Mis queridas lectoras de Sólo esta Noche, fanfic APH, presente.

Me dirijo a ustedes con la intención de agradecer todo el apoyo que me han brindado a lo largo de esta historia, sus opiniones, sus ánimos, las fuerzas con las que esperaban cada capítulo, las palabras que siempre me hacen emocionar, lo lindas que han sido simplemente con todo.

Escribir esto se ha convertido en una aventura. Recuerdo cómo comenzó. Estaba en clases de tecnología aburridísima y de pronto, en mi MP4 comenzó a sonar Just Tonight de The Pretty Reckless y esa idea que había rondado mi cabeza durante toda la semana tomó forma acorde a la letra de la canción. El pensamiento de un Canadá encinta, enamorado, y no correspondido, prometiéndose que sólo es noche permitiría que Alfred le mintiera y le creería ciegamente, llenó por completo mi imaginación dramática.

Nunca pensé en llegar hasta esto. No creí que tuviera un éxito como el que ha adquirido, pero ustedes han sido simplemente maravillosas y todo lo que es este fic se los debo a mis queridas lectoras.

A lo largo del tiempo que llevo escribiéndolo, debo admitir que muchas veces pensé en cambiar el final y hacer algo diferente, en construir una trama totalmente distinta y lo hubiera hecho, pero ya estaba demasiado contenta con lo que tenía, no me arriesgaría a perderlo porque el desenlace nuevo que quería otorgarle era mucho más triste que este. Donde el malvado, de cierta manera, no era Alfred, sino Matthew.

Pero no fue así, y tiene éste que pronto leerán y la trama que espero hayan disfrutado.

Tocando el punto de los personajes principales, sé que hay chicas que pueden pensar en mi Alfred como uno OOC, pero queridas, él no puede ser un idiota que come hamburguesas todo el tiempo. Es prácticamente imposible que el Alfred que todo el mundo conoce de Hetalia mantenga su misma personalidad cuando ha sido llevado a situaciones que van más allá de simples peleas con Inglaterra o Rusia por cosas triviales. Esto es más serio, esto se trata de un embarazo no deseado y de lo cruel que puede llegar a ser un hombre; de cómo Matthew es capaz de tomar una decisión sin mirarse el mismo y sólo velar por el bien de los demás, de cómo ha perdonado guardándose todas las penas en el interior.

Toda la vida de Estados Unidos esta personalidad conflictiva y bipolar ha estado presente. Me parece gracioso que luego de las cosas que como nación ha hecho se le pueda seguir considerando un héroe, y más que tomar experiencias de Hetalia, yo me he basado para escribir mi fanfic en la historia universal y la propia experiencia personal. A veces estamos en una situación como la de Matt, entre un buen hombre que te ama y alguien que sólo te hace daño.

No tengo problemas con ello de todas maneras, como escritora debo aprender a aceptar críticas y halagos y admito que ahora lo he hecho con mucho gusto.

Y de esta forma, simplemente me queda agradecerles por todo lo recorrido, por lo maravillosas que han sido y que sé que seguirán siendo, porque esto no queda aquí. Se viene la segunda parte, niñas, oh sí, lo hará, y con mucho más drama que esta. Porque las cosas nunca sanan por completo, y eso Matthew lo sabe bien, también Alfred, también Arthur.

Lo que cosechas es lo que siembras, Estados Unidos debería tenerlo muy claro ya.

Entonces no me queda más que agradecer otra vez y decirles que son las mejores lectoras del mundo y que las adoro, han sido tan buenas conmigo, que espero que este final les agrade y llene sus expectativas, sin dejar de lado la melancolía que cada capítulo tuvo.

DISCLAIMER: No le he puesto en toda la historia, pero ésta será la ocasión. Los personajes que aquí se desenvuelven son propiedad de Hidekaz Himaruya y hacen presencia en el anime y manga Hetalia, a excepción de Joseph Owen, Brandi, Wynne, que me pertenecen a mí, y Faloon y Dennis Jones, cuyos autores somos Lisa Parker y Carrie Medicines. La trama completa del fanfic es de mi propiedad.


Sólo esta Noche

Stephen está totalmente ensimismado con los bebés, les quiere mucho; le recuerdan a cuando sus hijos eran así y entonces revive aquellas épocas dulces, y les acaricia la cabecita con ya un poco más de pelo rubio, porque ahora los mellizos tienen dos meses. Él había visitado a Canadá en el hospital al día siguiente de su parto, encontrándose en ese lugar con Manuel y Daniel, a los que saludó cordialmente y que salieron de la habitación para dejarle un poco de más espacio junto a su país. Harper llevaba en sus brazos un ramo de lirios blancos de regalo para el hombre que acababa de convertirse en madre y lo dejó en la mesa, recibiendo los agradecimientos de Matthew. Luego de abrazarlo a él cariñosamente, felicitarlo y decirle un sinfín de cosas muy amenas, se dedicó a mirar a los niños, que dormían en una cuna al lado de su mamá. Lucían como ángeles, respirando calmadamente y con las manos rozando las de su hermano.

Se devolvió hasta Canadá para acariciarle el cabello y preguntarle lo que había sentido, cómo se encontraba ahora, sobre los mellizos, sobre sus nombres y cosas por el estilo. Preguntó también a cerca de Alfred, qué había ocurrido con él, cómo iba su asunto. No recibió respuesta.

Y ahora, ambos estaban caminando hacia la sala de reuniones dela ONU, y Stephen llevaba cargando en sus brazos a Dennis, vestido con el traje que Alfred le había regalado y Matt se encargaba de la pequeña Faloon, que lucía un cintillo rosado alrededor de su cabeza. Estaba de cierta manera preocupado por todas las personas que se encontrarían allí, quizá eso podía molestar a los mellizos, pero él no tenía con quién dejarlos y se vio obligado a traerlos.

- No puedo esperar a ver la reacción de todos ellos –dice Stephen, acomodando a Dennis- ¿Qué crees que dirán?

- ¿Los chicos? –pregunta refiriéndose a las naciones.

- Sí.

- Ah, bueno, algunos ya los conocen –Faloon se le acurruca más en el pecho, jalándole un mechón de pelo entre sus manos, sin fuerzas- Ojalá no les moleste.

- No te preocupes, no lo harán. Quiero observar la cara de los demás presidentes cuando vean a mis sobrinos, o nietos; eso, nietos. Creo que es más adecuado.

Matthew sonríe creyendo que tiene al mejor superior del mundo, porque quiere a sus hijos y los cuida, y también a él, y lo defiende y hace lo que más puede para evitar que Estados Unidos quiera tomar posesión de alguno de los mellizos, aunque eso ya está un poco arreglado, y finalmente, la madre sería quien mantuviera la custodia de Dennis y Faloon. Alfred sólo había acatado sin decir palabras.

- Oh, ok, estoy nervioso –se encuentran frente a la puerta de la gran habitación y Canadá simplemente comienza a sentir erupciones en su estómago. El primer ministro le mira con una media sonrisa.

- Me encantaría acompañarte, pero, yo tengo que quedarme con ellos.

- Sí, lo sé. No hay problema, allá estará Francis e Iván me dijo que llegaría un poco más tarde pero no importa realmente. Además, quiero que los mellizos se familiaricen con todos, van a tener que verlos constantemente…

- Así es. Creo que lo van a hacer, los dos son muy tranquilos.

- Eso espero.

Harper se adelanta y abre la puerta, haciendo que indudablemente todas las naciones que antes conversaban se detengan y voltean a mirarlos. Al principio, Matthew se encoge un poco de hombros, pero Faloon le mira y él también lo hace, y luego de eso sonríe, acomodándola y rodeándola un poco más. Stephen le da un empujoncito y Canadá comienza a entrar.

