre de sus mellizos, pero no quería hacer sentir mal al hombre que le había acompañado durante todo su embarazo. Su mundo era una contradicción.
- Voy a ir a verlo.
- ¡No!
- Lo llamaré entonces, no sé, ¡tengo que hacer algo!
- Primero no te agites porque le hace mal a los bebés. Mañana será otro día, veremos que ocurre.
Iván le abrazó cariñosamente mientras carga a su cabeza en su pecho. Canadá se calmó, respirando como Joseph le había enseñado, pero no podía dejar de pensar en Alfred y lo culpable que se sentía. ¿Y si su hermano lo odiaba aún más? ¿Cómo podría vivir con eso? Él prefería ser un solitario, antes que perder la atención de Los Estados Unidos.
Alfred maraco... no qere perder pan ni pedazo O.o Wn contradictorio y depresivo xd
El prox capi será angustioso :O trágico D: Alfred se manda la última cagada :/ Y la más grave :O
I hope you like it, nos vemos! ¿reviews?
