Holi c: UuH cabras, gracias por los reviews (L) son taantos y me hacen feliz ^^ Wiii (R) I love you *-*
Me duele caleta la cabeza... dos días seguidos al centro no hace bien xd pero si es para ir al eurocentro y ver al niño bolso (un chino con aspecto de mino de boyband) todo se acepta :Z Me enamoré de él (L)
Terminé las pruebas por fin! Gracias a todas las que me dieron ánimo ^^ me saqué un 65 en biología :D y un 56 en química... -cagé con eso, tenía promedio 68, me siento mal U.u- y un 69 en lenguaje -mi orgullo-, me dieron suerte girls, gracias ^^
Nada más qe decir... qero dormir xd disculpen la demora, pero no se me ocurría nada, xd Espero les guste. ¡Nos leemos abajo!
Sólo esta Noche
Alfred llegó a casa abatido, sentía como si millones de ladrillos le cayeran continuamente, no era algo que se detuviera, le había estado siguiendo desde que se fue del hospital hasta cuando pudo ver a su hermano caminar fuera de allí, ayudado por Iván. Su pancita parecía incluso más repuesta, los tres días internado habían servido de mucho.
Él no entró en su habitación en ese período de tiempo, se quedó y durmió obedientemente en los asientos de la sala de espera, preguntando con su carisma –que consideraba ahora caerse a pedazos- a las enfermeras a cerca del estado de salud diaria del paciente del cuarto 317, y se había alegrado muchísimo al saber que incluso el sexo de los niños había sido revelado, por supuesto que él no lo supo, Iván y Matthew se preocuparon de que aquello no fuese dicho a nadie.
Y ahora, acostado sobre su cama y con una hamburguesa que había comprado en el camino desparramada por el piso, comenzaba a pensar que moría por saber qué serían sus niños. Si ambos bebés eran hombres, serían los campeones de papá, los mariscales de campo en los juegos, los nuevos héroes. Les compraría carritos y saldrían a los parques por el béisbol. Si fueran nenas, Alfred tenía la secreta esperanza de que se convirtieran en las niñas de daddy, las luces de sus ojos, comprándole vestidos hermosos para que se vieran como princesas y protegiéndolas de todos los buitres que les rodearan cuando crecieran, porque sus hijas iban a ser hermosas, hermosas y perfectas. Alfred cierra los ojos. Así como Matthew.
Si sigue imaginando estas cosas, va a enloquecer. Pero son esos sentimientos extraños que le invaden, que no le dejan respirar. Puede llamarlo un cargo de conciencia terrible, su ego de héroe decae sencillamente y se cree capaz de entregar todo para volver a ver a Mattie y estar juntos, como siempre debió ser. ¿Cómo pudo empujarlo de su mundo de esa manera? Se acaricia el rostro para relajarse los músculos porque está temblando y las lágrimas se agolpan en sus ojos.
Le cuesta mucho soportarlo, pensar en cómo eran antes de que todo ocurriera esa noche, en cómo él le amaba y viceversa, cuánto se cuidaban, cuando dormían juntos sin que ningún pensamiento lascivo les cruzara la mente. Si Alfred pudiese optar por volver a nacer y elegir él mismo el curso que seguirían las cosas, probablemente optaría por nunca alejarse de este presente. Le hacía más fuerte, le forjaba a aprender a valorar todo, bien claro estaba el dicho uno nunca sabe lo que tiene, hasta que lo pierde, y una vez que Alfred perdió a Matt, comprendió el vacío que le mataba.
Lo único que quería ahora, era estar cerca de Canadá, recostarse en la cama y que su gemelo se colocara sobre él, su espalda rozando su pecho y entonces, rodearía el vientre con sus manos y descansaría el mentón en el hombro. Conversar sobre su día, sobre las cosas que harían juntos, sobre los nombres de sus hijos; Alfred deliraba pensando en tener a los niños en sus brazos, en acariciar su cabello que no sería más que pelusas, en mirar sus ojos y entregarles toda la protección como el héroe que era.