- ¡Mon chéri! –Es Francia el primero en ponerse de pie y besarle la mejilla a su ex colonia, y con eso, todos los demás lo siguen, de manera eufórica. Matt y Stephen sonríen mirándose.

- ¡Matthew! –Muchos gritan su nombre, acercándose a los niños. Dennis busca con su mirada a su madre y a su abuelo canadiense, y en frente tiene a Francia cogiéndolo en los brazos y quitándolo del pecho cálido de Stephen y voltea su cabecita casi queriendo estar de nuevo allí y llorar, pero no tiene tiempo porque Francis ya lo está moviendo de arriba hacia abajo con la sonrisa más dulce y llena de cariño. Matthew le observó de la misma manera, adentrándose en el salón con una Faloon algo agitada por el bullicio.

- Aww, es tan lindo, ¿quién es muy lindo? ¿Quién es muy lindo? –Feliciano se ha acercado junto a su hermano para observar a Dennis y le pasa un dedo en la nariz. Romano simplemente sonríe- ¡Tú lo eres!

Dennis curva sus labios suavemente, y Francis e Italia pegan un gritito, pero el bebé busca con su mirada a su madre, que se ha acercado a Hungría, sin dejar de tener un ojo sobre él de todas formas.

- ¿Cómo se llama? –pregunta la chica moviendo la mano de la niña.

- Faloon.

- ¿De dónde tomaste ese nombre? Nunca lo había escuchado.

- Yo tampoco, lo eligió Alfred.

Y hablando del norteamericano, Matt se extraña y lo busca con la vista, sin embargo no lo haya. Curva la cabeza cuestionándoselo a Hungría, que le responde que acaba de entrar al baño. Canadá asiente fingiendo que no le importa demasiado, mientras mira hacia atrás para saber qué es lo que ocurre con Dennis. El mellizo mayor está siendo casi acosado por los Italia, Francia que no para de mecerlo, China, Liechtenstein y su hermano; se ve muy mono, siguiendo los dedos de todas las naciones con sus ojos que cada día se aclaran más, y pronto adquirirán un color celeste definitivo. Algunas naciones latinas se acercan para coger en sus brazos a Faloon y desde ahí, ella ya deja los de su madre.

- ¡Es hermosa! –Continúa diciendo Elizabeta, siguiendo a quien sea que tenga a la bebé- ¡Cuando sea grande, la haré fanática del yaoi!

Matthew la miró sin comprender demasiado qué era aquello, pero sonrió, pidiendo que le entregaran a su hija y viendo cómo las caras de Seychelles, Ludwig y Gilbert se entristecían.

- Lo siento –murmura despacio- No le gusta estar demasiado tiempo…

- ¡Ah, Mattie! ¡Dame acá a mi nieta! –Francis se la arrebata y Faloon siente que quiere vomitar. Media hora antes de salir su madre le había dado la leche, y a pesar de que se había tomado un tiempo para quitarle los eructos, todo su cuerpo estaba un poco hinchado. Miró a Francia inspeccionando de todas maneras a la gente a su alrededor, y se movieron hasta los asientos.

- ¡Bien! ¡Comencemos con la conferencia mundial! –Es la voz de Alfred y la mayoría de los países presentes asienten, calmándose luego de toda la euforia por los niños y comenzando a buscar sus lugares de siempre; el yanqui camina sin detenerse a mirar con exactitud a cada una de las personas que lo rodean, pero se da vuelta como sin creerlo al notar un cabello rubio al viento.- ¿Mattie?

Canadá estaba buscando a sus hijos, pero le prestó atención al padre. Casi sin notarlo, Estados Unidos ya es quien le ha rodeado el cuerpo firmemente y enterrado su rostro en el cuello que siempre huele dulce. Deja un beso inocente allí y Matthew le empuja, saludándolo decentemente.

- ¡Mattie! I missed you so much.

- Traje a los niños –contesta, aun se siente un tanto inseguro a su lado. Alfred sacude la cabeza buscándolos y encuentra a Dennis en brazos de Lily y al lado de Vash. Ella lo menea en sus piernas y el niño tiene una expresión angelical en el rostro. Así que, súbitamente, corre hasta ubicase al lado de él y se pone de rodillas, mientras Dennis le sigue con la mirada.

- ¿Qué pasó, bebé? –Alfred le sonríe con esa mueca plástica tan característica del héroe, y su hijo curva los labios suavemente también, estirando sus brazos para ir con su padre. Todas las naciones sueltan un coro de ternura ante la imagen y Estados Unidos lo hace también, pidiendo que el niño esté con él. Lily lo suelta, y pronto Dennis permanece mirando hacia arriba y a todo el mundo en brazos de su papá, mientras Alfred le da besos en las mejillas y en la cabecita y juega con sus manos.

Matthew y su hermano habían quedado de acuerdo que las visitas serían tres veces a la semana, y durante los dos meses pasados desde el parto, Alfred había cumplido con el trato. Cada vez que iba –sin importarle si estaba o no Iván- traía cosas para los mellizos, los paseaba por el patio de la casa de Canadá, les daba la leche, o simplemente se sentaba al lado de la cuna grande que ambos compartían a verlos dormir. De esta manera, Dennis y Faloon habíanse acostumbrado a la presencia de otro hombre extraño en su hogar, que no era Iván ni Mattie, y era su propia madre quien frecuentemente les miraba cuando despertaban entre las sábanas diciéndoles que su padre estaba visitándolos, y luego ellos veían la cara siempre sonriente de Alfred junto a la de Matthew.

Dennis miró a su padre hacia arriba, y tomó con sus dedos la corbata del mayor, jalándola ligeramente, para después voltearse y buscar a mamá. Canadá le miraba fijamente, esperando el momento precioso para volver a tener en sus brazos a su hijo.

- Y pensar que antes no los quería ni ver nacer…

Francis murmura viendo que es Arthur quien llega para sentarse a su lado, luciendo como si hubiese corrido para estar ahí. Inglaterra por el momento no le escucha realmente, sólo quiere sentarse y respirar un poco.

- Hola, Arthur. Vienes llegando un poco retrasado, ¿qué te…?

- Cállate, wine bastard –la cabeza le duele como mierda. Se desploma en la silla acolchada que rodea la gran mesa, y cuando ya está un poco más recuperado, echa un vistazo a los presentes.

- ¡Mira! ¡Alfred está fascinado con mon petit fils!

Y por fin, Inglaterra desvía la mirada hasta el asiento que siempre ocupa Estados Unidos para dirigir las reuniones, y logra ver cómo el norteamericano tiene una gran sonrisa en el rostro, y mece a un niño que de lejos es idéntico a él. Le da besos por todo el rostro pequeño y luego lo lleva con Canadá. Arthur no puede evitar sentirse incómodo y como si su cuerpo se auto lastimara cuando mira que Estados Unidos le entrega el bebé a Mattie y sabe que el yanqui lo único que quiere hacer es besarlo.

Dennis observa haciendo gestos graciosos cuando Alfred se despide de él posando sus labios sobre su pequeña boquita, y le agarra de los cabellos. Con sólo dos meses, Canadá cree que por lo menos él mayor es muy despierto, pero, ¿qué puede esperar? No son niños normales.

- ¡Demasiada ternura para mí! –casi grita Feliciano, pero es regañado por Alemania y debe quedarse callado y cruzado de brazos con un ceño fruncido adorable.

