Wena, girls! Cómo están? espero qe bien c: Hey! qiero darles las gracias por los 210 reviews, me hacen muy feliz enserio, porqe mi día ha sido una mierda, así que muchas gracias por todos sus comentarios :3
Well, tengo que decirles que este capi es como uno de transición, sería el penúltimo, pero necesitaba narrar los ocho meses de Matthew y cómo se afianza más con Alferd y sus hijos, y que ya se enteraran personas que debían hacerlo. Algunas querían saber qué ocurrió con Arthur así que aquí hay una pequeña reseña; no demasaido grandiosa, incluso subjetiva, pero es como quiero que se desarrolle, o si no luego no tendría sentido.
Espero les guste, así que sin nada más que comunicar por ahora las dejo leer!
Nos vemos abajo.
Sólo esta Noche
Matthew se acercó un poco más al lado de su primer ministro Stephen Harper, tensándose inmediatamente vio a Alfred y Arthur sentados juntos en el sofá del salón ubicado afuera del que usaban para las reuniones. Por esa razón no quería venir, no quería mirar a su hermano y su antiguo tutor a la cara y como una unidad, porque se encontraba vulnerable.
Su estómago, ahora de ocho meses, hacía peso y le abultaba de una manera que él nunca creyó alguna vez poseer. Era como si tuviese una gran pelota o mucha ropa bajo su terno especialmente confeccionado en Moscú y le hacía sentirse incómodo. Realmente, Canadá nunca habíase preocupado por las apariencias pero ahora, al tener frente a Inglaterra –delgado, siempre joven, siempre dominante- y a su gemelo, no podía evitar verse a sí mismo como una figura algo deforme, y su anterior belleza parecía que se desvanecía acorde su embarazo llegaba a término.
Por supuesto que esto estaba sólo en su cabeza, y tal vez en la de Arthur, pero para Alfred, su hermano no podía lucir mejor. Sus curvas, sus caderas anchas, sus piernas más rellenitas y sobre todo su rostro, fino como las muñecas de porcelana que solía haber en la casa de Francis. Estados Unidos creía que fácilmente Matthew quedaría para un papel como ese. Le observa fijamente mientras camina y se hunde más en el sofá, agarrándose las manos.
- ¿Quieres ir con ellos y conversar? –pregunta Stephen, pero su nación niega con la cabeza.
- Voy a quedarme con usted lo que reste de reunión. No…
- Right. Pero estaré con los demás superiores durante toda…
- No me importa. No quiero quedarme con ellos.
Así que el primer ministro asiente y se lleva a su nación embarazada consigo donde está David Cameron y Barack Obama. Los hombres se saludan y miran a Matthew, el presidente de los Estados Unidos con la boca abierta por la impresión.
- ¡Matthew! ¡No sabía que tú…!
El aludido sonríe, llevándose las manos al vientre como en un acto reflejo.
- Sí, ha pasado rápido, ¿verdad? Ya tiene ocho meses –Stephen responde por él.
- ¡Demasiado! ¿Y cómo te has sentido? ¡Yo ni siquiera lo sabía!
- Bien, cada vez me duele más la columna y estoy ansioso por que llegue el día del parto.
- ¿Y qué es? ¿Una niña, un niño?
Canadá traga saliva, y va a hablar, enserio va a hacerlo, pero entonces nota que ya no son sólo sus manos las que rodean su estómago abultado, y que sobre las suyas, hay una enguantada y un mentón en su hombro y una respiración tranquila. Sabe de quién se trata y por ello se queda quieto, porque a pesar de todo, él es un hombre educado, y no puede hacer ese tipo de escándalos en una reunión de carácter mundial.
- Son mellizos –es Alfred quien contesta, feliz. Obama se sorprende- Un niño y una niña.
- Más felicitaciones, Matthew. ¿Puedo ser indiscreto? –el aludido asiente levemente- ¿Quién es el padre? Digo, porque serán territorios y entonces…
- Soy yo. El padre de los bebés de Matthew… soy yo.
Hay un corazón que sigue rompiéndose ahí, uno inglés. Podría sentir compasión de él, pero no recordaría todo lo que ha pasado Matt, cosas infinitamente más dolorosas, y que no se apagarían en simples años, ni en toda la eternidad. Entonces el presidente pestañea y no comprende lo que está insinuando… Alfred es el padre, su nación lo es, sin embargo, ¿no se suponía que él y Canadá eran hermanos, hermanos gemelos? Toma a Estados Unidos del cuello de su chaqueta café y lo aleja de los demás, todo esto bajo la atenta mirada del Reino Unido.
- ¿Cómo es eso de que eres tú el padre de esos niños?
- Eh… como lo escuchas.