Pero les dijiste bastardos. Los odiaste la mayor parte de su vida, hasta el punto de casi asesinarles. Eres una contradicción, Alfred, algo hermoso.
- No, no, yo los quiero. –suspira, observando el techo, y parece que las tablas se mueven- ¡Los amo! ¡Los amo, los amo! Porque son míos y de Mattie.
Se tapa los ojos con las manos, mordiéndose el labio inferior.
- Voy a ser papá así que… oh, espera –se acomoda en la cama, doblando su regazo. Sonríe monótonamente, con su cabello cayendo en su frente y respirando aceleradamente. A pesar de querer estar con sus hijos, Alfred no había hondado de verdad en lo que significaba aquello; dar biberón, cambiar pañales, bañarlos por primera vez, jugar con ellos y emocionarse hasta las lágrimas cuando digieran por primera vez daddy. Oh my God, sería tan espectacular, algo que marcaría su vida, aún más- ¡Seré papá!
Todas las emociones se agolparon en su cabeza: miedo, nerviosismo, pánico, felicidad, dolor, angustia, alegría, cualesquiera de una vez.
Alfred sonrió feliz, volviendo a tirarse a la cama. Quería conversar con Matthew y decirle que también participaría de la crianza de los mellizos, ah… y si se pudiera, pedirle perdón.
Ganarse su amor otra vez, aunque realmente nunca lo hubiese perdido.
- Así que seis meses y ya luces gordo –Iván rió tomando un vaso de soda con la sonrisita juguetona cubriéndose. Matthew se volteó enarcando una ceja y frunciendo el ceño, él preparaba la comida de Kumajirou.
- ¿Eso es lo que crees? ¿Qué estoy gordo?
- Oh, vamos, Mattie, es normal. ¿Acaso quieres seguir teniendo el cuerpo de adolescente de hace unos meses atrás?
Canadá giró su rostro volviendo a lo suyo. Rusia tenía mucha razón. Luego de dar a luz, él nunca volvería a ser el mismo, todo cambiaría, su cuerpo, su exterior y su interior, sus relaciones con todo el mundo y como país. Suspiró un poco mirando hacia abajo y cerrando la lata de pescado y guardándola en el refrigerador. El osos rasguñando sus piernas le miró comprensivamente, y su dueño acarició la peluda cabeza, agachándose, pero Iván carraspeó y no se lo permitió. Mattie le miró sin creerlo.
- ¡Tú ya no puedes agacharte! –Rusia cogió el platito verde, dejándolo en el suelo y sonriendo cuando Kumajirou comió inmediatamente.
- Iván… Iván, enserio, yo puedo…
- No, ¡mira tu pancita! ¡No puedes, el doctor dijo que no hicieras esfuerzos!
- Es sólo dejarle la comida a mi oso.
- Para esto tienes que doblarte y Joseph…
- Sí, pero no es como si tuvieras que hacerlo todo por mí. No estoy enfermo o algo por el estilo, ni soy un discapacitado. Puedo valerme por mí mismo, Iván.
- Bien –el ruso frunció el ceño. El osito blanco levantó la cabeza- Como puedes hacerlo solo y no me necesitas, no tengo nada más que hacer aquí.
Matthew rodó los ojos, viendo alejarse a su novio y cruzar el umbral de la puerta de la cocina. Se vio obligado a seguirle sin muchos deseos y tomarle del abrigo cuando estaba por abrir la puerta que daba al patio delantero. Rusia se volteó fingiendo superioridad, observándole fijamente por unos segundos y pestañando.
- ¿Qué?
- ¿Por qué haces esto? No quiero que te vayas, es sólo que… puedo sobrevivir por mí mismo.
- Mentiroso.
- Enserio, puedo. Lo siento si fui…
- Tienes que dejar que te ayuden, Mattie.
- Lo sé, pero es una simple comida y aún puedo dársela yo.
- No con un embarazo de seis meses. Ya debe pesarte.