Inglaterra se limita a agachar la cabeza y no mirarle, son los recuerdos de todos los meses que vivió junto a Alfred los que lo inundan ahora, y piensa que él hubiese podido tener un futuro similar si Matthew no hubiera interferido en sus vidas. Aunque intente hacer como que no importa, y que ha cortado toda relación con Estados Unidos, Arthur no pude mentir, y estaría haciéndolo si digiera que esto no le está doliendo, que ha parado de amar a Alfred. Le enternece de manera absoluta admirar la imagen del rubio siendo padre, pero esto debiera acabar. Alfred prefirió a Canadá; a Canadá y a sus mellizos que parecían ser una excusa.

- ¿No es lindo?

- ¿Quién? –pregunta pestañando.

- El niño, ¡Dennis! Es precioso. Mira esa carita… se parece a su abuelo –Francis sonríe pícaro; hasta el momento, Inglaterra no ha notado que Faloon está en los brazos del hombre a su lado.

No recibe respuesta.

- Tú no fuiste a visitar a Matthew al hospital.

- ¿Debería hacerlo?

- Fue la colonia que me arrebataste, después de todo.

Arthur voltea la mirada para penetrar en los ojos azules de Francia, pero el mayor sigue observándole como si no le importara, con la sonrisa socarrona sobre el rostro. Acomoda mejor a la bebé en sus piernas, rodeando su torso con sus brazos, y aquella acción hace que Inglaterra mire hacia abajo, y vea a la niña que tiene los ojos pegados y muy abiertos en su madre. Por el rabillo del ojo examina a Canadá, él está haciendo juegos con sus manos para entretener a su hija, pero ella parece más interesada en ver cada acción que su hermano realiza.

Francia puede notar que Arthur mira a la niña y la levanta un poco, haciendo que los orbes de Faloon se vayan directamente al rostro del inglés.

- ¿Y ella? Dime que ella no es hermosa. Es menor que su mellizo, ¡mira sus ojos! Serán celestes, estoy seguro. Se llama Faloon Amelie Jones. Mattie le puso el segundo nombre por mí…

- Espera, ¿cómo dijiste que se llamaba?

- Ame…

- No, el primero.

- Faloon.

Arthur parpadea sin poder creerlo, mirando fijamente a la niña. ¿Acaso Alfred…? Recuerda todo; la noche que pasaron juntos, las caricias, los besos apasionados, él recostado en el pecho amplio de Estados Unidos mientras su cabello era acariciado y hablaban sobre su futuro y sobre los niños. Entonces Alfred le preguntó qué nombre le gustaba si alguna vez fuesen padres de una nena. Él había respondido exactamente ese.

- Estás mintiendo.

- No. La niña se llama así, ¿verdad, mon chéri Faloon? –Francia la llama, ella deja de mirar a Inglaterra para prestar atención a su abuelo.

Arthur siente que quiere llorar o intentar deshacer el nudo en su garganta.

- Creo que el nombre se lo puso Alfred… sí, fue él. Se lo eligieron poco antes del nacimiento, lo recuerdo porque Mattie quería que se llamara Hayley.

Arthur se pone de pie, hastiado ya por toda esa mierda de la que él no era parte, el hecho de que ni siquiera habían empezado la reunión, que todos estaban atentos a lo que dejaba o hacía Dennis. No quiere mirar a la niña otra vez, así que simplemente se aleja, pero algo muy suave lo detiene. Cuando se voltea, es Faloon quien le tiene agarrado del uniforme verde y parece que no quiere que se vaya; Arthur la mira por unos segundos a sus ojos azules cada vez más claros, pero tira de la ropa y hace que la niña lo suelte sin remedio.

A Faloon se le escapan las lágrimas y comienza a sollozar mientras es estimulada por Francis para que se detenga.

- ¡Tus cejotas la hicieron llorar! –le reclama, pero Arthur no escucha, o no quiere hacerlo, él sólo camina fuera de esa habitación, rozando el hombro con un recién llegado Iván, que traía algo entre manos.

- Faloon –Matthew se pone de pie inmediatamente para llegar hasta su hija, entregando a Dennis a Guillermo, que estaba sentado a su lado. Ha visto lo que la bebé ha hecho con Inglaterra y le parece aberrante que él ni siquiera la haya alejado de una manera suave porque no era más que una criatura. Se la quita a Francis de los brazos y la carga él; Alfred se ha acercado también y ambos parecen una pareja preocupada por su hija.

Iván mira todo esto un poco alejado, anteriormente había deseado ponerse junto porque estaba sólo Mattie; Se sentía un poco extraño en la presencia de esos dos, sobre todo después de que Canadá le explicase que necesitaban darse un tiempo, que tenía que aclarar sus sentimientos. Eso a él le dolió mucho, lo vivió como una traición, después de todo lo que había hecho por sus hijos, lo que lo apoyó, cuidó, Matthew le decía que no podía dejar lo que sentía por Estados Unidos así como así. Quizá desde un principio lo supo, que nunca sería quien tuviera el corazón de Canadá, pero a diferencia de como lo había hecho toda su vida, esta vez se había permitido mantener las esperanzas hasta el último momento. Sólo es una lástima que las cosas hayan acabado.

Sin embargo, no por eso había olvidado a los mellizos. Él los quería, tenía esa conexión, nunca iba a olvidarlo.

- Hola Iván –Matt se voltea cargando a la niña, saludando con cierto temor. De todas maneras, el ruso se acerca escondiendo algo tras su espalda, y Alfred le mira curioso.

- ¿Por qué está llorando mi pequeña? –pronuncia haciendo muecas con la cara que poco a poco producen una diminuta sonrisa en Faloon. Iván se la devuelve más que feliz y con la típica de niño- ¡Mira lo que tengo para ti!

De inmediato ofrece sus manos. Entre ellas tiene un girasol. Faloon abre un poco más sus ojitos y estira las extremidades pequeñas para tocarlo curiosa, y mira a Iván y a la flor otra vez y así se lleva, hasta que pide –con balbuceos, algunas señas, cosas que Matthew entiende porque es su madre- ser cargada por Rusia. Al principio a Alfred le molesta un poco, pero Canadá nunca podría negarlo y se la entrega y la niña parece feliz, tan feliz que cuando Estados Unidos pidió que se la devolvieran, ella no quería dejar el pecho cálido de Iván y debió hacerlo a regañadientes.

Pero ahí estaban, Matt sentado al lado de Alfred y este a la cabecera, como siempre. Canadá vuelve a tener junto a él a Dennis y a pesar de que es su gemelo quien está dirigiendo la reunión, mantiene sobre su regazo a Faloon. La pequeña no para de mirar hasta donde está Iván.

- ¿Estás bien? –pregunta Guillermo por casualidad, Canadá tiene ciertas ojeras bajo los ojos, pero a pesar de todo le sonríe.

- Mi vida cambió mucho –acepta, bajando su vista hasta Dennis, que se lamía el dedo pulgar- pero ya no me la imagino sin ellos.

Guillermo puede cuestionarse si se refiere sólo a los mellizos, o está incluyendo a Alfred también.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

- Pensé que podíamos revisar unos papeles en mi casa –Alfred sostiene mejor a Faloon, mientras coge con la otra mano su bolso y lo pone en su hombro.- Mi superior me entregó algunos detalles sobre Los Grandes Lagos y quería que los leyéramos juntos.

- Está lloviendo –pronuncia Matthew, sacando de su propio maletín un biberón para Dennis. El niño le dio pequeños balbuceos para que le alimentara rápido. Canadá es un hombre precavido, sabía que debía llevar leche- Prefiero que veamos eso más adelante.

- Tenemos que inspeccionar de todas maneras. Sé que quedamos en que tú te tendrías a los niños, pero…

- Alfred, it's a raining day. Lo único que quiero ahora es tomar un chocolate caliente y llegar a casa con mis hijos. Tengo cosas que hacer. Cuidar a Kumajirou, a Brandi, a Wynne.

