Para la tabla Ventura de 30vicios del livejournal.

Advertencias: Katekyo Hitman Reborn NO ME PERTENECE, pertenece a Akira Amano, a la que agradeceré por siempre haber creado esta serie.

AVISOS: A ver, antes que nada, una cosa que me gustaría explicar... DESCONOZCO el rango de Lal dentro del COMSUBIN, pero por su placa en su traje militar me he podido guiar. Buscando esa misma insignia dentro de las fuerzas de la marina italianas, no la he encontrado, pero he visto alguna que se le podía parecer... así que he optado por darla el rango militar de Capitana de Fragata (en otros ejércitos, es como una Teniente Coronel).

No es sargento, ni cabo, ni ningún rango suboficial, eso seguro, Lal pertenece a la escala de los oficiales... ahora, ya os digo, guiándome por el dibujo, pondré que es Capitana de Fragata y me quedaré tan a gusto xDD.


#26.- Lluvia.

-x-

-Odio la lluvia, kora…

Colonnello era perfectamente consciente de que era la quinta vez que lo repetía, pero también era perfectamente consciente de que jamás lo habría dicho tantas veces de no saber que era completamente ignorado. Y menos en presencia de la capitana Lal Mirch, la cual se tomaba cualquier interrupción como un grave desacato. Y él sabía que las consecuencias podrían ser tan terribles que desearías haberte arrancado la lengua antes de haberla interrumpido.

Pero era imposible mantenerse callado en esta situación.

Diez de la mañana, la promesa de un día entero para entrenar, un gran bosque en la zona de presos de Mafia Land y… una tormenta veraniega que empapaba sus expectativas y lanzaba a la deriva su entusiasmo. Lluvia significaba tranquilidad, calma y quietud. Y para él, esas eran cosas totalmente inservibles frente a la promesa de un día de duro y activo entrenamiento. Observó su pacificador, de un brillante azul cielo, y no pudo sino pensar que realmente no había sido hecho para él. Una punzada de remordimientos mezclados con la derrota se le clavó en el corazón.

Obviamente no era para él.

Pero tampoco se arrepentía. Volvería a plantarse delante de mil maldiciones más si con ello aseguraba la seguridad y el bienestar de Lal.

-Que aburrimiento, kora…

Porque él sabía por qué lluvia y por qué Lal. Es cierto que si tuviera que decir antónimos de tranquilidad y calma, Lal Mirch era su palabra. Claro que, no todo se resumía en las cualidades del elemento, sino en el mismo elemento en sí. Por muy aburrida que fuese la lluvia tenía que reconocer que, gracias a ella, había descubierto una pequeña curiosidad. Y es que había un determinado momento en que Lal era tranquila y calmada. Y era cuando llovía.

-Laaaaaaaal, vamos a entrenar, kora. ¿Qué más dan unas gotitas? –preguntó, observando a la chica en espera de una respuesta, aunque se sabía la contestación de antemano.

Y esa es que no iba a haber contestación.

Era prácticamente imposible sacar a la militar del estado de ensoñamiento y concentración en el que se ponía de forma automática cada vez que llovía. Así que, prediciendo unas largas horas de parón en su planing de actividad, se dedicó a practicar la segunda cosa que más le gustaba en el mundo después del entrenamiento militar; observar a la chica en esos momentos de concentración.

Era uno de los pocos momentos donde realmente podía mirar a Lal sin recibir insultos o puñetazos por pervertido. Un momento donde podía analizar y aprenderse todas sus facciones y todos sus rasgos, registrarlos en su memoria y nunca dejarlos escapar. Y aunque el trinisette había infantilizado su cara y redondeado todo su aspecto, seguía siendo una tarea realmente interesante. Porque sabía que en ese momento y sólo en ese momento, el eterno ceño fruncido de su superior se relajaba, todo su rostro se suavizaba y su expresión llegaba a alcanzar un estado de casi dulzura y tranquilidad (sólo casi, pues seguía siendo la capitana Lal Mirch)

Y en ese momento, Colonnello amaba la lluvia, por permitirle presenciar una chispa de alegría y emoción en sus rojizos ojos.
Y en ese momento, Colonnello odiaba la lluvia, porque le gustaría reclamar para sí mismo esa expresión y ser él quien se la provocase.

La miró mil veces más sin cansarse. Puede que el aburrimiento que le provocaba la lluvia no fuese lo único que le hacía odiarla. Lal siempre había tenido esa peculiaridad, incluso en el COMSUBIN. Cuando las borrascas impedían salir al patio a entrenar, su capitana se pasaba las horas muertas con un chubasquero debajo del chaparrón y él se tiraba las horas muertas bajo la intemperie a su lado, contemplándola. Y esa época, esos momentos, era algo que realmente le gustaría poder olvidar. Olvidarlos porque simbolizaban una vida que jamás volverían a tener, un momento de su pasado donde todo era normal y donde ellos tenían un futuro, quien sabe si juntos… y esos recuerdos le saturaban la cabeza y le deprimían. La lluvia le recordaba un pasado mejor.

Por eso la odiaba tanto. Y quizá por eso no podía dejar de amarla en el fondo.

Sí, odiaba la lluvia. La tediosa y aburrida lluvia que le impedía cumplir sus obligaciones físicas.
Pero quien sabe, se dijo, se supone que del amor al odio, hay un paso.

Y Lal era ese paso que conectaba ambos sentimientos a esas gotas de agua llamadas lluvia.

-x-


gracias por leer ^^ El próximo lo publicaré dentro de una semana más o menos.