¡Hola! Wii estoy feliz (R) Cabras, me fue bien en las pruebas -en las 3 qe me dieron el resultado- 6,4 en matemáticas e historia y un 6,5 en física. Hoy tuve prueba de química, la última, oh gott, espero qe me haya ido bien u.u
Pero pasando a otra cosa, thanks you very much por sus reviews, siempre me alegran, son tan geniales, las amo (L)
Este capi... qeria ponerle algo sobre Arty, como qe él también tiene sentamientos y nunca los pongo xd pero en este si! Ojala les guste, y yaa po xd nos leemos abajo!
Sólo esta Noche
Arthur se quedó de pie recostando su espalda contra la muralla blanca del hospital, muy cerca de Alfred. Aún no lograba procesar del todo la información, había sido tan pronta, tan frontal, enterarse del embarazo de Matthew, -y entonces él pensó que el padre era Iván, porque vamos, hace tres meses que eran novios, y era la alternativa más predecible y la mejor inferencia. ¿Cuándo pudo pasar por su mente que su Alfred eras el culpable del estado de Canadá?- que luego se cayera de las escaleras (ahora entiende el por qué al verlos besarse), ¿no se suponía que Matt había sido una de las primeras personas en apoyar su relación con los Estados Unidos? En decirles que estaba bien, que mientras se amaran todo era posible, que olvidaran ya las preocupaciones y los prejuicios, y, ¿de qué prejuicio estaba hablando en ese entonces? Arthur podría haber averiguado que la tradición no era otra, que Matthew no se lo decía solamente por buena voluntad, por esperar lo mejor; quizá había sido alguien cercano a Alfred en todos los sentidos, incluso desde antes.
Su noviazgo con el que era su antigua colonia cumpliría los ocho meses muy pronto, y había escuchado que Canadá tenía cinco, ¿todo este tiempo engañado? ¿Cegado, trancado, abandonado? Siempre había querido creer en Alfred, estar con él, le había amado desde que no era más que un niño revoltoso, y llevado en sí el secreto deseo de verle más pronto como un adolescente. Era por esa razón que su emancipación le llegó como una daga en el corazón, porque él lo había tenido, y uno siempre extraña lo que le perteneció alguna vez, sin embargo, aquel rincón en su corazón, ese maniático, sicótico, lleno de frenesí, se embargaba de dicha mientras lo veía alejarse con la espalda calzada y aquel traje de militar azul, como el color sus ojos, ojos que le habían encantado desde la primera vez que lo vio. Se había convertido en todo un hombre.
Arthur se pregunta, mientras intenta calmar a Alfred con acciones reflejas, porque el chico derrama lágrimas sin poder detenerse y se mezclan con el mar vacío de sus orbes, si alguna vez se equivocó en estos casi ocho meses. ¿No le había sido fiel? ¿No hizo exactamente todo lo que el americano quiso y le pidió? Se comportó como un novio responsable sólo por el miedo a mirarse por su cuenta. –Él había estado toda su vida solo, pero algo bueno crece y te hunde cuando encuentras confort en una persona, y caes en el amor, e Inglaterra se había sentido completo- Quizá tenía algo de culpa en todo esto.
Pero vamos, son detalles. ¿Qué fue lo que realmente hizo mal? ¿Dónde tropezó? Ahora piensa con asco que las sesiones de sexo echas con Alfred hace unos días fueron compartidas también con Matthew, y quién sabe con cuántas naciones más, y no era como si su novio hubiese dejado el escenario limpio, dos niños nunca eran posibles de subestimar, y él tampoco lo haría en su mente.
Con lástima, cree que todavía es capaz de aguantarse los deseos de venganza que le invaden, y posteriormente, llegar a perdonar, si Alfred se queda a su lado. Tal vez Matthew fue él que le provocó, el que buscó el acercamiento, el primer paso. Arthur no creía el semblante inocente de Matt.
Aún puede recordar la primera vez que lo presentó frente a Estados Unidos, dos días después de habérselo arrebatado a Francia y convertirlo en su propiedad. El niño de ojos azules salió feliz a recibirlo, con el rostro más mono y la expresión más sincera. Cerró los ojos. Matthew todavía se hallaba temeroso dudando de sí mismo y de todas las personas allí, pero con la más suave de las sonrisas le calmó, asegurándole que estaba bien ahora, ya no más peleas. Nunca más.