- Pero… -intenta rebatir, mordiéndose el labio- Mi casa queda más cerca de aquí que la tuya.

- Tengo auto.

- ¿Por qué no te quedas conmigo?

- Olvídalo.

- Podríamos pasar tiempo los cuatro… como familia.

- Sabes que puedes ir a casa tres veces a la semana.

- Pero no es lo mismo –se acerca un poco. Matt se ha sentado y aleja cuidadosamente un mechón de pelo desordenado- Come on, tengo una habitación preparada para los bebés y… hay una de invitados, para que no tengamos que dormir juntos.

Matthew no le contesta.

- Please.

- Alfred, no. No hay ropa para abrigar a los niños en tu casa, y no quiero que pesquen un resfriado.

- Bueno… –Estados Unidos se sonroja, rascándose la cabellera y soltando una risa tonta- he comprado algunas cosas que no te he entregado… y sé que hay algo así para ellos.

- ¿Por qué eres tan insistente?

- Sólo quiero saber que se siente ser un padre por completo –se encoge de hombros, mientras Faloon le mira fijamente. Él lo hace también, y la niña le devuelve una sonrisa a la que Alfred no queda desprevenido. La atrae un poco más contra su pecho y le deja un beso suave en la cabeza; ella es tan delicada, tan cálida, es todo lo que Alfred quisiera esta tarde.

- I don't know.

- Por favor.

- Alfred, quizá los mellizos no se acostumbren y…

- Me gustaría que dejaras de usarlos como excusa porque no quieres estar cerca de mí.

Matthew levanta la mirada con el ceño fruncido. Jamás ha hecho eso, jamás ha usado a sus hijos, nunca podría, y por sobre todo, nunca ha querido mantener a Alfred lejos de él.


- ¿Dónde está la habitación de los niños?

- Por acá.

Estados Unidos le guía teniendo cogido a Dennis, que cae inconsciente en el sueño a estar altura. Faloon reposa en el pecho de su madre, acaba de tomar su mamadera y Canadá le da golpes suaves en la espalda para que ningún gas quede dentro de su frágil cuerpecito. Alfred abre la puerta y sonríe tontamente con la vista. Le ha gustado mucho cómo ha quedado. Matthew lo hace de manera inexplicable también.

Es la que antes solía estar cerrada porque, según el norteamericano, no servía de mucho, y si no la abría era mejor porque entonces no tendría que limpiar, pero ahora parecía tomada de algunos de esas propagandas de las tiendas de muebles hogareños y la calidez sorprendió de buena manera a Canadá. Alfred se apoyó en el umbral mirando a su gemelo y Matt lo notó, desviando la vista hacia él.

- ¿Y? ¿Qué te parece?

No sabía muy bien si tenía la palabra adecuada en ese momento. Era simplemente… había una cuna cerca de la ventana, que era amplia y las sábanas en ella eran de color amarillo. Un estante pequeño lleno de peluches con forma de extraterrestres y hamburguesas y osos y superhéroes se encuentra al frente; al lado derecho, junto a la ventana también, está el closet; al izquierdo, el changing station.

Alfred abrió su chaqueta y cubrió al mellizo mayor con lo que podía, porque el pequeño soltó un estornudo. Matthew se encontraba pestañando.

- ¿Al, tú…?

- Pensé que sería mejor una cuna en vez de dos, porque… ya sabes… tú y yo también somos gemelos y yo odiaba dormir solo en las noches de lluvia.

Logra quitar de los labios de Canadá una sonrisa suave, muy suave.

- Nunca dormías solo.

- ¡Sí! –Expresa felizmente Estados Unidos, acercándose- Desde niños y hasta adultos. Sé cómo se sentirán ellos con respecto al otro, eso del cariño más profundo, así que me dije que sería bueno mantenerlos juntos lo más que podamos.

- Estoy de acuerdo contigo.

- ¡Ah! Y mira, ven –Ya dentro del cuarto, Alfred acomoda tomando en un solo brazo al pequeño Dennis y con la mano libre abre el ropero, mostrando las infinidades de cosas que hay ahí. Mattie se acerca y con cuidado, evitando molestar a su hija que mira de todas maneras sus movimientos con los ojos muy abiertos, se aproxima para coger de la manga un abrigo y sentir la textura. Alfred está viendo todo como maravillado, mientras toma de buena forma a Dennis, el niño está más ocupado observando a su hermana que a lo que a sus propios padres agrada.- Hay muchas cosas así que podemos elegir. ¿Qué te gustaría ponerle? ¡Compré todo rosado para Faloon! Una vendedora me ayudó, me dijo: ''¿buscas ropa para tu hija?'' y yo estaba como ''¡Sí! Tienes que verla, ella es la bebé más linda del mundo''

Canadá se limita a sonreír, porque cree que Estados Unidos aún es un niño y que esto es simplemente un encanto efímero. Tan rápido como llegó, se irá. Pero desea aprovecharlo lo más que pueda, después de todo, ¿no fue eso lo que quiso durante todo el tiempo que Alfred le ignoró?

- Uhm, bien… podemos encontrar algo.

- Sí, espera. ¿Sostén a Dennis?

- Alfred, no puedo. Tengo a Faloon.

- Pero…

- Acuéstalo en el changing stations, yo me quedo con ella en brazos.

Alfred obedece, llevando al niño hasta allá y recostándolo. Dennis le mira fijamente cuando él le acaricia el estómago y lleva su boca hasta su pancita, descubriéndola, y le besa y produce cosquillas y el bebé se limita a sonreírle, porque no sabe dar carcajadas, apenas balbuceos que Alfred interpreta como unas cuantas de ellas. Sin embargo, retrocede frunciendo la nariz. ¿Qué es eso que puede oler? Es desagradable.

- Mattie… creo que Dennis se hizo.

Matthew está interesado revisando la ropa.

- ¿Se hizo qué?

- Se hizo, you know, manchó el pañal.

- Oh –dice comprendiendo, volteando para mirarle un poco- Bueno, cámbialo.

- ¿Yo? –Pregunta un poco exaltado, viendo a su hermano- Pero no sé cómo…

- Es fácil. Quítale el mameluco, límpialo, porque compraste todo lo necesario para eso, ¿verdad? –Estados Unidos asiente un poco tembloroso- Bien…

- ¿Con qué lo limpio?

- Con las toallitas húmedas.

- Ah.

- Y lávalo.

- ¿Ahí?

- Sí, ahí. Después lo secas, le echas crema, talco, perfúmalo. Un nuevo pañal y está. Tienes un bebé limpio y que huele bien.

- Se ve fácil –murmura, comenzando a desvestirlo. Mattie saca del ropero un traje como el que llevaba Dennis, pero más grueso, y se lo deja cerca para cuando el padre lo necesite.

- Lo es. Yo aprendí rápido.

- Porque eres su mamá.

- Porque estuve practicando algunos meses de mi embarazo con muñecos. That's the reason, Al.

Finalmente, es el gemelo menor quien se encarga de vestir a Faloon con algo más abrigador y Alfred acaba su labor como daddy de buena manera. Ambos se encargan de cerrar la ventana y recostar a los mellizos en la gran cuna, cubriéndolos un poco por el frío del lugar. Los niños no pusieron demasiada resistencia para dormirse, porque sólo les fue necesario que Matthew se apoyara en el barandal y les cantara una canción de cuna mirándolos con la más dulce de las expresiones, esa llena de amor, y entonces ellos cayeron exhaustos. Canadá les acarició el cabello a cada uno, casi sin creer todavía que esos que dormían ahí eran sus hijos, nacidos de su vientre. Les amaba de una manera tan inexplicable. Nunca había sentido algo así por nadie.