- ¿Y por qué no lo dijiste antes? ¿Ibas a esperar hasta que Matthew diera a luz para decírmelo? ¡O quizás nunca lo harías!
Alfred se sonrojó bastante, siendo observado por todos ahí. Era verdad que no había planeado decírselo a su superior en todo este tiempo, pero es que no sabía cómo y sus relaciones con su vecino del norte habían sido tensas durante todo el embarazo. Sabe que es su culpa, pero ya no puede borrar el pasado, por eso está intentando todo lo que puede para arreglarlo.
- Bueno… han sido unos meses complicados.
- ¡Pero Alfred! ¡Vas a tener dos niños que se convertirán en territorios!
- ¡I know that! Pero tienes que entender tú que mi situación con Matthew ha sido muy difícil en ese tiempo. Hemos pasado por cosas y yo simplemente no sabía cómo decírtelo.
- Eres un total irresponsable y un hombre inmaduro. Tuvimos que hablar esto con todo el gobierno desde mucho antes, no cuando acabamos de enterarnos y para peor, a tu hermano le falta un mes para dar a luz, y por God, es tu hermano.
- Me importa una mierda si es mi hermano o no –proclama, cansado ya de que Obama le esté hablando con ese tono- No tienes derecho a tratarnos así.
- ¡Cómo que…!
- Piensas en ellos sólo como un territorio más.
- Alfred, escucha. Luego de esto hablarás con el Senado y conversaremos en conjunto el destino de esos niños. Si son dos, llegaremos a un acuerdo con el gobierno de Canadá para compartirlos; porque no sé si tú…
- Me ha costado mucho, no sabes cuánto, recuperar lo que tenía con Matthew, y ni tú ni todo el gobierno va a arrebatármelo. Así que vamos a planear esto juntos, presidente. Me he equivocado con ellos pero estoy intentando repararlo y voy a hacer lo posible por lograrlo.
Barack le mira frunciendo el ceño y le suelta de la chaqueta. Alfred se alisa los pliegues y busca con su mirada a Matthew, pero tiene sobre él otra de color verde.
Matthew se levantó de la reunión pidiendo disculpas pero excusándose con que debía ir al baño urgentemente. Eso había estado ocasionándole problemas, sus constantes deseos de orinar, iba muchas veces al día, incluso cuando no había bebido algo. Estados Unidos le siguió con la mirada, pensando que no estaría solo allí, porque Arthur se había levantado también hace sólo algunos minutos atrás. Canadá cierra la puerta con delicadeza y se desplaza lento por los pasillos de la institución, buscando la habitación al fondo a la derecha. Se lleva la mano a su pelo y ese mechón rebelde, alejándolo de sus ojos amatistas, mientras toma la manija de la puerta negra.
Está ahora un poco apurado y los bebés le patean así que entra rápido y sin mirar al principio, pero sus vista cambia de expresión al toparse con Inglaterra lavándose las manos. Se siente incómodo y prefiere pasar de largo agachando un poco la cabeza, pero luego comprende que no tiene por qué y se ve altivo, ingresando a uno de los cubículos de baño, no deseaba orinar en el mingitorio. Se baja los pantalones suavemente, y lo demás es historia. Cuando acaba, acomoda su ropa –no sin antes acariciar su estómago y sonreírle a sus hijos- y sale, adecuando su corbata, intentando que no le apretara demasiado.
Arthur está apoyado en la pared con los brazos cruzados y viéndole fijamente. Matt pestañea un poco por la impresión, pero se dirige a lavarse las manos viéndose al espejo.
- Así que… ocho meses.
Canadá no contesta.
- ¿Tienes idea de lo que has causado, Matthew?
No hagas caso, no hagas caso. Está molestándote, limpia tus manos y vete.
- No hagas como si no me escuchas, porque lo haces. –Así que el canadiense se voltea y seca las manos con papel, mirándole ahora. Enarca ambas cejas sin comprender- Destruiste todo lo que pude tener con Alfred…
- Entonces ese es el tema –pronuncia hastiado- Yo no arruiné nada. Tal vez él no te amaba como decía, pero no es algo que me importe, Arthur.
- ¿No? Debería hacerlo, deberías sentirte mal por…
- No tengo razones para sentirme así. Estoy feliz porque tengo un novio que me ama, que no es Alfred, y dos hijos preciosos que nacerán en poco tiempo. Me eché la culpa durante muchos meses, Inglaterra, pero comprendí que no la tenía. Si vas a intentar reclamar a alguien, deberías meterte con Estados Unidos.