Está fresco en su memoria cómo ambos niños se acercaron, frente a frente. Eran de la misma estatura, la misma complexión física, los mismos rasgos, idénticos; Arthur sólo podía diferenciarlos por el color de los ojos y del cabello –ambos más claros por parte de Canadá-. Los pequeños, tímidos, alzaron la mano al mismo tiempo, acariciando dulcemente al contrario, quizá tenían esa sensación de estar frente a un espejo, y de saber que el otro reflejado no eras tú, sino tu alma gemela. Se sonrieron con tranquilidad, se tocaron el rostro y se conocieron. La sonrisa de Arthur no se borró en ningún momento y fue ahí donde decidió presentarlos, para que acabaran de ser uno.
- Bueno Alfred, este es Matthew –el aludido le miró- Es tu hermano, hermano gemelo.
- Oww, ¡él luce como yo! –Alfred había surcado los labios, tan ansioso. Sus manos tomaron las del pequeño antes francés, pero el otro niño le rechazó, dando unos pasos hacia atrás.
- Exacto. Porque ustedes son gemelos.
- ¿Gemelos? –turno de ambos. Se vieron confundidos el uno al otro.
- Sí. Han nacido de la misma tierra, y están aislados aquí. ¿Eso no los hace parte del otro?
Los niños respiraron encantados, para ellos fue como un viaje de autodescubrimiento y de total aceptación y complementación de por vida. Eran uno, uno para siempre. Eran iguales físicamente, la misma sangre corría por sus venas, eran el reflejo del otro. La persona en la que confiarían sin chistar el resto de su eternidad. Por lo menos, Matthew había cumplido eso.
Lamentablemente, aquella promesa no corría para Inglaterra, y él, aunque parsimonioso, había aprendido a aceptarlo.
Las demás naciones conversaban entre ellas comentando el difícil porvenir de Canadá, nadie salía de la habitación y no se daban señales de vida ahí, aunque lo que más especulaban era una pérdida; todas estas cosas llegaban a los oídos de Alfred, que había tomado asiento ahora al lado de Arthur, agarrando su rostro entre sus manos enguantadas, a pesar de que tenía en corazón vacío, sentía su pecho pesado, y aquella molestia fulminante le perseguía a cada segundo.
Quería decirle algo a Arthur, explicarle, pedirle perdón, pero no era como si con unas cuantas palabras todo en su vida iba a arreglarse; aún no podía procesar exactamente en su mente el hecho de que le había sido infiel a Inglaterra y que eso tuvo efectos visibles, pero que se desvanecían ahora sin mayor esfuerzo. Su cabeza perturbada lograba pensar que tendría en perdón del que de todas maneras, seguía siendo su novio, y volteó con suavidad el rostro, viéndole tranquilamente.
Lucía como ensimismado en sus recuerdos, y Estados Unidos le observó cada detalle, cada rasgo, ¿cómo acabar con sus confusiones? ¿Cómo pedir perdón? Si se disculpaba con Arthur, era muy obvio que se reconciliaría (y Alfred estaba seguro, muy seguro de que Inglaterra le indultaría) y entonces, perdería a Matthew y sus hijos para siempre. Él ya no quería eso. Lentamente había comenzado a comprender su propio interior, a sentir como su cuerpo le llamaba a estar cerca de Canadá, y a arroparle y cuidarle como en los tiempos que eran jóvenes; cuando tomó a Matthew por la fuerza esta tarde, no pudo evitar acariciarle el vientre y besar ahí todo el tiempo, porque el corazón le pedía el contacto, su alma necesitaba la purificación. Alfred quería arrepentirse de todos sus pecados y ser feliz.
Arthur jadeó, y el americano pudo darse cuenta que estaba llorando. Se sintió totalmente incómodo, pero de todas maneras, le rodeó los hombros con sus brazos y le atrajo a sí mismo para abrazarle. Inglaterra no hizo movimiento alguno por unos segundos, después se alejó bruscamente, empujando a Alfred contra el asiento vacío al lado derecho. No quería su lástima, ni sus explicaciones, ni nada en absoluto.