Alfred sólo le veía hacer, sin querer ni atreverse a ser parte de ello. De cierta manera, su mente aún seguía diciéndole que no merecía nada de lo que ahora estaba pasando, por comportarse como un hijo de puta en los momentos en los que Mattie tanto le necesitó.

- Bueno, están dormidos –murmura su hermano, rompiendo el silencio establecido. Se levanta después de dejar un beso en sus mejillas de sus hijos- Estaban cansados… supongo que luego de ser cargados por todo el mundo, se agotaron.

Alfred sonríe un poco.

- Sí, creo lo mismo.

Ellos salen dejando la puerta de la habitación de los niños entre abierta, y Estados Unidos se pregunta qué harán ahora. Los bebés están descansando y probablemente no molesten en horas. Lleva a su hermano hasta el living.

- Espero que no duerman demasiado –dice Matthew, echando su cabello hacia atrás. Está de pie en frente del espejo de cuerpo completo de la muralla- Sé que es egoísta, pero me siento solo sin estar ocupándome de ellos.

Estados Unidos le mira desde su asiento.

- Ahora estamos juntos, creo que puedes… -su gemelo no le presta atención, de un instante a otro, se encuentra demasiado ocupado observando su reflejo en el espejo. Alfred enarca la ceja y se pone de pie, mirando. Le da curiosidad.- ¿Qué haces, Mattie?

Su hermano pega un respiro, meneando la cabeza.

- Es sólo que… es extraño verse en el espejo nuevamente…

- ¿A qué te refieres?

- Mira mi cuerpo, –murmura y Alfred lo hace. Escrutándolo con la mirada, cree saber cuál es el problema- es distinto ahora.

Matthew acaricia su torso, su vientre plano (gracias al ejercicio estricto que aplicó luego de que Joseph le digiera que podía usar faja y algunos deportes para bajar de peso), y finalmente, sus caderas; están más pronunciadas que lo que solían estar, él puede notarlo, y de una manera u otra, extraña las curvas que tenía antes de convertirse en madre, el hecho de que poseía una figura prácticamente pareja.

Se esconde tras un sonrojo medio cuando puede sentir los brazos de alguien rodeando aquel sector que estaba trayéndole complicaciones, y su acción refleja es soltarse, pero sabe que no puede, que nunca ha sido más fuerte que él. Así que solamente mira hacia abajo, apretando las extremidades de Alfred, que tensan el agarre.

- A mí me gusta como luces ahora.

- Suéltame, Alfred –ordena, esperando que su voz suene lo suficiente severa.

- Has estado alejándote de Iván durante este tiempo, ¿por qué?

- Necesitaba pensar y dedicarme por completo a los niños. No iba a descuidar a Rusia y opté por lo más sano.

- Pensé que para ti lo más sano era…

- No dudes que amo a Iván. No te olvides de eso. Esto es un tiempo, puede que mañana decidamos volver y formar una familia, no lo sé.

- ¿Siempre quisiste tener una familia, verdad? –Alfred apoya su mentón en el hombro de Matthew, que comienza a temblar ligeramente, lo único que desea es estar fuera de la jaula de oro- Una compuesta. Por un papá, una mamá, y los niños. Que todos estén juntos. Es irónico porque supongo que creíste que serías padre, y no al revés.

Silencio.

- Sé que lo deseas desde que Arthur te alejó de Francis, porque él era lo único que conocías, y por eso, tu única familia.

- Creo que hay naciones… que tienen el instinto paternal o maternal en sus entrañas. Lo siento por qué no lo tengas, Alfred.

- Yo lo tengo.

- No es algo que se aprende, con eso se nace. Y tú te dispusiste a ponerlo en práctica cuando decidí por Iván.

- Lo hice porque iba a ser padre y estaba enamorado en absoluto de ellos, porque lo estoy –corrige.

Matthew levanta sus ojos y en el espejo, se encuentra con los azules de su hermano. Hay algo presionando en su corazón, alguna cosa que no le deja pensar con claridad, o tal vez sea lo contrario, que está haciéndolo demasiado consciente. Alfred desliza sus labios suavemente por la mejilla de Canadá, y como recompensa, recibe un desprecio, el intento de su gemelo para no ser tocado. Estados Unidos le rodea ahora la cintura, presionando su espalda contra su pecho y todo su cuerpo, le respira un poco en el oído y Matt encoge los hombros, en busca de ayuda por algún lado. Y no la encuentra.

Pero es Estados Unidos quien lo suelta, para voltearlo y esta vez, Canadá no presenta objeción, le mira simplemente a los ojos, los suyos brillan sólo cuando está cerca de sus hijos.

- I love you.

Un pedazo de su corazón está roto.

- Forgive me.

- No.

- Forgive me for everything.

- Al…

Le toma el rostro y acerca mucho el de él. Siente cómo Canadá hace presión para alejarse pero no se lo permite, descansando su frente sobre la de su hermano. Al unirse de esa manera, Matthew puede darse cuenta que Alfred está llorando, porque las lágrimas rebotan en sus propias mejillas y le mojan también.

- No te merezco, ¿no es así? Después de todo… nunca fui bueno. Pero estoy tan arrepentido de lo que hice, y luego de decir perdón cuantas veces sea necesario para que me creas, no sé con qué ayudar.

Le agarra de la nuca, para sentirlo más cerca. Matthew niega con la cabeza, se desespera, quiere apartarse de ahí, porque no es seguro.

- Te amo.

- Alfred, sólo deja todo hasta…

- Forever. Como solíamos decir cuando niños, ¿te acuerdas? Para siempre tú y yo.

- Los para siempre no existen.

- Podemos inventar uno.

Mattie frunce la nariz cuando por sus ojos escurren también dos lágrimas silenciosas. Si es sincero, lo único que quiere es correr para no acabar abrazando a Estados Unidos, sin embargo, es Alfred quien lo hace primero, cubriéndolo con sus brazos y dejando a su hermano con la boca abierta por la impresión. Los cabellos se mezclan y cuesta diferenciarlos.

Estados Unidos y Canadá son como un solo país.

Matt se revuelve en su pecho, lo golpea un poco, pide respirar. Solamente recibe por respuesta la negación con la cabeza de Alfred y el abrazo más fuerte, más dulce, más asesino, más doloroso.

- No luches contra esto, Mattie… no luches contra esto ahora.

La boca sobre la suya mientras ambos ya lloran le obliga a cerrar los ojos y a rodear el cuello de su gemelo sin tener escapatorias. ¿Por qué mentir ahora? ¿Por qué negarlo? Todo el tiempo estuvo esperando por esto, y aunque desee sonar algo más rudo, sabe que no puede hacerlo. Que amaría a Alfred hasta el fin de los tiempos, hasta que el norteamericano lograra clavar más y más dagas en su corazón y lo hiciera trizas, como en este momento. Pero no le importa, no le interesa porque le tiene sujeto de la cintura, amarrado a él, para nunca más soltarlo.

Ellos habían dicho para siempre cuando eran sólo unos niños, y Matthew estaría de pie ahí por los siglos de los siglos.