Quiere irse de ahí, se está sofocando. Puede percibir suaves pataditas contra su estómago y es porque está nervioso. Nunca antes le había hablado así al que fue su antiguo tutor, pero tampoco nunca antes había sido pasado a llevar de tal modo que su orgullo y su autoestima cayó pisoteada en el suelo.
- Así que si no tienes nada más que decir, puedes alejarte de la puerta y dejarme salir. Hay una reunión que continuar.
Arthur le mira lastimado. Para él, el culpable, más que Alfred, era Matthew, porque se había entrometido en la relación que ambos compartían durante mucho tiempo. Si bien Canadá había sido herido, Arthur también, y era algo que no se olvidaba demasiado pronto. Inglaterra sabía que las cicatrices nunca cerraban por completo, y que siempre volvían a abrir. Tal vez no mañana, pero en un futuro cercano, y quién sabe de las consecuencias.
O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O
- Vamos a hablar con todo el gobierno de Estados Unidos y pondremos límites a esta situación.
Alfred se muerde el labio, a su lado, su gemelo tiembla ligeramente bajo el pensamiento de que quieran arrebatarle a sus hijos.
- Señor Obama, espere… yo no quiero eso. Mis hijos son míos, y si son territorios, está bien, compartiremos las ganancias, pero…
- Lo justo sería que uno se quede con Alfred y el otro contigo porque ustedes no son pareja.
- Mattie está con Iván –murmura mosqueado.
- No los van a separar. Son mellizos, usted simplemente no puede.
- No estoy hablando de una separación exactamente, pero debemos definir esto rápido y tomar posesión de los territorios. ¿Saben a qué pertenecen?
- No –ambos se encogieron de hombros.
- Cuando nazcan debemos analizarlo. ¿Han pensado que Rusia podría tomar partido en la situación?
El primer ministro mira a su nación.
- ¿Qué intereses tiene contigo?
- Él quiere mucho a los niños.
- Cuídate de una posible…
- No –Matthew frunce el ceño- Y me parece terrible que estén disponiendo de mis hijos como si fuesen pedazos de tierra, porque ellos son más que eso.
Todos los presentes callan y Canadá se sujeta el vientre, los bebés parecen inquietos hoy, o es que saben que están hablando de ellos. Barack Obama suspira audiblemente, mirándolos.
- Vamos a tener una reunión pronto –anuncia para Harper- Y veremos el futuro de esos niños. Espero que se pueda solucionar de la mejor manera, porque te aseguro que Estados Unidos no quiere perder a su aliado más importante.
Ambos hombres estrechan manos y Alfred se despide con un beso en la mejilla de su hermano, luego se arrodilla y hace lo mismo pero en su estómago. Puede sentir como los bebés dentro dan un vuelco y sonríe, sabe que ya lo conocen.
- Iré a visitarte, te llamaré para no toparme con Iván.
Matthew asiente sin preocuparle mucho, porque su mente está en una disputa acerca del territorio. No quiere que le alejen de los niños porque le pertenecen, y no merecen estar cerca de Estados Unidos cuando no ha sido un buen hombre con ellos. Sus brazos rodean su estómago y de pronto, siente los protectores y paternales de Stephen sobre sus hombros. Mira hacia el lado.
- No te preocupes, todo saldrá bien. Esos niños se quedarán con nosotros, porque tu vecino del norte no te los quitará, te lo aseguro.
Matthew suspira, agradeciendo con una sonrisa lastimosa y viendo que Arthur se encamina hacia afuera con David Cameron.
- Sólo estoy un poco mareado, no hay problema –murmura Matthew, siendo sostenido del brazo por su primer ministro y respirando profundamente. Están en Washington, juntos y tuvieron que desviar a la prensa afuera de la gran Casa Blanca, aun así ya todos comenzaban a enterarse del embarazo de Canadá.
- ¿Matthew…?
- Sí… sí, enserio.
Caminan y entran. Ya está el presidente de los Estados Unidos sentado junto con otros líderes americanos. Matthew y su superior sonríen a modo de saludo, pero les obligan a estrechar manos. Se desplazan lentamente, todos lo entienden por el vientre pesado de la nación del norte, y toman asiento. Canadá bebe del vaso de agua al lado de inmediato.
- ¿Seguro que estás bien? Podemos cancelar esto ahora e ir a un hospital.
- No, tenemos que definirlo de una vez.
- ¿Pero te duele algo?
- Uhm, son contracciones –afirma, meneando la cabeza.