- Arthur…
- No… -susurró él, poniéndose de pie, intentando evitar que Alfred le viera derramar lágrimas- no quiero que digas nada.
- Tengo que explicarte que-
- No hay nada que explicar –interrumpe- La persona allí dentro es suficiente para mí.
Acaba de señalar la habitación donde esta Matthew, y por alguna razón, eso molesta a Alfred, pero al británico no le importa. Desea irse, alejarse para siempre de Estados Unidos y dejar de lucir tan vulnerable, sin embargo, decide que es mejor aclarar ciertos puntos. Se devuelve con los ojos conteniendo el llanto, su ceño fruncido.
- Pensé que iba a ser diferente…
- Arthur…
- No, déjame. ¿Mentiste todo este tiempo, verdad?
- No, no fue así. Lo que pasó…
- Pude ser manipulado tantas veces… -sonrió para sí-.
- Jamás te hice eso.
- Lo hiciste durante los ocho meses que fuimos novios.
- Te amé enserio. Todavía te quiero; te quiero, Arthur.
- Matthew…
- A él también, los quiero a los dos.
Inglaterra negó con la cabeza, miserablemente.
- Tu amor no puede multiplicarse por cuatro. Y nosotros no podemos recuperar lo que nunca tuvimos.
Alfred agacha la mirada.
- Incluso antes de que me digieras ''te amo'' ya sonaba como una mentira.
Arthur no deja que se le contradiga. Se encamina hacia la puerta de salida del hospital, dejando a Estados Unidos solo, sentado por su cuenta en los asientos negros, con los ojos azules aguados y sus lentes empañados. Todo el interior de Arthur se revuelve incómodamente, y quiere llegar a su casa y llorar en tranquilidad por fin, porque esto está acuchillándole el pecho; y es doloroso, muy doloroso.
Esta vez no lo perdonará, esta vez todo se acabó, no se volverá débil, no será humillado de nuevo. Nunca más.
- Tienes un vacío en tu corazón, pero te pesa el pecho. Y yo me esforcé para luchar contra eso, pero no hay esperanza.
No tienes remedio.
Los ojos de Matthew se abrieron desproporcionalmente, mientras una lágrima solitaria y fría se deslizaba por su mejilla y caía en su cuello. Miró a Iván, agarrándole la mano fuerte, entrelazando sus dedos. No era posible, no lo era, estaban bromeando. Su corazón se rompía, no era capaz de soportarlo.
- Es mentira.
- Matthew –Joseph habló de inmediato, quitando el transductor del estómago de su paciente- lo siento tanto… sólo debes comprender que eran pequeños ángeles y que estaban sufriendo. El cielo es el mejor lugar para ellos ahora.
Canadá no aguantó. Negó con la cabeza una y otra vez, levantándose un poco para ver la imagen en la pantalla, por completo negra. Allí antes, había observado dos frágiles figuras que se movían, y oído su corazón, era imposible que ahora estuviese vacío y que le hayan dejado solo. Ya no sangraba, pero el cuerpo le seguía doliendo a horrores. Respiró entrecortadamente por el llanto, llevándose la mano a la frente; Joseph miró a Iván, pero su vista de inmediato fue capturada por el canadiense y el doctor sintió lástima. Lucía tan miserable, tan lastimero, tan triste…
- Por favor, dime que todo esto es un mal sueño, dime que voy a despertar en cualquier momento y ellos van a estar ahí, y va a seguir siendo un embarazo normal, y después de cuatro meses los tendré conmigo y… -Joseph le acarició el cabello, Matthew le estaba rogando, llorando. Iván trató de darle su apoyo, pero no servía de mucho. Canadá no se resignaba, su sentimiento de culpa era demasiado amplio.
- Mattie, -empezó Rusia- el doctor tiene mucha razón, ahora ellos…
- No. No, ellos están vivos, porque yo los amo, y son míos, y los esperaba con tanto anhelo… -el lamento le impidió seguir hablando. Se quebró ahí, en frente de todos, cayendo a la cama. ¿Acaso toda su vida seguiría el mismo patrón? ¿Cuánto más tendría que llorar para ser feliz?-
- Sh… -acarició Iván sintiéndose imposible de recuperarlo. Toda la sala estaba en silencio-.