Ninguno de los dos sabe cómo ocurrió, o por qué, ni cómo fue que llegaron hasta la habitación de Alfred y ahora se acarician tan suavemente, que cualquiera que pase y los vea así, diría que el mayor no aplica fuerza porque tiene miedo de quebrar algo preciado. Las ventanas están abiertas y las cortinas vuelan al ras de la bruma imborrable que no puede apagar el corazón de ambos, no cuando se están mirando y sonriendo de aquella manera especial, de aquella forma que practicaban hasta cuando ni siquiera sabían que había otra forma de expresar el amor. Matthew roza su mejilla con la más dócil de las caricias, y coloca la mano sobre el pecho del otro, tanteando su corazón que late con fuerza dentro. Sus ojos hablan, así que las palabras son innecesarias. Hace mucho tiempo que no tenían un momento como ése, sólo con la mirada, con caricias inocentes, besos que repercuten más allá y tampoco se aventuran a explorar la boca, porque lo habían arruinado dañándose el uno al otro, hiriéndose hasta que alguno de los dos desistiera y comenzara a sangrar. Pero Estados Unidos sabe que ya todas las tormentas pasaron, o que por lo menos se han calmado, porque si Matthew pronuncia su nombre, si le toma la mano y acaricia su rostro, eso es totalmente suficiente para él, no necesita a nadie ni nada más.

Los besos se reparten por los hombros ya desnudos de Matthew, luego por su torso, y suben para encontrarse otra vez con sus labios rosa, contra los que el gemelo mayor empuja y revuelve la lengua, en un intento de tener un poco más de su sabor para degustar. Canadá le ayuda, lleva sus manos hasta el pantalón de Alfred desabotonándolo y bajando luego el cierre, y con sus propias piernas los desliza por los de su gemelo. A fin de cuentas, Estados Unidos se ha quedado sólo en ropa interior.

Pone a Canadá debajo de él, besando y acariciando todo lo que tiene a la vista, enredando sus piernas desnudas en las aún cubiertas de Matt, le toma de los brazos para que se afirme a su espalda y desabrocha cada uno de los botones de la camisa blanca y deja que caiga al ras hasta el suelo helado, sin importarle demasiado. Luego, le hunde en un abrazo, donde sus pieles libres se tocan y Canadá siempre está frío, muy frío, y Alfred nota con lástima que no será capaz de darle el calor necesario a su hermano esta noche.

Matt se le aferra al cuello, levantando las caderas para que Estados Unidos haga lo mismo con su pantalón, y lo deje en el suelo, o donde le plazca, no es algo que cale muy hondo en él.

Cuando terminan de encontrarse, se separan un poco, para verse fijamente. A Matthew le sorprende que Alfred todavía siga llorando y levanta una mano temblorosa para secar sus lágrimas, pero su hermano la captura y la besa, apretándola luego contra su mejilla y su cuello y finalmente su pecho, donde es acariciado.

Matthew le sonríe como si estuviese destrozado y empuja a su gemelo para que caiga a la cama, mientras acomoda su cuerpo delgado sobre el de Alfred. Al sentarse en su regazo, sus erecciones rozan y les hacen gemir dentro del beso que comienza nuevamente, y Alfred jala el cabello de Mattie en busca de un poco más de los sonidos eróticos anteriores, pero no por eso se separan, el ósculo se hace más profundo, dejándoles pronto sin aire.

Alfred besa la frente de Mattie un par de veces, antes de tocar con sus manos desde la clavícula, pellizcando los pezones, acariciando el torso y luego los muslos, quitando con lentitud –una lentitud que enciende a Matthew de maneras curiosas- los bóxer negros, dejando a la vista la excitación de Canadá. Sonriendo, le da una larga caricia al miembro de su hermano, rozando también los testículos y moviendo sus manos por su trasero. Matthew debe suprimir un gemido ocultando su rostro en el hombro de Alfred, porque no quiere ser ruidoso. No cuando sus niños están durmiendo a dos habitaciones de esa.

- Mattie…

- Sh –le calla, acercándose a su boca. Su rostro sonrojado sólo le pide más, un poco más de él- Don't speak…

- Te amo –vuelve a susurrar teniendo el control y besándolo, apretando las nalgas más firmes de su hermano mientras Matt abre la boca introduciendo su lengua en la cavidad húmeda de su gemelo, buscando un poco de calor, algo más de saliva, el sabor siempre a frituras que posee Estados Unidos. Cambian de posiciones y es el mayor el que está arriba nuevamente, acorralándole con los brazos y jugueteando con sus piernas. Canadá no le ha quitado la vista de encima.- Te amo.

Un beso. Es como si no quisieran dejar de estar conectados por la boca. Matthew lo deja y guía la cabeza del estadounidense a su cuello, para que pase sus labios por ahí y Alfred lo hace sin objeción. Aún intenta retener los gemidos que desean escapar, pero no puede dar rienda suelta a su pasión, o por lo menos, no por esta noche. Duda de si podrá controlarse, porque la boca de Estados Unidos ya está en sus tetillas y las lame y degusta con pasión, haciendo que las manos temblorosas de Matthew se vayan hasta su ropa interior y comience a bajarla con suma delicadeza, mientras su cabeza está hacia atrás.

Alfred se siente libre, se mueve sobre su hermano cuando ya no hay nada de ropas ni cadenas que se interpongan y mira fijamente el rostro de Canadá, regalándole una sonrisa llena de ternura, una que su gemelo corresponde.

- Sí vas a hacer esto… -dice Mattie, un poco inseguro- quiero que sea con… que recuerdes que yo soy Canadá, Matthew Williams.

- Canadá, Matthew Williams, mi hermano, mi gemelo, mi amante. Lo sé.

- Es más que eso.

- Es justamente eso. Estamos haciendo esto porque nos amamos, ¿verdad? Yo te amo –dice, con cada palabra, sus piernas son abiertas un poco más- Do you love me, Mattie?

Pregunta estúpida, respuesta clara.

- Te amo, Alfred.

Lleva un dedo a la boca de Matthew, que se abre ligeramente y la lengua los reconoce, mojándolos con la saliva. Alfred no puede evitar sonreír al mirar el sonrojo de Canadá, su hermano solamente lame sin observarle. Estados Unidos le voltea el rostro.

- Así está mejor.

Matt se abre un poco para darle más espacio a Alfred, que acaba de agregar otros dos dedos a su boca. Ahora, ya húmedos, le buscan la entrada, y Canadá se tensa cuando uno de ellos se introduce lentamente, comenzando a hacer masajes en sus paredes anales, y apoya su cabeza en la almohada. No pasa demasiado tiempo cuando los tres dedos que Alfred había preparado están dentro, asfixiándole, encantándole, recordando tiempos… Ensancha su entrada, causándole que gotas de sudor aparezcan en su frente. No duele demasiado, no como la primera vez, no como antes; Matthew cree que es debido a que su cuerpo cambió mucho en el embarazo y la dilatación luego de tener niños era evidente.

Se retuerce un poco cuando Alfred se aleja para buscar en el cajonero un condón y lubricante, e intenta acomodarse mientras el americano coloca el preservativo y luego sobre este, esparce la sustancia. Estados Unidos vuelve a atraerlo a su regazo, pero Matt está inclinado en sus rodillas.

- It's my first time… -dice Alfred ruborizándose y Matthew quiere reir.

- ¿Te gusta bromear, verdad?

- No estoy bromeando. Admito que he tenido sexo muchas veces pero… es especial cuando lo haces con la madre de tus hijos, ¿no?

Canadá sonríe, rodeándole el cuello con los brazos y juntando sus labios, mientras sus caderas son tomadas por Alfred para hacerlo bajar lentamente, porque no quiere herirlo. Matthew gime cuando puede sentir la punta del miembro del americano rozando su entrada y acaricia la nuca de su hermano, queriendo adentrarse.

- No tan rápido –le dice- no tan rápido, te va a doler.

- I want this to hurt me.

- Yo quiero que te guste, quiero escucharte gritar por placer, no por dolor.

- Alfred…

Se aferra ahora a sus hombros, mientras el estadounidense le ayuda a bajar lentamente, penetrándolo por completo. Se les escapan gemidos entrecortados a ambos en el camino, sucumbiendo ante la sensación conocida de unirse de esa manera con la persona que creían amar más. Mattie sintió todo su cuerpo temblar al saber que Alfred estaba totalmente dentro, y le miraba fijamente con los ojos azules opacos, posiblemente por la lujuria.