Canadá calló, porque aquello era verdad.
- Sólo… entra a casa de nuevo, ¿quieres? Tenía planeado visitar algunas tiendas de ropa para los bebés y pensé que podríamos ir juntos y… no lo sé, pasar la tarde buscando nombres.
Iván lo miró concentrado. Para Matthew, gastar su día de esa manera valía la pena. Se sonrojó de inmediato porque probablemente era algo aburrido para Rusia.
- Oh My god, I'm so fool. No importa realmente, puedo ir solo. Si no quieres venir, no hay problema.
La risa le estalla en los oídos. Le produce miedo y no entiende, pero de inmediato es atraído y abrazado y vuelve a sentirse seguro. Una mano grande le acaricia el cabello y a la vez, la otra el vientre y no puede sentirse mejor. Estar así, con Iván… a veces no entiende. Le ocurren cosas cuando él le abraza, o le toca y… no, él no puede estar cayendo en Rusia, ¿verdad? Mejor alejar las dudas. Sacude la cabeza y sonríe. Le mira a los ojos.
- Voy a cambiarme de ropa.
- Te espero.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
Matthew caminaba de la mano de Iván con un cono de helado en la otra, sabor vainilla y lúcuma. Miraban ambos las tiendas de bebés y disfrutaban del aroma suave a perfume de niño y las ropas tan pequeñas y delicadas… les brillaban los orbes a ambos. Lucía todo tan perfecto. Iván cargaba unas cuantas bolsas azules y rosas, disfrutando de igual manera que su novio. Se estaban divirtiendo, consiguiendo zapatos, vestidos, trajes para recién nacidos, biberones, chupetes, carritos y demás. Canadá se divertía, casi sin poder esperar el dar a luz y tener a ambos niños en sus brazos, cargándoles y dándoles la leche materna.
- He estado pensando…
- ¿Mmm?
- En que por lo menos, uno de los dos niños debería llevar un nombre ruso.
Iván le vio perplejo un momento, pestañando ligeramente.
- ¿Por qué?
- Porque sí –se encogió de hombros- Quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mí.
- No tienes que decirlo –murmuró realmente sorprendido- Me gusta hacer esto, sabes que te quiero y que quiero a los niños.
- No, es más que eso –insiste- No tienes ninguna obligación y te has quedado a mi lado incluso en los momentos más difíciles. Te quiero por eso, Iván. I really love you.
Canadá no tiene más que decir, eso es suficiente. Temeroso, se acerca a los labios rusos y se pone de puntitas, aun sosteniendo su mano y cuidando de su helado. Le respira en el lugar entre la boca y la nariz, jugando un poco. No sabe cómo ha llegado a hacer esto, cómo ha podido siquiera insinuarlo, cómo ha logrado querer a alguien más. Parece que los segundos son horas e Iván no puede soportar tanto, es él quien toma la iniciativa, cogiendo el suave rostro de Mattie y besándole sin pasión, inocente, incluso sin profundizar. Se juntan en el roce más puro.
Sin embargo, el contacto dura minutos. Minutos en los que no son conscientes de lo que ocurre a su alrededor, ni de la gente que mira y habla, y de las que comentan sobre su embarazo y sobre lo adorable que se ven. Por supuesto, tampoco notan los ojos azules de Alfred, mirándoles completamente desarmados. Cuando se separan, él ya no está, pero Canadá sonríe. Nunca se había sentido tan bien con la boca de otra persona sobre la suya. Es un sentimiento que quiere volver a repetir.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
- ¿Seguro que quieres ir allí?
- Él me ha llamado. No quiero que tengamos una mala relación, lo hago por los bebés. Al fin y al cabo, Alfred es su… es su padre.
Iván frunce el ceño. No le gusta esa palabra y el nombre del capitalista juntas en una misma oración, sino se interponen para formar algo horroroso. Se coloca la bufanda porque hace algo de frío y asiente despreocupado, cogiendo las llaves del auto.