- ¿Cuánto más tengo que gritar y retorcerme de dolor? –Le preguntó.- Por favor, se los suplico, despiértenme y díganme que es una pesadilla, que mis bebés siguen aquí. Quiero volver a reír una vez más antes de que todo se acabe.
Joseph volteó la vista. A ese paso, acabaría por comportarse de la misma manera, y no podía porque él era ahí el responsable y el que debía mantener la cordura.
Iván observó a Matthew por unos segundos luego su vientre, aún abultado, la sangre sin escurrirse por sus prendas, y tomó una decisión. Era una corazonada, podía hacer sufrir todavía más a Canadá o salvarle la existencia. Él optaría por la segunda. Le dijo a Joseph que volviera a colocar el gel en el abdomen de su novio y luego el aparato, quizá había intentado muy poco, la vez en que declaró la muerte de los mellizos no los había buscado por más de cinco minutos.
- ¿Sabes lo que ocasionarás si están muertos, verdad?
- Sí.
Inseguro, Owen comenzó el procedimiento por vez segunda. Al sentir el contacto del gel, Matthew abrió sus ojos, notando cómo se volvía a repetir, pensó que tal vez había notado algo y él siempre tuvo razón. Con una sonrisa propia de su delirio esperó por verlos.
Habíase instalado un gran mutis. Las enfermeras y los paramédicos seguían atentos cada movimiento del doctor, también Iván, pendiente de la pantalla esperando a sus hijos. Él los consideraba así, luego de todo lo pasado junto a Canadá, no podía desprenderse de ellos tan fácilmente, como lo había hecho Alfred desde el principio. Apretó entre sus dedos los de Matt, sonriéndole cuando le miró. Iba a salir bien, realmente bien.
Los minutos comenzaron a pasar, y el nerviosismo se apoderó de todos. No había una pista de los latidos de los mellizos, y la pantalla seguía negra.
Rusia comenzaba a arrepentirse.
- Come on, boys. If you're here, give me a track.
Mueve el transductor sobre el vientre materno, esperando ansiosos que los niños den una patada, o que su pulso se asome. Cierra los ojos, porque han pasado más de diez minutos, y cree que no hay más vida allá adentro.
Son momentos de silencio los que se viven, bajo el temor de todos los presentes. Joseph estaba desesperado, a lo que Iván se congeló en el acto, sintiéndose como si alguna parte de su mundo había caído lejos, al igual que Matthew. Por favor, por favor… por todo en lo que no cree y que para Mattie es sagrado, por favor Dios, si estás ahí…
De repente, y con mucha suavidad, la habitación se llenó con el sonido de los latidos de los corazones de los bebés. Todo el mundo dentro pareció suspirar de alivio, a punto de largarse a llorar, y Canadá podía haber jurado que las luces ahora lucían más brillantes que antes.
- Se ven bien –dijo Joseph, con una sonrisa. Estaba agotado- Tal vez algo débiles, pero es obvio luego de todo el ajetreo.
Matthew le correspondió el gesto secándose las lágrimas. Miró a Iván, agradeciéndole y susurrando palabras de amor para su hijo, que por supuesto, sólo estaban en su cabeza.
- Y ahora que hemos establecido todo, y esto es un milagro, Dios, en fin… tengo que volverte a preguntar, ¿qué demonios hacías con esa cosa envuelta alrededor de tu vientre?
Canadá se ruborizó, desviando el rostro por la vergüenza.
- Fue muy, muy peligroso, por no decir insensato. Quiero saber por qué lo hiciste.
Matthew negó, acariciándose a sí mismo. A Joseph no le diría nada, y él tampoco podría imaginarlo, pero Iván sabía la respuesta, y se encargaría de conversar con su novio cuando estuviera recuperado por completo.
¿Hasta dónde llegaría Alfred con tal de no ver a sus propios hijos nacer?
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Todos los países de pusieron de pie al oír la puerta de la habitación entre abrirse. Ahí vieron a Iván, desplazándose con calma hasta ellos y aún sin decir palabra.
- ¿Cómo está mon petit?