- Oh, God… you're so… Mmm… -Matthew encorva su trasero juntándolo más a la pelvis de Estados Unidos, llevando su cabeza atrás, y Alfred aprovecha para lamer la manzana de adán poco perceptible.

- ¿Se siente bien? ¿Puedo moverme?

- No, espera.

Alfred exhala, inquieto por comenzar con las embestidas, pero sabe que debe abstenerse y esperar que su hermano se acostumbre a la invasión antes de penetrarlo con fuerza como lo desea. Canadá gime moviéndose un poco, acomodándose mejor, alejándose para que luego el pene de Alfred asimile en él con mucha, mucha suavidad. Está temblando.

- Oh… muévete; hazlo, Al, please.

Y no es como si el aludido necesitase una petición más, lo hizo de inmediato, cogiéndole de las caderas mientras Mattie se aferraba a su cuello, sollozando debido a la delicia y a los saltitos que le provocaban las embestidas de su gemelo. Están delirando en placer, murmurando incoherencias y juntando sus frentes, besándose de vez en cuando, pero sus contactos se profundizan a la vez que Alfred alcanza el punto íntimo de Canadá, llevándolo hasta el cielo. El lugar que siempre deseó visitar agarrado de su mano.

Alfred abre los ojos un poco y observa el rostro sonrojado y sudoroso de Mattie, el compás de sus quejidos, sus extremidades revoltosas; le sonríe, acariciando leve las mejillas y apoyando sus manos en la cama, dejando que sea el menor quien busque moverse.

- ¿Recuerdas… los cuentos que leíamos? –pronuncia de manera entrecortada por los gemidos y la excitación que le recorre el cuerpo. Sus manos ahora en la espalda de Matthew le apresan con más fuerza y la embestida se siente en el cuerpo de Canadá como si miles de corrientes eléctricas le azotaran y dejaran agotado.

Matthew sonríe tembloroso, asintiendo con la cabeza.

- Yeah… -suena más a un jadeo que a una respuesta concreta.

- Yo soy un héroe –murmura, mirándole a los ojos- y los héroes salvan a las damiselas en apuros.

Matt suspiró, intentando acomodarse en el regazo de su hermano, buscando más placer para su cuerpo.

- Y luego se casan y cabalgan hacia el atardecer en un caballo blanco.

Con el ceño fruncido, se voltea quitándose del interior de su gemelo. Canadá abre los ojos y no comprende, quiere gritarle, preguntarle qué ocurre, porqué lo ha dejado, pero de inmediato es tirado a la cama de espaldas y vuelto ser penetrado de manera salvaje, lo que le arranca un gemido tan fuerte que teme despertar a los bebés. Se tapa la boca de inmediato, mientras arriba, Alfred sigue con las embestidas.

- Así que tú eres la chica, y vamos… vamos a casarnos. –los ojos de Estados Unidos, tan azules que brillan. Matthew no los tiene abiertos, solamente su boca es una cavidad negra y mojada que deja ver los rastros de saliva debido al umbral de la ventana.- Y luego a cabalgar sobre tu oso porque no tenemos un caballo, y podemos ir hasta Alaska con nuestros hijos y… y, oh, Mattie, estará tan bien.

No obtiene respuesta, sólo las piernas de Matt abiertas, abusando de su flexibilidad y el ruido de sus acciones pasionales. Alfred se detiene un momento, respirando difícil. Acomoda sus labios en los de su gemelo.

- Y los héroes siempre al llegar besan a la chica.

Entonces comienza el ósculo, y Matthew rodea el cuello de Alfred con sus brazos sudorosos, intentando contraer su carne y darle placer a su hermano, porque él también lo siente ahora y no está más que cegado por el goce; sus lenguas se divierten enredándose en la contraria y susurran palabras que mueren dentro, palabras que tenían atascadas en la garganta, pero ninguno de los dos acaba por escuchar. Matt decide alejarse y golpear la cabeza en la almohada, mientras las embestidas frenéticas de su hermano no le dan tregua y quiere cubrirse la boca porque le parece que es sucio que sus mellizos inocentes oigan lo que están haciendo.

En esta nueva posición, Alfred se permite masturbarle con una carcajada lastimera, observando las expresiones del rostro de Canadá. Se acerca juntando sus narices, sintiendo ahí su respiración caliente y agitada. Lo único que quiere es gritarle que está enamorado de la nación a la que siempre perteneció.

- Mattie…

- ¿Mmm?

- Mattie, darling, oh, sweetie…

Los ojos grandes y violetas del menor se abren, pestañando un poco pero acostumbrándose rápido. No comprende lo que su gemelo está diciendo, sin embargo ha dejado de tocarle y detenido los empujes. Le besa para buscar alguna reacción, y Alfred le responde con ahínco, saboreando los labios y las mejillas y la nariz. Todo lo que tenga cerca.

- Mírame, por favor, mírame sólo a mí. No dejes que nadie más te vea, Mattie, no ames a ninguna otra persona. Te amo tanto.

Un suspiro, una nueva embestida, nuevo calor. Las manos de Canadá acariciando los muslos de su hermano.

- Quiero seguir sonriendo así… cueste lo que cueste, para no hacerte daño otra vez.

No obtiene respuesta, así que agarra una de las manos traviesas de su gemelo, apretándola entre las suyas.

- Tú simplemente sostuviste esta mano sin preguntar, ¿verdad?

Matthew le oye, pero no desea hablar. La respuesta son las simples lágrimas que le recorren la mejilla, esas lamidas por Alfred, tan saladas.

- Prométemelo.

Lo que nos separa, no será más fuerte que lo que nos une.

Y sólo esa noche, Matthew iba a mentir y Alfred iba a creerle. Sólo esa noche, reconocería que toda la culpa la tuvo siempre él, que Estados Unidos sólo había actuado de aquella forma que le hirió tanto porque se vio obligado, no porque realmente lo quisiera.

Sólo esa noche, se entregaría por completo, dejaría que Alfred jugara en su cuerpo hasta el amanecer o hasta que su organismo pidiera descanso, hasta que se hartara y le diera un beso final de buenas noches y le abrazara recostándose en la cama, sin salir de él todavía. Permitiría que las manos que le acariciaban suavemente ahora le desgarraran el corazón, porque era lo mejor que podía hacer. Ya no le importaba sí él era feliz, o si su futuro le traería cosas grandiosas porque enserio se las merecía, ahora su mente sólo vagaba pensando en sus niños y los felices que serían ellos creciendo al lado del hombre con el que compartían sangre, y que demostraba quererlos ahora con profundo esmero. Se imaginó a los mellizos corriendo y riendo tras Alfred, jugando fútbol americano o paseando por los parques, los cuatro, de la mano, una familia como la que siempre soñó.

Y sonríe, tembloroso, sudoroso, a punto de llegar al límite. Le besa los labios torpemente acariciando el cabello y vuelve a alejarse, abriendo las piernas lo más que puede para sentir que su gemelo es completamente uno con él.

- Te lo prometo.

Siempre dolía un poco estar al lado de Alfred.

O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O-o-O

Canadá se despierta ignorando el dolor que invade su zona posterior, notando que ha parado de llover y se levanta de la cama comenzando a buscar su ropa. Esta vez será más cuidadoso, no provocará que su gemelo abra los ojos; estira sus manos hacia el suelo, se apresura, y cuando ya está listo, quita un poco del perfume de Alfred para empaparse de él en su cuello. Su cuerpo expele sudor y se siente pegajoso, pero no hay demasiado tiempo como para darse un baño.