Alfred le mira desde su asiento, quiere acercarse y preguntar qué ocurre, pero sabe que no puede hacerlo o por lo menos no ahora. Se tensa en su lugar al lado de Obama y así la reunión comienza. Ellos no pueden decir nada, simplemente prestan atención, sobre todo a las investigaciones de especialistas sobre los posibles territorios que sus hijos podrían representar y abren mucho sus ojos al oír que quizá, esos bebés eran parte de un grupo de cinco lagos en la frontera de los Estados Unidos de América y Canadá, el mayor grupo de agua dulce en todo el mundo. Se miraron rápidamente y luego alejaron la vista, porque eso significaba que tal vez no serían solo dos niños los que engendrarían, que podía haber más.
El sonrojo fue evidente.
- HOMES –Pronuncia uno de los científicos.- Es lo más cercano que pueden representar, y de esta manera, debemos esperar hasta que nazcan para confirmarlo, sin embargo nosotros creemos que es lo más factible. Son cinco lagos de los cuales los primeros dos, que pensamos podrían ser los mellizos, el Lago Superior y el Lago Hurón, están prácticamente divididos. El primero pertenece mayoritariamente a los Estados Unidos, el segundo a Canadá.
- ¿Entonces pueden ser más de dos?
- Es posible.
Obama y Harper se miran. Ellos realmente tienen una historia en común y que pasa más allá de simples amoríos de falda; Alfred se rasca el cabello, imaginando la idea… no sabe demasiado bien cómo reaccionar, Matt tampoco.
- Entonces quedamos en nada –dice Stephen- Vamos a tener que esperar obligatoriamente.
- Así parece. –le responde el presidente de la otra nación.
- Well, si nos permiten, Matthew y yo debemos retirarnos. Él no se siente bien.
- ¿Qué te pasa? –demasiado tiempo sin hablar, Alfred.
- Las contracciones son más fuertes –dice suave, respirando un poco- Stephen, duele.
Alfred se pone de pie, agachándose para tocar las manos de su gemelo. El rostro de Matthew ha comenzado a sudar y todos miran sorprendidos, él se había estado aguantando durante toda la reunión para no se impertinente. Intenta calmarse, afirmar las manos de Alfred y apretarlas fuerte, porque el dolor es agudo.
- ¿Quieres agua?
Asiente con la cabeza y bebe pero el líquido se escurre por su boca y mira hacia todos lados. Su primer ministro ya ha llamado a una ambulancia, pero Canadá levanta la mano, diciendo que se calme, que no es tan grave, que no va a dar a luz todavía. De todas maneras está desconfiado.
- ¿Ya pasó? –pregunta Estados Unidos.
- Un poco.
Alfred le regala una sonrisa reparadora y limpia su boca con su guante, mientras las mejillas de su hermano enrojecen considerablemente, pero no puede permitirse lucir vulnerable, ni pensar en él como algo más, porque ahora tiene a Iván.
- Gracias.
Estados Unidos le deja un beso dulce en la frente, acariciando su piel algo sudorosa y le ayuda a ponerse de pie. Ambos se escrutan sinceros, viéndose en los orbes del otro. Hace tanto tiempo que no lo hacían, estar juntos con solo una conexión, pero esta no dura mucho y Stephen agarra el brazo de Matthew jalándolo con cuidado para que se larguen de ahí.
Alfred queda mirándole de pie en el medio de la sala, mientras Obama habla con los demás.
A veces extraña tanto estar con Matt, a veces simplemente desea gritarle que quiere que estén unidos otra vez y mande a Rusia al demonio. Pero sabe que se ha equivocado tanto y que no puede pretender que los errores que ha cometido se borren de un minuto para otro, sin embargo, si no actúa rápido, sabe que Iván ganará y tomará partido porque él es cariñoso y tiene la confianza plena de su hermano, y luego de sus hijos, y ellos serán una familia feliz.
Niega con la cabeza, se toma las manos muy fuerte; Canadá ya está traspasando el umbral de la puerta, ahora dobla hacia la derecha y no puede aguantarlo. ¿Estará mal, hacer algo por amor?
Con una sonrisa decide que no y larga a correr en busca de su gemelo, haciendo a un lado a los grandes dirigentes y recibiendo un reto de su presidente pero no le importa, porque ha logrado cogerle la mano. Matthew lo mira con los ojos muy abiertos y expresivos y él no sabe muy bien cómo explicarlo, pero espera que el beso que le da en los labios sea suficiente para entender.
El escenario parece hundirse lejos en el pecado, y Canadá siente volver a caer, y la caída duele más que todo.
No tiene demasiada acción pero en el próximo aseguro que la hay. ¡Se viene el parto de Matthew, y en el próximo, el último, vemos qué ocurre! ¿Se queda con Alfred o con Iván? ¿Cambiará de parecer ahora que Alfred quiere enmendarse en su totalidad? Shan Shan!
Espero les guste, muchas gracias como siempre y respondo altiro sus comentarios, hasta pronto :3
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