- Voy a acompañarte.
- Merci.
Ambos suben al carro, Matthew abrigado calurosamente, y le hace lucir muy mono, con su estómago abultado y sus pestañas largas y rasgos de chica. Ha dejado a Kumajirou encerrado en casa, con un pocillo de agua y comida, porque no tiene planeado quedarse demasiado. Preguntará que quiere, hablaran y por favor, que sea rápido, y se marchará otra vez al ambiente dulce de su hogar junto con sus hijos y Rusia. Así todo es mucho más fácil.
Estacionan afuera de la casa de Alfred, todavía nerviosos pero se dieron fuerzas entre ambos e Iván fue quien tocó para esperar que abrieran. No esperaba que el rostro del norteamericano le shockeara tanto, pero no dejó ver y pidió permiso educadamente para luego hacerle espacio a Matthew. Alfred, al ver a su hermano, quiso abrazarle y cerrar sus ojos, pero no le fue permitido. Canadá le alejó antes de siquiera intentar acercarse.
- Matt…
- Alfred, te pediría que digieras lo que tienes que decir rápido. La cabeza me duele, y con Iván tenemos más cosas que hacer.
- ¿Qué cosas?
- Buscar nombres para nuestros hijos –respondió el europeo, afirmando su mano en el hombro de su novio.
- No son tuyos.
- Lo son ahora.
- ¿Vamos a tu habitación? –dice contra su voluntad. Aquella le produce un asco profundo, en ella fue abusado, lastimado y casi asesinado.
- Vamos.
- Mattie, voy conti…
- No es necesario. Puedes quedarte tras la puerta por cualquier cosa, pero no es necesario que estés vigilándonos. Puedo hacerlo solo.
La puerta se cierra dejando a Rusia solitario sobre el piso de la casa de Los Estados Unidos de América.
- Perdón –es lo primero que dice, con la vista gacha, dolorida. Matthew no comprende- Perdón por… everything.
- ¿Alfred…?
- Me he comportado pésimo. Ignorándote, golpeándote, despreocupándome por los niños y…
- No tienes que pedir perdón ahora por eso. Tampoco es como si yo pudiese olvidarlo y volver a ser como antes, pero… oh, ¿por qué quieres removerlo? Este mes ha sido encantador con Iván.
- Te vi besándolo hoy.
Y entonces comprendió.
- Si esto es por tus celos…
- No, no es por eso. Es porque… -miró hacia otro lado- siento que si estás con él, me alejarás de los bebés, y yo no quiero eso.
- Siempre lo deseaste.
- No. Matthew, los amo. Son mis hijos, también te amo a ti.
- No mientas.
- Te lo digo enserio –Alfred da un paso más hacia el chico, sus temores afloran a través de sus labios- Please, believe in me.
- Lo hice tantas veces… y siempre acabé siendo lastimado. Ya no quiero estarlo otra vez.
Recién entonces Matthew le miró, sus ojos brillando con lágrimas contenidas. Todo el enojo y la molestia que Alfred sentía se evaporaron. Cayó de rodillas frente a su hermano y se abrazó a sus piernas. Canadá intentó alejarlo, pero se acercó aún más a él.
- Lo siento, lo siento mucho… -dijo, sin intenciones de soltarse.
- ¿Por qué tienes que venir y arruinar todo cuando las cosas iban bien?
- Te he lastimado tanto. Forgive me.
- No… sólo…
- Es porque te amo –se aferró aún más, apretando las piernas. Subió la cabeza y besó el vientre, con los ojos cerrados- y tengo tanto miedo a perderte.
Nunca me has perdido, siempre me tienes donde quieres.
- Al…
- Para estar cerca de tí, trate de borrar aquel día que aún no puedo olvidar por completo.
- Yo tampoco.
Alfred alzó la mirada, sonriendo tristemente. Sus brazos rodeando las extremidades posteriores de su hermano.
- Tú simplemente sostuviste esta mano sin preguntar, ¿verdad?