Se acerca a la puerta, echando un vistazo hacia atrás, cerciorándose de que Alfred duerme tranquilamente sin darse cuenta de nada y con una sonrisa lastimera, la abre y se va fuera del cuarto. Camina por el pasillo, buscando apresurado la habitación de sus hijos, y menea el picaporte y está dentro, casi corriendo se va a la cuna. Los niños duermen dulcemente, rozando sus manos y colocando sus torsos muy cerca, y a Matthew le da un poco de remordimiento separarlos, pero debe, y con mucho cuidado, comienza por tomar a Faloon, rodeándola con una manta que consigue quitar del closet.

Dennis se remueve un poco incómodo sin su hermana, pero no hace intentos de llorar y Canadá sale apurado dejando la puerta abierta. Atraviesa el living y llega al recibidor, con las llaves en la cerradura consigue sentir el aire frío en la cara, y abriga a la niña contra su pecho. Abre su auto de forma automática y en el asiento trasero, acomoda a Faloon en la silla y le coloca los cinturones. Luego cierra la puerta y se apresura a ir por Dennis.

Hace el mismo procedimiento anterior, lo rodea con una cobija y sale de la casa de su hermano, dejando al niño al lado de su melliza.

Cierra la puerta y se sube él en auto, encendiéndolo, y maldice porque la máquina no obedece. Golpea un poco el manubrio, e intenta de nuevo, con buenos resultados. Se quita un mechón de pelo nervioso y aprieta el acelerador y el embriague, las maniobras necesarias y el auto se mueve, comenzando a dejar la cuneta frente a la casa de Estados Unidos. En ese momento, Matt se permite respirar tranquilo y se da vuelta en al asiento para comprobar que todo va bien con sus hijos, como es así, deja su anterior posición.

No puede creer que esté haciendo esto, porque se lo prometió a Alfred, pero necesita algo más de él, tener la seguridad que todo lo que le dijo era verdad. Suspira mirando hacia sus pies, para luego observar el espejo retrovisor con la esperanza de algo, cualquier cosa.

Y no se ve decepcionado. Puede notar que hay un rubio de pie fuera de la casa, casi sin moverse y su expresión es totalmente descompaginada. Matthew le regala una sonrisa, y cuando el semáforo da verde, él se permite avanzar. Tiene la ventana un poco abierta y por eso puede oír su nombre gritado con desesperación, con dolor, como si la garganta de quien lo dijo se desgarrara lentamente y aquello le mata.

Aprieta el acelerador y Alfred reacciona, emprendiendo marcha. Corre tras el auto, estirando las manos, vociferando palabras inexplicables, emociones confusas. La noche le atrapa y no le deja ir, inundándolo con su sombra y el llanto ensordecedor desde los rincones. Canadá no se detiene, no lo hará porque Estados Unidos no interrumpe su carrera y se siente feliz de ser por fin quien se lleva a pedazos la vida de su gemelo.

Mientras maneja, las lágrimas le inundan la cara, y se pasa las manos por los ojos, quitándose las gafas para secarse y tener una mejor vista, siempre negra, siempre nublada, nunca le dice la verdad.

Pero la verdad era lo que estaba ocurriendo ahora, él conduciendo con una velocidad mínima por las calles de Washington y su gemelo atrás corriendo para si quiera decirle que lo ama otra vez. ¿Es de esta manera como quiere que sea? No puede mentir, pero la realidad duele mucho, así que, ¿por qué no evadirla por un tiempo? De todas maneras, tenía bajo sus manos a la única persona que siempre deseó y por esta noche, se permitiría jugar con el corazón de su hermano hasta quebrarlo, porque el suyo se encontraba dormido desde hace ya mucho tiempo. No puede ser culpado de nada, exquisita sensación, mira a sus bebés que descansan y emite un sollozo más fuerte. Detiene el auto. En pocos segundos, Alfred está a su lado, golpeando la ventana con fuerza. Cuando Matthew le mira, logra notar que él también está llorando y sabe que ha logrado su cometido. Estira la mano hasta dejarla sobre el cristal, temblando, pero rápidamente, Estados Unidos la pone encima, descansado la frente sudorosa.

Ambos saben lo que está pensando el otro, pero no dicen nada para arruinarlo.

Matthew baja el vidrio haciendo que su gemelo se aleje un poco, pero vuelve a estar ahí en el momento en que ya puede sentir el aroma a su propio perfume desde el cuerpo que poseyó hace unas horas.

- Sólo esta noche, Mattie. Sólo esta noche, quédate conmigo. Abrázame hasta que el miedo se vaya, estoy tan asustado de perderte otra vez.

Sabiendo que miente, Canadá le sonríe, con la nariz roja y las mejillas sonrojadas, y los ojos violetas brillando por las lágrimas. No quiere alejarse, no quiere alejarse de Alfred de nuevo, no ahora, ni mañana, ni nunca. Para siempre.

Pueden llamarle obsesión, pero nada le quitará la sonrisa del rostro. Alfred le suplica, le adora, tal como siempre lo deseó, y aunque aquello rompa su corazón, es la opción que quiere tomar.

- ¿Vamos a ir a casa? –pregunta, ingenuamente.

Estados Unidos se limita a asentir, acercando su rostro. Canadá no se lo pone difícil y ambos se unen en un beso en el que los sollozos son mucho más notorios que los sonidos típicos de los labios chocando. Las lágrimas se mezclan y los dolores son compartidos. Cuando se alejan, ambos están sonriendo. Alfred rodea el auto y sube en el asiento de copiloto, echando un vistazo dulce a los niños y posando su mano en el muslo de Matthew. No hablan.

Canadá se dedica a mirar por la ventana mientras el semáforo le impide dar la vuelta y retornar a cualquier lugar, grandes nubes vaporosas pasaban fuera empujadas por el viento. El auto retomó la marcha con una ligera sacudida y un suave deslizamiento, alejándose de las luces de las tiendas y dirigiéndose a la noche, rumbo al sur, ambos sabían desde antes que no regresarían a aquella casa, pero sinceramente no les importa. La visión desde su ventana quedó despejada y Matthew miró hacia el cielo que parecía de pronto más claro que nunca, y entonces pudo ver las estrellas.

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O
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La geografía nos ha hecho vecinos, la historia nos ha hecho amigos. La economía
nos ha hecho socios y la necesidad nos ha hecho aliados.
Aquellos a quienes la naturaleza ha unido tanto, que nadie nunca los separe.

(John F. Kennedy)


Puchi que me costó terminarlo... -sí, acabé de hablar formalmente- pero morí con la frase. Este presidente, fue lejos lo mejor que pudo tener Estados Unidos, lamento su destino u.u

Espero les guste, no tengo más palabras que decir, se me caen algunas lágrimas xd pero es la emoción del momento. Capítulo largo porque de pronto no sabía cómo acabarlo y las palabras salían y salían y nunca acababa. Pero luego lo hizo xd

Gracias por todo otra vez, enserio, todo esto es posible por ustedes, pero se viene la segunda parte, y espero que disfruten y la apoyen tanto como a esta.

Estaré devolviendo sus reviews anteriores de inmediato -no sé por qué siempre digo esto, si nunca lo hago altiro u.u- pero muchas gracias por su fidelidad y por haber seguido Sólo esta Noche todo este tiempo. ¡Son lo mejor!

¡Verdad! Aquí están los grandes lagos, dibujados por mi twin: xx-nein-xx(punto)deviantart(punto)com/#/d4jb3hx Les agradecería mucho si le dejaran un comentario :3

Hasta muy pronto, chicas. Pronto subiremos la secuela. ¡Las adoro! y... ¡Feliz Navidad y Año Nuevo para todas!

¿reviews?