Finalmente, la sonrisa de Rusia se hizo presente, y fue suficiente para que comprendieran que todo estaba bien, y para que Alfred no esperara más, e hiciera a un lado a Iván con tal de entrar a la habitación y ver a su hermano. Cuando el más alto quiso detenerlo, fue muy tarde.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Matthew respiró entrecortadamente viendo a Alfred aparecer por el umbral de la puerta. Sus manos de inmediato se fueron a su vientre, protegiéndolo, esta vez lo haría bien. Si su hermano fue hasta allí para ahogarle o algo parecido, no lo conseguiría. Estaba débil, pero consciente para dar su vida con tal de salvar la de sus hijos.
- No te asustes –murmuró el mayor, acercándose lentamente. Se colocó a su esquina, en la pequeña silla dispuesta.
- ¿Qué quieres?
- Saber cómo estás tú… y mis hijos.
Matt quiso reír.
- ¿Ahora son tus hijos? –Preguntó sarcástico- ¿Son tus hijos o sólo un premio de caridad?
- No digas eso –Alfred sintió su pecho doler. Desvió la vista, luego se acercó más a su gemelo. Acabó por acurrucar su rostro en el hueco entre los omóplatos de Matthew y suspirar, llevando su mano hasta el abdomen abultado de su hermano y acariciando. Su palma estaba tibia, pero Canadá no se dejó llevar, ya no lo haría. No otra vez. Ahora estaban sus niños sobre el amor que sentía por Alfred.- Te amo tanto; los amo tanto.
¿Cómo es capaz de mentir de esa manera? Cierra tus oídos, Matthew. No vuelvas a creerle.
- Pusiste tus manos sobre aquellos a los que ahora les juras amor –susurró, alejándole de su cuerpo. Alfred se separa temblando, mirándole apenado- ¿Has olvidado por qué ocurrió esto?
Niega con la cabeza y comienza a llorar. Sólo es mirado con lástima por su gemelo.
- I'm sorry, I'm so sorry…
Pero Matthew ya no le cree. Frunce los labios, evita escuchar. Su corazón se rompe en dos.
- Traicionaste a tu propia carne y a tu sangre. No pidas perdón ahora, no a mí, ruégaselo a ellos cuando nazcan, porque lamentablemente, no pudiste evitarlo, y lo que nos has hecho durante todo este tiempo te va a perseguir por el resto de tu eternidad.
- Bueno… ¡Uhm! ¡Veo algo! –Joseph dijo emocionado, moviendo el aparatito sobre Canadá de un lado hacia otro; acompañado de Iván, Matthew sonreía abiertamente. Habían pasado tres días desde que estaba hospitalizado.
- ¿Sí? ¿Entonces? ¿Qué son?
- El primero… el primero… es un ¡niño!
Rusia rió alegremente cogiendo de la mano al rubio.
- ¿Y el otro? –preguntó Matt.
- Ok, ok, esperen, son escurridizos. Bien… ehm… -más movimientos. Iván cruzó los dedos, absorto en sus propios pensamientos- Creo que es… ¡uh!
- ¿Uh? –ambas naciones.
- ¡Es una niña, chicos! –respondió alegre. Le encantaba la idea- ¡Felicitaciones!
Como Rusia quería. Un niño y una niña, la parejita. El torso de Matthew fue rodeado cariñosamente por unos brazos fuertes, pero un agarre sincero. Sonrió reconfortándose en el pecho de Iván, porque era todo lo que quería ahora. Luego de pasado el miedo, la felicidad era todo lo que vendría en camino, Mattie estaba seguro de ello, y mientras tuviera a Rusia a su lado, y a Joseph, y a su papa, y sus primos latinos, y por supuesto, a sus hijos, nada iba a salir mal.
Iba a volver a reír, a reír una vez más antes del fin.
Un niño y una niña (L) aunqe ya se sabia, qize ponerlo xd asasadasdas espero qe les guste... iwal no falta tanto para qe el fic acabe.
¡Tengo una pregunta! ¿Les gustaría ver un baby shower en el prox cap? seria tan genial! ¿qé les parece? :3
Yaap, no tengo mucho más qe decir, agradecer como siempre, y eso :) Nos vemos pronto, porqe ahora tengo tiempo! ¡Wii! ¿reviews?