El corazón de Matthew se encogió ante la visión. Alfred estaba casi llorando, respiraba pesadamente tomando grandes bocanadas de aire. Colocó una mano sobre su cabeza y acarició su pelo una vez.
- Sólo desearía que…
- Lo sé, lo sé.
- No –dijo Canadá, negando con la cabeza- No sabes. Supongo que no importa de todos modos.
- No, Mattie. –el menor frunció ceño dando un paso hacia atrás, liberándose de Alfred.
- ¿Puedo confiar en ti?
- ¿Piensas que no puedes?
- No sé en qué creer.
- Mi soledad crece con cada uno de los malentendidos. Incluso olvidando los momentos difíciles, pienso en ti. Cuando cuento el número de noches que no puedo verte, mi corazón sufre y te anhela.
Las palabras eran hermosas, y Matthew intentaba tapar sus oídos para no caer otra vez. No, no, no podía. Por su bien, el de sus hijos, el de Iván, el del mismo Alfred…
- No puedo creer que nos hayas hecho todo esto.
Otra vez los besos en su estómago, las caricias, los susurros, las canciones de cuna. Alfred tararea melodías dulces y tonadas amenas, como para hacer dormir bebés, pero no funciona con Matthew. Quiere irse, alejarse, volver a casa. ¿Es demasiado? El mes luego de su hospitalización había sido bueno, ¿por qué tenía que llegar él y romper su tranquilidad otra vez?
Se suelta de nuevo de las manos de su hermano, mirándolo. Alfred no le ha mirado ahora, solo se limita a llorar, viendo el suelo. Matthew suspira sonoramente.
- Voy a… los bebés sabrán que tú eres su padre. Puedes visitarlos cuando nazcan y hacer todas las cosas que un papá presente haría. No te negaré las visitas, es tu derecho.
- I'm sorry, I'm sorry, darling.
- Me too.
Sale de la habitación dejando a su gemelo allí y aguantándose las ganas de llorar, siente como si una parte de sí mismo ha caído en el fondo de un hoyo negro y no será capaz de salir nunca más. Y necesita ayuda, Matthew sabe que Alfred la necesita.
Pero él también ha necesitado a lo largo de su vida muchas cosas, y se las han negado siempre. Simplemente está harto de actuar bien, simplemente quiere ser feliz.
- A mí me gusta Karol –dijo Iván, con un lápiz en su mano y un cuaderno pequeño en sus piernas.
- No es mal nombre.
- Pero no te gusta.
- Digamos que prefiero otros.
- ¿Cómo cuál?
Canadá sonrió juguetonamente, acercándose.
- Dennis.
- ¿Dennis?
- Yes. Es preciso y hermoso. Totalmente adorable,
Rusia enarca una ceja.
- Sí a ti te gusta… -Mattie asiente- ¡Pero yo quiero el segundo!
- Bien.
- Adrik.
- ¿Eh?
- Adrik. Nombre ruso, prometiste que sería así.
La sonrisa vuelve a su rostro y asiente con cuidado, acomodándose en el regazo de su novio.
- I like it. Dennis Adrik –se detiene, iba a decir los apellidos. No, no- Jone…
- Dennis Adrik Braginski Williams. Suena bien.
A veces, Canadá cree que no merece tener a su lado a alguien como Iván, pero se siente muy agradecido y no le dejará ir. Ha sido su decisión.
- Perfecto.
- ¿Y el de la niña?
- Podemos buscarlo más tarde. Todavía me quedan tres meses.
No es demasiado tiempo, pero suficiente para él. Cierra los ojos, pero los abre de inmediato, mejor no dormir. No puede hacerlo con la imagen constante de Alfred asaltando sus sueños.
Elección de nombres, wii (R) y Alfred, te mereces esto, jurabai qe Matt te iba a perdonar así como así después de todo lo qe le hiciste 77 pa qe sufras xd
Proximo cap, baby shower! kjdsdnksd I hope you like it, thanks you so much and so long!
¿reviews?
